miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hampton Court, el palacio encantado

Londres ha amanecido por segundo día sembrado de nieve. Como los periódicos y televisiones no cesan de repetir, la nieve y el hielo tienen bloqueado gran parte del país, incluyendo los aeropuertos de Gatwick y el norte de Escocia. Incluso el sureño Heathrow amaneció hoy cerrado, aunque a estas horas ha reanudado su actividad. Un rápido vistazo a la situación puede verse aquí.

Esta última semana que paso en Londres divido mi tiempo entre las clases, mis paseos y merodeos por librerías y museos, además de otras visitas turísticas que durante meses he ido postergando y que ya no puedo aplazar más. Ayer, por ejemplo, amaneció nevando copiosamente y decidí saltarme las clases para visitar Hampton Court, el palacio real de Enrique VIII.

Cuando me bajé del tren en Hampton (unos 20 kilómetros desde Waterloo) seguía nevando, así que atravesé el puente sin ver nada más que los copos que teñían de blanco mi negro abrigo. Creo que nunca he pasado tanto frío, pero mereció la pena el viaje, la caminata y las 12 libras de la entrada (sin carné de estudiante, 16 libras) por ver casi a solas este bello palacio.

La mayor atracción de Hampton Court es Enrique VIII, el monarca Tudor famoso por su obesidad, sus seis mujeres y la facilidad con que mandaba al cadalso a esposas –Ana Bolena, Catalina Howard-, amigos –Tomás Moro- y consejeros -el cardenal Wolsey y Cromwell-.  Pero este rey excesivo fue también quien puso los cimientos de lo que ahora es el Reino Unido: rompió con el Papa de Roma porque no lo dejaba divorciarse de Catalina de Aragón -su católica mujer durante 20 años- y se erigió en cabeza de la Iglesia. Fue un rey temible y fascinante que hizo de Hampton Court su residencia, la amplió y embelleció con obras de arte, mobiliario y tapices. Y construyó unas gigantescas cocinas que daban de comer a 600 personas cada día. Los apartamentos de Enrique VIII, María II, Guillermo III, la Capilla Real y las salas georgianas, junto con losjardines, dan para más de cuatro horas de visita. Si, además, se quiere explorar la colección de pintura, hay que dedicarle un día entero.

En Hampton Court hay otro tesoro: la serie de pinturas “Los triunfos de César”, de Andrea Mantegna (1431-1506). No pude hacer fotos, está prohibido incluso sin flash, y además había estado hablando más de 10 minutos con el guardia de la sala y no era cosa de ponerme a hacer fotos de incógnito. Las pinturas muestran una procesión triunfal de César, que aparece en la última escena. Hoy estamos acostumbrados a la iconografía, y los colores, figuras y paisajes nos son familiares, pero cuando Mantegna -a mediados del siglo XV- pintó los templos, columnas y capiteles que sirven de escenario a la entrada triunfal de César, el mundo no sabía cómo era la Roma clásica.

Estas pinturas pertenecen a la Corona británica porque fueron compradas por Carlos I, tristemente famoso por ser el único rey inglés ejecutado. Fue un monarca autoritario que se negaba a ceder ante el Parlamento y llevó al país a una guerra civil, que perdió junto con la cabeza. También fue un amante del arte que compró y atesoró obras en toda Europa, gracias a lo cual ahora en Hampton Court hay Caravaggios, un George La Tour, las obras de Mantegna y muchas otras repartidas por otros palacios, propiedad de Isabel II.

Hampton Court es un palacio encantado. Concretamente, esta galería, que preside el cuadro "La familia de Enrique VIII". Durante décadas se creyó que el espíritu de Catalina Howard -la esposa que Enrique VIII asesinó acusándola de adulterio- vagaba por todo el palacio. Es cierto que Catalina fue encerrada en una habitación de Hampton Court, de la que escapó para ir a ver a su esposo a pedir clemencia, pero los guardias la atraparon en un pasillo. Es en ese pasillo donde dicen que se han escuchado sus alaridos y han aparecido rastros de lo que parece sangre. En 2001, la reina Isabel II designó a un grupo de científicos para detectar actividad paranormal en el palacio. Los expertos vieron cosas inexplicables y quedaron atónitos al visionar videos donde aparecía una figura de mujer.

Yo no vi ningún fantasma, y eso que estuve sola varios minutos haciéndome fotos delante del cuadro de la familia de Enrique VIII, obra de un pintor desconocido hacia 1545. El cuadro es muy curioso: en el centro posa Enrique VIII, sentado entre su único hijo varón, el príncipe heredero Eduardo; y su hija Isabel, la futura Isabel I, la Reina Virgen. De pie a la izquierda, su otra hija, la princesa María, hija de Catalina de Aragón y futura reina de Inglaterra tras la muerte del joven heredero. Y a la derecha, la ya por entonces difunta Jane Saymour, madre del príncipe heredero. Al fondo aparecen dos figuras, una de las cuales sostiene un mono.

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