domingo, 20 de agosto de 2017

Mi cumpleaños en el monte Fuji


Monte Fuji según el grabado de Katsushika Hokusai.
(Mi cumpleaños en 2016)

Nacer un 20 de agosto brinda muchas más posibilidades de que tu cumpleaños te pille viajando fuera del país que, por ejemplo, si llegas a este mundo un día 13 de enero. En mi caso, la primera fiesta de cumpleaños que viví lejos de España fue en 1992, en un hotel en San Petersburgo y éramos tres las personas agasajadas. La fiesta, sorpresa, fue preparada por la guía del viaje organizado que ese verano nos condujo por Ucrania, Rusia y Uzbekistán. Cenamos caviar, bebimos cerveza, brindamos con vodka y comimos tarta; lo mismo que solíamos comer y cenar esos días de deshielo y perestroika.
Mikonos 2007.
Mi segundo cumpleaños fuera de España fue muy agradable y tuvo lugar en Mikonos en 2007, en el restaurante Caprice Sea Satin Market, ideal para cenar a la puesta del sol. Mi compañero de fatigas y yo acabábamos de regresar de un viaje de 20 días por Siria y Jordania y habíamos reservado una semana extra para Mikonos y Atenas. Ese año teníamos mucho que celebrar y no dudamos en tirar la casa por la ventana. En el restaurante de Mikonos el maître nos acompañó a escoger la pieza de pescado que más nos gustó y, tras pesarla, nos la asaron en una parrilla alimentada con leña. Cenamos arrullados por las olas contemplando las luces titilantes de Little Venice.
No creo que pueda olvidar mi cumpleaños del año siguiente, pues el 20 de agosto de 2008 se estrellaba al tratar de despegar en Madrid un avión de Spanair en el que murieron 154 personas. Yo me enteré del horrible suceso en un hotel cercano al aeropuerto de Orly, en París, donde nos alojamos esa noche porque al día siguiente muy temprano volábamos a la isla de Córcega. Recuerdo que encendí la televisión y durante un buen rato no fui capaz de procesar las imágenes ni las crónicas de los reporteros. Las redes sociales todavía no retransmitían la muerte en directo. Todo un alivio. Aún aturdidos, cogimos el coche de alquiler y condujimos hasta Mouffetard, en el barrio Latino, y cenamos en el restaurante L'Epoque.

La 5a estación del monte Fuji (20-08-2017).
Hoy estoy celebrando mi cumpleaños en Japón, en el pueblo de Yamanashi, que está a la orilla del lago de Kawaguchiko, frente al monte Fuji. La montaña sagrada que hoy he contemplado no es roja ni la he divisado tras la gran ola de Kanagawa, como la dibujó Katsushika Hokusai en el siglo XIX, pero sigue siendo imponente y muy difícil de avistar pues pasa cubierta de nubes la inmensa mayoría de días del año. El monte Fuji es un cono volcánico, el pico más alto de Japón, el símbolo nacional del país, un monte orgulloso que desde 2013 es Patrimonio de la Humanidad.

Para mí el monte Fuji era una asignatura pendiente desde que en el verano de 2010 mi amiga Mizue me regalara en Londres una carpeta con el famoso grabado de la gran ola. Mizue me inculcó las ganas de viajar a su país y animada por ella y por nuestras charlas londinenses me decidí a recorrer Japón en julio de 2013. Pero hace cuatro años no tuve suerte y las nubes y la niebla en los lagos de Hakone me hurtaron la visión del Fuji. Esta vez, en mi segundo viaje por Japón, he querido asegurarme de que aunque las nubes tapen el Fuji, al menos mis pies pisen su tierra y mis manos toquen su ladera. Así lo he hecho en la 5a estación, a 2305 metros de altitud, y la suerte me ha sonreído.

jueves, 10 de agosto de 2017

LABIOS COMO PAÑOS





Labios como paños

Me gusta cuando callas
y también cuando estallas,
cuando plantas tu palma árida
sobre mi frente concupiscente

Me gusta cuando relatas los años
y también cuando olvidas mi nombre,
cuando ayer y mañana
se vuelven palabras líquidas,
mi vientre alumbra
cuajo de mariposas
y tú sorbes desnortado
tu ampolla de eternidad

Me gusta cuando estallas
también cuando callas,
chapotear en los charcos de tu mente
y alborotar tu melena impostora
de perfil y de frente.
Me gusta todo de ti.
Menos el brillo de tu cuerpo de estaño
y tus labios como paños