viernes, 29 de junio de 2012

El Auriga de Mozia (Greek Charioteer) va a los Juegos

(Más sobre el Partenón aquí)

Decenas de miles de personas irán a Londres este verano atraídas por la magia milenaria de los Juegos Olímpicos. Uno de esos visitantes es un invitado ilustre muy especial y está allí desde el 1 de mayo, concretamente, en la galería Duveen del British Museum, rodeado por las esculturas del Partenón de Atenas, a las que supera en 30 años de antigüedad.

Auriga de Mozia, mármol griego del siglo
 V a.C., en Londres para los JJOO.
Se trata del Auriga de Mozia (Greek Charioteer), una impresionante estatua griega del siglo V a.C. que ha viajado hasta Londres desde la remota isla de Mozia, en la costa oeste de Sicilia, a donde volverá a finales de septiembre.

Siempre que voy a Londres entro en el British Museum, y cada vez reservo un rato para la galería Duveen, uno de mis espacios preferidos pese al poso de dolor que me produce ver las metopas y pedimentos comprados y/o saqueados por Lord Elgin. En mi última visita, hace tres semanas, me topé con la grata sorpresa del Auriga de Mozia, de una apabullante belleza pese a los daños que le han infligido el tiempo y los humanos en sus 2.500 años de existencia.

Auriga de Mozia, junto a las metopas
del Partenón en el British Museum.
Conmueve contemplar esta exquisita escultura, saber que lleva 25 siglos mirando al frente, altivo, con su atlético cuerpo girado en una pose enérgica y vestido con ropas finas y delicadas que se ajustan a su piel como un guante, revelando cada músculo.

Con razón, los responsables del museo lo ensalzan como una de las más exquisitas esculturas griegas que han llegado hasta nuestros días. Se entiende así que sea la estrella de la Ruta de la Victoria, la exhibición especial programada por el museo con ocasión de los Juegos Olímpicos, y que consiste en 12 objetos diseminados por varias salas. Las paradas de esta ruta incluyen un mosaico de Hércules, el legendario fundador de los Juegos, que nunca se había exhibido, además de las medallas olímpicas de 2012.

lunes, 25 de junio de 2012

Un anillo de Jane Austen, a subasta en Londres

La casa de subastas Sotheby’s celebra el 10 de julio una puja muy especial en Londres, ya que entre los objetos puestos a la venta figuran primeras ediciones de las novelas de Jane Austen Orgullo y prejuicio (precio de salida, 20.000-30.000 libras), Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión. Libros todos ellos que harán las delicias de coleccionistas y amantes de las reliquias literarias.

Anillo de Jane Austen que subasta Sotheby's Londres
Pero, sin duda, una de las estrellas de la subasta será el lote 59, formado por un anillo de oro con una gema que perteneció a Jane Austen. Con un precio de salida de 20.000-30.000 libras, quien se lleve a casa esta joya se llevará también una nota manuscrita de Eleanor Austen a su sobrina Caroline Austen, en la que certifica la procedencia del anillo.
Eleanor Austen legó el anillo a Caroline Austen.
La nota, fechada en noviembre de 1863, dice así: "Mi querida Caroline. Este anillo perteneció a tu tía Jane. Me fue entregado a mí por tu tía Cassandra tan pronto como supo de mi compromiso con tu tío. Ahora yo te lo entrego a ti. Dios te bendiga”. Para certificar la autenticidad del anillo, Sotheby’s aporta otras tres notas más, escritas por Mary Dorothy Austen-Leigh, en las que se detalla la procedencia de la joya y su nexo indiscutible con la familia Austen.
Retrato de Jane Austen,
 por Cassandra Austen.
Se sabe, por tanto, con precisión que tras la muerte de Jane Austen el anillo pasó a ser propiedad de su hermana, Cassandra Austen, quien además de confidente y fiel amiga fue guardiana de la memoria y la obra de la escritora, así como la autora del único retrato de Jane Austen del que se tiene certeza absoluta de veracidad. El diminuto retrato puede verse en la National Portrait Gallery de Londres.
¿Qué pasó con el anillo tras la muerte de la novelista? Tres años después del fallecimiento de Jane Austen, en 1820, su hermano Henry se casó en segundas nupcias con Eleanor Jackson, una buena conocida de la familia y sobrina del rector de Chawton. Pues bien, como regalo de boda, Cassandra Austen le dio el anillo a su nueva cuñada, Eleanor, quien a su vez lo legaría a su sobrina política Caroline Austen, sobrina carnal de Jane y Cassandra.
Primera edición de
'Orgullo y Prejuicio' en venta.
A simple vista, la gema del anillo parece una turquesa, pero en verdad es odontolita, una piedra conocida como turquesa de hueso. En realidad, se trata de un diente fosilizado que se trabaja hasta volverlo azul, de modo que puede ser utilizado como imitación de la turquesa, una piedra semipreciosa mucho más cara.
El uso de esta piedra fue bastante común durante el periodo de la Regencia británica, que se extendió entre 1811 y 1820, cuando el rey Jorge III fue declarado no apto para gobernar y ocupó la Regencia su hijo, Jorge IV. Un periodo de transición entre las épocas georgiana y victoriana, durante el cual las novelas de Jane Austen fueron éxitos de venta nada más publicarse. De ahí que la subasta de Sotheby's incluya varias primeras ediciones de sus libros, algunas tan apreciadas como la de Orgullo y prejuicio, que sale a puja por 20.000 libras.

miércoles, 20 de junio de 2012

Londres de ida y vuelta (II): De la Portrait a Notting Hill

(Más sobre Londres aquí)


La reina Victoria y el príncipe Alberto, en la Portrait. 
La primera vez que fui a la National Portrait Gallery, allá por 1990, no pasé en ella ni una hora. Me aburrían los retratos y no conecté con la Historia que trenzaban las miles de historias -pequeñas unas, personales otras, de gran rango y rancio abolengo la mayoría- contenidas en este museo. Desde entonces, todo ha cambiado, hasta el punto de que hace dos años y medio, cuando viví en Londres, pasé incontables horas frente a los rostros inmortales de reyes, estadistas y escritores.

Retrato de las Brontë, por su hermano Patrick Branwell.
Así que en mi última escapada a la capital del Támesis, hace dos fines de semana, la National Portrait fue una parada inexcusable. Allí me senté delante del retrato de la Familia Capel, motivo del cuento de Iolanda Batallé del mismo nombre, incluido en su libro El límite exacto de nuestros cuerpos, y del que ya escribí en este blog. Y pasé varios minutos en la sala de las hermanas Brontë, pues echaba de menos contemplar el retrato ajado e imperfecto de las tres escritoras que pintó su hermano Patrick Branwell y admirar el perfil de Emily en el pequeño óleo de la derecha.
Visité, por supuesto, la sala del retrato de Jane Austen, aunque la presencia de un vigilante me impidió robar una foto (está prohibido cualquier tipo de fotografía dentro del museo). Junto a ella, los retratos de Lord Byron, el poeta Shelley y su esposa, Mary Shelley, la autora de Frankenstein.

Nueva librería de Notting Hill, con placa de la antigua.
De Trafalgar Square, mi compañero de fatigas y yo fuimos directos a Portobello Road para curiosear por Notting Hill y comprobar que es cierto lo que ya escribí en este blog el 29 de agosto: ha cerrado la librería de la película Notting Hill, protagonizada por Hugh Grant y Julia Roberts.

Lo que queda de The Travel Bookshop.
El venerable despacho de libros de viaje que regentaba Hugh Grant en la ficción ha desaparecido y han puesto en su lugar otra librería, que ya sea por vergüenza o pudor, ha eliminado el Travel del letrero y se anuncia como The Notting Hill Bookshop. Eso sí, una placa recuerda el anterior negocio, con un letrero del mismo azul y letras de imitación.

En realidad, lo que han hecho es dividir en dos la antigua librería, como se ve en el otro local, aún no ocupado, que luce el The Travel Bookshop con el Se alquila y el nombre de la inmobiliaria. 
   

Grafiti en Blenheim Crescent (Notting Hill).
Dos años atrás, justo al lado de la librería, había un bonito grafiti de una madre con su hijo a la espalda. Ahora ha sido reemplazado por otro grafiti, homenaje a Miró, que reza: "Aidez España". Me pareció muy oportuno, teniendo en cuenta que ese día el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acababa de pedir 100.000 millones para la banca.

Grafiti en Portobello Road.

Un poco más allá, en Portobello Road, otro grafiti de una joven de larga cabellera se fundía con el trampantojo de un hombre asomado a la ventana, contemplando desde su falsa atalaya el trasiego de gente. Antes de marcharnos de Notting Hill, comimos en The Earl of Lonsdale, en el patio bajo los árboles, pero las primeras gotas de lluvia del fin de semana escogieron ese momento para empezar a caer, y nos terminamos el curry y las Guinness en el interior, escuchando el parloteo de tres ingleses entrenados en pintas.

Eran casi las cinco de la tarde cuando caminamos hacia el autobús, bajo el paraguas de una lluvia fina pero intermitente, dejando atrás las armoniosas casitas, muchas cubiertas de hiedra y flanqueadas de árboles. La mayoría de los paseantes iba de retirada. Nosotros, hacia el hotel, para descansar hasta la hora de la cena, en el restaurante turco Tas Pide. Cocina de Anatolia, mezcla de platos griegos, turcos y árabes, para nuestra última noche en Londres.

sábado, 16 de junio de 2012

Londres de ida y vuelta (I): De la Tate al Soho

Viajar es mi Prozac, más caro pero igual de adictivo, y por eso cada vez que junto unos pocos días me lanzo a la carretera o al avión. Mi última escapada ha sido a Londres, ciudad que llegué a conocer bien hace año y medio, durante mi época de estudiante de inglés.

Tate Modern, con el Támesis a sus pies.
El sábado, nada más aterrizar con mi compañero de fatigas en Heathrow y descargar la maleta en el hotel Tavistock, la primera parada fue la cafetería de la Tate Modern, para saborear una cerveza mirando el río, el puente del Milenio y la cúpula de Saint Paul. Encontré la Tate algo desabrida, en comparación con mis anteriores visitas, y me sorprendió bastante que no hubiera largas filas ni esperas para ver la exposición del siempre polémico Damien Hirst. También la sobriedad de la figura del torso humano, sin piel y con los músculos al descubierto, que recibe a los visitantes nada más cruzar el puente de Norman Foster.
Ye Olde Mitre, cerca de Holborn Circus.
Segunda parada de la mañana: Ye Olde Mitre, uno de esos pubs con solera, construido en 1547, demolido en 1772 y vuelto a levantar a los pocos años. Incrustado en un pasaje estrecho que da a dos calles, es uno de los más antiguos de Londres, famoso por su variedad de ales, con paneles de madera en las paredes y cacharros decorando todo el local. Tenía un buen recuerdo de ese pub, y con el recuerdo me tuve que conformar, porque estaba cerrado por ser sábado.
Tras coger el autobús, por aquello de ahorrar sufrimiento a los pies y rentabilizar las 25 libras gastadas en la Oyster, llegué a la bulliciosa arteria urbana de Charing Cross.

'Singin in the rain', el musical de moda en Londres.
Esta calle es siempre una buena idea: curiosear por las librerías, sortear el tráfico de motos y autobuses, imbuirse del incesante ir y venir de londinenses y turistas, dejarse seducir por el reclamo de las obras de teatro y musicales. El de moda estos días, Singin in the rain, que hizo famoso Gene Kelly.

Después de comer en un pub de Leicester Square un tradicional fish and chips, espié un rato los preparativos para el estreno, al día siguiente, de la película de Tom Cruise Rock of ages. Me encanta el ambiente de esta plaza, su condición de centro del mundo, y es que casi todo acto en Londres que se precie, tiene lugar aquí. De hecho, las vallas para formar filas de gente disciplinada y acotar escenarios están siempre apiladas allí.
'Le Entombment' de Miguel Ángel.
Por la tarde, breve visita a la National Gallery para admirar de nuevo La Virgen de las Rocas, de Leonardo da Vinci, la obra maestra inacabada La inhumación (Le Entombment) de Miguel Ángel, o Los bañistas, de Paul Cézanne. Disponía de poco tiempo, pero no puede resistirme a tomar un latte y una tarta de zanahoria en la cafetería del museo.

Había quedado con mi amigo Álex en Covent Garden, en la esquina de la megatienda de Apple. Hacía una tarde estupenda, soleada y cálida, y las terrazas estaban repletas de gente, por lo que tuvimos que entrar a uno de los pubs, ¡y aun así estaba hasta la bandera! De mis primeros días en Londres, en junio de 2010, recuerdo lo mucho que me costó acostumbrarme a cenar a las seis de la tarde, pero el sábado pasado lo sentía reconfortantemente familiar.

Mercado de Smithfield visto desde el restaurante Smiths.
Después de despedirme de Álex, apenas tuve tiempo de ir al hotel a cambiarme para la cena, que mi compañero de fatigas y yo habíamos reservado en Smiths of Smithfield, un edificio de tres pisos con un restaurante por planta, cada uno de distinto ambiente y especialidad. Elegimos el de la terraza, con vistas al mercado de Smithfield y sobre los tejados de la ciudad. Anochecía cuando empezamos a cenar y era noche cerrada cuando descendimos a la calle. A esas horas, un portero dirigía el tráfico y decidía quiénes entraban y quiénes no de entre las decenas de jóvenes que aguardaban su turno.

Sábado noche en el Soho de Londres.
Volvimos hacia el hotel dando un rodeo por el Soho. El sábado noche en el barrio más cool y moderno de Londres, de aplastante predominio gay, no se diferencia mucho de Chueca o Fuencarral en Madrid. Si acaso, en el acento y en las banderas multicolores, sobre todo en Brewer Street, donde el arcoíris se mezclaba con las cruces rojas sobre fondo azul de la insignia británica. Y es que hacía pocos días que se había celebrado el Jubileo por los 60 años de reinado de Isabel II, y todo Londres era una fiesta.

jueves, 7 de junio de 2012

Charlotte Brontë que estás en la Luna

 (Más sobre las Brontë aquí)

Tomo prestado el título de la película de Pilar Miró Gary Cooper que estás en los cielos para hablar de dos hechos curiosos, no muy conocidos, sobre Charlotte Brontë (1816-55), autora de Jane Eyre y hermana de las no menos ilustres escritoras Emily y Anne Brontë.
Charlotte Brontë, hacia 1850

Hay quien dice que el tiempo todo lo cura, como también quien sostiene que los fantasmas del pasado jamás se desvanecen del todo. Esto último es lo que debió pesar en el ánimo de Charlotte Brontë, mientras le escribía y enviaba cartas de amor a su profesor, Constantin Héger.
¿Y qué tienen de particular esas misivas, aparte del hecho de haber salido de la pluma de una de las autoras inglesas más veneradas, uno de los epítomes de la novela romántica con su institutriz -abnegada y fiel- Jane Eyre?

Carta de amor de Charlotte Brontë (18-11-1844).
El objeto de la pasión de Charlotte Brontë se llamaba Constantin Héger, y se enamoró de él mientras estudiaba francés en Bruselas. La escritora tenía 25 años cuando llegó a Bélgica, y ese encuentro marcaría su vida y también su obra. De regreso a Inglaterra, Charlotte empezó a enviar a Héger cartas en las que le revelaba sus sentimientos y donde le confesaba sin ambages: “Me parece verdaderamente difícil estar animada cuando pienso que quizás no vuelva a verlo nunca más”.

Charlotte Brontë se enamoró de Héger en Bruselas.
Al parecer, estas cartas de amor supusieron un auténtico shock para Constantin Héger, que estaba casado y con hijos. Y, curiosidades de la vida, fue la esposa del profesor quien, lejos de montar en cólera o ceder a la sospecha, rescató las cartas de la papelera. Fue ella quien las conservó y quien las dio a conocer, sabedora de la fama que en pocos años alcanzó la enamorada de su marido en toda Europa.

La mujer de Héger sacó las cartas de la papelera.
Las huellas del amor de Charlotte por Héger pueden rastrearse en varias de las obras que escribió. Así, Villette, publicada en 1853, novela las experiencias de Charlotte en Bruselas, con la diferencia de que el profesor de ficción sí corresponde a la heroína. Lo mismo ocurre en la novela El profesor, escrita al poco de volver de Bruselas pero que fue publicada a título póstumo, donde Charlotte Brontë explora la relación entre pupila y profesor; un libro al que la autora también le dio el Happy End que ella en vida no conoció.

Cráter lunar Brontë.

Lo que ninguno de los protagonistas de este triángulo amoroso podía imaginar es que la fama de Charlotte Brontë la llevaría hasta… la Luna. En efecto, uno de los cráteres de nuestro satélite se llama Brontë, y fue bautizado así en honor a Charlotte por Harrison Schmitt, piloto del módulo lunar del Apolo 17. Quizá este astronauta, enamorado de la Luna y de Charlotte, tenía en mente esta cita del capítulo 24 de la novela Jane Eyre: “El fuego se eleva por encima de las montañas de la Luna. Cuando se enfríe, yo la transportaré hasta un pico y la acostaré al filo de un cráter”.

domingo, 3 de junio de 2012

Mujeres de rojo en la Feria del Libro

(Más sobre Carmen Martín Gaite aquí)

Como cada año, visito la Feria del Libro de Madrid, que para mí abre el verano. Y, como cada año, echo de menos a Carmen Martín Gaite (1925-2000), a la que siempre iba a ver al Retiro, y de la que guardo tan buen recuerdo, tan pizpireta ella con sus gorras y sombreros, su blanca melena suelta y desordenada, su sonrisa de triste fondo, sus arrugas y su cara lavada.

Carmen M. Gaite (Collage de 'Visión de Nueva York').
Ha pasado mucho tiempo sin Carmiña, demasiado, y todavía no entiendo por qué se tuvo que morir tan pronto. Entonces, para mitigar su ausencia, abro al azar y leo unas páginas de Nubosidad variable o La reina de las nieves y compruebo con alivio que me siguen despertando la misma expectación de la primera vez.

Ouka Leele firma y dibuja en el Retiro.
Quien sí estaba en la Feria del Libro este fin de semana, y volverá el próximo, es Ouka Leele, que en la caseta 343, de la editorial Huerga y Fierro, firmaba su libro de poemas Pan de verbo
Hace mucho que dejó de ser la fotógrafa de la movida madrileña, incluso su físico se ha afinado, pero sigue muy activa, y aunque apartada del ruido mediático que la encumbró en los años ochenta del siglo pasado, Ouka continúa en la brecha, y lo mismo pinta que produce montajes artísticos o se mete en camisa mística de once varas. ¡Lástima que su prima, Esperanza Aguirre, no comparta su sensibilidad para la abstracción lírica!
Rosa Montero, el sábado en la Feria del Libro
También firmaba libros Rosa Montero, en particular, el titulado Historias de mujeres. Tengo que confesar que como novelista no me interesa demasiado, aunque me gustó su cambio de registro en Historia del rey transparente. Si por algo la admiro es por su faceta periodística, y de hecho, en mis años de carrera en la Complutense de Madrid, Rosa Montero era un referente que estudiábamos para aprender a preguntar, redactar, titular y mantener el ritmo al elaborar una entrevista en estilo indirecto. Hoy día, los periodistas pecamos de excesiva complacencia con el entrevistado. Ella también.
Almudena Grandes (detrás, sus pacientes lectores).
Entre las autoras más solicitadas, Almudena Grandes, abonada a la lista de superventas con cada nuevo libro, que parece producir a ritmo de pedal, y eso que casi todos pasan de largo de las 300 páginas. Me resulta curiosa su transición desde Las edades de Lulú -libro con el que ganó el premio Sonrisa Vertical de novela erótica- a sus títulos más recientes, que no me acaban de convencer. Eso sí, soy lectora de la Almudena Grandes articulista porque entiendo bien su ardor de mujerona aguerrida, lenguaraz y roja, muy roja. Algo que seguramente compartan las decenas de personas que se ven al fondo de la fotografía, y que el sábado se tostaban al sol en espera de la anhelada firma.