domingo, 17 de septiembre de 2017

Feminidad, ardor y dolor en 'Cuerpo Adentro', de Ana Silva

(Más amigos poetas: Maite Cabrerizo y José M. Triper)

Tengo en mis manos un libro de poemas en edición bilingüe español-árabe editado con primor por Ediciones del Genal.

Un libro ilustrado con talento e imaginación por Firdaous Barkallil.

'Cuerpo adentro', primer libro
de poemas de Ana Silva Cuesta.
Un libro prologado con amor por la poeta y escritora marroquí Rachida Madani y traducido con pasión por la también poeta y traductora iraquí Bahira Abdulatif Yasin. Ambas son divulgadoras de la cultura árabe e islámica muy comprometidas con la defensa de los derechos de la mujer en los países musulmanes.

El libro se titula Cuerpo Adentro  y ha sido escrito con primor, amor, pasión, talento e imaginación por la malagueña Ana Silva Cuesta, Doctora en Derecho por la Universidad de Granada, mujer inquieta y versátil, experta en migraciones y género, activista de los derechos de la mujer árabe e islámica.


Ana Silva presenta su
 libro 'Cuerpo adentro'
Cuerpo Adentro es el primer poemario de Ana Silva pero no será el último. Demasiados ardores, rosas con y sin espinas, azoteas alicatadas de deseos, fuentes rebosantes de ansias voraces y preguntas sin respuesta guarda dentro de sí Ana como para que quepan en un solo libro.

Ana Silva nos invita a acompañarla en un itinerario poético clarividente y femenino donde lo real y lo imaginario, la inquietud y la lucidez van de la mano. Cuando aceptamos esa invitación podemos ver algunas de las simas interiores donde ella se ha asomado, vislumbramos el tizón que arde en su interior, el hambre, el fuego, la sed.

 El corazón por dentro
El amor, como una fiera, duerme la siesta. Arriba, en la azotea, el olor a jazmín despierta el ansia de amar (…) Ahora me he preñado de mí: en el vientre se alza una jaima añil (…)


'Estambul adentro', ilustrado por Firdaous Barkallil.
Málaga, Granada, Estambul, Tánger, el mundo árabe, la infancia, la memoria, el cuerpo, el lenguaje, la búsqueda de sí misma excavando cuerpo adentro, ladrando hacia afuera y mirándose en el anverso y en el reverso del otro. Estas son algunas de las estaciones por las que el lector atraviesa, las más de las veces con el corazón en vilo y la garganta llena de voces, mientras pasea, se demora o se apresura a través del cambiante laberinto en el que sin querer-queriendo nos sumerge la poesía de Ana Silva.

Conquisto infinitos
a las cinco de la tarde.
No me lo anunciaste Federico,
nunca me dijiste que el caballito de agua
se elevaría en mi ombligo (…)

Los poemas de mi paisana Ana Silva (crecimos en el mismo pueblo blanco, Villanueva de la Concepción) rehuyen la pomposidad para abrazar una aparente sencillez formal que no obstante está cuajada de imágenes poderosas.

Mujer para la tierra
soy.
En cada menstruación
el beso de la vida
penetra útero adentro
abatiendo
todo desierto.

Para mí los versos de Ana Silva Cuesta tienen mucho de oración interior, de muda conversación con los dioses y los demonios que nos habitan, y también de confesión, ¡quién sabe si en busca de absolución!

Tengo que decirlo sin hablar:
me amo para no caer en mí.
Yo, la invisible,
masco los últimos dátiles de julio,
llorando con la luz,
subo la persiana
y le rezo a mi abuela.

¡Enhorabuena, Ana, por conseguir publicar un libro tan bello por fuera y por dentro, un libro entre cuyas páginas se filtra tu luz y tu talento!

(Dos vídeos de la presentación del libro en Casa Árabe de Madrid) 






miércoles, 13 de septiembre de 2017

Segundo viaje a Japón (I): Osaka y Koyasan

(Mi primer viaje a Japón y la primera vez en Osaka)   

Barrio de Dotonbori (Osaka, Japón).
El 12 de agosto de 2017 a las 16:26 hora española terminaba de cenar a bordo del avión de Air France que me transportaba hacia Japón. Nada más retirar las bandejas, los asistentes de cabina procedieron a cerrar las ventanillas del aparato para inducirnos al habitual duermevela de los vuelos transcontinentales. A las 3:23 de la madrugada española, esto es, las 8:23 de la mañana del día 13 de agosto hora japonesa, mi compañero y yo emergíamos a la superficie en la estación de tren JR Namba en Osaka para coger un taxi rumbo al hotel Mystays Shinsaibashi EastSin dormir y casi veinte horas después de salir de Madrid.

Una pareja se hace una selfie imitando
un típico anuncio en Dotonbori (Osaka).
Como en nuestra anterior visita a Japón (en el año 2013), nos fascinó el barrio de Dotonbori, sus abarrotadas calles comerciales, sus restaurantes, sus locales de ocio, su publicidad de neón, sus edificios tapizados con letreros, su estridente megafonía, el ir y venir de los barcos turísticos por el canal, las linternas de papel gigantes... Nos encantó incluso la riada humana que trasiega Dotonbori dándole una estética y atmósfera únicas, las más parecidas todavía hoy a la ambientación de Blade Runner.

Fujiyama Suke, típica taberna de tempura (Osaka).
De Osaka no me gustó el calor bochornoso y me sorprendió que los taxistas no supieran casi nada de inglés y tardaran lo suyo en encontrar la dirección. En cambio, me agradó volver a subir al mirador del Umeda Sky Building y pasé muy buenos ratos observando a las parejas y grupos de amigos hacerse selfies por todos los rincones de la ciudad. Encontré un par de tabernas estupendas donde comimos sushi y tempura (Fujiyama Tempura Suke) en Dotonbori, y una terraza muy agradable donde cenamos frente a la estación de Umeda.

Cápsula del tiempo (Osaka), se abrirá el año 6970.

Este año sí visitamos el castillo de Osaka (veinte minutos de espera bajo el sol incluida), interesante si se dispone de tiempo pero prescindible. Me intrigó la cápsula ovalada de color estaño que hay antes de entrar al recinto: se trata de una cápsula del tiempo, construida en el año 1970 con motivo de la Exposición Universal y cuya apertura está fijada para el año 6970. ¡Ahí es nada! 

Castillo de Osaka.

Monjes del recinto monástico Danjo Garan (Koyasan).
Después de pasar dos noches en Osaka viajamos al pueblo de Koyasan, un famoso centro de monasterios budistas con un romántico cementerio que es visita obligada al atardecer. Desde Osaka se llega primero en tren, luego en funicular y por último en autobús (el tráfico privado está prohibido a partir de un punto), y el billete conjunto para 2-3 días es barato y se compra en Turismo en las estaciones de tren, en el aeropuerto, etc.

El color rojo y el dorado predominan
en el interior del templo budista.
Koyasan se esconde en el monte Koya entre una exuberante vegetación así que el viaje en tren es bonito paisajísticamente hablando, y el corto trayecto en funicular (diez minutos) lo sería aún más si no estuviera abarrotado de turistas y maletas. Nosotros habíamos contratado en el hotel de Osaka el servicio intercity de envío de equipaje (unos 24 euros por dos piezas), así que nuestras maletas viajaron al siguiente hotel, en Kioto, un día antes que sus dueños. A Koyasan fuimos con lo puesto y una mochila cada uno.

Pinturas interiores en el Danjo Garan,
monasterio budista de Koyasan (Japón).
La sombra de lluvia nos siguió durante la visita al complejo monástico Danjo Garan y el edificio principal del templo Kondo (siglo IX) y también al templo Jongobuji, con pinturas de artistas japoneses y un precioso jardín de rocas. Pero nos libramos del aguacero, ¡quien sabe si gracias a que fuimos honestos y pagamos la entrada a los templos pese a que nadie vigilaba! Los monjes se afanaban en sus quehaceres y pasaban a nuestro lado subidos en los zuecos tradicionales de madera, con su cabeza rapada y ataviados con sus vistosos trajes naranja y azul oscuro casi negro. Tuvimos la suerte de presenciar cómo tocaban la Gran Campana de Daito (monumento nacional) mientras entonaban cánticos ceremoniales.

Salón del hotel Fuckuchi-in (Koyasan).
Nuestro hotel en Koyasan era el Fuckuchi-in Temple Onsen, donde teníamos contratada una noche con cena y desayuno monástico vegano. El hotel es de estilo japonés con tatamis, puertas correderas y mesa en el suelo, con amplios salones profusamente decorados con madera y remates dorados; varias terrazas que se asoman a jardines de arena y roca, árboles altísimos y un estanque de carpas. Hay baño público interior y onsen exterior (mujeres y hombres por separado) y un saloncito para tomar café. Una pega: el wifi solo funciona en zonas comunes pero tienen prensa (en japonés) y una minibiblioteca (libros también en japonés y algún bestseller olvidado por algún turista).

Tumba con Budas, cementerio Okunoin (Koyasan).
Quizá lo que más me gustó de Koyasan fue el cementerio Okunoin, donde reposa Kukai, llamado tras su muerte Kobo-Daishi (774-835), fundador del budismo Shingon. Bajo una fina lluvia que poco a poco cesó fuimos recorriendo el paraje semiagreste, con senderos salpicados de curiosas tumbas. Me llamaron la atención unos túmulos en forma de pirámide sobre los que crecía la vegetación, con piedras antropomorfas a modo de Budas adornados con baberos rojos.


Un monje budista reza en el pabellón de las lámparas,
en el cementerio Okunoin (Koyasan).
Es sobrecogedor el Toro-do o pabellón de las lámparas, que aloja miles de linternas luminosas, algunas de las cuales dice la leyenda que llevan encendidas sin cesar más de novecientos años. Cuando ya me marchaba, un monje se arrodilló y comenzó a entonar su cántico ritual. Aunque está prohibido hacer fotos y grabar el interior del pabellón, no pude resistirme.

domingo, 20 de agosto de 2017

Mi cumpleaños en el monte Fuji


Monte Fuji según el grabado de Katsushika Hokusai.
(Mi cumpleaños en 2016)

Nacer un 20 de agosto brinda muchas más posibilidades de que tu cumpleaños te pille viajando fuera del país que, por ejemplo, si llegas a este mundo un día 13 de enero. En mi caso, la primera fiesta de cumpleaños que viví lejos de España fue en 1992, en un hotel en San Petersburgo y éramos tres las personas agasajadas. La fiesta, sorpresa, fue preparada por la guía del viaje organizado que ese verano nos condujo por Ucrania, Rusia y Uzbekistán. Cenamos caviar, bebimos cerveza, brindamos con vodka y comimos tarta; lo mismo que solíamos comer y cenar esos días de deshielo y perestroika.
Mikonos 2007.
Mi segundo cumpleaños fuera de España fue muy agradable y tuvo lugar en Mikonos en 2007, en el restaurante Caprice Sea Satin Market, ideal para cenar a la puesta del sol. Mi compañero de fatigas y yo acabábamos de regresar de un viaje de 20 días por Siria y Jordania y habíamos reservado una semana extra para Mikonos y Atenas. Ese año teníamos mucho que celebrar y no dudamos en tirar la casa por la ventana. En el restaurante de Mikonos el maître nos acompañó a escoger la pieza de pescado que más nos gustó y, tras pesarla, nos la asaron en una parrilla alimentada con leña. Cenamos arrullados por las olas contemplando las luces titilantes de Little Venice.
No creo que pueda olvidar mi cumpleaños del año siguiente, pues el 20 de agosto de 2008 se estrellaba al tratar de despegar en Madrid un avión de Spanair en el que murieron 154 personas. Yo me enteré del horrible suceso en un hotel cercano al aeropuerto de Orly, en París, donde nos alojamos esa noche porque al día siguiente muy temprano volábamos a la isla de Córcega. Recuerdo que encendí la televisión y durante un buen rato no fui capaz de procesar las imágenes ni las crónicas de los reporteros. Las redes sociales todavía no retransmitían la muerte en directo. Todo un alivio. Aún aturdidos, cogimos el coche de alquiler y condujimos hasta Mouffetard, en el barrio Latino, y cenamos en el restaurante L'Epoque.

La 5a estación del monte Fuji (20-08-2017).
Hoy estoy celebrando mi cumpleaños en Japón, en el pueblo de Yamanashi, que está a la orilla del lago de Kawaguchiko, frente al monte Fuji. La montaña sagrada que hoy he contemplado no es roja ni la he divisado tras la gran ola de Kanagawa, como la dibujó Katsushika Hokusai en el siglo XIX, pero sigue siendo imponente y muy difícil de avistar pues pasa cubierta de nubes la inmensa mayoría de días del año. El monte Fuji es un cono volcánico, el pico más alto de Japón, el símbolo nacional del país, un monte orgulloso que desde 2013 es Patrimonio de la Humanidad.

Para mí el monte Fuji era una asignatura pendiente desde que en el verano de 2010 mi amiga Mizue me regalara en Londres una carpeta con el famoso grabado de la gran ola. Mizue me inculcó las ganas de viajar a su país y animada por ella y por nuestras charlas londinenses me decidí a recorrer Japón en julio de 2013. Pero hace cuatro años no tuve suerte y las nubes y la niebla en los lagos de Hakone me hurtaron la visión del Fuji. Esta vez, en mi segundo viaje por Japón, he querido asegurarme de que aunque las nubes tapen el Fuji, al menos mis pies pisen su tierra y mis manos toquen su ladera. Así lo he hecho en la 5a estación, a 2305 metros de altitud, y la suerte me ha sonreído.

jueves, 10 de agosto de 2017

Labios como paños




Me gusta cuando callas
y también cuando estallas,
cuando plantas tu palma árida
sobre mi frente concupiscente

Me gusta cuando relatas los años
y también cuando olvidas mi nombre,
cuando ayer y mañana
se vuelven palabras líquidas,
mi vientre alumbra
cuajo de mariposas
y tú sorbes desnortado
tu ampolla de eternidad

Me gusta cuando estallas
también cuando callas,
chapotear en los charcos de tu mente
y alborotar tu melena impostora
de perfil y de frente.
Me gusta todo de ti.
Menos el brillo de tu cuerpo de estaño
y tus labios como paños

domingo, 23 de julio de 2017

Diecisiete años sin Carmen Martín Gaite: sus fotos y poemas más desconocidos

(Podéis leer más sobre Martín Gaite aquí y un poco más aquí)


Carmen Martín Gaite (1925-2000).
El 23 de julio de 2000 moría la escritora Carmen Martín Gaite (1925-2000) a los 74 años, así que hoy se cumplen 17 desde su fallecimiento y nos acercamos un poco más al vigésimo aniversario de su ausencia.

Fue la primera mujer en recibir el premio Nacional de Literatura, en 1978, por El cuarto de atrás, aunque en mente de todos estaban aquellos visillos entre los cuales emergió su voz como narradora contra los estereotipos y la cerrazón de la España de posguerra.


'El escondite inglés'
(Carmen Martín Gaite).

Pareciera que todo está dicho sobre su obra como novelista, cuentista y articulista, así que hoy me quiero centrar en su faceta más desconocida como poeta. He estado releyendo el libro Poemas, editado a título póstumo por Plaza y Janés en 2001. La mayoría son versos de juventud que la autora había publicado en 1976 en el volumen titulado A rachas. Lo curioso de la edición del año 2001 es que incorpora un CD con el recitado de la propia Carmen. 

Una jovencita Martín Gaite ataviada
con gorro y abrigo de botones.
Me emociona escuchar su voz "representando lo leído, saliendo y entrando de la palabra impresa", como ella misma describía el arte de recitar poesía. Carmen Martín Gaite era uno de los rostros más sonrientes de la Feria del Libro de Madrid, con su blanca melena y sus gorros de colores, y la Feria madrileña la sigue recordando cada año a través de las actividades que organiza en el pabellón que lleva su nombre. 


'Mi ración de alegría' (C. Martín Gaite).
Sin embargo, lo cierto es que sus libros se venden mucho menos de lo que merecen y el tiempo los va echando en el olvido. Confío en que de aquí al vigésimo aniversario de su fallecimiento las editoriales que la editan se apliquen para organizar una efeméride lucida en el aspecto cultural y provechosa en el ámbito comercial. Recuerdo bien a Carmen, la vi varios años en la Feria del Libro. Me gustaba contemplarla en la media distancia, sus ojos chispeantes, su rostro plegado en decenas de finas líneas arrugadas, su alegría infantil, su manera de abanicarse el calor sin desmerecer una sonrisa. 


La escritora Carmen Martín Gaite.
Había perdido a su única hija y la literatura la había salvado (eso decía), por lo que pocas cosas podían ya entristecerla (eso decía). Reivindicaba (ved el poema sobre estas líneas) su ración de alegría, de modo parecido a como Virginia Woolf reclamaba una habitación propia. Tan sólo dos veces me acerqué a pedirle a Carmen un autógrafo en la Feria del Libro. Para entonces ya había leído Nubosidad variable y también La reina de las nieves, y en los años venideros leería el resto de su obra, sintiendo que un lazo me unía a su literatura, a  sus historias, a sus mujeres.

'Jaculatoria' (Carmen Martín Gaite, del libro 'Poemas').
Un lazo fuerte pero sin asomo de rigor mortis. Un lazo graciosamente atado, similar al que me conecta con Jane Austen, Tracy Chevalier, Natalia Ginzburg, Gioconda Belli, Marianne Fredriksson, Carmen Laforet o Magda Szabó, por citar únicamente a algunas de las escritoras tótem que me han acompañado e iluminado durante los últimos entatitantos años.

Sin duda, leer a Martín Gaite, releerla y regalar sus libros es el mejor atajo contra el olvido. Para quienes no sepáis por dónde empezar, un consejo: escoged cualquiera de los títulos que aparecen en la siguiente foto. 


Y quienes queráis recordarla como era en sus últimos años observad esta foto, sin fechar pero aventuro que ya habría cumplido los setenta. Me parece una imagen que deja entrever gran parte de su carácter.

17 años sin Carmen Martín Gaite.
Carmen está sentada en una piedra en lo que parece ser el borde de un camino, lleva el blanco cabello recogido en un sencillo moño y reposa los brazos cruzados sobre un bolso escueto. Tiene alzada la barbilla en un gesto firme, casi retador, a juego con su perfil decidido y hasta tozudo. Y tiene, sobre todo, la mirada levantada hacia el infinito.

martes, 18 de julio de 2017

Reivindicación de Constance y Ellen Hill, las hermanas inventoras de la ruta literaria Jane Austen

Hoy, 18 de julio de 2017, se cumplen doscientos años del fallecimiento de Jane Austen (1775-1817), y la autora inglesa no podría estar más viva. La posteridad le ha compensado con creces el escaso aprecio (y hasta el ninguneo) que recibió en vida como escritora y en cierto sentido, como mujer. Basta leer su epitafio en la catedral de Winchester para hacerse una idea: ni una sola mención a su trabajo como escritora.
Lápida con el epitafio de Jane Austen
(catedral de Winchester, Inglaterra). 
La lápida de Jane Austen está en el suelo, a la izquierda de la nave principal, una sencilla losa negra con esta leyenda: “En recuerdo de Jane Austen, la hija menor del difunto reverendo George Austen, quien fuera rector de la parroquia de Steventon en este condado. Abandonó esta vida el 18 de julio de 1817, a los 41 años, tras una larga enfermedad soportada con la paciencia y esperanza de una verdadera cristiana. La bondad de su corazón, la dulzura de su carácter y su inteligencia le valieron la admiración de cuantos la conocieron, junto con el más tierno amor de sus seres queridos. La pena de su familia es tan grande como irreparable es su pérdida, pero aun en su más profunda aflicción, les consuela la firme aunque humilde esperanza de que su bondad, devoción, fe y pureza hayan hecho a su alma merecedora de la lucha por su redención".
Escaleras al dormitorio de Jane Austen
(casa-museo de Chawton).
Mucho más entusiastas de Jane Austen fueron Constance Hill (1844-1929),escritora, y su hermana Ellen G. Hill (ilustradora), quienes en 1901 publicaron Jane Austen: sus hogares y sus amigos, el primer recorrido literario reivindicativo de Jane y el libro que en cierto modo iniciaría la fiebre austeniana. Constance Hill relata el peregrinaje que realizó por los lugares donde Jane vivió, empezando por Steventon (su lugar de nacimiento) y siguiendo de modo cronológico por Bath, Southampton y finalmente Chawton, donde escribió sus grandes obras maestras. 
'Jane Austen: sus hogares y sus
amigos' (Constance y Ellen Hill).
Jane Austen: sus hogares y sus amigos está ilustrado con dibujos en blanco y negro llenos de encanto realizados por Ellen G. Hill, y contiene citas extraídas de las cartas de Jane así como recuerdos de su familia. El libro también recorre el antiguo colegio donde estudió Jane y las casas de los vecinos que tanto oímos mencionar en las cartas de la escritora. Y, por supuesto, no faltan tampoco las reflexiones de Constance Hill acerca de cómo influyeron esos lugares en la ficción de la autora de Orgullo y Prejuicio o Sentido y Sensibilidad.
Mesa donde Jane Austen escribió sus novelas
(casa-museo de Chawton, Inglaterra).
Jane Austen ya era bastante famosa antes de que apareciera el libro de las hermanas Hill. Tras su muerte, su fama había ido creciendo imparable, como agua que empapara la tierra porosa. Tanta gente llegaba a Winchester preguntando por su tumba, que en 1850 un sacristán promovió una colecta para "recopilar la vida y obra de la señorita Austen". Pero lo cierto es que el libro de las hermanas Hill fue el que desencadenó la fiebre mitómana
Turistas procedentes del mundo entero siguen hoy llegando hasta el sur de Inglaterra para conocer y recorrer pasillos y salones, cuartos y cocinas donde vivió Jane, admirar la mesa donde escribió sus novelas más emblemáticas e imbuirse en el ambiente austeniano. La casa-museo de Chawton es la diana de esa peregrinación: allí se mudaron Jane, su hermana Cassandra y su madre en 1809 y está llena de pertenencias de la familia.
Set de novelas de Jane Austen (casa-museo de Chawton).
Cuando en 1917 en Chawton se celebró el primer aniversario de la muerte de Jane Austen, allí estuvieron las hermanas Hill, protagonistas de excepción mientras se descubría una placa en honor a Jane en las paredes del cottage. La placa de roble macizo había sido diseñada por Ellen Hill y en su ornamentación sugería temas relacionados con la vida de Jane. Así, el marco representaba una ventana de Sydney Bath, donde los Austen vivieron entre 1801 y 1804, y para la delicada moldura que rodeaba la placa se había copiado el bordado de un pañuelo de muselina realizado por la propia Jane Austen.
La placa reza así: "Jane Austen vivió aquí de 1809 a 1817. De aquí salieron al mundo todos sus obras. Sus admiradores en este país y en América se han unido para erigir esta placa. Un arte como el suyo nunca envejecerá".
Por supuesto, las hermanas Hill, artífices del primer "viaje sentimental" al mundo de Jane Austen, no podían faltar a esa conmemoración. Los hogares y los amigos de Jane le deben mucho a las dos, sobre todo a Constance. Hoy como ayer, la lectura de su libro hace brotar unas ganas incontenibles de coger el primer avión y plantarse en el condado de Hampshire para respirar el aire que respirara Jane Austen.
Y tenían razón hace cien años: el arte de Jane Austen no envejece. Al contrario. Así que pasen otros cien años.

lunes, 10 de julio de 2017

‘Las caras del mar’ de Maite Cabrerizo, lectura imprescindible para este verano



Maite Cabrerizo, periodista y escritora.
La periodista y escritora Maite Cabrerizo ha puesto rostro a las caras del mar. Ha sacado del anonimato a Iván, Jorge, Manu, Evangelina, Ana, Carla, Arantxa, Isaac, Lidia, Pablo, Benigno… Ha contado la historia íntima y a la vez inmensa de 36 personas que han hecho del mar su vida; personas “que a cambio de nada lo dan todo”, día sí y día también, ya sea bajo el sol inclemente o empapadas  por una lluvia hostil, a la hora de la siesta o con las primeras luces del alba, viendo una patera zozobrar o suspendidas de un cable sobre las olas revueltas.

Tristes caras del mar que viajan en patera.
Durante nueve meses, en el blog de Salvamento Marítimo Maite ha ido publicando las intrahistorias de estos hombres y mujeres anónimos y vocacionales, a quienes jamás podremos pagar con dinero todo lo que su trabaje vale. Son marinos, pilotos de barco y de helicópteros, buzos, nadadores de rescate, muchos de los cuales tienen por rutina el salvar vidas y hacer del mar un lugar seguro. También entrevista Maite a cocineros, mecánicos, vigilantes y hasta un técnico de Análisis y Planificación que ha querido ser la Cara del Mal. Todos, sin excepción, han desnudado su alma y ella la ha trasladado al papel virtual de un blog.

A estas caras del mar Maite Cabrerizo les ha hecho la mejor foto fija de todas las posibles con el instrumento que mejor maneja: las redes de palabras. Y ahora Juanjo García Carretero les ha puesto música y letra en este vídeo.  Los dos lo han hecho con mucho cariño. Sabiendo que Salvamento Marítimo ha sido para Maite más que un viaje. Sabiendo que ha sido el VIAJE, como dice Maite. Un VIAJE que, estoy completamente segura, va a continuar hasta completar el retrato más fiel y más humano de las equiscientas caras del mar que aún  nos falta por descubrir.

video

martes, 27 de junio de 2017

La vida secreta de las Brontë desvelada en 300 cartas

(Más sobre las hermanas Brontë y su hermano Patrick Branwell)

Acaban de traducirse en Francia las Cartas escogidas de la familia Brontë (1821-1855) en la editorial La Table Ronde, después de su éxito de crítica y venta en Gran Bretaña. Esta correspondencia escogida de las famosas hermanas Brontë, a saber, Charlotte (autora de Jane Eyre), Emily (Cumbres borrascosas) y Anne (Agnès Grey) así como las misivas escritas por su padre y su hermano fascinan tanto como las heroínas que pueblan su ficción literaria.

'Cartas escogidas de las hermanas
Brontë', edición francesa.
El marido de Charlotte Brontë (1816-1855), el prudente vicario Arthur Nicholls, aconsejaba a su mujer que no conservara tales cartas, que consideraba "tan peligrosas como las cerillas de Lucifer". Y no andaba desencaminado el reverendo, ya que Charlotte escribía lo que pensaba, la verdad de sus sentimientos, sin tapujos y a veces siendo francamente incómoda para la mentalidad de la épocaCharlotte llevó una vida de austeridad, privación y soledad, a veces exaltada.

Estas trescientas cartas recientemente publicadas en inglés y francés cubren desde los años 1821 (fecha de la muerte de María, la madre) a 1855 (ese año muere Charlotte) y han sido seleccionadas entre un millar de misivas. En ellas aparece una Emily verdaderamente lacónica y un Patrick Branwell atractivo y con talento, la gran esperanza de la familia que sin embargo será el más desdichado: bebedor, drogadicto, desgraciado en amores y muerto prematuramente. Anne, la más joven y más dulce de las Brontë, parecía no estar hecha para este mundo y así se nos revela en estas cartas escogidas.

'Retrato de las hermanas Brontë', realizado por su
hermano Patrick Branwell (National Portrait Gallery).
Charlotte le cuenta a Emily su sentimiento de humillación mientras trabaja de gobernanta con los Sidgwick. Unos señores "orgullosos como pavos reales y ricos como Creso", la señora Sidgwick "habla mucho pero rara vez con sentido", y los niños son "perfectos asnos". Así va relatando con horror sus limitaciones mientras deja volar la imaginación.

La única persona a la que Charlotte admira y ama es Emily, un "alma poderosa y singular" que morirá sin quejarse a los 30 años de edad, tan solo tres meses después del fallecimiento de Patrick Branwell. La muerte siguió cebándose con la familia Brontë, y cinco meses después moriría Anne, también de tuberculosis como los dos hermanos que la precedieron a la tumba.



domingo, 18 de junio de 2017

Siete años de 'Cúmulos y limbos' y nubosidad variable


El 18 de junio de 2010 era viernes, yo llevaba unos días recién instalada en Londres como estudiante de inglés, y me decidí al fin a debutar como bloguera con un primer post titulado Nubosidad variable. Hace por tanto siete años que mi blog y yo abrimos esta ventana digital llamada Cúmulos y limbos, en homenaje a la novela de Carmen Martín Gaite que tantas veces he releído a lo largo de los años.

¿Qué he hecho en estos siete años?
Escribir un libro.
En estos siete años muchas cosas han cambiado, o mejor dicho, se han recolocado y reorientado como piezas distraídas de un puzle temporalmente disperso que se remueven, cambian de sitio, zigzaguean y al fin encajan en un lugar más amplio, luminoso y lucido. Una de esas cosas realojadas es mi primer libro de relatos, La casa de las palmerasque empecé a escribir en Londres y que publiqué a mi regreso a Madrid. Como soy un lento caracol, hace apenas unos meses decidí ponerlo a la venta en Amazon , y ahí podéis encontrarlo.

Recapitulando: en siete años he escrito 389 entradas en este blog que acumulan más de 242.000 visitas en total. Aunque suena a cifra modesta, a mí me parece una enormidad para estos cúmulos y limbos nada publicitarios ni publicitados que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado. Escribo con menor frecuencia que hace siete años, aunque le pongo la misma pasión a los temas de mujeres, libros, viajes, historia, arte…

¿Qué he hecho en estos siete años? Viajar a Japón.
Al cabo de siete años, continúo descubriendo escritoras que me fascinan con un libro y me atrapan para siempre, hasta el punto de que tengo que devorar toda su obra. Me sucedió primero con Siri Hustvedt al leer El verano sin hombres y hace dos meses tuve la suerte de conocerla en persona, en Madrid, hasta donde se acercó para presentar su último libro. Me pasó después con Hiromi Kawakami y su El cielo es azul, la tierra blancay más recientemente con Yoko Ogawa como resultado de leer La fórmula preferida del profesor. Estoy enganchada a las tres y, por supuesto, sigo deleitándome con Gaite, Laforet, Ginzburg, Yourcenar, Chevalier y tantas otras.

¿Qué he hecho en estos siete
años? ¡Vivir! Ahí es nada... 
Como dije en junio de 2010, tengo claro que la vida no es una carcajada continua, ni tan siquiera una sonrisa indulgente. Tampoco podemos pasar las 24 horas del día encaramados a una nube. Pero para lidiar con los cambiantes estados de ánimo, nada mejor que los libros, el arte, la historia, los viajes, la escritura... Porque todos tenemos algo que decir aunque nadie escuche.