sábado, 28 de junio de 2014

Beja y Serpa, tesoros a descubrir en el Alentejo portugués

(Más sobre el Alentejo y Portugal aquí)

La fama (justa y bien merecida) de Évora como capital del Alentejo y centro de una impresionante ruta megalítica ha eclipsado a otras dos ciudades preciosas, cargadas de cultura, restos arqueológicos de todas las eras, rincones con encanto, plazas acogedoras y restaurantes donde disfrutar de una gastronomía variada y a precios realmente bajos. Se trata de Beja y Serpa, ciudades monumentales del Bajo Alentejo portugués, próximas a las provincias de Huelva y Badajoz e ideales, por tanto, para una escapada de fin de semana.

Castillo de Beja (Alentejo, Portugal).
Estuve en Beja hace dos años, de paso para comer, y me quedé con ganas de visitar el castillo medieval, cuya torre del Homenaje se alza imponente sobre el casco antiguo. Entonces no pudo ser, pero esta semana, en una ruta acelerada de cuatro días por el sur de Portugal, Beja ha sido parada y fonda. Todo un acierto el hotel Bejense, por menos de 50 euros, desayuno incluido, en el centro peatonal de esta ciudad, que fue fundada por los romanos bajo el mandato de Julio César y que después, y por más de 400 años, fue una fortaleza morisca. Todo en Beja es armonioso, desde las callejuelas adoquinadas a las fachadas, algunas con azulejos.

Tumba de Joao Mendes (iglesia
de San Amaro, en Beja, Portugal). 
Una somera visita cultural debe empezar por el castillo y su muralla (entrada gratuita), para continuar en la adyacente iglesia visigótica de San Amaro, cuyos orígenes se hunden en el siglo V y donde se exhiben restos arqueológicos visigóticos y romanos. El ticket, por sólo cuatro euros, permite además conocer el Museo Regional, enclavado en lo que fue el Convento de Nuestra Señora de la Concepción (año 1459). Según cuenta la leyenda, una monja de este convento escribió en el siglo XVII las polémicas Cartas de una monja portuguesa, que relatan su amor por un oficial francés. Pese a que la veracidad de la historia es muy discutible, funciona como reclamo turístico para el museo, que exhibe asimismo pintura flamenca española y portuguesa, blasones, escudos y lápidas funerarias.

Instructivo y gratuito es el Núcleo Museológico de Beja, donde se muestran restos excavados en la provincia: vestigios de la Edad del Bronce (3000 años a.C.), romanos, musulmanes y de la época medieval, hasta la ciudad renacentista del rey Manuel I y la actualidad. Es un espacio diáfano, con paneles de cristal en el suelo que dejan ver fragmentos de muros, cimientos y construcciones civiles, como el caldarium de unas termas romanas.

Una palmera domina la Plaza de la República en Serpa.
Serpa es más pequeña que Beja, sus callejones son más retorcidos y corren encerrados por la muralla que protegía el castillo, de origen árabe y reconstruido por el rey Don Dinis en el siglo XIII. Pero es un municipio igualmente bonito y apacible, muy acogedor, donde admirar, por ejemplo, un majestuoso acueducto del siglo XVII, de grandes arcos, que fue construido para abastecer el palacio de los condes de Ficalho. Serpa es famosa por su queso de oveja y por seis olivos milenarios que se alzan en el corazón de la ciudad. Es preferible dejar el coche fuera del centro (intramuros y acordonado por la muralla) y caminar por las calles empedradas.
 
Cordero ensopado y boquerones
(El Alentejano, en Serpa).
Para comer recomiendo el restaurante El Alentejano, situado en un primer piso con frescos ventanales a la Plaza de la República. Sirven platos típicos a precios imbatibles y raciones enormes, como es habitual en Portugal. Tiene fama el cordero ensopado y doy fe de que son deliciosos los boquerones fritos con arroz de tomate y la ensalada fresca, de toda la vida, de lechuga y tomate. Tras la comida, un lento paseo hasta el castillo, a mitad de camino del cual se encuentra la Iglesia del Salvador, que domina una placita con mucha sombra y dispone de bancos desde donde se goza de una amplia vista sobre los campos circundantes. 
 
 
Entrada al castillo de Serpa
(Alentejo, Portugal).
 
El pasaje que da entrada al castillo de Serpa es sobrecogedor, ya que parece que un gran bloque de piedra está a punto de caerse sobre la cabeza del caminante. Pero no hay peligro, lleva así cientos de años y no se ha movido un ápice.

En la carretera que conduce hasta Évora, una agradable parada es la ciudad de Moura. Poco más de una hora basta para ver los restos del castillo medieval, reconstruido en el siglo XVI; entrar al encantador jardín romántico en el que el tiempo parece haberse detenido; beber el agua de una curiosa fuente de tres caños; y pasear por el barrio morisco, encalado y con macetas, aunque sabe a poco si se conocen Córdoba o Granada.

Templo Romano de Évora, del siglo I.
De Évora ya he hablado en este blog, y de hecho, en menos de dos años mi compañero de fatigas y yo hemos viajado tres veces, y únicamente por placer, a la capital del Alentejo. No me canso de contemplar el Templo Romano en honor de Diana (siglo I), ni de admirar la bellísima iglesia de los Loios (siglo XV), ni tampoco me aburro de ver la vida pasar desde una terraza en la Plaza del Giraldo, ni me agota zascandilear por las irregulares calles empedradas. Évora estaba en fiestas (por San Juan) y el centro se vaciaba al atardecer, en favor del recinto ferial. Eso sí, por el día, la ciudad exhibía el mismo rostro vivaracho de siempre, pese a que la crisis cierre y alquile tantos negocios.

Taberna Botequim da Mouraria (Évora, Portugal).
Nos dimos un homenaje culinario en Botequim da Mouraria, dejándonos aconsejar por el dueño y confiando en que la factura no se disparara. En la estrecha barra del local caben sólo nueve personas, sentadas en taburetes, una incomodidad que no disuade al personal, al contrario, es raro hallar sitios libres. Mi compañero y yo compartimos ensalada de pimientos asados, almejas (enormes, apenas cabían en sus conchas) y róbalo, acompañado de una ensalada de tomate, pepino, cebolla y ajo, con vino blanco… ¡todo delicioso! Para terminar, el dueño nos hizo una fotografía, es su costumbre, retratar a todos sus comensales, quizá pensando en escribir e ilustrar un libro cuando se jubile. ¡Quién sabe si nuestras caras sonrientes acabarán saliendo en el libro Guinness de los Récords, o incluso colgando de las paredes del Botequim en la propia Évora!

miércoles, 18 de junio de 2014

Cuatro años de 'Cúmulos y limbos' y Carmen Martín Gaite

(Más sobre Carmen Martín Gaite en la Feria del Libro)

Pepa Montero, autora de 'La casa
de las palmeras' y 'Cúmulos y limbos'
El viernes, 18 de junio de 2010, comencé este blog desde Londres, así que hoy se cumplen cuatro años desde que abrí esta ventana en forma de falso diario donde verter mis aspiraciones literarias y, de paso, almacenar el recuento de mis idas y venidas entre libros, museos, viajes y curiosidades. En estos cuatro años he dejado Londres para volver a vivir y trabajar en Madrid. He viajado bastante, aunque mucho menos de lo que me habría gustado, y con mucha paciencia y algo de tesón he escrito mi primer libro de relatos, La casa de las palmeras, del que no podría estar más orgullosa.
Cuatro años después, siguen siendo verdad las primeras líneas que escribí en este blog: “Nubosidad variable. Así se llamaría este blog si no fuera ya el título de un estupendo libro de Carmen Martín Gaite (...) A falta de nubosidad variable, he encontrado estos cúmulos y limbos que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin tejado. Cúmulos, porque colgada de las nubes es como he pasado -y paso- muchas, buenas y productivas horas de mis entaitantos años: suspendida entre frondosas nubes blancas; ingrávida, sintiéndome liviana en mi cama de perezosas nubes blancas. Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre”.

Carmen Martín Gaite (1925-2000).
De Carmen Martín Gaite (1925-2000) he escrito varias veces en este blog, y también de su Nubosidad variable, así que, para conmemorar el cuarto aniversario de estos nada sofisticados Cúmulos y limbos, hablaré de La reina de las nieves (1994), otro de mis libros favoritos de Carmen Martín Gaite. La novela toma como macguffin el cuento del mismo nombre, publicado en 1845 por Hans Christian Andersen (1805-1875), y tiene como protagonista al joven Leonardo Villalba, que acaba de salir de la cárcel y busca un ancla para su vida. Todo el libro es un canto a la memoria, al poder sanador de los recuerdos, a la importancia de no olvidar.
'La reina de las nieves'
(Carmen Martín Gaite).
En La reina de las nieves las referencias al cuento de Andersen son constantes, ya que ese es el libro que le leía la abuela al protagonista cuando era niño, y ese es el libro que lo guía en su búsqueda de madurez. Ni que decir tiene que Martín Gaite utiliza el cuento original como metáfora, con unos paralelismos claros: el Leonardo Villalba de la novela corre el mismo peligro que el Kay de Andersen, esto es, la muerte emocional, perderse sin saber siquiera que está perdido. De la historia de Martín Gaite no, pero del cuento de Andersen se han hecho varias adaptaciones cinematográficas, una de las últimas por Disney.
 
'La casa de las palmeras' y otros
relatos (Pepa Montero).
Este 18 de junio de 2014 Carmen Martín Gaite ya no está entre los vivos, de hecho, lleva casi 14 años muerta, pero en esencia sigue, y no sólo porque en la Feria del Libro haya cada año un pabellón con su nombre, sino porque sus novelas, artículos periodísticos, ensayos y cuentos… esos sí permanecen. Yo no sé si mi blog aún existirá dentro de diez años, o dentro de diez días, pero mientras mantenga la ilusión por juntar letras e inventar historias, las ganas de viajar intactas y el deseo de conocer y comprender, aquí nos hallaréis, a mi blog y a mí, bajo estos fugaces cúmulos y limbos que cumplen años a tres días del estío.

domingo, 15 de junio de 2014

En la Feria del Libro: de Gómez Borrero a Rossy de Palma

(Más sobre Feria del Libro de Madrid 2014 aquí)

Almudena Grandes (Feria del Libro Madrid 2014) 
La Feria del Libro de Madrid 2014 ha echado el cierre. Hasta mañana no llegarán los balances de ventas, pero por lo que he visto hoy no me parece que este año se hayan batido récords. La primera firmante con la que me topé esta mañana fue Almudena Grandes, muy simpática. Hace ya algunos años que está abonada a la lista de superventas. Me resulta curiosa su transición desde Las edades de Lulú (libro con el que ganó el premio Sonrisa Vertical de novela erótica). No soy lectora de la Almudena Grandes novelista, pero sí de la articulista, porque entiendo bien su ardor de mujerona aguerrida, lenguaraz y roja.

Ángela Vallvey (Feria del Libro Madrid 2014).
Justo lo contrario me sucede con Ángela Vallvey (1964). Leí su primera novela, A la caza del último hombre salvaje, y me pareció prometedora, aunque ninguno de sus otros libros ha llamado mi atención, tal vez porque el éxito le llegó pronto y comenzó a pontificar en periódicos y revistas. Y resulta que sus opiniones son demasiado distintas de las mías como para interesarme lo que su pluma produzca. Hoy en la Feria apenas firmaba libros y quizá por eso le irritó que la fotografiara, con el resultado de esta poco favorecedora instantánea. Son gajes del oficio ¡y de la exposición mediática, Ángela!

Paloma Gómez Borrero
(Feria del Libro de Madrid, 2014).
Muy simpática y cercana, Paloma Gómez Borrero (1934), la excorresponsal de TVE en el Vaticano durante décadas, firmaba su último libro, Juan Pablo II: recuerdos de la vida de un santo (y el resto de su obra, como anunciaban por megafonía con el característico soniquete de las voces metálicas). La encontré algo mayor, pero claro, es que tiene casi 80 años y yo la recordaba como solía verla en pantalla, micrófono en mano y con la basílica de San Pedro a su espalda.
 
Maruja Torres (Feria del Libro Madrid 2014).
Asidua a la Feria del Libro, Maruja Torres (1943), desde que fue despedida de El País está más desaparecida, aunque sus fieles pueden seguir sus andanzas diarias a través de su blog. Tenía un discreto grupo de tres o cuatro personas aguardando su firma, lo que no está nada mal visto lo poco que hoy se han estrenado hasta los personajes televisivos. Por ejemplo, Belén Esteban no se comía un colín, aunque no por falta de público, ya que docenas de personas se turnaban para hacerle fotos con sus móviles y tabletas. Eso sí, comprarle el libro, no se lo compraban. Me dio tanta pena la chica que ni foto le hice.
Rossy de Palma (Feria del Libro 2014).
Estaban en la Feria Espido Freire y la chica Almodóvar Rossy de Palma, y no las uno aquí por su físico difícil, sino por contraponer la sosez de la primera con la gracia de la segunda. Ninguna tenía mucho éxito con la venta de libros, pero la almodovariana, con su desparpajo y desvergüenza por todos conocidos, se lanzó a prometer besos y abrazos a quien le comprara un ejemplar. Un señor se lo compró y se fue bien contento con la firma de Rossy de Palma, con un beso y con una foto con posado incluido, todo por menos de 15 euros.


Espido Freire (Feria del Libro 2014).
En cambio, Espido entretenía la espera conversando con un conocido mientras exhibía una pose de serena languidez, que casa mal con lo que narra en Querría volar, un libro en el que da su testimonio personal sobre los trastornos de la alimentación que padeció (y quizá padece).
Esta mañana vi por primera vez a la narradora y poetisa Inma Chacón (1954), con cierto poder de convocatoria, cercana y de sonrisa amplia. Y había muchos otros escritores firmando, aunque me parecieron menos que otras veces para tratarse del último día de feria.

Inma Chacón (Feria del Libro Madrid 2014).
Ojalá por la tarde hayan acudido más autores y más público, con el resultado de mayores ventas, ya que la buena salud del libro es un asunto que nos interesa a todos los que amamos la literatura. 

Mis regalos en esta Feria del Libro 2014 han sido La novela de Mary, de Mary Wollestonecraft (1759-1797), y El castillo de Lesley, que reúne diez relatos de adolescencia y juventud escritos por Jane Austen (1775-1817). Viajarán en mi maleta durante la primera semana de mis vacaciones, a Málaga y Portugal, que comenzaré en unos pocos días.

sábado, 7 de junio de 2014

Mary Wollstonecraft, 'autora' de ‘Remando al viento’

(Más sobre autoras del siglo XVIII y sobre Feria del Libro 2014)

Mary Wollstonecraft (National
Portrait Gallery, Londres).
Sin Mary Wollstonecraft (1759-1797) no existirían la novela Frankenstein ni la película Remando al viento. Sólo por eso, esta británica del siglo XVIII, precursora del feminismo, ya merecería un puesto en la Historia. Pero, además, ella luchó por la igualdad de la mujer, defendió con palabras y obras el derecho a la educación femenina, escribió cuentos, ensayos y una novela, titulada La novela de Mary, que edita en castellano Araña Editorial. Mary Wollstonecraft quebró moldes, fue capaz de establecerse como escritora profesional en Londres, algo inusual hace doscientos cincuenta años, hasta para un hombre.

Mary Shelley, hija de Mary Wollstonecraft
(National Portrait Gallery, Londres).
La vida de Mary Wollstonecraft genera tanto interés como sus obras por las relaciones que mantuvo con personalidades del siglo XVIII. De vida azarosa y escandalosa, tras vivir dos romances malogrados (con Henry Fuseli y Gilbert Imlay), se casó con el filósofo William Godwin (precursor de la filosofía anarquista), con quien tuvo una hija. A causa de complicaciones en el parto, Wollstonecraft murió, cuando sólo tenía treinta y ocho años, sin llegar a saber que esa hija se convertiría en la célebre Mary Shelley (1797-1851), autora de Frankenstein y esposa del no menos célebre poeta romántico Percy Bysshe Shelley.

A buen seguro que Mary Shelley lamentó no haber conocido a su singular madre, una mujer tan activa, que lo mismo integraba el círculo intelectual radical londinense al que pertenecían Tom Paine y su marido, como viajaba hasta París, tras el estallido de la Revolución, a tiempo de ver cómo Luis XVI iba a la guillotina, en 1793. Como escritora, su obra más conocida es Vindicación de los derechos de la mujer (1792), uno de los primeros títulos de la literatura y la filosofía feministas.
Lord Byron, personaje central de la
película 'Remando al viento'.
Del mismo modo que, sin Mary Wollstonecraft, no existiría Mary Shelley, tampoco podría existir Remando al viento, la película de Gonzalo Suárez, protagonizada por  José Luis Gómez y un joven y desconocido Hugh Grant (1960), que por aquellas fechas acababa de rodar otro filme británico mítico, Maurice (1987), la adaptación que hizo James Ivory de la novela de E. M. ForsterRemando al viento cuenta cómo una noche tormentosa de 1817, un grupo de amigos se retan a inventar una historia de terror, con lo que convocan a sus fantasmas y acaban, todos ellos, remando contra el viento de su locura. Los amigos son Lord Byron; Mary Shelley y su marido; el doctor Polidori; y la Criatura, es decir, Frankenstein
Fotograma de 'Remando al viento'
(Gonzalo Suárez).
Vi la película el año de su estreno, 1988, cuando era una universitaria a la que le gustaba ver cine en versión original. Era, por supuesto, asidua a los Alphaville y Renoir, y estoy casi segura de que ésta fue la primera película española que vi rodada en inglés, subtitulada en castellano. Me encantó. La imagen de Byron en la proa de la barca aullando al viento todavía hoy me eriza la piel. El tiempo ha convertido Remando al viento en una película de culto cuyo valor trasciende sus incontables premios, entre ellos, 6 Goyas y la Concha de Plata. Es una película romántica, sugestiva, obsesiva, con un final que pone el corazón en un puño. Una película que, a sus casi veintiséis años, no ha envejecido. Una delicia para los ojos, los oídos y el intelecto.

domingo, 1 de junio de 2014

Neil Gaiman, el padre de 'Stardust', en la Feria del Libro

(Más sobre la Feria del Libro aquí)

Neil Gaiman, el sábado 31 de mayo
de 2014 en la Feria del Libro de Madrid
El escritor inglés Neil Gaiman (1960), uno de los grandes autores de novela gráfica, ha sido la estrella internacional que este año ha inaugurado la Feria del Libro de Madrid, con sus cuatro horas de pacientes firmas durante la mañana y la tarde del sábado, 31 de mayo. Ni el cielo nublado, ni la amenaza de lluvia, ni la fresca brisa, realmente primaveral, han disuadido a los cientos de fans, ansiosos de que este autor de culto estampara su preciada firma en los ejemplares de sus obras favoritas. Con la ayuda de una asistente, que además de traducirle al inglés los nombres y peticiones de sus fans, le abría y colocaba los libros para que él no perdiera tiempo y produjera rúbricas en tiempo récord, Gaiman ha dejado un buen gusto de boca, por su cercanía, su timidez vestida de desaliño y su mirada clara que no rehúye la franqueza del directo y firme contacto visual.

Neil Gaiman (Feria del Libro de Madrid, 31/05/2014).
Gaiman necesita poca presentación, habida cuenta de los más de siete millones de tebeos que ha vendido sólo con su saga Sandman, que ha cumplido ya 25 años de existencia. El filón inagotable de sus cómics (como él mismo ha confesado en las entrevistas concedidas durante su estancia en España) es el valor de los sueños y de la infancia, que permea todas sus historias.

Aparte de Sandman, otra de sus novelas más famosas es Stardust, sobre el viaje fantástico de un muchacho en busca de una estrella caída en la Tierra, y que fue llevada al cine con bastante éxito. Hacía casi once años que Gaiman no venía a España, pero los cientos de lectores que el sábado lo arroparon en el parque del Retiro le auguran más éxito y demuestran la buena salud de la novela gráfica... al menos, la que factura la mente fantástica de Gaiman.

Feria del Libro de Madrid (parque del Retiro).
Además del padre de Stardust, ayer firmaron en el Retiro decenas de autores, con éxito dispar. Como siempre, los fenómenos televisivos (por ejemplo, Maxim Huerta) reunían a decenas de fans catódicos, lo mismo que autores de libros infantiles y juveniles, mientras poetas desconocidos y autores noveles se resignaban a una desafección descontada. Buena acogida, en forma de pacientes lectores aguardando la firma, recogían Almudena Grandes, Rosa Montero, Clara Sánchez o Juan Eslava Galán, entre los que oteé a mi paso.
Escultura humana en el parque del Retiro.
Mi visita de ayer a la Feria del Libro fue de  reconocimiento, como cada año: primero, paseo entre las casetas para seleccionar las más interesantes, y en visitas sucesivas me concentro en las editoriales que me interesan, repasando los títulos nuevos, ojeando las portadas, leyendo solapas y contraportadas, en busca de alguna joya. Y es que, hasta ahora, cada año he hecho en la feria un hallazgo: las firmas de mi amada Carmen Martín Gaite (1925-2000) cuando aún vivía, el descubrimiento de Marianne Fredriksson (1927-2007), el enamorarme de nuevo de Carmen Laforet (1921-2004), conocer a Marga Clark y el libro-homenaje a su tía paterna, la escultora Marga Gil Roësset (1908-1932)... Recuerdos indelebles de horas felices pasadas entre libros.