sábado, 31 de diciembre de 2016

Doscientos aniversario de la muerte de Jane Austen

(Más sobre Jane Austen aquí y también aquí

Fachada de la casa-museo de Jane Austen
en Chawton (Inglaterra).
En cuanto la Navidad de 2016 de sus últimos coletazos y el nuevo año 2017 empiece a desgajarse en un cómputo de días, semanas y meses, comenzarán los festejos para conmemorar el 200 aniversario de la muerte de Jane Austen (16 diciembre 1775-18 julio 1817). La escritora británica, epítome de la novela romántica y galante, la mejor cronista de las costumbres de la nobleza inglesa del XVIII, madre afortunada de Mr. Darcy (el caballero más deseado por las damas y respetado por los señores), murió antes de cumplir los 42 años, sin saborear del todo las mieles de su éxito.

Escaleras a los dormitorios.
Hay muchos guardianes de su legado, pero la entidad más activa y cercana es la casa-museo de Jane Austen en Chawton (Inglaterra), inaugurada en 1947 y el único hogar de la autora que permanece abierto al público. Para que siga siendo así, se acaba de lanzar el Fondo Jane Austencon el que se pretende recaudar 250.000 libras con las que restaurar y proteger la calificación histórica del edificio. Hasta la fecha se han recaudado unas 42.600 libras, alrededor del 17% del objetivo propuesto. 

Mesa de escribir de Jane Austen
(casa-museo Chawton).
Chawton es un sitio de peregrinaje literario y cultural al que cada año acuden más de 35.000 visitantes de todo el mundo. Jane Austen se instaló a vivir allí en 1809, junto a su madre, su hermana Cassandra y la amiga de la familia Martha Lloyd. La casita de ladrillo rojo, cedida por su hermano Edward sin tener que pagar renta, era un sueño hecho realidad para las Austen, por entonces ya desprotegidas por la ley y la costumbre, que dejaba desamparadas a las mujeres viudas y solteras.

Set de novelas de Austen (casa-museo Chawton).
En Chawton la autora escribió y revisó sus novelas, empezando por pulir Sentido y sensibilidad, que fue aceptada por un editor en 1811. El libro se publicó de forma anónima bajo el epígrafe: “By a lady”. Tuvo dos críticas favorables y Jane ganó 140 libras. Las siguientes novelas, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park y Emma, también anónimas, se publicaron bajo la rúbrica: “De la autora de Sentido y sensibilidad”. 

Placa de Thomas Edward Carpenter en Chawton. 
El Fondo Jane Austen se lanzó hace unas semanas, con ocasión de la conferencia conmemorativa que cada año se dedica a Thomas Edward Carpenter, el fundador de esta casa-museo. Carpenter trabajaba como abogado en Londres en la década de 1940 cuando se enteró de la posibilidad de adquirir la casa donde Jane Austen escribió sus novelas. La compró y la donó en memoria de su hijo, Philip John Carpenter, fallecido en combate en la gerra en 1944.

martes, 27 de diciembre de 2016

Triper, la estudiante de Bachiller que tenía un examen al día siguiente y una señora ministra

(Más sobre José María Triper)

Firma invitada: Maite Cabrerizo
@kalores67



Y alguno se preguntará al ver estas dos fotos, ¿qué relación guarda este hermoso poema con los apuntes del campo gravitatorio? Todo y nada. Nada, si uno coloca el poema en el campo de lo inmaterial, de lo subjetivo, en el campo donde alma y corazón se juntan, como bien demuestra el poeta José María Triper Moreno en su nuevo libro, Luz de gas (Sial Ediciones). Nada, si hablar del campo gravitatorio es hablar de física; para los que somos de letras, de la ley de la gravedad. Direcciones y planos que me desnortan.

Y, sin embargo, tienen todo que ver. Detrás de ese poema hay un hombre que ama, que quiere, que cree, que sueña y que comparte. Que regala palabras, que convierte susurros. Detrás de esos apuntes de letra inocente hay una estudiante de Bachiller que tiembla, que no entiende, que formula y reformula hasta memorizar. Mañana tiene examen. Detrás de ese poema hay una presentación; detrás de esos apuntes un examen… mañana. Y mientras el poeta repasa el verso, la estudiante relee la M de masa y la F de qué sabe qué le dijo el profesor de fuerza. Pero eso será mañana. 

El poeta José María Triper.
Hoy toca cantar. Cantar el verso de Triper. Poner su voz a Civilizadamente, el poema del poeta. Y mientras espera las pruebas de sonido, el juego de luces, la llegada de la gente que ella no conoce, la de una ministra de la que ni ha oído hablar, repasa eso de la F y de la M (de masa o de mierda). Los invitados van llegando al increíble teatro Muñoz Seca. Y habla el editor, y los invitados, y los empresarios y una señora ministra que la cantante no conoce. Y mientras ellos hablan, ella repasa. ¿Qué dijo el profesor? No se admiten más de dos fallos. Subraya con el lápiz. No pinta bien. Ni el lápiz ni el examen, que no hay tiempo.

Enrique Cornejo presenta a José María Triper.
Y ya el presentador anuncia la actuación. Los dos tíos y la sobrina sentados en la penumbra aparecen en el escenario. Con permiso del poeta. Por generosidad del poeta. Y la estudiante se olvida unos minutos de la fuerza de la gravedad para cantar entre la guitarra acústica de Luis y el bajo Marleaux de 5 cuerdas sin trastes que llora como un chelo en las manos de Juanjo la canción de un poema que habla del amor del desamor. Ella no sabe mucho de eso. De desamor, que de amor sí, como es el mimo con el que le arropan sus tíos.


El poeta Triper y la ministra Báñez.
“Es el amor que muere, y muere así, civilizadamente”. Y la voz se apaga, y las luces funden a  negro y Cecilia baja y piensa: "Mañana que no se me olvide decir al profe que vino una ministra, lo mismo me aprueba". En un bolsillo del pantalón lleva la letra de Triper, en el otro los apuntes del profesor. Y hace mutis por el foro. Con los aplausos que le regala Triper, con el cariño de un auditorio entregado. Gracias, Cecilia. Gracias, amigo Triper por este regalo.

P.D. Orgullo de tía y de amiga del poeta, ¡claro!


jueves, 15 de diciembre de 2016

¡Esta Navidad, hagamos voto de inutilidad!

(Más sobre la Navidad y sobre sus afanes)

Firma invitada: Luis Fermín Moreno

'La Virgen, el Niño y santa Ana'
(Leonardo da Vinci, Museo Louvre).
Siempre me ha parecido que lo grandioso de la Navidad es que Dios decide hacerse inútil. Un niño recién nacido, un ser humano sin formar, totalmente indefenso y dependiente. Con todo por hacer en el futuro; pero la inacción absoluta en el presente. Esto, que podría parecer un misterio o un capricho más de las alturas, resulta totalmente lógico en estos días, y hasta reconfortante para encarar con ánimo el próximo 2017, que se anuncia rudo y al que muchos auguran un cúmulo imparable de desgracias en forma de populismos, violencias, insultos, pobrezas, victorias madridistas y otras negruras parecidas.


Lo explica muy bien, sin teologías ni menciones divinas, el filósofo italiano Nuccio Ordine en su breve ensayo La utilidad de lo inútil (Acantilado), que, pese a su título, no tiene desperdicio. El libro está compuesto a manera de florilegio de citas de autores como Petrarca, Kant, Leopardi o Calvino, que son, en realidad, otros tantos buenos propósitos. Todos estos aforismos convergen en una única y clara convicción: los amantes de la literatura y del conocimiento tenemos derecho a rechazar cualquier obligación de rendimiento inmediato, cualquier finalidad puramente práctica.

Lo mismo vale para el progreso: la mayoría de los descubrimientos que han hecho avanzar a la humanidad fueron obra de personas animadas simplemente por su curiosidad, escribió en 1939 el pedagogo estadounidense Abraham Flexner. Y Ordine concluye que es precisamente en los periodos de crisis, en los que triunfan “el utilitarismo y el egoísmo más siniestro”, cuando más hay que reafirmar el valor de los actos que ignoran la lógica del aprovechamiento.

Así que, conservemos esto en mente: el pensamiento es más fecundo cuanto más fútil parece. Es su propia gratuidad la que da valor a nuestras vidas. Relajémonos, ignoremos amarguras y exprimamos bien este año que se quieren ya cargar.

Mirar la sombra de las nubes, ¡bendita inutilidad!
¿Cómo? Mirando la sombra de las nubes; no queriendo mal a nadie; poniendo días oasis en nuestras vidas; vagabundeando al ritmo de nuestros humores; aceptando las desgracias para deshacernos de ellas; ejercitando el libre albedrío; olvidando los relojes; fomentando las ideas absurdas; sacando el jugo a la soledad; estando dispuestos a servir; despreciando la comodidad, el dinero y la reputación… 

 Esta Navidad, ¡hagamos voto de inutilidad… para ser útiles!

domingo, 11 de diciembre de 2016

Enigmática Clara Peeters

(Más sobre pintoras olvidadas y otras mujeres en la pintura)  

De Clara Peeters se sabe que fue una pintora de bodegones de objetos lujosos; interesada por la luz y su reflejo; pionera en pintar naturalezas muertas de pescado; entusiasta del autorretrato reflejado y escondido; nacida casi con certeza en Amberes en 1594 y casada en la iglesia donde nació. Fue una de las pocas mujeres artistas activa en Europa en la primera mitad de siglo XVII y de ella nos han llegado unas 30 obras.

Posible autorretrato de Clara Peeters (1594-¿?).
Casi todo lo demás se ignora. Unos autores afirman que se casó con un pintor, pero de él no existen obras. Algunos dicen que Clara trabajó en Amsterdam, pero otros lo niegan. Hay quienes incluso ponen en duda que perteneciera al gremio de pintores de Amberes pues su nombre no figura en los registros. Se le atribuye el autorretrato Vanitas porque en él aparece una copa de plata que ella pintó en varios bodegones. 

Cuchillo grabado con el nombre de Clara Peeters
(del bodegón 'Mesa con mantel...', en el Prado). 
Como si Clara supiera que el tiempo trataría de sepultarla, fue sembrando sus cuadros de pistas. En sus bodegones pintó a menudo un cuchillo que lleva su nombre grabado: Clara Peeters, regalo habitual en esa época como dote de boda (lo que avalaría el dato de su matrimonio). Además, el susodicho cuchillo porta una marca con el símbolo de Amberes, lo que atestiguaría que sí trabajó en la ciudad belga. Sobre el año de su muerte y dónde se produjo no hay datos fiables.


'Bodegón con flores, copa de plata...' (Clara
Peeters), en el Museo del Prado (Madrid).
Lo más curioso son sus autorretratos, su costumbre de pintarse reflejada en copas y otros objetos de sus cuadros. Y no se pintaba una sola vez, sino varias. En Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre (1611), que pertenece al museo del Prado, hay siete autorretratos: tres en la copa dorada y cuatro en la jarra. Firmaba siempre sus cuadros, como “Clara Peeters” o “Clara P.”, y algunos están datados, la mayoría de 1607 a 1621. No es descabellado pensar que tal abundancia de firmas y autorretratos era su manera de afirmarse en un mundo dominado por hombres y un intento de ganar una parcela de eternidad.

Cuatro autorretratos reflejados de Clara Peeters (del
'Bodegón con flores, copa de plata...'), en el Prado.
Frente a estos autorretratos se siente una sensación rara. Entrevemos con ojos del siglo XXI a una mujer del siglo XVII mientras pinta el cuadro que tenemos ante nuestros ojos. La imagen es borrosa y parece moverse según la luz. Es lo más parecido a una fotografía que viaja en el tiempo o a un vídeo en diferido con un lapsus de siglos. En algunos bodegones Clara incluyó la clase de objetos que representaban sus colegas Frans Snyders (1579-1657) y Jan Brueghel el Viejo (1568-1625), pero ella pintaba con un estilo mucho más realista.

Varias artistas contemporáneas brillaron en el género del bodegón. ¿Por qué? Porque a las mujeres no les estaba permitido el dibujo anatómico, que implicaba el estudio a partir del natural de cuerpos masculinos desnudos. Eso hizo que muchas se especializaran en el bodegón, como Rachel Ruysch y Marie von Oosterwyckambas activas a mitad del siglo XVII. Las tres lo han conseguido: sus nombres y obras se han perpetuado durante cuatro siglos. La enigmática Clara Peeters, además, ha logrado ser la primera mujer protagonista de una exposición en el Prado. ¡Ahí es nada!

martes, 6 de diciembre de 2016

Lo perfecto cansa, es mentira. Reflexiones prenavideñas


"Lo perfecto cansa. Lo perfecto aburre.
Lo perfecto es mentira".
Se acaba otro año sin que nos hayamos apuntado al gimnasio, sin que hayamos plantado el árbol ni escrito el libro. Tampoco nos ha tocado la Lotería ni nos ha sonreído la suerte del Euromillón. No somos más jóvenes ni más listos, apenas igual de delgados, y nos desenvolvemos con parecido estilo al de los últimos años que hemos despedido.

¿Y qué más da?

No somos perfectos ni lo intentamos. Si alguna vez abrigamos ese propósito, el correr de las estaciones nos ha disuadido.

¿Y qué más da?

Lo perfecto cansa.
Lo perfecto aburre.
Lo perfecto es mentira.

"La imperfección nos hace más creativos".
No nos gustan los príncipes azules ni las rosas sin espinas. Si nos dan a elegir, escogemos a Shrek y Fiona; elegimos ser Heidi y Pedro corriendo por un prado de amapolas; nos quedamos con el patito feo del cuento; abrazamos sin dudar a Quasimodo y nos comemos a besos a la ardilla patosa de Ice AgeComo ellos, somos imperfectos e incansables. Perseguimos un sueño y no nos rendimos. Si nos equivocamos, pedimos disculpas y volvemos a intentarlo. 

"Si nos piden la luna, la traemos reflejada
en el agua de una palangana".
Somos imperfectos pero no nos conformamos. Siempre aspiramos a más.Somos imperfectos pero no descuidados, jamás negligentes, al contrario, ponemos el doble de empeño para suplir nuestras imperfecciones. Somos imperfectos porque somos apasionados. La imperfección nos hace más creativos. Si nos piden la luna, la traemos reflejada en el agua de una palangana.

Somos imperfectos porque somos humanos. Y tampoco esta Navidad que se avecina cambiará lo que somos, lo que tantos años nos ha costado construir a fuerza de sueños, amor, música, viajes, libros y un puñado de olvidos.