lunes, 30 de noviembre de 2015

Hiromi Kawakami y Yoko Ogawa: sigue mi idilio con Japón

(Más sobre la escritora Hiromi Kawakami y sobre Japón

No sé qué sucedió antes: el viaje a Japón o enamorarme del mundo de ficción de Haruki Murakami. Pero lo que sí sé es que, casi tres años después, mi idilio con Japón y lo japonés sigue siendo imbatible, y hay dos escritoras que tienen parte de culpa: Hiromi Kawakami y Yoko Ogawa. Ellas son las autoras de los dos últimos libros que he leído por placer.

'Algo que brilla como el mar' (H. Kawakami) y 'La chica
 que iba en hipopótamo a la escuela (Y. Ogawa).
A finales del pasado mes de julio comencé a leer Algo que brilla como el mar, la novela que Hiromi Kawakami (1958) publicó en 2003. Yo estaba de vacaciones en Cagliari, la capital de Cerdeña.  Meses antes había leído Manazuru (2006 en su edición japonesa), cuya peripecia argumental me decepcionó, y dos años atrás había quedado fascinada con la sobria emotividad de los personajes de El cielo es azul, la tierra blanca (2001), que aún hoy es la novela que más me gusta de Kawakami.

La escritora japonesa Hiromi Kawakami (1958).
Como digo, leí Algo que brilla como el mar durante mis dos semanas de viaje por Cerdeña y Roma, un poco a salto de mata, pero incluso así la historia de Midori Edo me subyugó, y su autora me atrapó de nuevo con su característica narración fría salpicada de notas de irrealidad. El eje de la historia es Midori, un joven que experimenta desde la perplejidad su paso a la edad adulta. Vive rodeado de mujeres peculiares y su día a día bascula entre tres polos: uno que forman su madre y su abuela; un segundo que ocupa su desastrado padre no reconocido y con el que sólo vivirá al final; y su amigo Haneda, cuya última ocurrencia consiste en vestirse de mujer. 

Jóvenes en Tokio (Japón, 2013).
El asentamiento de la identidad sexual, las amarras de la amistad, el compañerismo súbito de un profesor, la impredecible figura de un padre, el miedo a la madurez, el viaje de iniciación hacia un templo en una montaña sagrada, la religión y cultura japonesas, la búsqueda interior…esos son los mimbres con los que Hiromi Kawakami me ha atrapado de nuevo. Para esta Navidad ya les he pedido a los Reyes Magos que me traigan otra de sus novelas, que en España edita Acantilado.

Yoko Ogawa (1962), escritora japonesa.
La escritora Yoko Ogawa me gusta por su habilidad en las descripciones de los protagonistas, la mayoría mujeres, y por cómo refleja la sociedad japonesa, machista y desapegada en los afectos maritales. A Ogawa la publica en España la editorial Funambulista, con muchos menos medios que Acantilado, y esa carencia se nota en que la edición es a menudo poco cuidadosa, contiene abundantes errores ortográficos que molestan y hasta me irritan. También la traducción deja que desear. Pero, como no sé japonés, me temo que tendré que aguantarme.

El libro más famoso de Yoko Ogawa (1962) es La fórmula preferida del profesor, una novela deliciosa sobre el amor por las matemáticas y el poder sanador de la amistad y el amor. Está entre mis historias favoritas de los últimos años y también me animó a leer Los tiernos lamentos, un regreso al refugio en el bosque, al aislamiento para superar situaciones perturbadoras con recuso al trío amoroso de por medio.

Jóvenes de instituto en Takayama (Japón).
La última novela de Ogawa que he terminado se llama La niña que iba en hipopótamo a la escuela, y todo en ella destila buen gusto y sutileza. La protagonista es la prima de la niña que monta en hipopótamo, suyos son los ojos y los labios que nos relatan la historia de un curso escolar en el que se mudó a vivir a una mansión en el campo con la familia de su tía. Allí descubrirá el valor de los lazos sanguíneos y de las raíces, pero también el de las relaciones que se forjan entre desconocidos. En la mansión habitan la abuela germano-japonesa, la tía en riesgo de alcoholismo, el ama de llaves que es más de la familia que la propia, el padre intermitente... y la hipopótamo enana y su cuidador. 

Al igual que hace Kawakami, Ogawa introduce a menudo elementos ambiguos en el relato y notas inquietantes. Son dos autoras de estilos y temáticas bien distintos, pero a ambas les gusta mantener al lector en estado de alerta, temeroso de que en cualquier momento suceda algo malo. Kawakami es quizá más introspectiva y Ogawa destaca en el armazón del paisaje y el panorama de conjunto. Las dos son traducidas con desigual acierto en España, pero ambas son escritoras a las que merece la pena seguir la pista.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Leto Severis, great patron of Cypriot art

(*To my English readers: I apologize for every mistake. Please be aware I am a Spanish writer) Here you have a Spanish version of this article 

Portrait of Leto Severis (1916-1998).
Leto Severis, the great patron of Cypriot art, was born in 1916 and spent a large part of her life in Nicosia. The social conditions of the time did not permit her to pursue formal academic studies in her twin passions: history and archaeology. Nevertheless, she managed to acquire a considerable knowledge of both on her own initiative, later becoming an acknowledged historical writer. In 1936 Leto married Costakis Severis (son of the art collectionist Demosthenis Severis (1874-1955), to whom she transmitted her passion for archaeology. Together they achieved to extending their paternal collection to include artifacts of every period of Cypriote Antiquity from 4000 B.C. to the Hellenistic Period.

The Leto and Costakis Collection had in its apogee well over 2.000 items, focused more on the history of Cypriote art and its educational potential rather than on grandeurA specially designed gallery in their home on Stasinou Avenue (Nicosia) was converted into a private museum which welcomed academics from around the world to complement their studies of Cypriote antiquities. All of them remained friends and scientific associates. After the Turkish invasion of 1974, Leto stopped collecting. She compared her loss of interest with that of “a pure and beautiful Cypro-Archaic vase with ornamental flowers forever cracked”. The disappearance of a large part of her collection, stolen from the family home in Kyrenia, was a main contributory element in her decision.

Ladies of Medieval Cyprus
(by Leto Severis).
Leto Severis was a founding member of the Friends of Archaeology Association and also a member of the Friends of the Cyprus Museum. In her later years, Leto Severis wrote the book Ladies of Medieval Cyprus while a month before her death she completed a second book, The History of Cyprus for Children.

Costakis Severis (husband of Leto) died in a tragic accident in 1991, while Leto passed away in 1998, leaving two sons, Demosthenis and Nicos, to continue her work. Between 2000 and 2006, large parts of the Leto and Costakis Severis were exhibited at major venues in the USA and Europe.


The Leventis Museum (Nicosia, Cyprus).
But, as sometimes happens to art collectors, both Leto and the Leventis museum received strong criticism because the lack of details on how, when and from who they acquired the antiquities, many of which could come from looting at archaeological sites. For example, Looting Matters exposes that 98.4 percent of the Leto and Costakis collection has an unknown origin. Not really surprising if we consider that, at the time the couple begun their collection, the law regulating the sale of antiques was very lax. In fact, between 1960 and 1970, the Cyprus Government did allow to Cypriot citizens to buy objects, vases, figurines, etc, which often came from looting, provided that those objects remain in the country.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Viaje a Chipre (y III): museo Leventis y la Nicosia ocupada


Chipre es ya un recuerdo lejano. Es curioso cómo hay viajes que impregnan nuestro día a día durante meses, incluso años, y otros apenas se rememoran en la cotidianidad. No porque no gusten o dejen huella, sino porque… no sé por qué, la verdad.

Sala de la reina chipriota Caterina Cornaro
(1454-1510), en el museo Leventis (Nicosia, Chipre).
El domingo, 1 de febrero de 2015, se cumplían seis días desde nuestra llegada a la isla de Chipre y era también el último día que teníamos para conocer más en profundidad la capital, Nicosia. Después de desayunar en el hotel Centrum, fuimos a visitar el Museo Leventis de arte municipal, muy interesante, gratuito, donde descubrí dos mujeres sobre las que prometí escribir en este blog. Una de ellas, la benefactora y coleccionista de arte Leto Severis (1916-1998), ya tiene su entrada propia, y con la otra, Caterina Cornaro (1454-1510), noble veneciana que llegó a ser reina de Chipre y de Armenia, la última monarca de la dinastía Lusignan en la isla (la cual entregó a los venecianos), aún estoy en deuda.

Mezquita Omeriye (Nicosia, Chipre).
Tras la visita al museo dimos un largo paseo por la Nicosia antigua. Admiramos el exterior de la mezquita Omeriye, enfrente de la cual están los restaurados Baños Omeriye (1570); contemplamos las fachadas y serpenteamos por las calles algo destartaladas del corazón viejo de la ciudad; miramos tras las rejas el palacio del arzobispo Macario (1913-1977), quien en 1960 sería el primer presidente de la recién creada República de Chipre

Puerta Famagusta (Nicosia, Chipre).
Había poca gente caminado por las calles, se acercaba la hora de la comida y las terrazas de los cafés y los bares reclamaban ya a sus parroquianos. Me sorprendió la monumental puerta de Famagusta y me gustó todavía más la iglesia ortodoxa de Faneromeni, repleta de iconos muy bonitos y originales, que estaba muy engalanada porque ese domingo era la víspera de festividad de la Candelaria.

Luego buscamos y hallamos un restaurante típico chipriota, sin menú ni precio, comimos en una terraza al aire libre elevada sobre el patio, lugareños y muy pocos turistas. El encargado nos fue relatando en inglés los platos de la casa, de los que elegimos habas con puerros (cortesía de la casa) y champiñones, cordero, dos copas de vino blanco y una cerveza de 675 ml, por 30 euros con postre y café incluido. El restaurante tiene adosada una librería.

Bidones taponan y hacen de muro en la Nicosia chipriota
y aíslan la zona ocupada por los turcos desde 1974.
 
Con el estómago lleno, mi compañero de fatigas y yo optamos por desandar el camino de vuelta hacia el hotel siguiendo el muro que divide las dos Nicosias. Las imágenes son desoladoras, no sólo por los alambres de espino que se ven aquí y allá, sino por los bidones llenos de arena, los tablones de madera o los sacos tapiando lo que antes de 1974 fueron bocacalles y esquinas llenas de vida. 

Alambre de espino y torre vigía en Nicosia. Un muro
divide la parte chipriota de la ocupada por Turquía.
 
Estábamos cansados, pero aun así decidimos aprovechar nuestra última noche en Chipre. Subimos al observatorio de la torre Shacolas (los cinco primeros pisos están ocupados por los almacenes Debenhams) para ver Nicosia desde las alturas, pero estaban ya a punto de cerrar y tuvimos que conformarnos con otear el panorama desde la cafetería de la planta sexta. Allí nos sorprendió el atardecer y cayó la noche. Nos rodeaban los murmullos procedentes de las mesas vecinas. A través de las ventanas acristaladas, en la lejanía, se sucedía el titilar rojizo de la bandera turca que, pintada en una colina de la Nicosia invadida, es visible desde cualquier punto elevado de la Nicosia chipriota. Una provocación luminosa que recuerda a los habitantes de la zona europea lo que han perdido a manos de los turcos.

Al día siguiente era lunes (2 de febrero) y tocaba regresar en coche al aeropuerto de Larnaka, donde entregamos nuestro Ford Fiesta rojo y a las 10:20 horas de la mañana despegábamos rumbo a Atenas. Las vacaciones en Chipre habían llegado a su fin. Ahora tocaba la segunda parte de ese viaje de invierno, en un hotel a los pies de la Acrópolis.

(Continuará...)

sábado, 7 de noviembre de 2015

'Las llaves de casa': puesta de largo de Carmen Estirado

(Más escritores noveles y el tándem imbatible de mujeres y libros)

Hacía tiempo que quería escribir sobre la novela Las llaves de casael bautizo literario de Carmen Estirado. Es una historia que recoge a Sofía, joven violinista del siglo XXI sobradamente independiente, y la acompaña por el viejo Madrid en un deambular que tiene mucho de caleidoscopio urbano y emocional, recuerdo vago del trasiego de Pedro, el antihéroe protagonista de la naturalista Tiempo de silencio (Luis Martín Santos, 1924-1964). ¡Ahí es nada para una primera novela!

'Las llaves de casa' (Carmen Estirado),
premio Mejor Novela Urbana 2015. 
De Sofia sabemos poco al principio del libro y no sabremos mucho más al final. Conocemos que vive con un anciano a quien cuida y tutela a cambio de alojamiento gratuito, hasta que la vida (más bien la muerte) llama a su puerta para anunciarle el fallecimiento inminente de su madre. Relaciones familiares rotas a las que ningún remiendo basta, costumbrismo, naturalismo e introspección psicológica son los vasos comunicantes de esta novela corta, que se lee casi de un tirón, queriendo descubrir qué sucedió en el pasado, intrigados, y a la vez sospechando que será muy poco lo que se nos desvelará.

Carmen Estirado (1985), autora
de la novela 'Las llaves de casa'.
La autora de Las llaves de casa es Carmen Estirado, una buena amiga que no sólo tiene talento sino valentía, se pone el mundo por montera y encara la agridulce  cotidianidad con una sonrisa genuina. Es, a mucha honra, una escritora joven que relata (y muy bien) una historia de, por y sobre mujeres... y mucho más, con un lenguaje brioso, espontáneo y muy cuidado. Con su libro, Estirado invita al lector a transitar con su protagonista por unos momentos de la vida en los que predominan el estupor ante la muerte, la incomprensión de los turbios lazos familiares y el ajuste de cuentas con el pasado; este último encarnado en un padre que nos parece de todo menos trigo limpio.

Como resume la página oficial de la novela, “Las llaves de casa es una obra que escarba en el silencio y lo hace poéticamente”, y entre esos lapsus silenciosos el lector no puede evitar preguntarse cosas: por ejemplo, si la afición de la protagonista por la masturbación no tendrá algo que ver con la sombra de  los abusos que planea sobre la historia.

Carmen Estirado firma ejemplares
de su primera novela, 'Las llaves de casa'.
Carmen Estirado escribe desde que era niña, de mayor estudió Derecho y Periodismo, y a sus treinta años sabe lo que es ganar premios, pues hace unos meses Las llaves de casa fue elegida Mejor Novela Urbana en la V edición de los premios AtlantisComo periodista, Carmen ha trabajado en las redacciones de los diarios  El Mundo, Abc y El Economista, en el que colabora de manera habitual. Recientemente, su inquietud, sus ganas de aprender y su amor por la literatura han llevado a Carmen a cruzar el Atlántico para concentrarse en la creación en vez de en la redacción. Esta frase, extraída de su primera novela, suena extrañamente premonitoria: “El violín lucía ese día más bonito que nunca. Su cuerpo brillaba, las cuerdas estaban perfectamente afinadas y su alma se sentía argentinamente sonora...".

El tiempo de Carmen Estirado no ha hecho más que comenzar, y su nombre y sus obras darán mucho que hablar. No es un deseo, es otra premonición.