domingo, 30 de octubre de 2011

El Hermitage en Madrid, Da Vinci en Londres

La exposición del otoño en Madrid se llama El Hermitage en el Prado y es fruto de una afortunada simbiosis temporal entre las pinacotecas rusa y española, gracias a la cual, desde el 8 de noviembre, podremos ver en el museo del Prado una selección de más de 120 obras maestras del Hermitage, en un recorrido artístico desde el siglo V a.C. hasta el siglo XX.

El Hermitage, a orillas del Neva (San Petersburgo).
Pinturas, dibujos y esculturas dejarán momentáneamente su hogar en el palacio a orillas del río Neva (San Petersburgo), un edificio enorme y precioso, que bien vale una visita por sí mismo ya que fue residencia de los zares rusos Pedro I, Catalina II y Nicolás I, como atestigua la riqueza de sus salas, de profusa decoración, sus mármoles, arañas, escalinatas y muebles. Yo estuve allí en el año 1992, en un viaje que me llevó a Moscú, Samarcanda, Bujara, Tashken (Uzbekistán) y Kiev. Si tuviera que volver, elegiría Samarcanda y San Petersburgo, pero a esta última, en un día de sol.

Palacio de invierno.
Cuando la exposición El Hermitage en el Prado abra sus puertas en Madrid, lo primero que encontrarán los visitantes será una selección de retratos de los zares que engrandecieron el palacio de San Petersburgo y alimentaron sus colecciones de arte con el paso de los años, hasta su transformación en museo nacional.
También viajarán hasta España cuadros con espléndidas vistas interiores del Hermitage, del palacio de invierno, de sus jardines y alrededores, además de una selección de muebles y trajes de corte.

'San Sebastián'.

Y, entre las grandes obras maestras que podrán verse en el Prado, figuran el conmovedor San Sebastián, de Tiziano; el enigmático y sensual Tañedor de Laúd, de Caravaggio; la realista escena del Almuerzo, de Velázquez; junto con piezas de Rembrandt como Retrato de un estudioso y Caída de Haman.
Por su parte, los amantes del dibujo y el trazo perfeccionista de lo diminuto también tendrán su espacio en esta muestra madrileña, en la que se exhibirán delicados y precisos dibujos de Durero, de Rubens, de Watteau y de Ingres.


'El Tañedor de Laúd', de Caravaggio.


Tal y como viene sucediendo en los últimos años, la exposición El Hermitage en el Prado reúne una buena dosis de pintura impresionista y postimpresionista, con nombres tan queridos por el público como Monet, Cézanne, Renoir, Gauguin y Matisse -éste último, presente en Madrid con dos obras, Juego de bolas y Conversación-.
Picasso, Kandinsky y el misterioso Cuadrado negro de Malevich completan la nómina de artistas cuyas obras maestras podrán verse en el museo del Prado a partir del 8 de noviembre.

'Madonna Litta', de Leonardo da Vinci.
Y una obra maestra del Hermitage que no viene a Madrid, porque ha viajado a Londres para participar en la más completa exhibición de pintura de Leonardo da Vinci en los últimos tiempos, es la Madonna Litta. Quienes quieran darse un atracón del genio renacentista tendrán que ir a la National Gallery de Londres, desde el 9 de noviembre al 5 de febrero. Yo, a poco que me dé la vida, iré.

miércoles, 26 de octubre de 2011

De volcanes, palacios minoicos y atlántidas perdidas

Erupción volcánica en la isla de El Hierro. Terremoto en Turquía. Inundaciones en Tailandia que tienen al país con el agua por las rodillas desde julio pasado. El lunes, el volcán siciliano Etna, el más grande y alto de los que siguen en activo, bostezó de nuevo y comenzó a lanzar al cielo chorros de lava ardiente y anaranjada. Y ayer, un seísmo de pequeña magnitud sacudió Almería. Mientras, en algún lugar del Planeta está a punto de nacer el habitante 7.000 millones. Hay guerras que terminan, otras encallan y algunas se vislumbran en un horizonte no tan lejano. En Europa nos peleamos con una crisis disparatada, en África apenas logran sobrevivir, y en gran parte de Asia la economía despega sin que el 90% salga de su pobreza de solemnidad. Así pasan los meses y los años. Y parece mentira que el tiempo no haga al ser humano más sabio, sino más avaro del bien ajeno y egoísta del propio; más inconsciente y aislado en su mundo hiperconectado. Sólo los desastres naturales permanecen constantes porque, seguramente, son la válvula de presión de la Naturaleza para restablecer el equilibrio.


Copia del fresco 'Príncipe de los lirios' en Knossos.
Lo tuve muy presente el mes pasado, durante mis 10 días de vacaciones en Creta revisitando esos paisajes que descubrí en 1993. Las ruinas de las ciudades minoicas sobrecogen con su increíble modernidad de más de 4.000 años de antigüedad. En Knossos, donde la leyenda sitúa el palacio del rey Minos, el laberinto de Minotauro, Teseo, Ariadna, Ícaro y sus alas de cera, la mitología griega se desborda preñada de héroes, dioses y humanos.

Nadie sabe qué mató a la civilización minoica, capaz de levantar magníficos palacios decorados con pinturas murales, como este fresco de los Delfines (entre 1800 y 1400 antes de Cristo). Pero una leyenda convertida en hipótesis sostiene que fue la erupción del volcán de la vecina isla de Santorini, entre 1628 y 1627 antes de Cristo. La tremenda explosión de caldera de ese volcán sumergió (¿para siempre?) buena parte de Santorini y causó un maremoto tan gigantesco que asoló el Mediterráneo y se llevó con él ciudades y palacios cretenses, como la primera fase de Knossos. No sabemos si este fresco es anterior a la ola gigante y se salvó, o si fue pintado para lucir en una sala del palacio posterior, reconstruido tras el maremoto. Pero ahí sigue, casi 4.000 años después.


Santorini, asomada a la caldera del volcán.
Los desastres naturales van de la mano de los mitos, y ahí están Noé y su arca para atestiguarlo. Es el caso de esta explosión prehistórica de Thera-Santorini, algunas de cuyas leyendas dicen que aqui nació también el mito del continente sumergido de la Atlántida. El oceanógrafo Jacques Cousteau así lo creía, y aunque la buscó allí, muríó sin encontrarla. Eso no quiere decir que no siga allí, ni tampoco que otros tengan éxito donde él fracasó.

viernes, 21 de octubre de 2011

ETA anuncia que no matará más

De tan callada, parecía que estaba dormida. Pero, hasta bien entrada la tarde del 20 de octubre de 2011, no se ha cumplido lo que hacía días se venía profetizando: ETA renuncia a la lucha armada, vencida por un pueblo con ganas de vivir en paz y libertad. Aunque muchos apenas se permiten creerlo, y otros se van a la cama sin querer dormirse por miedo a despertar de un sueño tantas veces soñado, el titular de la jornada bien podría ser el que se lee en la portada de El País: "El fin del terror".

Una noticia que recogen todos los medios internacionales, entre ellos la BBC, y a la que roba protagonismo la otra gran noticia del día a escala global: la captura, muerte y asesinato del dictador libio Gaddafi a manos de los rebeldes y con la previsible aquiescencia de la Otan. Ahí están las imágenes, las fotos, profusamente difundidas, como aviso a navegantes (léase, otros tiranos fuera de control) y que yo me niego a poner porque no creo en el ojo por ojo ni en poner la otra mejilla, pero me da pavor la dimensión planetaria de ese ajusticiamiento sin tribunal ni condena.


¡Quién pudiera migrar de la barbarie y la sinrazón, como las grullas de esta fotografía sobre el cielo de Berlín!

jueves, 13 de octubre de 2011

Deirdre McCloskey y su visión humanista de la economía

La economía, bien, gracias. O quizá sería más exacto decir "los economistas, bien, gracias" a congresos internacionales como el que la semana pasada se celebró en Salamanca, con asistencia de dos premios Nobel y decenas de profesores de universidades estadounidenses y españolas. Durante cuatro días, Salamanca se convirtió en un sanedrín del saber económico, y allá que me fui cual reportero dicharachero de Barrio Sésamo.

De los muchos expertos en hablar, entre ellos el Nobel Eric Stark Maskin, al que entrevisté en mi inglés necesitado de un curso de perfeccionamiento in situ allende las fronteras del mapa español, me cautivó Deirdre McCloskey, profesora de la Universidad de Illinois, escritora, gran divulgadora y candidata al premio Nobel de este año, que finalmente no se llevó.

Deirdre es famosa por su enfoque humanista de la economía, para la cual ha acuñado el término Humanomics, y sostiene, entre otras cosas, que fueron un exceso de optimismo y unos cálculos erróneos los que llevaron a esta crisis en la que España, Europa y Estados Unidos zozobramos. Tambien es famosa Deirdre porque antes de mujer fue hombre, por lo que dice entender mejor que nadie los roles del padre y de la madre. "Mis hijos son testigos de que primero he sido un padre exigente, rígido, y luego una madre comprensiva. Si  hubieran sido las madres las que hubieran movido los hilos de la economía, se habrían tomado decisiones menos arrogantes y ahora no estaríamos metidos en esta crisis", dijo sin que se le moviera un pelo del tupé.

Pero ser comprensiva no implica ser blanda, como demostró cuando dio algunas de sus duras recetas para salir de la crisis, entre ellas, eliminar las rigideces del mercado de trabajo, abaratar el despido y eliminar el salario mínimo. Para ella, sobreproteger al más débil es contraproducente, y se opone a ello tanto como a la caridad del señorito. "Dar donativos a los negritos de África alivia nuestras conciencias, pero si de verdad queremos ayudarles a salir adelante hemos de darles las herramientas para que se valgan por sí mismos, y no llevarles comida o ropa", afirmó

Durante su lección magistral en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, Deirdre McCloskey logró un lleno absoluto, la mayoría gente joven, seguramente estudiantes. Lejos de los micrófonos de los periodistas, esta experta nos convenció de que en tres años saldremos de la crisis, habló de la innovación como motor de un cambio de paradigma que incluye un mayor humanismo, alertó de una posible burbuja de la economía china y nos recordó, al fin, que las crisis son cíclicas y que, por tanto, a este ciclo de depresión le seguirá otro de expansión.

Una visión optimista, no sé si demasiado optimista, o tan optimista como la de aquéllos que hace tres años nos metieron en esta dichosa crisis. Pero, desde luego, optimismo -y del contagioso- es el que rezuma Deirdre McCloskey, que antes se llamaba Donald y que ahora proclama sin ambages el sentido común y la decencia, también, común.