lunes, 28 de febrero de 2011

And the Oscar goes to..

El buen paño en el arca se vende. O eso decían las abuelas cuando querían impedir que sus nietas salieran a la calle, casquivanas ellas, a buscarse un buen novio que las salvara de vestir santos. Puede que esas abuelas tuvieran razón, pero lo cierto es que, hoy en día, una campaña de publicidad consigue vender hasta placas de hielo a los esquimales del polo Norte.

Hablando de publicidad, hay quien ha querido ver en el éxito de El discurso del Rey un triunfo personal del productor Harvey Weinstein, auténtico mago de las campañas de promoción. Él solito habría logrado que el Oscar a la mejor película, que hace tres meses parecía cosa de Origen y La red social, fuera a manos del rey tartamudo Jorge VI, encarnado por el impecable actor inglés Colin Firth.

Yo ya lo escribí en este blog el día 15 de diciembre, augurando su entonces triunfo en los Globos de Oro: no había mejor actor este año que mi señor Darcy preferido, con permiso de Laurence Olivier. El año pasado, Firth se marchó del Kodak Theatre sin el Oscar al mejor Actor, pese al traje a medida que le cortó Tom Ford en A single man, así que este año la estatuilla dorada tenía que ser suya.

Y si La red social no convenció en los Oscar, quien sí ha logrado una avalancha de popularidad y cariño, pero en Twitter, ha sido Kirk Douglas, que a sus 94 años arrasa con su intervención de anoche y es trending topic mundial.

Más comentado, incluso, que el horroroso estilismo de la imposible actriz británica Helena Bonham Carter (a la sazón, reina impostada de Colin Firth en la película El discurso del rey) y lo poco favorecida que iba Pe de la mano de su (algo entrado en carnes y canas) marido Javier Bardem.

Y es que no basta con ser bueno: hay que parecerlo. Que debe ser por lo que las bodegas de La Rioja llevan años fomentando el diseño con nombre propio y el turismo enológico. Una historia de éxito que recoge hoy la sección Fast Track de la BBC con un recorrido por la apuesta cultural de algunas de las familias vitivinícolas riojanas: López Heredia, Baigorri, Vivanco o Marqués de Riscal y sus museos del vino, sus visitas guiadas a las cuevas donde envejecen los caldos, sus hoteles de diseño, sus edificios obras de arte, sus arquitectos Gehry o Calatrava firmando modernas y asombrosas estructuras. Todo, para poner La Rioja en el mapa europeo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Historia del mundo

Los objetos hablan y cuentan historias, ya sean las propias de quienes los forjaron, las de las casas donde se usaron o las de las tierras que los sepultaron durante siglos o milenios. Por ejemplo, estas vacas de arcilla, modeladas en Egipto hace unos 5500 años, hablan de animales domesticados; pueblos que reniegan del nomadismo para cultivar la tierra y criar vacas; ganado usado para beber su leche, comer su carne y hacerse vasijas, bolsos y calzado con su piel. Los objetos relatan la peripecia humana para sobrevivir durante millones de años, historias de superación como la inicial intolerancia humana a la leche de vaca, o la necesidad de unir fuerzas para cazar grandes animales.

El hallazgo de la piedra Rosetta (Egipto, 196 A.C), que hoy se conserva en el British Museum de Londres, es paradigmático: la venerable estela iluminó al francés Champollion para descifrar los jeroglíficos, que a su vez esclarecieron nuestro saber sobre el antiguo Egipto. Fascinantes momias, bellas cámaras funerarias, extraordinarias pirámides y millones de objetos pudieron ser explicados y contextualizados gracias a esta humilde piedra.

Y es que la Humanidad ha usado y fabricado herramientas desde el albor de los tiempos; objetos modelados por unos seres que a su vez fueron radicalmente transformados por ellos.

El British Museum de Londres y la BBC 4 llevan meses dando voz a esos objetos, almacenando en 'podcasts' su historia silenciosa, esclareciendo quién, dónde, cómo, por qué y para qué fueron creados. Una completa guía puede hallarse aquí. A la derecha de cada objeto, un enlace proporciona la audición online y hasta la transcripción; en inglés, claro, pero traducida al castellano al instante por ese moderno Prometeo que es Internet.

Una Historia del mundo en cien objetos no comienza con el más antiguo, y de hecho es el único episodio que se salta la cronología. ¿Por qué escoger la Momia de Hornedjitef, un ataúd de madera de Tebas del siglo III A.C., para empezar esta historia de la Humanidad? Supongo que es difícil resistirse a la fascinación por el Egipto ancestral, ese pueblo que embalsamaba hombres, mujeres y hasta gatos, preparando los cuerpos para el viaje al más allá.  Estas últimas semanas, cuando la televisión, los periódicos e Internet mostraban la pacífica rebelión egipcia contra Hosni Mubarak, quedó claro que ninguna Historia está del todo escrita, que quizá el ser humano sí es el centro del mundo, después de todo. Los egipcios de hoy no son los de entonces, pero unos pocos demostraron lo mucho que les importan los objetos, ya sea para destruirlos, robarlos o defenderlos.

La piedra Olduvai es el más antiguo utensilio fabricado por manos humanas que se guarda en el British Museum. Usada para cortar y trocear huesos de animales, plantas y madera, esta piedra, hallada en Tanzania, ayudó a probar que los seres humanos evolucionaron en África, tenida ahora por la cuna de la Humanidad. Visto desde nuestro cómodo sillón occidental, ese continente puede parecer hoy poca cosa, pero si comparamos los años que llevamos robando sus riquezas naturales y humanas, con los 1,8 millones de años que lleva rodando la piedra Olduvai, el tiempo, la vida y el mundo cobran otra dimensión. O debería.

lunes, 14 de febrero de 2011

Bardem contra Firth, Paltrow contra Lady Gaga

A Colin Firth  se le acumulan los discursos de agradecimiento por tantos premios como está cosechando su interpretación de Jorge VI en la película The King speech (El discurso del rey). Ya tenía el Globo de Oro y anoche, en Londres, recibió el Bafta al mejor actor; un galardón que se lleva a casa por segundo año consecutivo, tras convencer en 2010 de que su impecable encarnación de Un hombre soltero fue la mejor del año. Todas las quinielas apuestan por que Firth ganará el Oscar dentro de dos semanas.

Con permiso, claro está, de Javier Bardem, quien también anoche, pero en Madrid, ganó el Goya al mejor actor por su papel de moribundo en Biutiful. Los que de esto saben, aseguran que no hay forma de que Bardem derrote a Firth, pero el marido de Pe es un invitado fijo a la ceremonia de los Oscar desde hace años, acaba de ser padre, y ya se sabe que muchos niños traen un pan bajo el brazo.

Si, contra todo pronóstico, Bardem le arrebatara el Oscar a Firth, es muy posible que el inglés necesitara poner en práctica (esta vez fuera de escena) las enseñanzas de su colega, el actor Geoffrey Rush, quien interpreta al terapeuta que ayudó al rey Jorge VI a superar sus problemas de habla.

Y casi sin habla se quedaron ayer en los Grammy al ver a Lady Gaga llegar dentro de un huevo, traslúcido, que llevaban en andas cuatro macizos porteadores semidesnudos. Pero, por una vez, la autoproclamada reina del pop-agitación se vio sobrepasada por otra rubia, una Gwyneth Paltrow reconvertida en cantante. Paltrow se subió al escenario para cantar con Cee Lo Green el tema Forget you, y lo hicieron rodeados de las marionetas de Jim Henson. No era ésta la primera vez que Gwyneth Patrow se atrevía con esa canción, que ya interpretó con los chicos de la serie Glee.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Renoir en el Prado: últimos días

El domingo acaba la exposición Pasión por Renoir, que el museo del Prado ha venido dedicando a uno de los pintores impresionistas más famosos y codiciados: Pierre-Auguste Renoir (1841-1919)

Una exposición modesta, ya que, ciertamente, los treinta y un cuadros que integran la muestra saben a poco y, además, se trata de obras que no aportan una visión completa del pintor, al centrarse en su primera época, particularmente los años 80. Sin embargo, merece la pena dedicar al menos media hora a admirar estos cuadros. Primero, porque es improbable que viajemos a Massachussett para verlos en su hogar de adopción (el Sterling & Francine Clark Institute) y segundo, porque en estos lienzos está el germen del estilo Renoir, ese algo indefinible, pero claramente reconocible, que ha hecho de Renoir uno de los pintores más admirados e imitados.

La exposición arranca con dos autorretratos, uno de ellos el Autorretrato (imagen superior) del artista a la edad de 34 años, una impactante imagen en la que destacan los ojos del pintor y el empleo de una paleta de colores que lo acercan a Cézanne.

El deslumbramiento de Renoir por la figura humana, especialmente la femenina, es otro tema central de su obra que se ilustra, por ejemplo, en Muchacha con abanico. Este lienzo, ejemplo de preciosismo y culto a los detalles, asombra por el intrincado dibujo del abanico, el adorno del sombrero y la floreada explosión de colores. En cuadros como éste se aprecia la tendencia del pintor a glorificar la vida burguesa, por lo que ya en vida fue criticado, y es que muy a menudo sus modelos son bellas mujeres y encantadoras jovencitas, casi siempre posando en elegantes salones o interiores de casas, como si el artista las hubiera sorprendido en alguno de su quehaceres diarios: cosiendo, leyendo o mirando al horizonte.

Bañista peinándose muestra la fascinación de Renoir por el desnudo femenino, el encanto no exento de sensualidad que confería a todas sus obras, más visible aún en la alegre y desenfadada muchacha retratada en Bañista rubia, también presente en la exposición. Pese a que a veces se le ha criticado el retratar tan solo la belleza, en cuadros como éste vemos por qué es tan difícil resistirse a Renoir: su influjo es tan contagioso como la alegría que sus cuadros transmiten.

Renoir también desplegó su maestría pintanto, cómo no, los paisajes al aire libre tan queridos al impresionismo. Las obras que el Prado  ha conseguido traer a Madrid comparten una atmósfera entre onírica, romántica y evanescente, efímera como el agua que pasa bajo el Puente de Chatou o la que mece La barca-lavadero de Bas-Meudon.

El recorrido se cierra con varios bodegones y cuadros de flores llenos de luz y color, voluptuosos como Peonías o realistas como Cebollas. Este último era el preferido de Sterling Clark, el coleccionista americano que dedicó 40 años de su vida a atesorar cuantas obras de Renoir pudo conseguir. En 1950, junto a su mujer, fundó el Sterling & Francine Clark Art Institute, el hogar permanente de estos treinta y un cuadros de Renoir, y a donde regresarán a partir del domingo, cuando eche el cierre la exposición en el Prado. Aún quedan cuatro días para disfrutarlos. Luego... se irán.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Las hermanas Brontë

Estoy leyendo sobre la vida tormentosa de las hermanas Brontë, las tres famosas novelistas inglesas de la época victoriana, generalmente reconocidas por sus historias románticas y melodramáticas de indudable aliento poético. El que ya no es tan conocido es su hermano, Patrick Branwell Brontë, escritor frustrado y pintor de cierto renombre, mucho más famoso por su vida disoluta, sus múltiples adicciones y su muerte temprana.

En realidad, la vida de los cuatro Brontë fue desgraciada, o no muy afortunada, algo que no pudo resarcir, ni aliviar, el aprecio que la posteridad les trajo, pero ya se sabe que la vida no se caracteriza por ser justa, por mucho que el tiempo a veces sirva para ajustar cuentas.

Del mismo modo que el único verdadero retrato de Jane Austen se lo debemos a su hermana, Cassandra, los rostros de Anne, Charlotte y Emily Brontë fueron inmortalizados por su hermano, Patrick Branwell (1817-1848). Dos de sus obras cuelgan en la National Portrait Gallery de Londres.

En el primer cuadro, Retrato de las hermanas Brontë, Anne (1820-1849), Charlotte (1816-1855) y Emily (1818-1848) posan para Patrick Branwell en un retrato pintado hacia 1834. Por la también novelista Elizabeth Gaskell se sabía de la existencia de esta obra, que ella pudo ver en 1853, aunque durante casi un siglo se pensó que el lienzo se había perdido, destruido quizá a la muerte del padre de las escritoras.

Como tantas cosas a la casualidad debidas, el retrato fue descubierto en 1914 por la segunda esposa del marido de Charlotte (el reverendo A. B. Nicholls). Estaba encima de una estantería, doblado en varias partes, como si de un trozo de simple tela se tratara. Cuando se halló el cuadro, entre las figuras de Charlotte y Emily había un pilar pintado, que fue eliminado cuando los posteriores estudios radiológicos descubrieron que bajo ese pilar había existido una figura masculina. Los expertos aseguran que esa figura, una incierta sombra ahora, era un autorretrato del propio artista, el hermano de las retratadas, Patrick Bronwell Brontë.

El hermano atormentado es también el autor del retrato de Emily Brontë que cuelga en la misma sala del museo, justo en frente del anterior. Posando de perfil, nariz afilada, mentón poderoso y mirada escrutadora, la autora de Cumbres borrascosas es la imagen misma de la sobriedad. Una característica difícil de asociar con la mujer combativa, adelantada a su tiempo, de tintes feministas, que creó a la caprichosa Catherine Earnshaw y al infinitamente atormentado Heathcliff.