jueves, 28 de mayo de 2015

Souvigny, Sainte-Chapelle y tumbas romanas de Barcelona

(Más sobre Souvigny y la Auvernia y sobre rutas por Barcelona)

Tras seis años de restauración, tres cuartas partes de las vidrieras de la Sainte-Chapelle, en París, han recuperado su esplendor. Esta capilla es una obra maestra del gótico florido y se asemeja a una jaula de cristal.

Vidrieras de la Sainte-Chapelle (París).
Aunque quienes la visitan hoy están muy lejos de los hombres y mujeres del siglo XIII que la vio nacer, la Sainte-Chapelle continúa siendo una de las joyas de la Isla de la Ciudad. Fue construida por encargo del rey Luis IX (1214-1270), el futuro San Luis, para guardar la corona de espinas de Cristo. El París del siglo XIII tenía 200.000 habitantes y la famosa reliquia debía agrandar el prestigio de la capital, ya sobresaliente en el terreno intelectual, político y religioso.

Rosetón de la Sainte-Chapelle (París).
Las quince ventanas monumentales y el gran rosetón del Apocalipsis narran, en 1.113 escenas, la historia del pueblo judío. Es todo un espectáculo admirar el juego de luces que proyectan los rayos del sol al ondear sobre los cristales de colores rojo rubí, verde esmeralda, azul zafiro y jade. El efecto que se produce es el de estar contemplando piedras preciosas.

Capilla Vieja de los duques de Borbón
(Souvigny, Auvernia, Francia).
Lejos de París, pero también en Francia, el próximo 31 de mayo se inaugura en Souvigny (región de Auvernia) la capilla funeraria de los duques de Borbón, que reabre sus puertas al público, cerradas desde el año 2010, cuando comenzó su restauración. Los trabajos de mejora se iniciaron ese año, precisamente, porque se cumplía el 600 aniversario de la muerte de Luis II, el primer duque de Borbón. Y es que, aunque su línea dinástica se extinguió en 1527, estos duques de Borbón fueron el germen de donde brotarían todas las ramificaciones de la Casa de Borbón, que tantos años gobernarían en España y Francia.

El duque Luis II de Borbón.
En el centro de la Capilla Vieja de la iglesia de Souvigny pueden contemplarse las tumbas de Luis II (1337-1410)  y de su mujer, Ana de Auvernia, los fundadores de la dinastía, en un magnífico enclave, ya que la iglesia que los cobija fue construida según el espigado, sereno y elegante modelo cluniacense. Tiene dos transeptos y planta de cruz latina. Como se  construyó para destinarla a mausoleo donde enterrar al duque de Borbón y a sus descendientes, la iglesia de Souvigny es conocida como el Saint Denis (basílica cercana a París donde están enterrados la mayoría de los reyes de Francia) de los Borbones.

Tumbas romanas del siglo II en Barcelona.
Más tumbas, pero esta vez romanas, cerca de la Rambla y de la plaza de Cataluña, en Barcelona. Las vi por primera vez el 16 de mayo pasado, durante una visita relámpago a la capital catalana. Son más de setenta enterramientos de los siglos II y III, que quedan al descubierto entre parterres de flores a un nivel inferior al de la calle, a ambos lados de una de las vías secundarias por las que se entraba a la ciudad romana de Barcino (la Barcelona actual). Esta Vía Sepulcral prueba cómo los romanos construían sus cementerios fuera de las murallas de la ciudad, al lado de los caminos y con tumbas puestas en línea, como en una procesión que los acercase al más allá.

sábado, 23 de mayo de 2015

Llanto por Palmira, la de las caravanas y el mármol rosa

(Más sobre mi viaje a Siria y Jordania)

La mítica Palmira, el reino de Zenobia (245-272), uno de los recintos arqueológicos más impresionantes del mundo y un oasis de belleza en mitad del desierto sirio, ha caído en manos del grupo terrorista Estado IslámicoNo quisiera que esta entrada de mi blog sonara a réquiem por Palmira, sino a celebración de una de las noches más mágicas de mi vida.

Panorámica de Palmira desde el castillo otomano.
Porque así, de noche y a pie por una carretera a oscuras, entré en Palmira por primera vez, en agosto del año 2007. Mi hotel, el Semiramis, estaba a escasos minutos de las ruinas, y tras la cena unos pocos nos decidimos a caminar hasta el recinto arqueológico, por el que se podía deambular libremente, sin rejas o verjas que impidieran el paso.

Palmira de noche, agosto de 2007.
Soplaba un fuerte viento que azotaba el rostro, barría la arena y hacía difícil tomar fotografías, ya que constantemente se  taponaba el objetivo de la cámara. Las columnas, bloques de piedra y arcos estaban sumidos en una semioscuridad de la que, de tanto en tanto, surgían paseantes, bastantes eran lugareños de paso entre los hoteles y algunos turistas como nosotros.


Arco de Triunfo de Palmira (Siria).
A la mañana siguiente regresamos para realizar la visita artística. Fue impresionante pasar bajo la enorme puerta de piedra de Adriano, el emperador romano que veneraba la Grecia Antigua con un amor tal, que tuvo que dejar huellas de su paso por todo Oriente. Durante los dos días de estancia en Palmira evoqué a menudo a la reina Zenobia, bajo cuyo gobierno allá por el siglo III Palmira ganó esplendor. Zenobia presumía de ser descendiente de Cleopatra VII, la también legendaria reina de Egipto. Parece muy dudoso, pero los historiadores están de acuerdo al menos en que Zenobia era una gobernanta culta, amante de las artes, políglota y valiente.
Tradición y modernidad en las ruinas de Palmira.

En Palmira admiré los restos del Templo de Bel, la célebre Columnata (una de las más bellas del mundo clásico), el Valle de las Tumbas, el Ágora y el Teatro, del siglo II, así como el Tetrapilon. Avisté el rico oasis de palmeras que rodea a la legendaria ciudad y que la convirtió en sitio de paso del comercio de caravanas desde la Edad Media, al unir las rutas de India, China y Mesopotamia con las del Mediterráneo. 
Torres-tumba en Palmira (Siria).
Hoy todo eso puede desaparecer como motas de polvo en un huracán o gotas de agua en el mar abisal, por culpa de un puñado de fanáticos a los que, en el fondo, hasta unas piedras les infunden pavor.

domingo, 10 de mayo de 2015

'Emma', de Jane Austen, cumple doscientos años en Bath

(Más sobre Jane Austen y algo más sobre los hombres de Jane Austen)

Este año se cumplen doscientos años de la publicación de Emma, una de las novelas más célebres de mi admirada Jane Austen. Entre los muchos actos que Inglaterra prepara para homenajear a su escritora fetiche, entre el 11 y el 15 de septiembre se celebra el Festival Jane Austen en la ciudad balnearia de Bath. La villa georgiana, que alberga el centro de estudios y documentación sobre la novelista, organizará también, el 27 de junio, un baile de disfraces de época.

Servicio de te y vestido de tarde
(Centro Jane Austen, Bath, Reino Unido).
Jane Austen vivió en Bath de 1801 a 1806, allí pulió sus escritos juveniles, como la primera versión de lo que luego sería Orgullo y prejuicio, allí están ambientadas dos de sus seis novelas, y allí se puede visitar hoy el Centro Jane Austen, un pequeño espacio con documentos de la época, ropa, sombreros, algunos muebles y mapas de la vida en Bath en el tiempo de la escritora.    

Jane Austen vivió en Bath entre 1801 y 1806
(Centro Jane Austen, Bath, Reino Unido).
Jane Austen no sólo creó a Mr. Darcy, el personaje de ficción que aún hoy, doscientos años después, es el epítome del hombre que (casi) todas las mujeres querrían por marido. También creó la imagen mítica de la Inglaterra georgiana que ha llegado hasta nuestros días: un paisaje salpicado de mansiones de Palladio y aldeas pintorescas pobladas por atractivos caballeros que hacen la corte a señoritas remilgadas, cuyo ingenio siempre es sofocado por los prejuicios de clase.

Retrato de Jane Austen por su hermana,
Cassandra Austen (National Portrait Gallery)
La novela Emma contiene elevadas dosis de crítica, muy refinada, eso sí, a la sociedad hipócrita que a Jane Austen le tocó vivir. Quizá sea uno de los libros en los que la escritora vertió más ironía: contra su protagonista, la poco heroica Emma, empeñada en ejercer de casamentera, con lo que crea varias situaciones bochornosas y a punto está de dar al traste con un amor real. Y también contra el duro corsé social de la Inglaterra de finales del siglo XVIII, que asfixiaba a la mujer reduciéndola a poco más que una moneda de cambio. 

Leer a Jane Austen ayuda a entender buena parte de la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX: el poder del dinero y la herencia, los ropajes, la decoración de interiores. De hecho, sus novelas Orgullo y prejuicio y la cinematográfica Sentido y Sensibilidad por sí solas contienen el guión perfecto para escribir una docena de libros de historia.

No se me ocurre mejor modo de celebrar el bicentenario de Emma que releyendo a Jane Austen y viendo las adaptaciones cinematográficas de sus novelas. Como muestra, este botón:



domingo, 3 de mayo de 2015

Victorian artists: Jenny Lind and Lady Duff Gordon (Lucie)

(More about Victorian personalities: Janey Morris & Elizabeth Gaskell)

(*To my English readers: I apologize for every mistake. Please be aware I am a Spanish writer)

The Victorian period is still thrilling in arts, novels and poetry. Who doesn't know Lord Tennyson, Oscar Wilde, Charles Dickens, the Brontë sistersElizabeth Gaskell, and many others who flourished in Britain during the mid to late 19th century?

Room of Victorian artists (National Portrait Gallery).
But apart from the big names in the field of literature there are also Victorian writers, singers or painters poorly known, especially women. I had the chance to meet some of those forgotten women in my visits to the National Portrait Gallery (London). I already wrote about Janey Morris (1939-1914), the most famous Pre-Raphaelite muse. Another entry of this blog is dedicated to Elizabeth Gaskell, and some of them consecrated to the Brontë. Today I like to share my views on two Victorian artists as Jenny Lind and Lady Duff.

Jenny Lind (by Eduard Magnus).
Jenny Lind (1820-87) was an opera singer, born and trained in Sweden. Her exquisite voice, allied with rare qualities of character, aroused intense enthusiasm in British audiences, following her debut in 1847. I saw her portrait, painted by Eduard Magnus (1799-1872), in London. It is a replica of another portrait by Magnus from 1846 and came to the gallery as a bequest by Mrs. Helen Goldschmidt (1951), the sitter's daughter-in-law.

Young, beautiful, elegant, her bright eyes tell us how far she was from the often prudish, hypocritical, stuffy and narrow-minded Victorian era.

Lady Duff (by Wyndham Philips).
Lucie, Lady Duff Gordon (1821-69) was an author and translator. She translated many German historical works and was a friend of the poet Heine. She had an interesting life overseas: Lady Duff resided in Egypt from 1862, where she wrote vivid letters that were published in two collections. Her portrait by Wyndham Philips (1820-68) came to the National Portrait Gallery in 1983 given by Gordon Waterfield.

Suffering from tuberculosis, she left London and went to South Africa for the climate which she hoped would help her health. After living in Cape of Good Hope she travelled to Egypt and settled in Luxor, where she learned Arabic and wrote several letters about Egyptian culture, religion and customs.