sábado, 22 de diciembre de 2012

Navidad sin paga extra, Navidad de 'Mujercitas'

Firma invitada: Luis Fermín Moreno (www.alandar.org)

Christmas won’t be Christmas without any presents". O, en román paladino, la Navidad no es lo mismo sin regalos. Con esta frase memorable comienza una de las historias más leídas en el mundo: Mujercitas (Little Women), de Louisa May Alcott.

Louisa May Alcott, a los 25 años.
La pronunció una chica de 15 años en un trasfondo de crisis y privaciones. A la familia March no le habían quitado la paga extra, pero la madre –el padre andaba ausente, guerreando- consideraba que no debían tener regalos “porque está siendo un invierno muy duro para todos, y no debemos gastar dinero por gusto o por capricho mientras nuestros hombres sufren tanto en el ejército. No podemos hacer mucho, pero sí pequeños sacrificios, y debemos hacerlos con alegría”.
 
'Little Women' ('Mujercitas'), de
la novelista Louisa May Alcott.
.
Corría el año 1861 y, pese a estar en la guerra de Secesión (1861-1865), la sociedad preindustrial –y preconsumista- norteamericana empezaba a sentir los efectos "perniciosos" de los nostálgicos cuentos navideños del inglés Charles Dickensque se dedicaba por aquel entonces a hacer lecturas públicas de sus obras por todo el país. Porque celebrar la Navidad, que ahora nos parece tan imprescindible, no iba de suyo en los Estados Unidos del siglo XIX. El día 25 de diciembre no fue declarado festivo hasta 1870 y numerosos grupos religiosos (puritanos, metodistas, baptistas, presbiterianos, cuáqueros) se oponían firmemente a la celebración de actos litúrgicos especiales.

Charles Dickens, en su escritorio (1860).
Tampoco había regalos. La norma social habitual era ofrecer a los niños pequeños –y únicamente a ellos- objetos fabricados a mano o en casa: juguetes de madera, dulces caseros, vestidos, etc. Las hermanas March, que sueñan con comprar libros, partituras o lápices de dibujo eran unas jóvenes precursoras del espíritu lúdico-comercial navideño que, paradójicamente, los norteamericanos acabarían difundiendo por todo el mundo, países no cristianos incluidos.

Árbol de Navidad en un bosque helado.
Las March, con la ayuda de su madre y merced a una visita procesional a sus hambrientos vecinos inmigrantes, a los que llevaron su desayuno, acabaron descubriendo que sí, que la frase es cierta: que no hay Navidad sin regalos. Pero no en el sentido estrecho en el que ellas la entendían. La generosidad –y, por tanto, el amor- las hizo sentirse más felices que nunca y convirtió ese día en una Navidad triunfal. Aprendieron que la mejor Navidad es la Navidad comprometida.

Tumbas de la familia Alcott, en Sleepy Hollow
(Concord, USA). La bandera marca la de Louisa May.
Tal vez sea eso lo que conviene plantearse. ¿Qué celebramos? ¿Y cómo? ¿Podemos quejarnos de no tener paga extra cuando hay familias que se han quedado sin casa, hogares en los que no entra un céntimo desde hace meses, hombres y mujeres que buscan y rebuscan entre los cubos de basura? ¿Es una tragedia de verdad una Navidad sin regalos o sin marisco en la mesa? ¿O es una oportunidad? De ver las cosas de otro modo. De enseñárselas a los niños. De comenzar a vivirlas. De compartir lo poco que tenemos con quienes tienen todavía mucho menos. De volver a la Navidad que realmente preconizaba Dickens: la celebración de la fraternidad humana. En nuestras manos está.

 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Queridos Mayas: el mundo no se acaba este viernes

La Tierra de noche (composición fotográfica
hecha por satélites de la Nasa).
No parece gran cosa vista así, desde lo alto y de noche. Unos pocos miles de puntos de luz conectados entre sí, a veces formando olas de mar, otras veces simulando brazos de tierra, las más de las ocasiones, abriendo solitarias rutas por desiertos, sabanas, tundras y selvas deshabitadas. Y, sin embargo, es la maravilla de las maravillas: la Tierra, el planeta azul de los cuatro océanos y los cinco continentes, el hogar de los humanos y el inagotable yacimiento arqueológico de las civilizaciones y especies que nos precedieron.

Una de esas civilizaciones, la de los Mayas, predijo hace cientos de años que el mundo se acabaría el día del solsticio de diciembre de 2012, es decir, este viernes. Una superchería como la que el año 2000 llevó a Paco Rabanne a retirarse, inspirado en Nostradamus, convencido de que la estación MIR se desplomaría sobre París.

'Los cuatro jinetes del Apocalipsis'
(Alberto Durero).
Todo este año 2012 han proliferado las webs que extienden la teoría apocalíptica y hacen negocio con ella, al punto de que la Nasa ha tenido que salir al paso negando que el Armagedón esté al caer. Tampoco parece probable que los Cuatro Jinetes del Apocalipsis salgan del cuadro de Alberto Durero (1471-1528) y se pongan a cabalgar.

¿Qué es lo que los Mayas auguraron en realidad? Los más pesimistas dicen que este viernes habrá una gran catástrofe espacial: colisión con asteroide, agujero negro, tormentas solares, cambios de polos magnéticos, terremotos... incluso una invasión extraterrestre. Pero también hay quien lee la profecía con amplitud de miras y sugiere que el viernes los habitantes de la Tierra notarán un cambio físico y/o espiritual, que marcará el inicio de una nueva era.   

Pirámides de la época dorada de los Mayas.

Los descreídos desmontan todo fatalismo recordando otras predicciones que se quedaron en nada. En 1844, el predicador bautista americano William Miller  predijo el regreso de Jesucristo y el fin del mundo, basándose en la Biblia. En 1975, los Testigos de Jehová anunciaron el fin del mundo, igual que hicieron en 1914. En 2000, además del lumbreras de Rabanne, hubo quien habló de un error informático que traería el caos en el cambio de milenio.
 
El desastre espacial es la profecía
más recurrente en las teorías
del fin del mundo.
Los astrónomos rechazan las amenazas interplanetarias y demás zarandajas, con el argumento de que se contradicen con las más simples observaciones astronómicas. Y, sin embargo, las autoridades de medio mundo están en alerta por el peligro extra de todo Apocalipsis: el temor a las conductas desordenadas de miles de ciudadanos, que dicen no poder comer ni dormir, y que ven conspiraciones por todas partes para ocultar la verdad. Y lo más inquietante: la reproducción de mensajes con amenazas suicidas e incluso de suicidios rituales. 
Soy moderadamente optimista, así que estoy segura de que, el día 22, España y el mundo amanecerán con su acostumbrada carga de crisis, temor y felicidad. Y en gran parte del planeta Tierra, el día 25, se celebrará la vigencia de un mensaje, el que trajo un tal Jesús de Nazaret, piedra angular de una de las tres religiones monoteístas, que sustituyeron los mitos ancestrales por la fe actual.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Notre-Dame de París celebra sus primeros 850 años

Un 'bateau' surca el Sena frente a la catedral
de Notre-Dame (París). 
(Más sobre París aquí)

Ayer, día 12, arrancó en París el Jubileo por los 850 años de la construcción de la catedral de Notre-Dameel templo gótico más emblemático del mundo, por donde cada año pasan 14 millones de visitantes, y que lleva desde el siglo XIII asentado en la Île de la Cité, con sus torres inacabadas, sus estatuas apretujadas, sus gárgolas y rosetones, viendo los barcos y las gentes pasar.

Gárgola de Notre-Dame sobre el río Sena.
Hasta el 24 de noviembre de 2013, Notre-Dame lucirá sus mejores galas en todo el itinerario del Jubileo, que comienza en la Puerta Jubilar y sigue por el interior en la fachada occidental, las fuentes bautismales, los rosetones, el altar y el coro, pasando por la Virgen del Pilar, la capilla del Santo Sacramento y las reliquias de la Pasión de Jesucristo.
 
Reliquia de la Corona de Espinas (Tesoro
de Notre-Dame de París).
Los amantes del arte sacro no deben perderse las colecciones del Tesoro, que han sido revisadas y puestas al día, a modo de recorrido histórico. Aquí se guarda la Corona de Espinassupuestamente portada por Jesucristo en la Pasión, y que compró el rey francés San Luis a Baldwin II, el último emperador de Constantinopla.

La primera piedra de la iglesia parisina se puso en 1163, y en menos de veinte años se  habían construido el coro y el doble deambulatorio.
 
Ilustración de portada de la primera
edición de la novela 'Notre-Dame de París'.
Con todo, a este monumento nacional le insufló vida eterna la novela de Víctor Hugo (1802-1885) Notre-Dame de París (1831) (PDF del libro aquí), inscrita en el movimiento reivindicativo de la Edad Media que apadrinaron Viollet-le-Duc (1814-79), Prosper Merimée (1803-70) y los románticos. El "prodigio" medieval, como decía Hugo, se convirtió en seguida en un edificio lleno de misterios y leyendas, en un personaje vivo, vibrante y combativo, por donde se deslizaba el jorobado Quasimodo en pos de la zíngara Esmeralda. Casi doscientos años después, personas de todo el mundo siguen abrumadas frente a esta bellísima página de la arquitectura que es Notre-Dame de París.


'Enrique IV como Hércules', cuadro
pintado por Toussaint Dubreuil.

Desde hoy mismo, queda un año para visitar París y su catedral, caminar por las orillas del Sena, alternar en las brasseries, ir de museos y librerías. Porque París bien vale una misa, como ya dijo Enrique IV, el Caballero del Verde Galán, (1553-1610), marido de la reina Margot, hugonote reconvertido y primer rey Borbón francés. Su estatua ecuestre en el Pont Neuf es uno de los monumentos más paseados del Sena. Pero a mí siempre me ha gustado (y también intrigado) cómo pudo este rey tan crucial para la historia de Francia posar de esta guisa para su pintor de cámara, Toussaint Dubreuil (1561-1602).

sábado, 8 de diciembre de 2012

Recuerdos de Siria y Jordania (II): Crac, Alepo y Palmira

(Más sobre Siria y Jordania aquí)

Castillo de Crac de los Caballeros (Siria).
Después de visitar Maaloula, el viaje por Siria y Jordania, en agosto de 2007, me llevó a Crac de los Caballeros, una imponente fortaleza de la época de los cruzados y el castillo mejor conservado de Oriente Medio. Fue construido por los templarios de Trípoli, y parecía impensable que el recinto, rodeado por muros que cobijaban a 3.000 personas, cayera bajo asedio. Pero cayó, en 1271, y Europa lo vivió como una gran desgracia.

Mezquita de Alepo (Siria).
De la siguiente etapa en el camino, Alepome gustó todo. Si las bombas no lo han destruido, tendrá todavía un casco antiguo Patrimonio de la Humanidad; una ciudadela del siglo XIIIun zoco bullicioso donde comprar especias y joyas, pañuelos de seda y niqabs, calzado de segunda mano y antigüedades de verdad. Nuestro hotel, el Chahba Cham Palace, estaba algo alejado, y la primera noche fuimos paseando hasta el centro, poniendo a prueba el sentido de la orientación de mi compañero. Llegamos a la explanada de la mezquita, deambulamos un rato y descubrimos un bar-restaurante-cacharrería con terraza en una bonita plaza. 
 
Lámina de Corán comprada
en el zoco de Alepo (Siria).
Después de tomar una copa, cogimos un taxi para volver al hotel. En Damasco ya habíamos tenido experiencias con taxistas que no sabían inglés, para lo cual siempre llevábamos una tarjeta en árabe con las direcciones y un plano. Pero el taxista de Alepo no entendía inglés ni sabía leer el plano, y a los pocos minutos mi compañero se percató de que nos llevaba en dirección contraria. Tras dar la vuelta y pararse en otro hotel a preguntar por el nuestro, tuvo que ser mi acompañante quien guiara al taxista. Así llegamos al hotel, muertos de la risa por lo absurdo de la situación. Lo curioso es que en ningún momento sentimos miedo ni desconfianza. Ni esa noche, ni ninguna de las que pasamos en Siria y en Jordania. Del zoco de Alepo me traje varios recuerdos, entre ellos, una página de un Corán iluminada con miniaturas iraníes y varios pañuelos de seda.

Columna de Simeón el Estilita (Siria).
Cerca de Alepo, en Qala’at Samaanes donde la leyenda sitúa el emplazamiento de la columna de Simeón el Estilita (390-459), el riguroso santo asceta que decidió hacer penitencia, durante 37 años, subido en una pequeña plataforma sobre una columna. Es el anacoreta que hizo aún más famoso Luis Buñuel con su película Simón del desierto (1965). Otra visita imprescindible en Siria son las ruinas helenísticas de Afamiaconocida como la ciudad de las mil columnas, que sorprenden aún más por estar en mitad del campo, sin acordonar ni proteger.

Nos despedimos de Siria en la mítica Palmirael reino de Zenobia (245-272), uno de los recintos arqueológicos más impresionantes del mundo y un oasis de belleza en mitad del desierto. Zenobia decía ser descendiente de Cleopatra VII, la también legendaria reina de Egipto. Parece muy dudoso, pero los historiadores están de acuerdo en que era una gobernante culta, amante de las artes, políglota y valiente.

Arco de Triunfo de Palmira (Siria)
En Palmira hay muchas cosas que ver: el Templo de Bel, la célebre Columnata (una de las más bellas del mundo clásico), el Valle de las Tumbas, el Ágora y el Teatro, del siglo II, así como el Tetrapilon. Palmira se construyó gracias a la existencia de un rico oasis de palmeras, lo que la convirtió en sitio de paso del comercio caravanero, al unir las rutas de India, China y Mesopotamia con las del Mediterráneo.

Nuestro hotel, el Semiramis, estaba a unos minutos a pie de las ruinas, espectaculares a la luz de la Luna. Así las recorrimos, el rostro azotado por un viento que barría la arena y hacía difícil tomar fotografías, ya que constantemente se  taponaba el objetivo. Fue impresionante pasar bajo la enorme puerta de piedra de Adriano, el emperador romano que veneraba la Grecia Antigua con un amor tal, que tuvo que dejar huellas de su paso por todo Oriente.
 
Torres-tumba de Palmira (Siria).
Otras construcciones características de Palmira son las torres-tumba donde se enterraba a las familias ricas durante la época clásica de la ciudad. Aunque en la Palmira de hoy apenas queda rastro de la mítica Zenobia, paseando por las ruinas de lo que fue su reino es fácil comprender por qué la llamaban la Cleopatra siria.