domingo, 29 de diciembre de 2013

2014, a sólo dos vueltas de hoja del calendario

(Más sobre Navidad aquí)

Hay innumerables formas de festejar la Navidad, desde el pudor del recato creyente al más excéntrico revestimiento que imaginar puedan el derroche y el puro consumismo. Navidades de película, como las que muestran las célebres ¡Qué bello es vivir! o Mujercitasinspirada en la novela de Louisa May Alcott (1832-1888), por citar dos de las cintas cuyos fotogramas han poblado las mentes de varias generaciones, entre las que se cuenta la mía.   
Árbol de Navidad en un bosque helado.
Existen Navidades blancas, con muñecos de nieve y abetos helados, tal y como se viven en las tierras altas donde mora Santa Clausel férreo competidor de los Reyes Magos de Oriente… en todo Occidente. Y también Navidades en bermudas y manga corta, como las que disfrutan los habitantes de Australia o Sudáfrica y apuran también los que en estos momentos se hallan en las islas Canarias.

'Los Reyes Magos' (Alberto Durero).
Navidades, en suma, cuyo fin primero se pierde en la noche de los tiempos y de cuyo significado original apenas quedan el cuento infantil y la ilustración asociada a las obras de arte, fundamentalmente a la pintura. Medio mundo conoce la iconografía navideña, que relata el nacimiento de Jesús de Nazaret, recuerda el fulgor y el brillo de la estrella de Belén y narra el viaje de los Reyes Magos, así como la adoración de los pastores, la vaca y el buey en el portal de Belén.  
'La Natividad' (Fra Angelico).
Todos ellos, motivos de inspiración para pintores de todas las épocas y escuelas. La Natividad, de Fra Angelico (1390-1455), El viaje de los Magos, de Benozzo Gozzoli (1421-1497) o Los Reyes Magos de Alberto Durero (1471-1528) son material navideño de plena vigencia.

A punto de apagarse la Navidad de 2013, es tiempo de prender la mecha de 2014, el Año Nuevo que el mundo entero se apresta a recibir con el ebrio deleite de los comienzos muy ansiados.
¡Feliz Año 2014!
Ojalá 2014 traiga el fin de la crisis en España (según anuncia hasta la saciedad el Gobierno). Ojalá la festividad del 1 de enero sea el umbral de una época más dulce que el turrón. Ojalá que cada hoja arrancada al calendario nos regale una porción extra de felicidad, tan espirituosa como las burbujas del mejor champán.  

lunes, 23 de diciembre de 2013

Mujeres, deseo y voluptuosidad en el Jacquemart de París

(Más sobre París aquí)
 
El soberbio y exquisito museo Jacquemart-André, de París, acoge hasta el 20 de enero de 2014 la exposición Deseo y voluptuosidad en la época victoriana, dedicada a los pintores más representativos del reinado de Victoria (1837-1901). Se trata de cincuenta obras maestras, la mayor parte exhibidas por primera vez, que proceden de la colección del millonario mexicano Juan Antonio Pérez Simón y son el medio perfecto para adentrarse en este movimiento estético consagrado al arte por el arte y el culto a la mujer.  

'Las rosas de Heliogábalo' (Lawrence Alma-Tadema).
Aunque un viaje a París nunca está de más, yo ya tuve mi escapada de otoño a la capital del Sena, así que tendré que ser paciente y esperar a que esta muestra pictórica llegue a Madrid, en concreto, al museo Thyssen-Bornemiszadonde podrá verse desde el 23 de junio al 5 de octubre de 2014.

'La reina Ester' (Edwing Long).
Deseo y voluptuosidad en la época victoriana se divide en ocho apartados: heroínas románticas; mujeres fatales; musas y modelos; bellezas clásicas; la armonía soñada; el culto a la belleza; la voluptuosidad del desnudo; y deseos de la Antigüedad. Entre las obras expuestas destacan los trabajos de Frederik Leighton (1830-1896), John E. Millais (1829-1896) y Edwing Long (1829-91), este último presente en la exhibición con el cuadro La reina Ester (1878). El óleo de Long es un buen ejemplo del constante recurso a los temas histórico-mitológicos y bíblicos que caracterizó a la pintura victoriana
 
'Sus ojos reflejan sus lejanos pensamientos'
(Lawrence Alma-Tadema).
Entre las obras más importantes se cuenta sin ninguna duda el cuadro titulado Las rosas de Heliogábalo, firmado por Lawrence Alma-Tadema (1836-1912), que recrea el momento en que este emperador romano (218-222), según la leyenda, intentó asfixiar a sus invitados con pétalos de rosas soltados desde paneles del falso techo. También es obra de Alma-Tadema el lienzo Sus ojos reflejan sus lejanos pensamientos. El artista, gran enamorado de Italia, se hizo famoso por adaptar al gusto victoriano las escenas y pasajes de la Antigüedad clásica. Nacido en Holanda y nombrado caballero por la reina Victoria en 1899, murió en Wiesbaden en 1912 y está enterrado en la catedral de San Pablo en Londres.

'Jóvenes griegas recogiendo conchas a la orilla
del mar' (Frederik Leighton).
Otro precioso ejemplo de la pintura que se practicaba en la época victoriana, esta vez de tintes prerrafaelitas, se titula Jóvenes griegas recogiendo conchas a la orilla del mar, de Frederik Leighton, una obra que la crítica sitúa a mitad de camino entre la añoranza de las Gracias, Venus, Apolos y Cupidos clásicos y las escenas bucólicas más tradicionales.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Munro, Poniatowska: año de mujeres premios literarios

(Más sobre mujeres escritoras aquí

Este año la cosecha de premios literarios ha sido muy provechosa para las mujeres: desde el Nobel al Cervantes, pasando por los dos galardones del Planeta, las escritoras se han llevado el gato al agua y han convencido a los jurados, en su mayoría hombres, pese a que los más constantes y asiduos lectores sean, precisamente, las féminas.

Alice Munro, premio Nobel de Literatura 2013.
La cuentista Alice Munro (1931) conquistó desde Canadá el premio Nobel de Literatura de 2013, por su "maestría en el cuento corto contemporáneo". En sus escritos escuetos, comedidos, como si el abuso de la palabra fuera un delito, Munro presenta personajes frágiles poseídos continuamente por un sentimiento de inconformidad. La crítica ha dicho de ella, y los millones de lectores corroboran, que es capaz de condensar en cada cuento la profundidad de una novela. Precisamente este verano regalé a un amigo su última obra, Mi vida querida, tenida por prodigiosa y de excepcional calidad. En una entrevista tras ganar el Nobel, Munro ponía el dedo en la llaga: “¡Es increíble que sólo 13 mujeres tengamos el Nobel de Literatura!”.

'Leonora', de Elena Poniatowska.
Elena Poniatowska (1932) es el premio Cervantes 2013, con lo que se convierte en la cuarta mujer en conseguir esta distinción y la primera de origen mexicano. El jurado resaltó "su brillante trayectoria literaria en diversos géneros, de manera particular en la narrativa y en su dedicación ejemplar al periodismo". Poniatowska es una mujer y escritora comprometida, con obras plagadas de historia contemporánea y sucesos reales, por muy inconvenientes que puedan resultar. En 2007 la Ciudad de México instauró en su honor el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. Una distinción más para quien siempre ha recibido con modestia los galardones.  
'El cielo ha vuelto' (Clara Sánchez,
premio Planeta de 2013).
Aunque se trata de un premio comercial que se suele dar a escritores de cierto tirón, periodistas reconvertidos o reclamos televisivos, y la calidad literaria deja casi siempre mucho que desear, el Planeta es uno de los galardones mejor dotados económicamente. Este año la ganadora ha sido Clara Sánchez, con El cielo ha vuelto, su undécima novela, donde cuenta la historia de una mujer con una relación tóxica. Según el jurado, "la novela posee intriga, misterio, complejidad de sentimientos, erotismo". Clara Sánchez sabe bien lo que es recibir premios, pues tiene en su haber el Alfaguara y el Nadal.

'El buen hijo' (Ángeles G. Sinde).
 
La finalista del Planeta 2013 es la exministra Ángeles González-Sindecon El buen hijo. Es su primera novela para adultos después de dedicar buena parte de su carrera a la cinematografía y los libros infantiles. La propia autora ha definido su novela como una inmersión en el universo de un treintañero apocado que vive y trabaja a la sombra de su madre viuda y que, tras enamorarse, decide romper con el asfixiante entorno.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Tesoros de la Villa de los Papiros de Herculano

Herculano, siglo I de nuestra era. Una tranquila ciudad vacacional pegada al mar, muy cerca de Nápoles. Al igual que la vecina Pompeya, quedaría cubierta por la lava del volcán Vesubio en el año 79.

'La Villa de los Papiros' de Herculano,
en Madrid hasta el 23 de abril. 
Años antes, el cónsul Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, a la sazón suegro de Julio César, había construido en Herculano una exquisita y lujosa mansión que la posteridad llamaría ya para siempre la Villa de los Papiros.

Madrid, 2013. Una ciudad en pleno manchón ibérico alberga una exposición de mil metros cuadrados dedicada a esa villa clásica italiana. En el Matadero, y nada más atravesar la fachada, un enorme jardín (virtual, por descontado) con estanque incluido, rodeado de imponentes bustos, da paso al interior de la Villa de los Papiros.
Recreación de la biblioteca de la Villa
de los Papiros (Herculano, Italia).
Una vez dentro, el visitante descubre el placer de contemplar la única biblioteca de la Antigüedad clásica que conocemos hoy en día. Se descubrió, junto al resto de la villa, en 1750. Por supuesto, Herculano y Pompeya son hoy lugares Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y se cuentan por legiones los visitantes que acuden a ver in situ las ruinas de ambas ciudades.
 
Frescos y columnas con restos de policromía
en las ruinas de Herculano (Italia).
Yo visité Herculano en junio de 2011 y me sorprendió la amplitud del recinto arqueológico y lo bien conservadas que estaban algunas villas, con frescos aún en las paredes, mármoles, zócalos y columnas policromadas. Aun en la distancia, y gracias a la tecnología, es posible realizar un recorrido virtual por esos sitios arqueológicos.

Recreación de la piscina panorámica de la
Villa de los Papiros (Herculano, Italia).
Algo parecido se puede contemplar en la exposición del Matadero de Madrid. Dividida en dos partes, la muestra reconstruye Herculano y ofrece una proyección de cómo era la Villa de los Papiros, tan sofisticada, que hasta tenía una piscina panorámica con vistas al horizonte.
Busto de la Villa de los Papiros
(Herculano, Italia).
 
Piezas reales que han viajado a Madrid desde Herculano son algunos papiros carbonizados, un busto de Epicuro y un reloj solar, además de lápidas con inscripciones. La segunda parte de la exposición, ubicada en una sala llena de luz y de objetos valiosos, relata la historia del descubrimiento de la villa, en el XVIII, bajo el reinado de Carlos III, a la sazón rey de Nápoles.
Merece la pena detenerse unos minutos para contemplar el plano original de la mansión, que trazaron los ingenieros que la descubrieron y que incluye anotaciones en castellano, ya que el ingeniero jefe de dichos trabajos era de Zaragoza.
Papiro carbonizado hallado en la
villa de Herculano (Italia).
 
Como curiosidad, puede verse asimismo una máquina para abrir papiros, diseñada por Antonio Piaggio, un invento que hizo posible abrir los papiros carbonizados por la lava sin que se rompieran. Todas estas maravillosas piezas, sustraídas hace más de doscientos sesenta años al tiempo y al abrazo de las cenizas y la lava, puede disfrutarse en Madrid, como los tesoros que son, hasta el próximo día 23 de abril.

 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Janey Morris, the Pre-Raphaelite muse par excellence

(*To my English readers: I apologize for every mistake. Please be aware I am a Spanish writer who translates what you have asked for).

(More English versión here)  (Versión española aquí)

She was a beautiful, strong, independent and enigmatic woman. Her name: Jane Burden (1839-1914), best known as Janey Morris. Born as the daughter of a stableman and a laundress, she became a model, in fact, the most famous Pre-Raphaelite muse.

Janey Morris as
Proserpine (Dante
Gabriel Rossetti). 
To mark the centenary of her death next January, the National Portrait Gallery of London houses a free exhibition (12 November -11 May 2014, Room 28) dedicated to her life as well as to her career. Janey, married to the poet and designer William Morris (1834-1896), was the favorite model of Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), a painter who portrayed her with her distinctive long and bushy black hair. Janey was the face and body of Pandora and Proserpine among many other classical muses and mythological figures. She was also the confident and lover of the painter Rossetti, although she never got divorced. Apparently, she was afraid of losing her daughters.
 
Janey Morris became a celebrity because of her peculiar way of posing, always showing a singular grace and a direct gaze, like she was scrutinizing the surrounding world. The small exhibit at the National Portrait Gallery discovers the major milestones in her life: the interesting woman, the devoted mother and the peculiar wife is seen here in photographs taken by Frederick Hollyer in 1874.
 
 
 
 
 


Janey Morris and the Burne-Jones family
(West London, 1874).

The gallery has also gathered some portraits of her husband and her daughters (Jenny and May) and their friends Georgiana and Edward Burne-Jones. Janey 's husband and the Pre-Raphaelite painter Burne-Jones had met in their student days and later on their families became close friends. The picture above was taken in 1874 on the garden of Burne-Jones’ house in West London. Janey (second from the right) is sitting in front of her husband and between their daughters. The rest of people (from the left) are Richard Jones (the father of the painter), Margaret , Edward, Philip and Georgiana Burne-Jones.



Janey Morris in 1898.

The Pre-Raphaelite quintessential muse was a shy woman of reserved character though great hospitality and genuine sense of humor. She had a varied inner circle: from suffragists to poets, from architects to artists. This last picture is a shocking shot: Janey had already widowed and was posing in May 1898 at her home, Kelmscott Manor. In a wink to the viewer, Janey appears sitting like she used to do in her early days, mimicking the pose that made her famous.

domingo, 1 de diciembre de 2013

'De El Bosco a Tiziano', una exposición para esta Navidad

No parece una exposición de las que pasarán a la Historia y, desde luego, los 11 euros que cuesta la entrada (aunque sea conjunta con la visita del Palacio Real) no es un precio anticrisis, pero si el bolsillo lo permite y las ganas o el frío no actúan como factor disuasorio, hay varios cuadros en la muestra De El Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial en los que bien merece la pena detenerse. Además, visitar esta exhibición artística permitirá asimismo (cuando los operarios terminen de montarlo) admirar el Belén napolitano del Palacio Real.

Entrada a la exposición 'De El Bosco a Tiziano'
en el Palacio Real de Madrid.
Instalada en las dependencias de exposiciones temporales del Palacio hasta el 12 de enero, el recorrido artístico reconstruye el Renacimiento español, sobre todo el fin del mandato del emperador Carlos V y el encumbramiento de Felipe II a través del monasterio escurialense, que el propio rey definía como la octava Maravilla. De hecho, con De El Bosco a Tiziano se conmemora el 450 aniversario de la colocación de la primera piedra de El Escorial, a través de los cuadros, relicarios, libros, miniaturas, cartones y tapices de los artistas que embellecieron el  monasterio.

'Abraham y los tres ángeles'
(Juan Fernández de Navarrete, El Mudo).
La mayoría de las obras pertenecen a las colecciones de El Escorial o al museo del Prado, pero también las hay venidas de la National Gallery de Londres, del parisino Museo del Louvre o de la National Gallery de Dubín, como Abraham y los tres ángeles, de Juan Fernández de Navarrete, El Mudo, que hasta enero recibe a los visitantes igual que, en el siglo XVI, acogía a los que entraban al convento escurialense.

'Cristo coronado de espinas' (El Bosco).
Uno de los grandes reclamos de esta muestra es Tiziano (hacia 1490-1576), ya que de El Bosco tan sólo hay dos cuadros: Cristo coronado de espinas y Cristo camino del calvario, ambas en la sala final de la exhibición, haciendo bueno el dicho de que lo mejor se hace esperar.


'La Adoración de los Reyes' (Tiziano).

En la parte consagrada a Tiziano se pueden ver algunas de las obras cumbre de su período tardío, en especial, y por primera vez reunidas desde principios del siglo XIX, sus tres obras maestras destinadas a la iglesia del monasterio: El Martirio de San Lorenzo, La Adoración de los Reyes y El Entierro de Cristo. No quito mérito a ninguna, pero a mí me gusta, quizá por su aparente sencillez, la adoración de los Magos, en particular la estilizada belleza del caballo que hace una suerte de reverencia en el portal de Belén.

Aunque no soy muy fan de los tapices, me maravilla El embarque de los animales en el arca de Noé, un monumental cartón para tapiz de Michel de Coxcie, que recientemente ha restaurado Patrimonio Nacional y que se exhibe en la última sala.

'Paisaje con San Cristóbal y el Niño' (Patinir).
Y, frente a un tono más bien apagado, en ocasiones incluso sombrío, la exposición tiene hueco para el paisajismo azul verdoso de Joachim Patinir y su Paisaje con San Cristóbal y el Niño. Son fascinantes las escenas en miniatura que pinta en el fondo del cuadro, tanto la marcha de soldados que avanzan por el sendero (detrás de la figura del gigante San Cristóbal), como la muchedumbre que se arremolina en la plaza del pueblo o la hoguera que se divisa aún más a fondo del lienzo. Escenas aparentemente inconexas, igual que las de la izquierda del cuadro, que no obstante plantan una semilla de incomodidad en el espectador, como si los bonitos colores fueran la antesala de una historia con el desasosiego como protagonista.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Puduhepa, la Gran Reina hitita de la Edad del Bronce

(Más Historia de un objeto aquí y también aquí )

Los hititas fueron un pueblo legendario que dominó el centro de Anatolia (la actual Turquía) entre 1900 y  1200 a.C. En el océano de la Historia, este riachuelo de apenas setecientos años de cauce podría haber quedado en anécdota si no fuera porque los hititas se forjaron un mito de pueblo guerrero, a la vez interesado en el arte, conocedor de la escritura indoeuropea (aunque también usaban la cuneiforme) y poseedor de un cuerpo legislativo propio.
La reina hitita Puduhepa ofrece una libación
a la diosa solar Arinna Epatu (relieve).
Tras ser engullido por el Tiempo en el siglo XII a.C y pasar tres mil años enterrado, el meandro seco de la civilización hitita brotó de nuevo en 1834, cuando el arqueólogo Charles Félix Tesier (1802-1871) descubrió las ruinas de Hattusa, la ciudad que fue capital de su imperio. Y el mundo reaprendió el nombre de sus grandes reyes, entre los cuales destacan Telipinu, Mursili, el fabuloso Suppiluliuma y una mujer, Puduhepa (siglo XIII a.C.), quien tras morir su marido, Hattusili III (reinó sólo cinco años, de 1272 a 1267), tuteló al hijo de ambos como reina madre.


Impresión en arcilla del sello con los
nombres de la Gran Reina Puduhepa
(derecha) y su marido Hattuili III.  
Esa es la historia sigilosa que cuentan varios sellos impresos en arcilla, como el de la foto, que bajo un sol alado tiene escrito, en jeroglíficos, los nombres y títulos de la Gran Reina Puduhepa (derecha) y del Gran Rey Hattusili III. De hecho, cuando aún reinaba su marido, Puduhepa estampó su propio sello, junto al del rey y al del faraón Ramsés II, en el Tratado de Paz entre Egipto y los Hititas, tenido por el primer tratado de paz internacional de la historia. Todo un signo de la autoridad de esta mujer.

La influencia de Puduhepa fue tal, que no sólo actuó como lo que hoy llamaríamos reina consorte y regente, sino que gobernó conjuntamente con su hijo, Tudhaliya IV (rey desde 1237 a 1209). Así reza en otro sello que se descubrió en 1936, en el sur de Turquía, en el que aparecen madre e hijo, dedicándole a ella el tratamiento de "Puduhepa, Gran Reina, Reina del Pueblo de Hatti, amada de Hepat”. Otros hechos remarcables en la vida de Puduhepa son, por ejemplo, que ostentó el poder durante más de sesenta años y murió (¡y estamos hablando del siglo XIII a.C!.) a la avanzadísima edad de 90 años, lo que da idea de su fortaleza física y apunta a un carácter indomable que los europeos del siglo XXI vemos, a las claras, en la reina Isabel II de Inglaterra.

 

El rey hitita Tudhaliya IV, hijo
de la reina Puduhepa (relieve).
Si aún hoy asombra su legado, es fácil imaginar la fascinación y el temor que debió ejercer la monarca hitita entre sus súbditos, la mayoría de los cuales la veían como una mujer todopoderosa, más parecida a una diosa que a un ser mortal. Máxime, cuando Puduhepa fue una gobernante sabia, como se deduce de sentencias dictadas por ella en litigios que se produjeron en el reino vasallo de Ugarit.

Tal y como era común en su época, Puduhepa ejerció además como sacerdotisa y, en calidad de ello, escribió elaborados himnos a varias diosas, a las que invocaba para que garantizasen la salud de su hijo el rey.
Maathornefrura, hija de la reina
hitita Puduhepa y esposa de Ramsés II
(Relieve en Tanys, Egipto).
Aunque reinó en la Edad del Bronce, Puduhepa dejó una vasta estela que los arqueólogos han ido desempolvando y ¡quién sabe lo que falta por descubrir! Fue asimismo una gobernante que hiló fino la madeja de las uniones dinásticas, hasta el punto de que una de sus hijas, nacida alrededor de 1245 a.C. y conocida por su nombre egipcio de Maathornefrura, fue entregada en matrimonio a Ramsés II. Se desconoce su original nombre hitita. 
En este documental, narrado por la voz y la dicción impecables de Jeremy Irons, se describen muchas curiosidades sobre la antigua civilización hitita.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Janey Morris, musa de la hermandad de los Prerrafaelitas

Hace dos fines de semana visité Londres en un viaje relámpago. Si París es siempre una buena idea (afortunada frase de Audrey Hepburn [1929-1993] en la película Sabrina), Londres tampoco se queda atrás.
 
Luces de Navidad en Regent's Street (Londres).
La ciudad más cosmopolita de Europa navega bien las aguas revueltas de la crisis económica y, aunque las luces de Navidad son este año más bien austeras y las rebajas se apelotonan en los escaparates más de lo acostumbrado, sigue siendo una ciudad imprescindible.
 


Árbol de Navidad en Covent
Garden (Londres).
Londres sorprende por su amplia oferta cultural y gastronómica, por su gancho para atraer turistas y estudiantes de todo el mundo, por su catálogo de exposiciones y citas musicales, por su río navegable con marea incluida, por sus mercados callejeros…En el de Notting Hill (Portobello Road) siempre se encuentran objetos para regalar a buen precio: yo me traje dos espejitos para el bolso y un reloj de bolsillo antiguo que aún da las horas. Una de las cosas que envidio de la capital del Támesis son las exposiciones temporales de toda índole que organizan los museos y galerías de arte, la mayoría, gratuitas.
 


Janey Morris como
Proserpina (Dante
Gabriel Rosetti).
 
 

Precisamente, hace casi dos semanas vi una muestra en la National Portrait Gallery dedicada a la modelo Janey Morris (1839-1914), musa de los Prerrafaelitas, de cuya muerte se cumplen cien años el próximo enero. Janey, casada con el poeta y diseñador William Morris (1834-1896), fue la modelo fetiche del pintor Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), quien la retrató con su inconfundible, larga y frondosa cabellera negra encarnando a Pandora, a Proserpina y tantas otras figuras clásicas. Fue también amante y confidente del pintor, pese a que nunca abandonó a su marido, al parecer, por no perder a sus hijas.
 
Janey Morris tenía una forma muy peculiar de posar, una gracia singular y una mirada directa, escrutadora, que pocos asociarían con la hija de un mozo de establos y una lavandera. La pequeña exhibición que le dedica la National Portrait Gallery repasa los principales hitos en la vida de Janey, la mujer, madre y esposa, en unas fotografías tomadas por Frederick Hollyer en 1874 y otras surgidas del objetivo de Emery Walker in 1898. Hay asimismo retratos de su marido e instantáneas de sus hijas, Jenny y May, así como de sus amigos Georgiana y Edward Burne-Jones.
 
 
Janey Morris (segunda por la derecha) con
su familia y los Burne-Jones.
El marido de Janey y el pintor prerrafaelita Burne-Jones se habían conocido en su época de estudiantes y al formar sus respectivas familias se convirtieron en amigos íntimos. La imagen de la izquierda pertenece a una secuencia de fotos tomadas en 1874, en el jardín de la casa que los Burne-Jones tenían en el oeste de Londres. Janey es la segunda por la derecha, sentada delante de su marido y entre sus hijas. El resto, vistos desde la izquierda, son Richard Jones (el padre del pintor), Margaret, Edward, Philip y Georgiana Burne-Jones.

Janey en 1898, en su casa de
Klemscott Manor.
 
La musa prerrafaelita por excelencia era una mujer de carácter tímido y reservado, de gran hospitalidad y buen sentido del humor. En su círculo íntimo había desde sufragistas a poetas, arquitectos y artistas.
 
Es impactante esta foto de Janey cuando ya había enviudado. Fue tomada en mayo de 1898, en su mansión de Kelmscott Manor, y en un guiño al espectador la modelo de los prerrafaelitas aparece sentada, imitando la pose que la hizo famosa.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Busto colosal de 3.000 años del rey hitita Suppiluliuma

(Más Historia de un objeto aquí)

Aún no he estado en Turquía ni en Egipto, quizá los dos únicos sellos legendarios que faltan en mi pasaporte. Desconozco por tanto las tierras donde habitaron los faraones Tutankamón o Nefertiti. Tampoco he visitado Anatolia (la actual Turquía), cuna de los hititas, una civilización mítica que dominó esas tierras desde 1900 a.C, y que desapareció setecientos años después, alrededor de 1200 a.C., sin dejar rastro.
Cabeza colosal del rey hitita Suppiluliuma
hallada en Hatay (Turquía).
La Historia había engullido a los hititas hasta que, en el año 1834 de nuestra era, el arqueólogo Charles Félix Tesier (1802-1871) descubrió las ruinas de la antigua capital de su imperio, Hattusa. Emergieron a la luz entonces su lengua (la indoeuropea, aunque también utilizaban la cuneiforme), los restos de su arquitectura grandiosa y los nombres y hazañas de los grandes reyes Telipinu, Mursili, Suppiluliuma, Hattusili, así como la mucho menos conocida esposa de este último, la reina Puduhepa.
Puerta de los Leones de Hattusa (antigua capital
hitita, en la actual Turquía).

En los dos últimos siglos el mundo ha ido descubriendo que, pese a vivir en la lejanísima Edad del Bronce, las ciudades hititas eran monumentales, como prueban las ruinas de Hattusa y su Puerta de los Leones, de cierto parecido a la que daba acceso a Micenas, en el Peloponeso griego. Usaban jeroglíficos y produjeron un notable cuerpo legislativo, lo cual no les impidió ser un pueblo guerrero que transitó por la Historia amenazando y siendo amenazado. En una de sus guerras se anexionaron el reino de Mittani y plantaron cara a Tutankamón.
Plano de la mítica Troya, cantada por Homero.
¡Si serían épicos los hititas, que tuvieron como aliada a la misma Troya (1800-1250 a.C.) cuando se produjo la campaña que narra Homero en La Ilíada! En el reino legendario de los hititas, los soberanos se hacían llamar Mi Sol, como los faraones, y al igual que aquellos adoptaron el símbolo del disco solar.

El monarca hitita por excelencia fue Suppiluliuma (1344-1322 a. C.), gran militar y estratega, que se enfrentó con éxito a los egipcios y organizó los territorios conquistados en dos virreinatos (uno para cada hijo) que funcionaban como frontera oriental del imperio. También guerreó contra los asirios.
La figura de Suppiluliuma fue grandiosa, pero sobrestimó su poder cuando la viuda del faraón Tutankamón, en son de paz, le pidió que le enviara a uno de sus hijos para convertirse en el nuevo gobernante egipcio. El vástago de Suppiluliuma nunca llegó a tierras del Nilo, pues fue asesinado durante su viaje, motivo por el cual los hititas declararon otra guerra. Al final, como a menudo enseña la Historia, los poderosos también tienen pies de barro, y así el gran rey hitita no murió en el campo de batalla, sino a causa de una epidemia de viruela contagiada por los prisioneros de guerra egipcios.
Darren Joblonkay, descubridor del busto
colosal de Suppiluliuma.
La última aparición estelar del mítico Suppiluliuma se produjo en agosto del año pasado, cuando el aprendiz de arqueólogo Darren Joblonkay, de tan sólo 23 años, encontró una colosal cabeza de piedra en las excavaciones de Hatay (Turquía). La escultura, a sus bien conservados 3.000 años de antigüedad, tiene una inscripción jeroglífica en la espalda que la identifica como Suppiluliuma I y presenta al monarca desde la cintura. Mide casi metro y medio de altura, lo que sugiere que la longitud total del cuerpo alcanzaría los 3,5 metros.
Rostro con rasgos de hieratismo en la
estatua del rey hitita Suppiluliuma.
Desde su hieratismo, y con la característica barba común a pueblos como los vecinos asirios, el monarca hitita mira de frente con los ojos bien abiertos, como si acabara de despertar de un sueño de miles de años y no diera crédito a lo que procesan sus pupilas.
Es una estatua impresionante, bellísima, que los turistas de paso por Anatolia podrán admirar pronto en el Museo Arqueológico de Hatay. De momento, los arqueólogos ya la han etiquetado como un perfecto ejemplo de la sofisticación que lograron las culturas de la Edad de Hierro al este del Mediterráneo tras el colapso de los imperios de la Edad de Bronce, a finales del segundo milenio a.C.
¡Casi nada!
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

jueves, 24 de octubre de 2013

'Al volver la esquina', novela póstuma de Carmen Laforet

(La insolación, de Carmen Laforet, aquí)

Protesta femenina, curiosidad intelectual y preguntas sobre la identidad son tres de los elementos en los que indagan las novelas de Carmen Laforet (1921-2004) y que la acercan a otras autoras de su época, entre ellas, Josefina Aldecoa, Ana María MatuteCarmen Martin Gaite. 
La escritora Carmen Laforet
(1921-2004).
Son además tres elementos muy presentes en Al volver la esquina (2004), la segunda parte de la trilogía inacabada Tres pasos fuera del tiempo, una historia de tres momentos cruciales en la vida de Martín Soto, el único protagonista masculino de Carmen Laforet. El primer libro, La insolación (1963), está ambientado en la década de los años cuarenta del siglo XX; Al volver la esquina se sitúa en los años cincuenta; y la tercera novela, que debería de haberse titulado Jaque mate (pero que, si se terminó de escribir, se ha perdido y quizá nunca vea la luz), tenía como marco la España de los años sesenta.
'Al volver la esquina', de
Carmen Laforet (2004).
Ante todo, Al volver la esquina es un magnífico ejemplo de novela psicológica, escrita (la autora confesó que la tenía acabada en 1973) en la posguerra española, aunque no vio la luz hasta la muerte de la escritora, en 2004. Sin embargo, ni la historia ni los personajes suenan anticuados, ni sus páginas rechinan pidiendo a gritos ser lubricadas con algo más que capas de lustroso aceite.

El Martín Soto adolescente de La insolación se ha convertido en un joven pintor bohemio de 24 años que busca sentido a su existencia, casi del mismo modo que lo hacía cuando, a sus catorce años, conoció a los hermanos Anita y Carlos Corsi, aquel lejano verano, en un pueblo asomado al mar de Levante.
Carmen Laforet (1921-2004), en una foto sin fechar.
Al igual que la España de los años cincuenta, el protagonista de Al volver la esquina vive rodeado de carencias y pobreza, aferrado a su arte sin demasiada esperanza, hasta que se reencuentra con Anita, en una lluviosa noche toledana. Volverá así a entrar  en contacto con el universo extravagante y frívolo de sus antiguos amigos, se verá arrastrado por la nostalgia, consumido por los celos y el capricho, avanzando al dictado de las reglas reescritas de la amistad.
Carmen Laforet (fotografía
sin fechar).
Por el camino, el protagonista pondrá color a su mundo de estrechas miras y, de paso, coloreará la España que se miraba el ombligo roñoso, sin querer, queriendo, salir a la superficie, como un buzo en su primera bocanada de aire tras una inmersión especialmente ardua.

Las vicisitudes de la publicación de esta novela las explica en el prólogo el hijo de Carmen Laforet, Agustín Cerezales (1957), que junto a su hermana Cristina Cerezales (1948) son los responsables de la edición póstuma. Es así como el lector se entera de que Carmen Laforet murió un mes antes de tener en las manos el último producto de su fiebre literaria. Llevaba años recluida en un sanatorio-residencia, sumida en el mutismo y alejada de todo y de todos.