domingo, 30 de junio de 2013

La Acrópolis y el Partenón: cómo eran y cómo son (II)

(Más sobre el Partenón y la Acrópolis aquí)

Vista aérea de la Acrópolis de Atenas
como debió ser en el siglo V a.C
Ni el Partenón era del todo blanco, ni los templos y estatuas que se desperezaban por la colina sagrada de Atenas eran en su origen monocromáticos, pese a las palabras que el filósofo e historiador Ernest Renan (1823-1892) legó a la posteridad en 1865, al avistar la Acrópolis. “Hay un lugar donde la perfección existe”, escribió Renan, maravillado por la brillante blancura de las columnas marmóreas, apabullado por la belleza de esas piedras milenarias. En 1865, para Ernest Renan, contemplar la Acrópolis fue como presenciar un milagro.

Aunque el mito de la blanca Grecia fue descartado ya a finales del siglo XIX y desmontado en las últimas décadas del XX, el visitante del siglo XXI que sube la escarpada cuesta de la colina ateniense para admirar de cerca los Propileos, el Partenón y las recias cariátides del Erecteion, sólo puede admirar los monumentos en blanco, aunque sepa y haya visto reconstrucciones de su aspecto original.

La cerámica arcaica, como ésta con la muerte del
Minotauro (siglo VII a.C.), con figuras negras sobre rojo,
muestra el gusto griego por la policromía.
Un libro de Philippe Jockey desmenuza cómo los frontones de los templos y los frisos esculpidos a partir del siglo V a.C. estaban realzados con vivos colores, lo mismo que, siglos después, las catedrales medievales asombrarían con sus brillantes colores. El libro de Jockey narra cómo los hallazgos arqueológicos y las nuevas tecnologías permiten hoy comprender por qué el mítico escultor Praxíteles (siglo IV a.C.), cuando se le preguntaba cuál de sus esculturas prefería, contestaba: “Aquellas en las que Nicias (un famoso pintor del siglo IV a.C.) ha puesto su pincel”, pues, en esa época, las estatuas se pintaban a la vez que se tallaban.
'Poseidón' (izquierda) del Museo Arqueológico
de Atenas (sala escultura clásica).
¿Por qué durante más de veinte siglos se pensó que a los griegos no les gustaba la policromía y todo lo hacían de color blanco? Según la obra de Philippe Jockey, el blanqueamiento tuvo su origen en la época imperial romana, cuando los grandes compradores de arte griego preferían las estatuas de bronce y, especialmente, mandaban hacer copias en mármol blanco de coloridos originales helenos. La leyenda del blanco en el arte griego se observa en el mito de Pigmalión, creado por Ovidio (43 a.C.-17 d.C.), según el cual el rey de Chipre Pigmalión se enamora perdidamente de una estatua de marfil "blanco como la nieve".

Más tarde, con la cristianización del Imperio, el blanco se convirtió en sinónimo de santidad, pureza y vida eterna. Y con el Renacimiento no sólo se perpetúa el blanco marmóreo como ideal de belleza, sino que toda la Antigüedad en sí misma pasó a ser concebida en ese color, concentrados los pintores, escultores y arquitectos en la figura humana, no en el color.

Irónicamente, el mito de la Grecia blanca alcanzó su apogeo en el siglo XIX, que fue precisamente cuando más se acumularon las pruebas de que tanto los edificios como las estatuas antiguas eran en su origen de ricos colores. Un solo ejemplo: el cónsul de Francia en Atenas, en 1798, realizó la siguiente descripción del Partenón: “Todo él estaba pintado”. Sin embargo, la mayoría de occidentales se negaron a admitir lo obvio.
 
'Atenea pensativa', relieve
de 460 a.C. con restos de
policromía en los pliegues. 
Incluso, cuando Grecia logró zafarse de la dominación turca y consiguió la independencia, en 1830, trató de lavar toda influencia oriental mediante la reivindicación de su idioma clásico y de sus edificios portentosos, entre ellos, el mito del blanco. Fue así cómo el anciano y algo decrépito Partenón se convirtió, con su perfil níveo, en el símbolo de la restauración nacional

Como quiera que sea, el blanco griego es un mito, como todos los que subsisten en la escala académica y pueblan las fantasías de medio mundo que se pasea por Grecia (aunque sea en los adocenados cruceros veraniegos por el Mediterráneo), pero ese país, hoy arruinado y bajo la tutela de la troika, lleva más de veinticinco siglos de adelanto sobre el resto.

Marguerite Yourcenar, autora
de 'Memorias de Adriano'.

Y son legión quienes piensan como lo hacía la escritora Marguerite Yourcenar (1903-1987), autora de Memorias de Adriano, una biografía novelada del emperador romano que más amó la Grecia clásica. Yourcenar escribió: "¿Qué más se puede hacer, a qué más se puede aspirar en este mundo, después de haber tallado la más perfecta estatua en un mármol de un blanco más que perfecto?".

miércoles, 26 de junio de 2013

El Parque de los Monstruos de Bomarzo (y II): la novela

(Más sobre Bomarzo aquí)

El escritor Manuel Mujica Lainez (1910-1984).
El escritor argentino Manuel Mujica Lainez (1910-1984) fue el responsable de la fama mundial del Parque de los Monstruos de Bomarzo. De su visita al lugar, el 13 de julio de 1958, brotó la idea de una gran novela histórica que aunara la recreación del mundo renacentista de príncipes, condottieros, bufones y artistas, y el relato biográfico del intrigante, pérfido y muy inteligente duque Pier Francesco Orsini (1512-1583).
Tortuga gigante caminando por el Parque
de los Monstruos de Bomarzo (Italia).
Yo estuve en Bomarzo en agosto de 2002, junto a mi compañero de fatigas, como parte de un viaje que primero nos llevó a Sicilia y luego al continente. Nada más aterrizar en Roma (desde Palermo), alquilamos un coche en el aeropuerto y pusimos rumbo norte, para llegar en apenas cien kilómetros a la altura de Viterbo y de Orte. El parque de Bomarzo, también conocido como el boque sagrado, es un espacio laberíntico, repleto de esculturas enormes, grotescas y desasosegantes, mandadas construir en la segunda mitad del siglo XVI por Pier Francesco Orsini. El lugar me impresionó, pero las musas no me inspiraron como al novelista argentino.
 
Edición clásica de 'Bomarzo'
(Seix Barral).
Mujica Lainez tardó dos años en escribir las 700 páginas de Bomarzo, pero la posteridad le ha recompensado, pues es y será recordado por avivar la leyenda de este jardín boscoso. Por supuesto, la novela se vende en la tienda del parque, donde los guardianes transmiten su particular leyenda oral. Así, hablan al visitante del extraño escritor que un día llegó al pueblo, se instaló en un palacete durante semanas, bajaba cada mañana al parque y apuntaba en una libreta lo que las piedras le susurraban. La realidad es que el novelista, según confesión propia, estuvo en Bomarzo unas pocas horas.
Mujica Lainez murió muy lejos del lugar que le dio la fama. Tenía 74 años cuando expiró en su finca El Paraísoen la Córdoba argentina. De familia ilustre (su linaje llegaba hasta Juan de Garay, el fundador de Buenos Aires), estudió en París, fue periodista y autor de una larga carrera: desde su primer libro de relatos, Aquí vivieron, pasando por media docena de novelas que labraron su prestigio como narrador, hasta que en 1962 Bomarzo lo hizo célebre.

Hasta los bancos parecen a punto de
levantarse y echar a andar en Bomarzo.
Toda la novela es un relato en primera persona del segundo hijo del duque de Bomarzo, el jorobado Pier Francesco, que hereda título y posesiones tras la muerte de su hermano mayor, de la que él mismo es culpable indirecto. A partir de ahí, Mujica Lainez sumerge al lector en las intrigas y crímenes que el duque contrahecho ordena para alcanzar sus fines.
En puridad, Bomarzo es la historia de un típico noble renacentista, ilustrado, a la vez poeta, traductor del latín, algo rijoso, armado caballero por el emperador Carlos V en Bolonia, y hasta espectador de la batalla de Lepanto, poco después de la cual morirá envenado. Como nota curiosa, antes de la batalla de Nápoles, Pier Francesco Orsini conoce a un camarero del cardenal Aquaviva, un tal Miguel de Cervantes, quien le regalaría un libro de Garcilaso de la Vega.

Queda la duda de si, como Mujica Lainez le hizo decir al duque de Bomarzo, "un día morirán los monstruos de piedra erigidos por mi orgullo". De momento, cuando apenas faltan tres décadas para que cumplan quinientos años, los monstruos siguen en pie, tumbados, semienterrados, despedazándose, luchando y asombrando, casi como el día en que Pier Francesco Orsini los mandó esculpir. Y, lo mismo que medio siglo atrás, seguimos sin saber por qué o para qué fueron tallados en la piedra y diseminados por los rincones de este bosque sagrado.

martes, 18 de junio de 2013

La Acrópolis y el Partenón: cómo eran y cómo son (I)

(Más sobre el Partenón aquí)

Atenas es mucho más que la Acrópolis, y ésta bastante más que el Partenón. Sin embargo, es imposible hablar de la capital griega sin que la mente se pueble de fotografías, recuerdos y vívidas imágenes de los mármoles blancos que resisten, unos erguidos y otros tumbados, en la mítica colina que diseñó el no menos  mítico Pericles. Elegido por el pueblo en 461 a.C, hizo de Atenas la capital del mundo por su esplendor en las artes, la cultura y las letras, y fue él quien mandó construir la Acrópolis clásica, la que a trompicones ha llegado a nuestros días.

Reconstrucción de la colina sagrada de la
Acrópolis (Atenas) en el siglo V a.C.
Pero, ¿qué aspecto tenían los edificios de la Acrópolis en los primeros siglos? ¿Cómo se construyeron sus templos? ¿En verdad eran tan níveos los mármoles o a los griegos clásicos les gustaba la policromía?

Odeón de Herodes Ático en 161 d.C.
A los pies de la colina en el lado sur se encuentra el Odeón de Herodes Ático (161 d.C), el más importante de la Atenas antigua. En la fachada tenía varias filas de aperturas sucesivas en arcos y tanto las entradas a la escena como las escaleras estaban pavimentadas con mosaicos.

Restos del Odeón de Herodes Ático (Atenas).
En su aspecto original, en la esquina superior izquierda se podía ver la entrada a los Propileos de la Acrópolis; a la derecha se apreciaba el Pórtico de Eumenes; y delante existían varias mansiones típicas del periodo de la dominación romana de Atenas. Hoy el Odeón se usa para conciertos de música y óperas, pero su interior está casi todo reconstruido. Eso sí, los restos de la fachada siguen siendo imponentes, diecinueve siglos después.

Propileos de la Acrópolis en 432 a.C.
Ya desde la remota época micénica (1600-1100 a.C.), la entrada a la roca sagrada que es la Acrópolis se hacía por el oeste. En tiempos de Pericles se levantaron los Propileos (437-432 a.C.), de estilo dórico, para que sirvieran de acceso monumental, y de hecho, la subida se hacía por una rampa de 80 metros de largo por 20 de ancho.
Propileos de la Acrópolis actuales.
Humanos y animales de carga subían en la época clásica por esta rampa, así como los bueyes y corderos que se sacrificaban en las grandes procesiones, como la de la Panateneas (esculpidas en los mármoles del Partenón). El techo de los Propileos estaba formado por placas de artesonado que se sostenían en vigas de mármol. La columnata de la izquierda daba acceso a la Pinacoteca, donde, al modo de los actuales museos, colgaban cuadros de artistas del siglo V, como Polignoto.
Imagen reconstruida del Erecteion. 
El Erecteion (421-406 a.C.), un pequeño templo de estilo jónico, estaba dedicado a varias deidades atenienses. Su vista más famosa es la fachada sur, concretamente el techo, sostenido por las estatuas de seis Cariátides. Se desconoce el nombre del arquitecto, que tuvo que lidiar con las desigualdades del terreno y con la variedad de dioses y héroes que allí se veneraban: la Madre Tierra, Hefestos, Atenea, Poseidón y Erecteo (conquistador de Eleusis que llevó la civilización al Ática), entre otros.

El Erecteion y sus seis Cariátides hoy.
Con todo, las diosas del Erecteion son las seis Cariátides, que miran con orgullo al Partenón y a la vía sacra. Una se la llevó a Londres Lord Elgin cuando perpetró el pillaje de los mármoles y está en el British Museum. Las otras se hallan en el Museo de la Acrópolis, para protegerlas de la contaminación, de modo que las que se ven en el templo son copias de las originales.
Este jueves, 20 de junio, el Museo de la Acrópolis cumple cuatro años y están de fiesta. Las salas abrirán desde las 8 a las 24 horas y el precio será reducido: 3 euros. Los visitantes podrán descubrir, con ayuda de guías del museo, historias curiosas de los mármoles, frisos, esculturas y utensilios hallados en la Acrópolis. Una buena ocasión para ver de cerca las Cariátides y comprobar cómo avanza el proceso de limpieza por láser, que se desarrolla a la vista del público.

jueves, 6 de junio de 2013

María Dueñas y Marga Clark, en la Feria del Libro

(Más sobre la Feria del Libro aquí)

Los días de la Feria del Libro dan para mucho, sobre todo los fines de semana, cuando se dejan caer por el Retiro los autores para estampar su firma en los ejemplares de sus obras. Hay bastante de mitomanía y de caza al famoso en ese cara a cara con los escritores, que además del calor deben soportar los continuos disparos de cámaras fotográficas o de móviles, como en mi caso.


María Dueñas, en la Feria del Libro 2013.
En las dos horas que pasé entre casetas el sábado pasado me traje algunos recuerdos, varios libros y una guía de viajes. Este fin de semana repito, y ya os contaré. A la primera que vi fue a María Dueñas (1964), que son su Misión Olvido aspira a repetir el abrumador éxito de ventas logrado con la debutante El tiempo entre costuras. Tengo que decir que la escritora es aún más guapa al natural que en las fotos, con una sonrisa radiante y muy agradecida a los lectores. Es una mujer inteligente y con aspecto de muy lista. Doctora en Filología Inglesa y profesora titular en la Universidad de Murcia, actualmente está en excedencia, pero a lo largo de su carrera ha impartido clases en universidades norteamericanas, al estilo de Carmen Martín Gaite en Nueva York.


Marga Clark, escritora, poeta
y fotógrafa.
Marga Clark estuvo asimismo firmando ejemplares de su novela Amarga luz, de la que ya he hablado en este blog y que no me canso de recomendar. Conocí a Marga en la pasada Feria del Libro de Madrid, una calurosa tarde de junio, mientras yo curioseaba en la caseta de El Funambulista y ella saludaba a unos conocidos.
Tras una breve charla sobre blogs y mujeres, compré y me firmó la novela, en la que reivindica la figura de su tía paterna, la escultora Marga Gil Roësset (1908-1932), muerta (literalmente) de amor por Juan Ramón Jiménez. El gran acierto de Marga Clark en este libro ha sido el de recrear la vida y obra de su tía, una artista precoz, que a los 15 años dominaba el dibujo y la escultura, y a quien profesores y críticos le auguraban un gran futuro.
 
Rosa Montero, periodista
y escritora, en la Feria 2013.
El sábado pasado coincidí también con Rosa Montero (1951), que fiel a su cita con la Feria del Libro, cada año aparece más atractiva y sonriente, como si fuera inmune al calor, a la crisis y al paso del tiempo. Es una autora que siempre tiene gente a la que firmar, no grandes colas, pero sin duda trabajo no le falta a su muñeca. Yo la sigo desde hace años como articulista en El País y siempre me encantó su estilo como entrevistadora, además de compartir su vena feminista y contestataria. Su obra de ficción me gusta menos, pero aun así me acerco a verla siempre que puedo.


Ángeles Mastretta, bestseller mundial
desde 'Arráncame la vida'.
Nunca había visto en persona a Ángeles Mastretta (1949), la escritora y periodista mexicana bestseller, que está presentando estos días su libro de memorias La emoción de las cosas, publicado en 2012. Me recordó un poco a Alicia Alonso mezclada con Isabel Allende, y no sé si eso es bueno o malo. Mastretta tenía mucho público esperando la dedicatoria de sus libros. Quizá su novela más conocida internacionalmente sea Arráncame la vida, cuyo poderoso título ya da idea de la clase de libro que es. Fue llevado al cine como gran éxito y narra la historia de Catalina Guzmán y su lucha contra la opresión de su marido, un general en el México de los años treinta.
 
La periodista Mara Torres.
 
Y también en la Feria del Libro de Madrid estaba Mara Torres, periodista de La 2 reconvertida en escritora de cierto éxito, que es una ambición muy legítima a la que aspiramos muchas de nosotras.
Firmaba La vida imaginaria, que estuve tentada de comprar hasta que recordé que esa novela fue finalista del premio Planeta 2012, y ya sabe el rigor y la absoluta transparencia con que transcurre la concesión de ese galardón. Eso sí, Mara Torres, muy simpática y bastante guapa.