viernes, 20 de abril de 2018

'La gran belleza': relatos, poesía y revulsivo cultural


(Más sobre la escritora Carmen Estirado)


Me  ha encantado participar en el primer número de La gran belleza, una revista literaria trimestral efímera, bella y primorosamente editada (cada ejemplar está numerado a mano y no hay dos iguales) que es también un movimiento en defensa de la cultura y una web donde se irán publicando noticias y entrevistas.

Carmen Estirado (directora editorial) y Rubén Hurtado (director de Arte) son los padres de la criatura y se proponen crear una comunidad literaria y convertirse en foro (y ojalá en faro, añado yo) para escritores y lectores. La revista se edita solo en papel, se ha financiado con crowfunding y se puede comprar en lagranbelleza.es/producto/revista-no1 y en las librerías Sin Tarima y La Lumbre y el café La InfinitoEn sus casi setenta páginas caben diez relatos, diez ilustraciones, una fotografía y un poema, producidos por 23 artistas.


El primer relato se titula La belleza, si es que la hay, escrito por Óscar Rough e ilustrado por L´Aventure du Cazo, con el recuento de una cotidianidad casi miserable. La antiheroína de Parvas, firmado por Alejandro Morellón con ilustración de Pablo Gallo, experimenta la belleza en medio del tumulto por la euforia de las drogas. Esther García Llovet escribe y Fernando Parrilla ilustra El 6 y el 4, un relato con argumento y personajes intrigantes y final sorprendente. En Éxodos emocionales Lidia Casado tensa la fibra sensible del lector con una historia familiar de regreso al pasado. La ilustración es de Lina Castellanos.

Etapas, de Silvia Fernández Díaz (ilustración de Samuel Granados), y Entre el grosor y la nada, de Florencia del Campo con ilustración de Sofía del Mar, llevan al lector de viaje en pos del amor incurable que pisa los talones a la belleza (¿o será al revés?). No sabía nada de Ángel Jaquem antes de leer Maquíllate (ilustrado por Iván Ordás), pero le seguiré la pista. Es muy interesante Mar Charneco, autora de Ave del paraíso (ilustrado por Daniel Rosés), por su capacidad para extraer belleza de la fealdad. En Otra de las habituales entrevistas de la sección, de Alberto Guirao con ilustración de Marina Marín, un periodista interroga a su entrevistada, que se complace en jugar con él al gato y al ratón.


Julio Linares ilustra 'Dos océanos'.

'Dos océanos', mi relato en la revista
'La gran belleza'.


El relato que cierra la revista se titula Dos océanos, escrito por Pepa Montero (sí, yo misma) e ilustrado por Julio Linares. Desde ahora me declaro fan de las pinturas del “niño que quería hacer la Comunión en chándal”, más conocido como Julio Linares. Ha ilustrado mi relato con un paisaje (el único de la revista) desnudo de personajes, austero, trazado a base de respingones triángulos y envolventes círculos que se tocan fugazmente, sin traspasar ninguno la barrera del otro. Así sucede también en mi cuento Dos océanos, donde exploro la belleza de la palabra amigo, la beldad de los sentimientos sin velo, los preciosos instantes que nos permiten tocar la eternidad con los dedos.



miércoles, 18 de abril de 2018

¿Quién es la misteriosa Mrs. Gratwick que Sorolla retrató?

(Más sobre mujeres y pintura y otra mujer enigmática)

El retrato de Mrs. William H. Gratwick (1875-1950) es el que más me ha impactado entre los que integran la exposición Sorolla y la moda, abierta hasta el 27 de mayo en el Museo Sorolla de Madrid.

´Mrs. William H. Gratwick',
retratada por Joaquín Sorolla
en el año 1909.
El cuadro es sorprendente por la sensualidad que irradia, una cualidad que resulta inusual en la obra de este pintor; sorprendente asimismo por el contraste entre el negro intenso del vestido y del canapé, en contraposición con la palidez de rostro, del escote y de los brazos de la retratada; sorprendente por la escasa información sobre quién fue Mrs. William H. Gratwick; y sorprendente, en fin, porque este cuadro ha participado en varias exposiciones sobre la obra de Joaquín Sorolla (1863-1923) y podría suponerse que existirían montañas de datos sobre él. Pero no es así.

William H. Gratwick II, marido de
Emilie Victorine Piolet Mitchell
Gratwick, dama que Sorolla pintó.

La atractiva Emilie Victorine Piolet Mitchell Gratwick era esposa de William H. Gratwick II, hijo del magnate estadounidense William Henry Gratwick (1839-1899), quien creó un imperio en Búfalo con el comercio de maderas y su flota de barcos en el lago de Erie. A su muerte, poseía una fortuna valorada en 1,1 millones de dólares; el equivalente a 32 millones de dólares de la actualidad. La esposa de este patriarca (y suegra de Emilie) se llamaba Martha Weare Gratwick (1839-1916) y se dedicaba a la filantropía; fundó el Laboratorio de Investigación Gratwick en la Universidad de Búfalo. Así pues, los primeros Gratwick eran personas muy pudientes en la sociedad estadounidense de finales del siglo XIX, y sus descendientes continuaron siéndolo en los círculos neoyorquinos de inicios del siglo XX.


Edificio principal de Linwood Gardens, mansión
 de la familia Gratwick en Pavillion (Nueva  York).
Sorolla pintó a Mrs. Gratwick II en 1909, año en el cual el matrimonio casi había acabado de construir su residencia de verano, Linwood Gardens, con más de 130 hectáreas, en Pavillion (Nueva York). Esta propiedad, concebida como casa de campo y edificada entre 1901 y 1910, es en la actualidad una mansión privada que se abre al público durante el Festival anual de la Peonía y figura como lugar histórico del Estado de Nueva York.

La dama inmortalizada por Sorolla, la primera señora de Linwood Gardens, era hija del reverendo Dr. Samuel S.Mitchell (1839-1919), octavo pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Búfalo (1880-1904). En esta iglesia, durante la Exhibición Panamericana de 1901, Theodore Roosevelt asistió al servicio religioso dos veces: la primera como vicepresidente y la segunda, tras el asesinato del presidente William McKinley.  El padre de nuestra retratada llegó a desayunar con Roosevelt, a quien conocía del tiempo (1869-1878) en que oficiaba como reverendo en Washington, D.C.

William H. Gratwick III, hijo de Mrs. Gratwick,
engrandeció Linwood Gardens y plantó
los árboles de peonía japoneses.
Cuando Sorolla la pintó, Mrs. Gratwick y su marido, el citado William H. Gratwick II, tenían ya sus cuatro hijos: Roger (1899-1985), Mitchell (1900-1982), Theresa (1906-1985) y (¡cómo no!) William H. Gratwick III (1903-1988). Este último sería el artífice del engrandecimiento de la casa familiar: importó 115 árboles de flor de peonía de Japón y 500 semillas de peonías japonesas. El hijo de nuestra retratada era un horticultor entusiasta que incluso desarrolló plantas híbridas. En 1933 se instaló en la propiedad, construyó un invernadero de plantas raras y rediseñó los jardines.

Lee Gratwick, nieta de Mrs. William H. Gratwick, en
 2016. Vive y cuida Linwood Gardens, la residencia
edificada para su abuela y que agrandó su padre.
Hoy en día, la estirpe de Mrs. Gratwick sigue habitando Linwood Gardens: su nieta Lee Gratwick (hija de William H. Gratwick III) vive allí y se ocupa de preservar la propiedad y los jardines, con ayuda de su hija, Clara Mulligan, y de su nieta Holly Walson. Las tres organizan el Festival anual de la Peonía, que este año se celebrará los días 19, 20, 26 y 27 de mayo, y 2 y 3 de junio. Así que, mientras el retrato pintado por el español Sorolla mantiene viva la imagen de la norteamericana Emilie Victorine Piolet Mitchell Gratwick, sus descendientes femeninas trabajan para que su legado no caiga en el olvido.

miércoles, 28 de marzo de 2018

De Penélope a May: mujer y poder según Mary Beard


(Más sobre la latinista Mary Beard y sobre Roma clásica)

Mary Beard, catedrática de Historia Clásica en
Cambridge, escritora y premio Princesa de Asturias 2016.
Mary Beard (1955) es una feminista comprometida además de una reconocida historiadora y divulgadora de la Antigüedad clásicaexperta asimismo en el uso de las redes sociales (twitter  @wmarybeard ) para difundir y defender sus mensajes. Se hizo muy conocida por el gran público a raíz de su programa en la BBC llamado Meet the Romans with Mary Beard




Esta catedrática en el Newnham College de Cambridge, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y autora de libros como SPQR o El triunfo romano, relata en su última obra, Mujeres y poder, cómo la historia trata a las mujeres poderosas, desde Penélope, Medusa o Atenea hasta las contemporáneas Hillary Clinton o Theresa May.


Es un libro escrito con ironía y sabiduría, donde Beard dibuja un detallado mapa de las raíces culturales de la misoginia y revela detalles tan significativos como que Margaret Thatcher solía tomar clases de dicción para tener una voz más grave y así poder sonar como un hombre. La autora demuestra hasta qué punto la imagen cultural que tenemos es masculina, y advierte algunos signos de mejoría, pero aun así afirma que pasarán siglos antes de que la mujer sea percibida como un referente cultural, social y de poder al mismo nivel que el hombre. Ella lo sabe por experiencia propia, ya que trabaja en una universidad muy masculina y muchas veces era la única mujer en su facultad (eran veintiséis hombres y ella). 

Hillary Clinton retratada como Medusa
con Donald Trump como Perseo
.
En Mujeres y poder Beard cuenta sus propias experiencias de sexismo y hasta las agresiones de género que ha soportado en las redes socialesNo teme admitir ciertas críticas al feminismo blanco que se practica mayoritariamente, por y para una mujer blanca "privilegiada", cuyas situaciones poco tienen que ver con las de otras mujeres que están en prisión, sometidas en países integristas o esclavizadas en naciones tercermundistas, etc. Pero esa enorme distancia entre las necesidades de unas y otras mujeres no debe hacernos pelear entre nosotras, advierte la catedrática, sino impulsarnos a ser más coherentes y colaborar más.

Vaso griego de figuras rojas (siglo V a.C.) con
Penélope y su hijo Telémaco esperando a Ulises
.
En este libro también se aborda la influencia que las religiones han tenido y tienen para imponer a la mujer un patrón de comportamiento, asignándoles su lugar en sociedades rígidas hechas por y para mayor gloria de los hombres.

domingo, 11 de marzo de 2018

Bridget Holmes: de limpiar orinales a adornar Windsor

(Más artistas inglesas y vindicación de mujeres poco conocidas)

Antes de Bridget Jones existió Bridget Holmes, y también se merece que le dediquen una película¿Quién fue esta mujer, a todas luces de ascendencia modesta, cuyo retrato ocupa un lugar preeminente en el castillo de Windsor,  dentro en los apartamentos de Estado?

Retrato de Bridget Holmes
 (Riley y Clostermann) en Windsor.
Bridget Holmes (1591-1691) fue una criada de la familia real inglesa que comenzó a trabajar para Isabel I como encargada de limpiar los orinales y hacer la limpieza de las habitaciones reales. Sirvió a la corona durante los reinados de Carlos I, Carlos II, Jaime II, Guillermo III y María II, y conoció a los futuros monarcas Ana, Jorge I y Jorge II. 

Debió de ser una sirvienta bien pagada: en el año 1685, según consta en el libro de cuentas del rey, le abonaban 60 libras de salario, 10,10 libras para alojamiento y 21,5 libras para artículos de primera necesidad.

'Ejecución de Carlos I' (artista desconocido),
en National Portrait Gallery de Londres.
Bridget Holmes fue especialmente fiel a la corona inglesa: estaba al servicio de Carlos I cuando este fue decapitado y, pese a que la ejecución del monarca supuso el fin de la monarquía en el año 1649, incluso así ella permaneció leal y unida a la casa real, hasta que en 1660 se produjo la restauración. Por descontado, cuando Inglaterra regresó al sistema monárquico, Bridget Holmes también volvió a servir al rey, que para entonces era Carlos II.

En el año 1686 otro rey, Jaime II, decidió recompensar la fidelidad y el tesón de esta mujer, para lo cual encargó a los pintores John Riley (1646-1691) y John Closterman (1660-1711) que realizaran un retrato de Bridget. Esta pintura, que la muestra cuando tenía ya 96 años, es uno de los pocos retratos existentes de miembros de la clase trabajadora anteriores al siglo XVIII. Habitualmente se exhibe en los apartamentos de Estado del castillo de Windsor.

Bridget Holmes murió siendo centenaria y hasta el final de sus días permaneció leal al servicio de los Estuardo. Está enterrada en el claustro de la abadía de Westminster, con un monumento que detalla los monarcas a los que sirvió. Se cree que es una de las criadas con más años en activo en la historia real.

lunes, 5 de marzo de 2018

Fortuny y las mujeres


(Más sobre pintoras y sobre mujeres en la pintura)     

Mariano Fortuny (1838-1874) es un pintor con mala prensa, ninguneado por la crítica durante el siglo XX, considerado un artista superficial, decorativo, que ensalzaba la burguesía decimonónica para hacer fortuna. Sus cuadros más conocidos (retratos y escenas árabes) son vistos por gran parte de la crítica como banales ejercicios estéticosAlgunos de estos prejuicios se ponen ahora a prueba en la exposición que el museo del Prado le dedica hasta el día 18.

'Cecilia Madrazo' (M. Fortuny, 1874),
en el British Museum
Fortuny ha sido también cuestionado por su relación con las mujeres, pese a que pintó desnudos y retratos femeninos en varias ocasiones; estuvo casado hasta su muerte con Cecilia de Madrazo (1846-1932), hija del también pintor Federico Madrazo; y tuvo dos hijos, a quienes también retrató. No obstante, ni en los desnudos ni en los retratos de burguesas que realizó se advierte una admiración especial hacia la mujer ni tampoco una sensualidad particular.

'Carmen Bastián' (Mariano Fortuny, 1871-72),
en MNAC de Barcelona.
De hecho, es la forma tan distinta en la que Fortuny pintó alguno de sus desnudos (por ejemplo, el óleo Carmen Bastián, que acabó dos años antes de morir y que es un desnudo brutal a base de pinceladas rabiosas) lo que ha llevado a ciertos expertos, como el galerista Artur Ramon, a decir que a Fortuny en realidad no le atraían las mujeres y que, pintándolas, se vengaba de ellas.

'Odalisca' (Mariano Fortuny, 1861),
en MNAC de Barcelona.
El (en mi opinión, vulgar) retrato de la gitana Carmen Bastián sorprende además por el color de las ropas que viste la modelo, casi de idéntico tono con las que, dos años más tarde, Fortuny pintará a su esposa, Cecilia de Madrazo, cosiendo en el patio de su casa (lienzo que hoy se conserva en el British Museum de Londres). Además, pocos desnudos me resultan tan poco sugerentes como la rígida y academicista Odalisca (1861).


'Un marroquí' (M. Fortuny, 1869). 
Muy diferente es el tratamiento que Fortuny otorga a las figuras masculinas, en particular a sus hombres árabes, que con frecuencia exudan fuerza y exotismo y a quienes el artista suele rodear de un aura de misterio y hasta de sensualidadDos ejemplos de ello son los lienzos Árabe apoyado en un tapiz (1873), frente al cual los ojos se me quedaron prendados, y Un marroquí (1869), pintado con la mitad del pecho descubierto y poseedor de una mirada fija en el espectador, al que podría hipnotizar por su evidente magnetismo.

'Los hijos del pintor en el salón japonés'
(Mariano Fortuny, 1874), en museo del Prado.
Mariano Fortuny vivió tan solo 36 años y, para mí, sus obras más bellas las pintó en los últimos dos años de vida: las ya citadas Cecilia de Madrazo (1874) y Árabe apoyado en un tapiz (19873), junto a Los hijos del pintor en el salón japonés (1874).

'Jardín de la casa de Fortuny' (M.
Fortuny y R. Madrazo), en el Prado
.
También me parece extraordinario el cuadro Jardín de la casa de Fortuny (1872), que el pintor dejó inacabado y que se encargó de terminar, en 1877, su íntimo amigo y cuñado, Raimundo de Madrazo, En este óleo Fortuny reproduce la atmósfera resplandeciente del jardín, los reflejos de los tonos blancos de la pared encalada, el efecto de los rayos de sol, y en cierto modo, recuerda la Villa Medicis de Velázquez. Las figuras de la mujer (Cecilia de Madrazo) y del perro fueron añadidas por Raimundo de Madrazo (foto inferior derecha)hermano de Cecilia, estrecho colaborador y cuñado de Fortuny.



En su corta vida Mariano Fortuny (imagen superior izquierda) pintó motivos muy variados. Pero, sin despreciar los cuadros de Granada, sus calles y jardines; las batallas pintadas en Marruecos; las innumerables escenas árabes; los paisajes de cielo y mar; o los retratos de burgueses, para mí estas cuatro obras bastarían para situar a Fortuny entre los pintores relevantes del siglo XIX, con permiso de las vanguardias (que lo ignoraron).