sábado, 15 de septiembre de 2018

Isabella Stewart Gardner, la formidable mujer que fundó su propio museo en Boston hace ya 115 años

(Otra mujer notable: la Mrs. Gratwick de Sorolla)  

La fundadora del museo Gardner (Boston), Isabella
Stewart, en Venecia (foto pegada en un diario en 1897)
.
Isabella Stewart Gardner (1840-1924) es una de esas americanas millonarias que revolucionaron la historia del arte y de los museos entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Al igual que Abby Aldrich Rockefeller (cofundadora del MoMA en 1929) o Gertrude Vanderbilt Whitney (fundadora del museo Whitney en 1930), Isabella era una rica heredera, ferviente viajera y empedernida coleccionistaPero Isabella fue más allá: construyó su propio museo en Boston, bautizado como Fenway Court, que inauguró el 1 de enero de 1903; se trasladó a vivir a él (ocupaba el cuarto piso); lo abrió al público y siguió ampliándolo hasta su muerte.

Diario de viajes de Isabella (Museo Gardner, Boston).

El museo, hoy llamado Isabella Stewart Gardnerera un proyecto que concibió junto a su marido, Jack Lowell Gardner Jr. (1837-1898), pero lo llevó a cabo sola debido al fallecimiento de su esposo. Con él había recorrido el norte de Europa y Rusia, Egipto, Oriente Medio y Asia; y fue durante esa serie de viajes (que narra en unos diarios que aún se conservan) cuando esta mecenas afianzó su empeño coleccionista.

Patio veneciano del palacio-museo
Isabella Stewart Gardner (Boston).
Isabella levantó el museo de la nada. Compró unos terrenos en un área sin desarrollar (Fenway); decidió personalmente el arquitecto, el diseño del edificio y de las salas; encargó y modificó los planos exactos a la medida de su voluntad; y trajo de Italia numerosos elementos arquitectónicos (columnas, arcos, capiteles, vidrieras…).

El museo tiene estética de palazzo veneciano con un precioso patio central. La construcción comenzó en 1899, acabó a finales de 1901, y en solo un año estaba asentada toda la colección. Al morir su fundadora, tenía 7.500 pinturas, esculturas, muebles, plata y cerámica, 1.500 libros raros y 7.000 objetos de archivo.

Los marcos vacíos testimonian el robo sin resolver
de 13 obras que sufrió el museo en 1990.
Las obras de arte abarcan épocas y países tan distantes como la antigua Roma, la Europa medieval, la Italia renacentista, Asia y el mundo islámico o la Francia y la América del siglo XIX. En su testamento, Isabella exigía que el museo siguiera inmutable tras su muerte. Y así sería, de no haberse producido el robo del año 1990, cuando dos ladrones disfrazados de policías sustrajeron 13 piezas de artistas tan cotizados como Rembrandt (Tempestad en el mar de Galilea), Vermeer (El concierto), Manet o Degas. El valor de lo robado supera los 500 millones de dólares.

Retrato de Isabella
Stewart (John S. Sargent),
Museo Gardner (Boston).
Casi 30 años después, los marcos esperan en su sitio, vacíos, a que regresen los cuadros. Sin duda, un triste impasse para dos de las más valiosas piezas que Isabella había reunido a lo largo de los años. Con todo, en la colección aún brillan con luz propia Boticelli, Giotto, Rafael, Mantegna, Veronese, Rubens, Sargent,  Whistle...

Aunque, desde 1903, el público podía acceder al museo, ella se había reservado la Sala Gótica como refugio privado (se abrió tras su muerte). El diseño de esta habitación recuerda a las catedrales góticas, y hasta el retrato que le hizo John Singer Sargent (1856-1925) la muestra como una Virgen moderna.

Retrato en miniatura de Lord Byron
(Museo Isabella Stewart Gardner).
Esta mujer visionaria y obstinada, amante de los perros y de los paseos al aire libre, sentía asimismo un gran amor por la literatura; de hecho, había comenzado su labor de coleccionista comprando libros raros. Este gusto por la letra escrita a veces corría paralelo al arte, como atestigua su predilección por un retrato en miniatura del poeta romántico Lord Byron, que se exhibe en la Gran Galería del museo.


sábado, 8 de septiembre de 2018

5 motivos para (re) leer ´Frankenstein´ de Mary Shelley


(¿Qué hizo Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley?

¿Por qué leer hoy Frankenstein, novela publicada hace 200 años por la narradora, dramaturga y ensayista inglesa Mary Shelley (1797-1851)? Una historia archisabida de la que se han hecho decenas de películas, cómics, vídeos, canciones, anuncios… 

5 razones para leer (o releer) Frankenstein

'Retrato de Mary Shelley' (Richard Rothwell)
en la National Portrait de Londres.
1.Porque la autora es una mujer que era relevante hace 220 años y aún lo es. Mary Wollstonecraft Shelley (de soltera Godwin) formaba parte de los círculos intelectuales de su época (los románticos Byron, Shelley, Polidori…), compartía muchas ideas avanzadas de su padre (el novelista y anarquista William Godwin) y defendía el feminismo, igual que hizo su madre, la escritora Mary Wollstonecraft (1759-1797), a quien perdió a los seis meses.

Frankenstein fue publicada el 11 de marzo de 1818, de forma anónima, y le llovieron los elogios. Pero cuando, en la segunda edición, Mary Shelley reveló ser la autora, la enjuiciaron por ser mujer: a ella le faltaba “la dulzura inherente al sexo femenino” y la historia era “una pálida imitación de las de su padre”. Con los años, crítica y lectores apreciaron su modernidad, situándola entre las obras maestras de la literatura universal.

Ilustración de la edición de 1831.
2.Porque es la novela gótica por excelencia, precursora del género del terror y la ciencia ficción, pero se ha leído poco y se recuerda mal. Por ejemplo, un error muy común es pensar que Frankenstein es el nombre del monstruo, en vez del apellido del doctor Victor Frankenstein, el personaje que osa desafiar a Dios al darle vida a una Criatura hecha a partir de trozos de cadáveres. Muchos ignoran que es una novela epistolar: la historia la narra un explorador ártico en sucesivas cartas a su hermana. Y lo que relata se lo revela el doctor Frankenstein, a quien halla moribundo en un barco a la deriva. Os dejo enlaces para leer gratis en inglés e indagar en las interpretaciones filosóficas sobre los personajes.

Boris Karloff, el monstruo en 'Frankenstein' (1931).
3.Porque la novela continúa dando miedo, doscientos años después. Da miedo el monstruo, por supuesto, por su ferocidad, pero también por su desamparo. Da miedo la historia, por el planteamiento que hace de las frágiles fronteras entre la vida y la muerte; por las reflexiones sobre el bien y el mal; por el eterno anhelo humano de perdurar y por exponer cuán peligroso es no saber cuándo se traspasan los límites de la investigación para caer en la obsesión. 

4.Porque la gestación de la novela es legendariaTodo comienza en la primavera de 1816, con el viaje de un grupo de amigos románticos, que dejan atrás una Inglaterra que los considera unos renegados por sus vidas disipadas. Cuando llega el verano se instalan en Suiza, a orillas del lago Leman, y para entretener sus veladas deciden contarse historias de miedo.

'Remando al viento' (1987), de Gonzalo Suárez, recrea
el verano de 1816, cuando nació 'Frankenstein'

El grupo lo forman Mary (entonces apellidada Godwin) y su amante, el poeta Percy Shelley (el padre de Mary se opone a la relación pese a que él estaba separado de su mujer), Lord Byron y su amante, Claire Clairmont, y John William Polidori (su relato El vampiro creó el arquetipo del vampiro romántico). Fue un verano de lluvias interminables, que los mantenían sentados alrededor de una fogata en la villa de Byron. Fue él quien propuso que cada uno escribiese su propia historia sobrenatural. Poco después, durante un sueño, Mary concibió la idea de Frankenstein.

5.Porque nos abre el apetito por descubrir el resto de la obra de Mary Shelley. Y es que, durante su vida, Mary sí fue tomada en serio como escritora, pese a las críticas. Sin embargo, tras su  muerte, fue recordada como la esposa del poeta Percy Shelley y autora de un solo libro: Frankenstein, hasta que, en 1980, otra mujer, Betty Bennett, publicó el primer volumen de sus cartas completas. Y, aunque pueda parecer increíble, hasta 1989 no se había editado ninguna biografía completa sobre ella.

viernes, 31 de agosto de 2018

10 días en Creta (y III): Agios Nikolaos, Panagia Kera, Lato, Kato Zakros e Ierapetra

(Primera etapa: Heraklion, Cnossos, Festos y playas del sur)

Iniciamos la tercera y última etapa del viaje de 10 días por Creta, la mayor isla griega, un inmenso recinto arqueológico y la arcilla de la que están hechos los mitos y los sueños. Podéis leer las dos primeras rutas pinchando en los enlaces anteriores.

Agios Nikolaos, punto de partida perfecto para
explorar el este de la isla de Creta (Grecia).
Así pues, retomamos la tercera etapa donde la segunda finalizó, por lo cual salimos de Hania (extremo oeste) hacia Agios Nikolaos (este), a una distancia de 204 kilómetros que se tardan casi cuatro horas en recorrer. Lo ideal es reservar tres días para visitar el tercio este de la isla y armarse de paciencia: las carreteras son estrechas y en verano es habitual verlas saturadas de motos, coches y hasta bicicletas. 

Agios Nikolaos es muy bonito y también bastante turístico, por lo que aconsejo reservar un hotel fuera del centro. Entre los sitios más pintorescos para pasear está el lago Voulismeni (unido al mar por un canal), con un diámetro de 137 metros y salpicado de cafés y restaurantes.

La antigua Grecia inspira las originales camisetas de
Zoe T-Shirts, con sede en Agios Nikolaos (Creta).
Muy interesante es también el museo arqueológico, que exhibe objetos de la civilización cretense, como cuchillos y herramientas del cementerio minoico de Agia Fotia. A la hora de las compras, sugiero Zoe Tshirts, tienda con marca propia que diseña originales camisetas con dibujos inspirados en frescos y motivos de la antigua Grecia.


Panagia Kera, iglesia ortodoxa cuyo interior está
decorado con frescos bizantinos (Creta, Grecia).
Para disfrutar de un segundo día en el este de la isla, y fuera de Agios Nikolaos, aconsejo realizar al menos dos visitas. Ambas se pueden hacer en una mañana. La primera es la iglesia de Panagia Kera, a  la que se llega en poco más de 20 minutos por la carretera que comunica con la ciudad de Kritsa.

Frescos bizantinos (Panagia Kera).
Se trata de una iglesia ortodoxa (considerada el monumento religioso más importante de toda la isla) cuyo interior está decorado con magníficos frescos bizantinos. La iglesia se halla aislada en un monte en medio de olivos y sus pinturas murales, de los siglos XIII y XIV, se conservan en buen estado.

La segunda visita inexcusable desde Agios Nikolaos es el recinto arqueológico de Lato, una ciudad dórica muy bien conservada y que se encuentra a tres kilómetros de Kritsa, escondida en una colina. Lato es una de las ciudades mejor conservadas de la antigua Grecia.

Ruinas del palacio minoico de Kato Zakros
(destruido hacia 1450 a.C.), en Creta (Grecia).
Por la tarde, después de comer y según las ganas que tengáis de hacer kilómetros, desde Agios Nikolaos podéis ir de excursión a Sitia (buena carretera, cerca de la playa de Vai y del mayor bosque de palmeras de Europa) y/o Kato Zakrosalgo más lejos y con peor carretera, pero cuyo palacio minoico merece una visita. Fue lugar de culto y residencia real, además de centro administrativo y comercial. El palacio data de 1600 a.C. y se cree que fue destruido hacia 1450 a.C.

Playa de Ierapetra (Creta, Grecia).
Si hicisteis la anterior ruta al completo y os supo a poco, la mañana del tercer día podéis acercaros hasta Ierapetraa menos de 40 kilómetros de Agios Nikolaos (unos 40 minutos en coche). En una de sus playas se rodó la famosa escena de la película Zorba el griego (1964), en la que Anthony Quinn baila el sirtaki. 

Casa donde vivió Napoleón en julio
de 1798 (Ierapetra, Creta).
Ierapetra es hoy una ciudad moderna, bien comunicada con el resto de la isla. En  la Antigüedad fue un enclave minoico de vital importancia para las rutas comerciales entre Creta y Egipto, y con el correr de los siglos sería ocupada por los dorios, los romanos, los venecianos, los turcos… Hasta Napoleón residió un tiempo en Ierapetra, en concreto, en julio de 1798, permaneció aquí con una familia local, después de la batalla de las pirámides de Egipto.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Homenaje a Muñoz Rojas y su siglo de lucidez entre versos y olivares


(Más sobre Antequera y varios poemas: Cielo espejo del agua)

El próximo mes se cumplirán nueve años del fallecimiento de José Antonio Muñoz Rojas, poeta y prosista nacido en Antequera el 9 de octubre de 1909 y muerto el 28 de septiembre de 2009, cuando estaba  a punto de cumplir los cien años.

Un jovencísimo José Antonio
Muñoz Rojas
(1909-2009).
Su primer libro, Versos de retorno, vio la luz en 1929, y desde entonces se afanó en producir una obra que cubre con creces tres cuartas partes del siglo XXMuñoz Rojas pasó sus últimos días en su refugio malagueño, llamado la Casería del Conde (“una casa alta sobre un alcor, junto a un son de agua”, escribió Vicente Aleixandre), un cortijo entre olivos. El escritor vivía rodeado de las tierras a las que tanto cantó y que dieron título a Las cosas del campo, quizá su obra más conocida, que fue elogiada por Dámaso Alonso como “el libro de prosa más bello y más emocionado que yo he leído desde que soy hombre”.

Muñoz Rojas hablaba en sus libros de
la grandeza de las pequeñas cosas.
Cualquier otro habría tenido el 9 de octubre de 2009 enmarcado en grandes letras. Muñoz Rojas no; él confesaba sin ambages que no le ilusionaba cumplir cien años. En una de sus últimas entrevistas aseguraba: “Es absurdo llegar a esta edad. El mundo ha cambiado mucho. Antes la vida era más entretenida, más intensa, el tiempo pasaba más lento" (El País, 20-02-09). Quizá recordaba con nostalgia sus tiempos de lector en la Universidad de Cambridge, donde germinó su amor por John Donne, Richard Crashaw o William Wordsworth, a quienes tradujo al castellano. O tal vez rememoraba a amigos desaparecidos como Prados, Altolaguirre, Aleixandre, Alonso, Salinas, Guillén… O quién sabe si añoraba sus andanzas de Antequera a Tokio, de Río a Venecia, que narró en Dejado ir.

La grandeza de lo pequeño
Hombre inteligente y culto, Muñoz Rojas hablaba con devoción de la grandeza de las pequeñas cosas. Lo hizo en Las musarañas (1957) con el relato íntimo y fantasioso de su infancia antequerana. Y en Objetos perdidos, que le valió en 1998 el Premio Nacional de Poesía. En sus últimos años apenas escribía: “Después de tanto tiempo, uno no sabe para qué sirve hacerlo". (El País, 20-02-09). Pero ni la modestia al hablar de sí mismo, ni el cansancio o el dolor impiden reconocer en estas frases la lucidez de quien cultivó el verso como un humilde jardinero.

Las cosas del campo
El mejor homenaje que podemos hacer a Muñoz Rojas es leer sus obras. Hace tres años, Renacimiento publicó una edición de Las cosas del campo, con prólogo de Luis Landero. Y en Pre-Textos, la editorial que redescubrió al poeta en su avanzada vejez, hay mucho material. También la Junta de Andalucía ha editado su Obra completa en verso. Y existe, además, otra joya para conocer a Muñoz Rojas: el documental El poeta sin tiempo, cuyo trailer puede verse en YouTube:




y completo en Vimeo: https://vimeo.com/42686945 . 

Es preciso leer y releer sus obras y maravillarse ante pasajes como éste: “Año tras año, sol a sol, surco a surco, se va el hombre atando a la tierra, enterrándose en ella. Andamos sobre sus sudores, sobre sus ilusiones y sobre sus huesos. Por eso tiemblo algo cuando voy por estos campos, por eso canto. Y tengo miedo de no poder acabar una vez comenzado. Empiece por donde empiece, no acabaré. Se me quedará la canción a medio camino, entre los labios. Pero la tierra la seguirá cantando” (Del prólogo a Las cosas del campo, fechado en Casería del Conde, 1946.)

Escultura homenaje a Muñoz Rojas en Antequera. El escritor conversa con
el pintor José María Fernández (1881-1947), también ilustre antequerano.

miércoles, 1 de agosto de 2018

7 lugares imprescindibles para visitar en Seúl (y II)

(Ver también 7 razones para ir a Seúl, destino de moda)

Seúl es mucho mas que la patria del K-pop (pop coreano) o la capital de Corea del Sur (pocos kilómetros la separan de la frontera con Corea del Norte); es una ciudad vibrante y moderna, que cada año roba más protagonismo a Tokio, Kioto y Pekín, sus rivales en destinos del Lejano Oriente.

Visité Corea el verano de 2017. Estos son mis 7 sitios imprescindibles en Seúl:


Bahía de Seúl, en el río Han (Seúl, Corea del Sur).
1. La Bahía de Seúl, con un paseo en barco por el río Han para admirar los puentes y el skyline de la capital coreana. Todas estas atracciones turísticas se encuentran en la zona de Yeouido’s Hangang Park, accesible desde la estación de metro Yeouinaru (Línea 5, salidas 2 o 3).


Seúl da la bienvenida con su 'I Seoul you'.
Todo el mundo se fotografía con el letrero "I Seoul You", asomado al río Han y con la línea de rascacielos como fondo. Ahí se coge el barco turístico (sale y regresa del mismo sitio) y en ese parque lo típico es realizar un  circuito en bicicleta (15 kilómetros), comer pollo frito (estilo Kentucky) con cerveza y acampar sobre el césped. Los jóvenes van allí a a pasar el día, plantan sus tiendas de campaña y comen y beben sobre la hierba.

Turistas con trajes tradicionales
en el palacio imperial de Seúl.
 
2.Palacio imperial de Gyeongbokgung. Conjunto Patrimonio de la Humanidad, dentro hay varios palacios y decenas de edificios, estanques, jardines... ¡Impresionantes! Es la visita turística imprescindible en Seúl, para admirar la arquitectura de la Corea medieval e imperial y para ver cómo hacen turismo los propios coreanos y los japoneses y otros asiáticos. Los turistas, sobre todo chicas, se visten con trajes tradicionales y recorren palacios y jardines fotografiándose en todos los rincones. También hay un pintoresco cambio de guardia. Para esta visita se necesitan al menos dos o tres horas.
Torre Namsa de Seúl.
3. Torre de SeúlVer atardecer desde la torre Namsa es una maravilla, se puede subir en el funicular y las fotos bonitas están aseguradas. También hay una zona de candados del año. Para subir, suele haber mucha gente, así que es inevitable hacer algo de cola para coger el funicular y luego el ascensor hasta , para subir hasta la cima de la torre. Terminada la visita, si hace buena temperatura, lo recomendable es bajar la colina caminando hacia la zona de Myeongdong.
Barrio de Myeongdon (todo shopping).
4.Barrio de Myeongdong: más que ropa y cosméticaTanto de día como de noche es una locura comercial, todo el distrito de Myeongdong está repleto de tiendas de lujo junto a otras de precios accesibles. Predominan las tiendas de ropa y de cosmética, pero también muchos puestos de comida, restaurantes, cafés, joyerías, tiendas de música, librerías, zapaterías, bolsos... En Myeongdong hay de todo y para todos los gustos. Imprescindible pasear por allí para entender el furor de los coreanos por el shopping. 
Parque urbano del arroyo Cheonggyecheon (Seúl).
5. Cheonggyecheon, muy popular tanto entre los residentes como los turistas. Se trata de un extenso parque que discurre en paralelo al arroyo Cheonggyecheon, que cruza Seúl de oeste a este, con casi 6 kilómetros de largo. Existen senderos de paseo, cascadas, piedras para cruzar, obras artísticas... y cada sección de riachuelo ofrece un paisaje diferente.
Locales nocturnos en Hongdae (Seúl).
6.Marcha nocturna en Hongdae. La zona de marcha de los más jóvenes está repleta de bares, tabernas, restaurantes, pubs, discotecas, karaokes, locales de juego, etc. Calles y calles repletas de edificios con varias plantas en los que todos los pisos son locales de diversión; los letreros suelen estar en coreano y muchos garitos no tienen carta en inglés, pero siempre hay un camarero/a que chapurrea inglés. Muy interesante para ver cómo beben los coreanos. ¡Y beben una barbaridad!
Comida popular en el mercado de Namdaemun (Seúl).
7.Mercado de Namdaemun. Es un inmenso zoco con cientos de metros de tiendas y de puestos de comida; la parte más antigua es un mercado cubierto, todo es espectacular pero puede resultar algo agobiante. Recomiendo dejarse llevar por la marea humana y por los sentidos, pero si hay algo curioso es la zona de los pescados, donde se pueden ver y degustar peces, algas y animales acuáticos que ni sabía que existían.