miércoles, 23 de noviembre de 2016

'Lady Susan' lleva a Jane Austen al cine otra vez

(Más sobre Jane Austen aquí y también aquí)

Jane Austen (1775-1817) llevó una existencia pacífica y hogareña, sin más sobresaltos que la enfermedad y los circunstanciales apuros económicos tras la muerte de su padre. Vivió siempre con su familia, perteneciente a la baja nobleza rural del sur de Inglaterra, a caballo entre el siglo XVIII y los albores del XIX.

Casa de campo en Chawton.
Fue siempre muy querida y admirada por sus padres, sus seis hermanos y sus sobrinos. Su principal apoyo era su hermana Cassandra, una gran confidente que incluso la relevaba en las tareas domésticas para que ella se pudiera dedicar a escribir. No se casó, ni dio motivo de escándalo, conoció en vida el éxito y la fama como novelista, y cuando murió, prematuramente a los 41 años, gozaba ya de reconocimiento como una gran escritora.

Philadelphia Hancock, madre de Eliza, que
 sirvió de inspiración a Jane Austen.
Quizá por eso, las tramas de sus seis libros acabados y publicados, así como algunos de sus personajes (es aplicable tanto a caracteres masculinos como femeninos), están en las antípodas de esa vida tranquila. En las páginas de Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad, Emma, Persuasión, Mansfield Park y La abadía de Northanger se alternan las intrigas amorosas, los cotilleos, las jóvenes atontadas a la caza de un marido pudiente, las madres metomentodo... Aparece una ristra de pretendientes banales, conversaciones intrascendentes y bodas desafortunadas. Se nos relatan historias familiares y patrimoniales poco edificantes.

Fanny Knight, sobrina de J. Austen.
Pero, sin duda, el libro de Jane Austen con mayor proporción de conductas reprobables y escándalos por página es Lady Susan, una obra de juventud inacabada que ahora acaba de ser llevada al cine con el título de Amor y Amistad. El argumento de la novela es típicamente austeniano y sigue las peripecias de una bella viuda de la alta sociedad inglesa que, como casi todas las viudas sin fortuna propia en esa época, debe casar a su hija para asegurar la estabilidad económica de ambas. Pero Lady Susan no es una mujer convencional: astuta, intrigante y moralmente inaceptable, cautiva a los hombres, los manipula, los pone a sus pies y ella misma cae seducida por uno y se casa con otro por ser un buen partido. Es una mujer fatal.

'Lady Susan' (Jane Austen).
En pantalla, la novela de Austen crece y la dirección, los actores, la ambientación y el montaje hacen de Amor y Amistad una correcta película de época, aunque en mi opinión poco sobresaliente. Kate Beckinsale (Susan) tira del carro siempre y está en casi todas las escenas de filme, llegando a cansar. Chloë Sevigny (Alicia, la amiga estadounidense de Susan) va a la zaga, empequeñecida por Beckinsale. Stephen Fry (Sr. Johnson) apenas aparece unos minutos que saben a poco; el apuesto y moderadamente cultivado Reginald DeCourcy (interpretado por Xavier Samuel) no acaba de convencer como galán.

Tal vez la culpa de que Amor y Amistad no cuaje como gran película sea del propio texto que adapta. No en vano, Lady Susan es un borrador de una novela inacabada de una debutante Jane Austen. Ella no quiso publicar el libro en vida, y solo tras su muerte sus herederos decidieron editarlo. Algo similar sucede con Sanditon (escrita en 1817 y publicada en 1925), novela de la que Jane solo pudo escribir doce capítulos y en la que estuvo trabajando hasta mediados de marzo de 1817, cuando la enfermedad le impidió continuar. De momento, que se sepa, no hay película en marcha.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Viajes con Murakami y un sombrero Panamá

(Más sobre Murakami y viaje a Croacia y Bosnia)

Murakami, premio Hans Christian Andersen, visitó
la casa del cuentista en Copenhague (octubre 2016).
Libros y viajes son tan consustanciales como el mar y la sal. O como la tierra y el polvo. Lo son, al menos, para mí. Últimamente en un par de viajes me ha acompañado el japonés Haruki Murakami en edición de bolsillo, sin que la lectura tuviera nada que ver con el paisaje. En un reciente tour por los Balcanes me sumergí en El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas.


Puerto de Dubrovnic (Croacia).
Una terraza en el puerto de Dubrovnik, el pasado mes de julio, fue el primer sitio donde nos reencontramos Murakami y yo después de meses. Junto a Murakami, el Panamá de mi compañero de fatigas. Un tipo de sombrero que, en el noventa por ciento de los casos, no se elaboran en Panamá, sino en Ecuador. Así las cosas, que los cuatro viajáramos juntos por los Balcanes no es tan extraño. Esa mañana, 9 de julio, habíamos aterrizado en Dubrovnik, punto de partida –y también final de etapa– de un tour de quince días por lo que fue Yugoslavia

Chriringuito en la playa de Petrovac (Montenegro).
El martes, 12 de julio, pertrechada con mi ejemplar de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, pasé varias horas en Petrovac, una ciudad playera en la vecina república de Montenegro. Dediqué tiempo a la lectura en un chiringuito en la playa y también en un restaurante bajo una parra. Desde luego, nada que ver con las dos historias alternas de la novela: una ambientada en una ciudad amurallada llamada "el fin del mundo" y la otra en la ciudad conocida como "el país de las maravillas". Por la tarde, de vuelta a Kotor, nos detuvimos en la ciudad amurallada de Budva y no pude evitar fantasear con los personajes de Murakami.

Avaz Twist Tower
(Sarajevo, Bosnia).
El calor agobiante nos acompañó los tres días que pasamos en Mostar y la lluvia le tomó el relevo durante los tres que dedicamos a Sarajevo. Los minaretes y mezquitas; los cafés y zocos, la vida en las calles; la abundancia de mujeres con velos y muchas con hijabs; el enclave musulmán en el corazón de Europa que es Bosnia-Herzegovina nos gustó incluso más de lo esperado. Pasado y futuro se dan la mano en Sarajevo, y nada mejor que subir al mirador de la Avaz Twist Tower para divisarlo. La vista panorámica desde la cafetería del piso 35 permite comprobar cuán fácil les resultó a los serbios tirotear y bombardear a miles de habitantes de Sarajevo durante cuatro años de asedio.

Músicos en un restaurante del barrio
de Skandarlija (Belgrado, Serbia).
Los habitantes de Belgrado -la capital de Serbia- son mayoritariamente jóvenes y con ganas de desperezarse, dejar atrás la mala fama de su país, ganada a pulso por sus tropelías en la guerra. Basta caminar de día por la zona comercial peatonal para notar ese bullicio. Por la noche, un paseo por el barrio de Skandarlija, con sus calles adoquinadas y empinadas, sus fachadas llenas de grafitis y trampantojos, sus terrazas y restaurantes, basta para tener la sensación de haberse trasladado a Montmartre.

Frente al Órgano del Mar (Zadar, Croacia)
De regreso a Croacia por el norte, y tras una noche de descanso en Zagreb, el viaje nos llevó hasta Zadar. Recorrimos por segunda vez las ruinas romanas y las iglesias de un centro parapetado tras gruesos muros, y nos detuvimos para escuchar el Órgano del Mar. Es uno de los tres órganos de tubo del mundo que son tocados por el batir de las aguas. Al entrar y salir el aire por unos orificios, emite vibraciones y produce sonidos. Estuvimos un rato sentados en el paseo, mecidos por el relajante murmullo, y luego en un chiringuito próximo. Leímos y bebimos a salvo del calor mientras Murakami hacía penar a su protagonista, que debía nadar por un río subterráneo bajo la ciudad de Tokio.

Catedral de Sibenik (Croacia).
Durante la siguiente parada de nuestro viaje, en Sibenik, respiré aliviada al saber que las siniestras criaturas llamadas tinieblos habían dado una tregua al joven informático y a la joven gorda vestida de rosa. Murakami puede ser asfixiante incluso sin proponérselo. Interrumpida la lectura, desde mi sillón frente a la catedral de Santiago (siglo XV), admiré las estatuas de Adán y Eva, ambos flanqueados por sendos leones; los cuatro rodeados por más de ochenta bustos de la época.

Desayuno en la terraza del hotel
Júpiter
(Split, Croacia).
Split y su fascinante Palacio de Diocleciano son mucho más que unas ruinas romanas legendarias, una joya arquitectónica o una de las sedes Patrimonio de la Humanidad más impresionantes. Split es un abigarrado centro turístico, una colmena repleta de abejas -unas pocas, laboriosas obreras, la inmensa mayoría, zánganas de vacaciones-, un puerto para cruceros de todo el Mediterráneo; una inmensa bodega y una nutrida cocina. Split, un 20 de julio al atardecer, tiene decenas de cruces tan atestados como el de Shibuya. Desde luego, yo me encontré con cientos de personas, más de las que se topó el informático de Un despiadado país de las maravillas, cuando al fin emergió de las entrañas de Tokio. 


Plaza principal de Trogir (Croacia).
La atmósfera en Trogir, las primorosas calles de piedra de la ciudad y el sol abrumador no podían ser más opuestos a la gélida ciudad amurallada de El país de las maravillas por el que me llevaba Murakami: personas confinadas tras un muro inexpugnable, gentes que no recuerdan nada del exterior, que han perdido su sombra y con ella sus recuerdos. Destacando sobre los demás, un lector de viejos recuerdos que lee los cráneos de unas bestias (unicornios) con ayuda de una bibliotecaria; un lector empeñado en dibujar un mapa para huir con su sombra moribunda.

Pasado y presente enlazados por una frágil cuerda en la novela de Murakami. Pasado y presente ante mis ojos en la bella ciudad dámata de Trogir. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Jane Austen, rostro del billete de 10 libras y una película

(Más sobre Jane Austen aquí)
Jane Austen, en los billetes de 10 libras
desde el año 2017.
En 2017, los billetes de diez libras llevarán estampado el rostro de Jane Austen (1775-1817), en sustitución de la efigie de Charles Darwin (1809-1882). Una gran conquista para la autora inglesa de las novelas Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Emma, Persuasión, y Mansfield Park entre otras, muerta a los 41 años, cuando apenas había comenzado a saborear el éxito como escritora. 
Jane pertenecía a una familia de la baja nobleza, contexto de donde no salió y en el que sitúa todas sus obras. La candidez de sus historias es una mera apariencia: tal y como afirma la crítica feminista más actual, Jane Austen poseía una mente analítica e irónica y se valía del costumbrismo para caricaturizar algunos comportamientos de su época. 
'Lady Susan' (Nórdica Libros).
Antes de eso, el 18 de noviembre, llega a las pantallas españolas la película Amor y amistad, la última adaptación de una novela de la escritora británica, en este caso, la inacabada Lady Susan , que fue escrita posiblemente en 1794, aunque se publicó de forma póstuma en 1871. La película arranca con la llegada a Inglaterra de Susan Vernon, una viuda americana atractiva e intrigante, sin recursos financieros, que trata de encontrar dos maridos ricos: uno para ella y otro para su hija.
Es una película de época que traslada al espectador al mundo refinado, sutil y a la vez costumbrista de Jane Austen y que, con mucho humor e ironía, realiza un retrato nada complaciente de la alta sociedad inglesa de finales del siglo XVIII. Se trata de una producción europea, dirigida por el realizador estadounidense Whit Stillman y cofinanciada por Irlanda, Francia y Países Bajos.
Amor y amistad es un buen homenaje a Jane Austen, una de mis escritoras preferidas y un buen ejemplo en lo personal, como demostró al rebelarse contra el destino trazado a las mujeres con meta final en el matrimonio de conveniencia. Ella jamás se casó ni tuvo relación formal. Tampoco lo hizo su hermana Cassandra, su confidente y apoyo vital, gracias a la cual nos ha llegado un retrato fidedigno de Jane (se exhibe en la National Portrait Gallery de Londres).



martes, 1 de noviembre de 2016

La pasión por Caravaggio llega a la National Gallery

(Más sobre Caravaggio aquí)

Entrada a la exposición 'Beyond Caravaggio'
en la National Gallery de Londres.
Caravaggio está de moda. La National Gallery de Londres inauguró la exposición Beyond Caravaggio el 12 de octubre, casi al mismo tiempo que el museo Thyssen de Madrid clausuraba Caravaggio y los pintores del norte. He tenido la suerte de ver las dos, con algunos cuadros repetidos, pero la muestra londinense se centra más en los caravaggistas cuyas obras guardan los museos británicos e irlandeses.

Si Michelangelo Merisi Caravaggio (1571-1610) está de moda es quizá porque sus cuadros llenos de dramatismo y claroscuros casan bien con este siglo XXI postcrisis, con medio Occidente noqueado por una barbarie terrorista medieval y unas fuerzas regresivas que creíamos haber superado, con todos abrazando la Arcadia Tecnológica inaugurada a finales del siglo XX.

'San Juan Bautista en el desierto'
(1604), obra de Caravaggio.
Y, sin embargo, ahí están las pinturas de Caravaggio: apenas cincuenta obras lo han encumbrado como uno de los pintores más revolucionarios y de peor reputación de todos los tiempos. Identificable por cómo pinta rostros y cuerpos que batallan por salir de la oscuridad, a veces muestra arrugas físicas y miseria moral, otras veces nos deja ver el fulgor caduco de la juventud. Hombres, mujeres, niños o animales, todos juegan una parte efímera en el drama del vivir.

Caravaggio tuvo una enorme influencia durante su vida, como demuestra que desde el año 1600 artistas de toda Europa viajaban a Roma para ver sus cuadros. Muchos de esos admiradores imitaron su estilo naturalista, sus efectos dramáticos de luz y copiaron su poderosa forma de narrar las historias. Hay caravaggistas en todos los museos del mundo; unos con más fortuna que otros.

'La cena de Emaús' (1601), obra de Caravaggio.
Pero ninguno pudo superar su arte hecho de tierra y sangre. Era capaz de convertir cualquier tema, por vulgar o indecoroso que fuera, en sujeto de arte. Caravaggio no tuvo taller ni discípulos, no enseñó su técnica, pero fue imitado hasta la saciedad. Tenía un genio demasiado humano, irascible, impredecible, y pintó la muerte tanto o más que la vida.

'Joven pelando una fruta' (1592), la
primera obra conocida de Caravaggio.
Entre los cuadros de la muestra Beyond Caravaggio, me gustan especialmente La cena de Emaús (1601), que parece una extensión del espacio real y el espectador se siente parte de la escena. Me impresiona también San Juan Bautista en el desierto (1604) por cómo rehuye la mirada y su gesto abatido. La luz cenital le da un aura de presagio mortal. Y el curioso Joven pelando una fruta (1592), la primera obra conocida de Caravaggio. Hay quien dice que el chico pela una pera, otros aseguran que una ciruela y hasta una mandarina. Lo cierto es que el modelo es un muchacho bien vestido, tosco pero bonito, y pela con indiferencia. Como el resto de criaturas de Caravaggio, se escapa de las sombras por los pelos. 

viernes, 28 de octubre de 2016

Elena Santonja y Mary Beard, divulgadoras

(Más sobre Mary Beard y su fascinación por Roma)

Elena Santonja (1932-2016) y Pedro Almodóvar,
en 'Con las manos en la masa'.
Ha muerto la presentadora, actriz y pintora Elena Santonja (1932-2016), mujer adelantada a su tiempo y divulgadora sociocultural. Precursora de los Arguiñanos, los Chicotes y master chefs, en la década de los ochenta del siglo XX fue uno de rostros más populares de la televisión con su programa Con las manos en la masa. Cada semana llevaba invitado a un famoso y juntos elaboraban una receta, y así durante siete años logró meter en harina a Joaquín Sabina, Amparo Rivelles, Sara Montiel, Alaska, Pedro Almodóvar o Fernando Fernán Gómez.


Elena Santonja también fue actriz ocasional en películas como El verdugo (1963)  o Total (1985). Su hermana Carmen (fallecida en 2000) fue una de las integrantes del popular dúo Vainica Dobleun tándem folk que se atrevió con las letras románticas y hasta con las psicodélicas.    

Mary Beard antes de recoger su premio  Princesa
 de Asturias de las Ciencias Sociales 2016.
Mary Beard (1955) está muy viva. La historiadora británica, catedrática en la Universidad de Cambridge,  editora especializada del Times Literary Supplement, autora de la serie documental Roma, un imperio sin límites , acaba de recibir el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.


Es la gran divulgadora de la época romana antigua, una era que define tan brutal que “ninguno querríamos estar vivos entonces”. La clasicista escribe con la misma fruición que cuando relata frente a la cámara de televisión el pasado de Roma. Las páginas de sus libros están repletas de asesinatos, vertederos llenos de recién nacidos y esclavos, pero también de historias fascinantes cuyos protagonistas son panaderos o moradores de Pompeya cuyo rastro se pierde entre las cenizas de lava. Su último ensayo sobre el imperio de los Césares, titulado SPQR, va ya por la tercera edición.

Ojalá hubiera más mujeres como estas, ajenas al griterío, de espaldas a las inútiles cuotas y a salvo de la pandemia narcotizante de la apuesta por la conciliación.