lunes, 16 de julio de 2018

Música para seducir: sonidos con 3.000 años de historia

(Arte hitita de la Edad del Bronce y de Grecia clásica)

Es imposible saber cómo sonaba la música hace más de 3.000 años en el antiguo Egipto, en Persia o en Mesopotamia, o qué melodías gustaban en Grecia o en Roma, ya que ningún sonido de esas épocas ha llegado hasta nuestros días.

Relieve en piedra caliza con banquete, música y escena
de navegación (Mesopotamia, 2700-2600 a.C.).
Pero sí conservamos instrumentos musicales, notaciones y representaciones de músicos, a los que vemos en ánforas y cerámicas, estelas funerarias, estatuas, mosaicos y frescos, monedas, etc. Con esos instrumentos y esas notaciones, los expertos han reconstruido sonidos ancestrales, que ahora pueden escucharse en la exposición Músicas en la antigüedad, en CaixaForum Madrid.

Estela de la música (2140-2110 a.C.), de
Girsu (Irak), propiedad del museo Louvre
.
En esta exposición comprobamos, paso a paso, cómo la música tuvo desde el principio una función legitimadora del poder y fue utilizada en los ritos como intermediaria con los dioses. En Grecia era una asignatura fundamental en la formación del ciudadano, y en Roma tenía un papel clave en la guerra y en la victoria, pues el regreso triunfante de los ejércitos se celebraba con música.
Busto de plañidera (Egipto, 1550-1425 a.C.).


La arqueología musical es una disciplina científica reciente. Hasta el Renacimiento (siglos XV-XVI) no se descubrió la música de Grecia y Roma. Y hasta que Napoleón no fue a guerrear a Egipto y Siria (1798-1801) no supimos de la música en Egipto y Oriente Próximo. Gracias a esas investigaciones sabemos que el origen de nuestras sonajas, flautas o platillos se remonta a miles de años atrás.

Copa ática de figuras rojas: ´Lino enseña música
a Museo' (Etruria, 440-435 a.C.).
En la Grecia clásica, la mitología inspiró obras de arte relacionadas con la música, como esta copa ática que muestra una lección de música de Lino [hermano de Orfeo e instructor de música de Heracles (para los romanos, Hércules)] a Museo, que se convirtió en un gran músico capaz de curar con sus melodías.

Exposición 'Músicas en la antigüedad' (CaixaForum).
Mirando, admirando y leyendo sobre las casi 400 obras que hay en esta exposición comprendemos el porqué del conocido dicho “la música amansa a las fieras”, y entendemos mejor que la música ha sido siempre un arma de seducción, como prueba la leyenda de Ulises y los cantos de las sirenas. 

jueves, 12 de julio de 2018

10 días en Creta (II): Fodele, Rethymno, Hania y Falasarna

(Primera etapa: Heraklion, Cnossos, Festos y playas del sur)

Casa-museo de El Greco en Fodele (Creta).
Continuamos nuestro viaje de diez días por Creta saliendo de Heraklion rumbo al oeste. Primera parada: Fodele, una pequeña aldea situada al oeste de la capital, donde El Greco (1541-1614) nació y vivió durante su infancia.


Iglesia bizantina de Fodele (Creta).
En Fodele se puede visitar la casa-museo del pintor, un lugar de culto para los amantes de su pintura, aunque aquí solo hay reproducciones de su obra. La casa está situada frente a una encantadora iglesia bizantina, y los dos edificios se hallan rodeados de huertas y de naranjos.  


Faro del puerto veneciano de Rethymno (Creta).
La siguiente parada del viaje que propongo es la ciudad de Rethymno, hoy en día destino turístico preferente de ingleses y alemanes, por lo cual en verano está muy masificada. Aunque fue fundada en la era minoica, su gran florecimiento tuvo lugar en los siglos XVI-XVII, bajo la dominación de los venecianos.

Fuente Rimondi (1629), en Rethymno (Creta).
De esa época es su pintoresco puerto veneciano y de un poco más tarde, la fuente Rimondi (1629), en la cual el agua surge de cabezas de león entre columnas corintias. Alrededor de la fuente se desperezan las callejuelas típicas de Rethymno, con casas blancas en cuyas fachadas cuelgan piezas de encaje y telas bordadas. Las calles de la ciudad vieja desembocan en el puerto, que tanto a mediodía como al anochecer es un hervidero de tabernas y restaurantes, el mejor sitio para comer pescado y marisco, aunque algo caro. Conviene revisar bien las cartas de las tabernas, ya que la vista es muy golosa, sobre todo en las tabernas de cara al mar.

Puerto veneciano de Hania (La Canea), en Creta.
Y por fin llegamos a Hania (también llamada La Canea), mi ciudad preferida de Creta, por eso la he escogido varias veces para alojarme en la parte oeste de la isla. Tiene un magnífico puerto veneciano donde se mezclan guiris y paisanos, además de suculentas tabernas y una arquitectura que mezcla el blanco, el azul y el pastel. 

Las bóvedas de la antigua mezquita del puerto
de Hania (Creta), una imagen inconfundible.
Las calles de Hania son estrechas y están repletas de plantas, flores e higueras. En el puerto, la vista del mar y de los montes sobre las cúpulas de la antigua mezquita de los Jenízaros (ahora convertida en sala de exposiciones), es toda una experiencia, en particular, al atardecer.

Calle típica de la ciudad vieja de Hania (Creta).
En todo el casco histórico hay notables edificios que dan fe del pasado veneciano y turco de esta ciudad. Sobre todo, en el puerto veneciano, bordeado por fachadas de color pastel entre las que se deslizan las pintorescas calles (algunas laberínticas), abarrotadas de tiendas y tabernas. El lado este lo dominan la ya citada mezquita abovedada de los Jenízaros, y el Gran Arsenal, que en la actualidad es un centro de arquitectura.

Falasarna (Creta).
Hania es mi ciudad favorita de Creta, además de todo lo anterior, porque desde aquí se llega hasta la playa de Falasarna, situada a unos 50 kilómetros y una de las más vírgenes que quedan en toda la isla. Es una playa de arena finísima, de bastantes olas y a menudo ventosa, aunque su gran extensión asegura poder encontrar un rincón donde disfrutar, incluso si el viento arrecia.

La última parte de carretera para llegar a ella es regular... tirando a mala, pero merece la pena por bañarse en sus aguas siempre claras. 

Taberna donde comer bien en Falasarna (Creta).
En Falasarna hay un puesto a pie de playa donde se puede comer y beber, aunque para saborear una comida griega de verdad hay que subir un pequeño trecho hasta la taberna Golden Sunset, que lleva allí al menos 25 años. Nosotros fuimos por primera vez en 1993 y ya entonces servían la mousaka, las dolmades, el satziki, las brochetas de pescado.... y el vino retsina de pichel en la terraza bajo los árboles, de cara al mar.

martes, 10 de julio de 2018

10 días en Creta, la isla del minotauro y el laberinto: donde mito y realidad se funden (I)



Viajar a Creta es viajar al principio de los tiempos. Porque Creta es la cuna de la civilización minoica (2700-1450 a.C.), la primera cultura europea de la que se tienen registros, florecida en la Edad del Bronce. Es una isla mediterránea de costas recortadas y llanuras fragmentadas, la tierra mítica donde se forjaron las leyendas del rey Minos, la bella Ariadna, el Minotauro encerrado en su laberinto, Teseo el intrépido, el inventor Dédalo o Ícaro el inconsciente.

Fui a Creta por primera vez en 1993, después he estado otras dos veces, y me reconforta saber que su esencia no ha cambiado. Creta sigue siendo un inmenso recinto arqueológico, la arcilla de la que están hechos los mitos y los sueños.

Estas son algunas paradas imprescindibles en un viaje por Creta. ¡Alquilar un coche es fundamental! 

Fuerte veneciano (imagen superior)
y fuente Morosini, en Heraklion (Creta).

3 días en Heraklion
Fresco del saltador de toros
(Museo Arqueológico de Heraklion)
La capital de Creta tiene tres grandes atracciones: la fortaleza veneciana, la fuente Morosini (en el corazón turístico de la ciudad) y el Museo Arqueológico, que guarda fascinantes tesoros minoicos hallados en las excavaciones en la isla. Entre ellos, el fresco del saltador del toro, el de los delfines, el príncipe de los lirios, o el disco de Festos. Esta visita requiere al menos dos o tres horas.

Palacio de Cnossos (Creta).
Pero la visita por excelencia desde Heraklion es el recinto arqueológico de Cnossos, el hogar del rey Minos y del Minotauro. Está a unos cinco kilómetros de la capital, siempre atiborrado de turistas y con pocas sombras para cobijarse del calor, por lo que conviene ir temprano.

Megaron de la Reina (Cnossos) y réplica del fresco de los
Delfines (original en Museo Arqueológico de Heraklion). 
Es una experiencia única pasear por las magníficas ruinas del palacio e imaginar la grandiosa civilización que aquí floreció, capaz de crear arte tan refinado como el fresco de los Delfines, del año 1450 a.C.



Exterior del Megaron de la Reina (Cnossos).

Gran escalinata (palacio de Cnossos, Creta).

Acabada la visita de Cnossos, recomiendo continuar la ruta en coche hacia el sur de la isla, para comer en alguna terraza frente al mar, por ejemplo, en la playa de Kalamaki, a 67 kilómetros de la capital.

Un segundo día en Heraklion debería utilizarse para visitar otros dos yacimientos ineludibles: Hagia Triada y Festos (época de esplendor, hacia 1600 a.C.) para los que se necesita otra mañana.

Disco de Festos (piedra Rosetta de los minoicos).
Festos es un recinto increíble, empinado en una colina, con ruinas palaciales de varias épocas y unas vistas que quitan el aliento. Está formado por un laberinto de muros, escaleras y patios sobre la ladera que se orienta a la meseta de Mesara. Allí se encontró el famoso disco de Festos (jeroglíficos grabados en arcilla), que es considerado la piedra Rosetta de la civilización minoica. A unos cinco kilómetros de Festos se halla Haghia Triada, un yacimiento más escondido y con peor carretera, menos turístico, pero con mucho encanto. Luego, por la tarde, se puede comer en alguna otra playa, como Matala o Komo, y nadar en el mar.


Red Beach de Matala (Creta), nudista y muy
bella, pero hay que caminar mucho para llegar.
Matala está unida a la mitología. Según dicen, cuando el dios Zeus, transformado en un toro blanco, raptó a la princesa Europa, llegó a Creta por esta playa. Mucho más reciente, la ciudad y sus aguas forman parte de la historia del movimiento hippy (en las cuevas artificiales de sus acantilados se refugiaron los hippies en los años 60) y en alguna playa, como la Red Beach, está permitido el nudismo. Además, se dice que, si se bucea bajo las aguas de la bahía de Mesara, es posible ver ruinas bajo el mar.

(Próxima parada: Hania, Falasarna, Agios Nikolaos, Ierápetra)

lunes, 18 de junio de 2018

Mi blog cumple 8 años con un guiño a la niña que fui


(Mi libro La casa de las palmeras en Amazon

'La casa de las palmeras'.
Con 428 entradas y 280.000 páginas vistas, este blog cumple hoy ocho años. Esto quiere decir que también yo estoy cerca de cruzar (el 20 de agosto) la meta de un nuevo año. Se acerca el estío. Enmudece la primavera. Mis dos estaciones favoritas estiran sus manos hasta tocarse, entrelazan las yemas de los dedos, se acarician las palmas. Como cuando yo era niña y el calor sesteaba entre los muros de mi casa blanca.     


*CUANDO YO ERA NIÑA

Cuando yo era niña, el río del pueblo llevaba agua
todos los años, y no solamente los inviernos en
que, como éste, llovía sin descanso. Era un agua
brusca y temible con su corte de barro y peñascos hasta
marzo, y una dócil corriente fresca y juguetona que entretenía
a los renacuajos en primavera y verano.

Mi abuela María.
Cuando yo era niña, vivíamos en las Cadenas con mi abuela María, en una casa blanca en mitad de un campo
al que tardarían años en llegar los carriles asfaltados.

No conocí a mi abuelo José, muerto un año antes de nacer yo, en el mismo día y mes, como si la muerte que tan joven lo reclamó a él se hubiera transformado en la vida que a mí me alumbró. En aquella casa aislada, los vecinos más cercanos eran conejos y culebras, avispas y abejorrucos, algún tejón y un par de zorras que aullaban por los matorrales.

Cuando todavía era niña, pero ya casi niña de escuela,
nos fuimos a vivir con mis abuelos Pedro y Josefa a
la casa de Los Alpargatones, al filo mismo de la carretera
que va al Puente y a Casabermeja. El río estaba allí tan
cerca que, afinando el oído en los días de tormenta, se escuchaba
el golpear del agua contra las piedras. Recuerdo
espiar con alborozo el paso de los coches sobre el asfalto,
trepar a las higueras, esconderme en el huerto y espantar
a las mariposas que se posaban ociosas en claveles, lirios
y rosas.

Cuando ya era niña de escuela, mis padres compraron
la casa de la calle Santa María en la esquina del
Ventorrillo y nos mudamos al pueblo. Mi calle estaba asfaltada,
teníamos agua corriente, luz y tuberías canalizadas,
lo que mis ojos de niña de campo veían como algo
prodigioso. Mi hermano Pedro era pequeño y me tocaba
entretenerlo, así que algunas tardes subíamos a la plaza,
donde estaban la farmacia, la panadería, la tienda y el bar, para
enseguida bajar al Ventorrillo, por entonces campo liso.
Ni una casa había frente a la nuestra, sólo hierba silvestre
y tierra rojiza. Todavía hoy, me asomo a la ventana de la
cocina y creo ver el campo donde ahora se levanta un
barrio de hormigón y cemento.

*Fragmento del relato titulado Cuando yo era niña, de mi libro La casa de las palmeras (Azul como la Naranja, 2013)




sábado, 9 de junio de 2018

'El poder de tu nombre' o la pasión egipcia de la escritora María Antonia García Quesada



A los pocos meses de hacernos trotar por París con los hermanos Pascal y Monique persiguiendo globos en El pescador de globos (Editorial B de Blok), la escritora y periodista María Antonia García Quesada nos invita a trasladarnos hasta el poderoso imperio de los faraones. ¿Cómo? ¿Por qué?

María A. García Quesada presenta su
nueva novela, 'El poder de tu nombre'.
Hace algún tiempo, la fascinación por Egipto animó a María Antonia a realizar un curso de egiptología en el Museo Antropológico Nacional y la llevó a recorrer el Nilo, desde Abu Simbel hasta Alejandría. Una fascinación que culmina ahora en su nueva novela, El poder de tu nombre, que acaba de publicar ArzaliaLa autora nos sitúa en el Antiguo Egipto de hace miles de años para contarnos una historia de amor con trasfondo social y feminista y, de paso, recrear cómo eran las costumbres y las creencias del mítico pueblo que erigió las soberbias pirámides. 

'El poder de tu nombre' (M. A. Quesada).
La trama se desarrolla en una época de luchas políticas, fanatismo y convulsiones que dejan al descubierto también la cara menos amable de los civilizados faraones. En ese contexto fluye la historia de Meroi, siervo del médico real, a quien conocemos cuando inicia su travesía por el Nilo, en un viaje que lo llevará desde las canteras del sur del país hasta la capital, Menfis. Allí conocerá la vida en la corte y las escuelas para los egipcios privilegiados. Todo le augura un porvenir brillante, hasta que su encuentro con la princesa Knumit cambiará todo su mundo.

María Antonia Quesada.
El poder de tu  nombre es –yo al menos así lo percibo- una novela escrita en clave feminista, no solo porque en la sociedad que describe las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres y podían emprender negocios, testar, realizar préstamos y desplazarse libremente sin tutela masculina; sino porque los hechos y la historia están vistos desde el prisma de la mujer. ¡Hasta Meroi podríamos decir que es feminista!

La nueva novela de María Antonia García Quesada tiene otro indudable protagonista: el río Nilo, eterno, subyugador, fuente de riquezas inagotables, caudal de vida y, por supuesto, de muerte. Por el Nilo navegan amigos y enemigos. En el Nilo naufragan fidelidades y se fraguan traiciones.