domingo, 18 de febrero de 2018

Alice Neel y sus retratos desnudos y crudos

(Más sobre pintoras y la sueca Hilma af Klint)

La pintora estadounidense Alice Neel (1900-1984) es conocida sobre todo por los retratos de su familia, amigos, escritores, poetas, artistas o cantantes; pinturas íntimas y a veces humorísticas, que también abordan  asuntos sociales y políticos. 

En 'T. B. Harlem' pintó la pobreza y la exclusión
social en Nueva York a comienzos del siglo XX.
Aunque Alice Neel realizó varias exposiciones también al principio de su carrera, fue en la década de los años sesenta cuando se hizo famosa y empezó a exponer tanto en Europa como en Estados Unidos. Su arte se caracteriza por un uso expresionista de la línea y del color y por haber producido obras que siempre tienen un tono descarnado. 

Retrato de Robert Smithson
(colección privada).
De los pinceles de Neel salieron retratos de unos tipos humanos realmente plurales, muchos de ellos habitantes de la ciudad de Nueva York a mediados del siglo XX, a los cuales plasmaba con trazos a menudo sombríos y austeros, casi siempre fríos, con mucha frecuencia posando de frente al espectador.

Los pintaba a todos con la misma fruición, ya se tratara de figuras políticas o culturales (Frank O'Hara, Andy Warhol, Robert Smithson…) o ya fueran vecinos y simples conocidos de la artista, bailarinas, estudiantes de arte o taxistas.

'Kitty Pearson'
(Tate Modern Londres).
Los cuadros de Alice Neel son de una enorme intensidad emocional. Sobresalen sus retratos femeninos y, de hecho, gracias a ellos y a su propia peripecia vital, Alice Neel es considerada como un icono feminista. Se ha dicho de ella que su arte glorificaba la subversión y la sexualidad, quizá porque representaba sin tapujos escenas de amantes y de desnudos. Pero su militancia feminista iba mucho más lejos, y fueron asimismo frecuentes sus colaboraciones con varias publicaciones comunistas. Esta artista norteamericana siempre hizo gala de su fuerte conciencia social y de sus creencias izquierdistas muy arraigadas.

'Soledad'
'Marisol'.










Retrato de Kate Millet, 1970
(portada 'Time Magazine').

En el año 1970 la revista Time Magazine encargó a Alice Neel que hiciera un retrato de la activista feminista Kate Millett para su portada, pero como Millet no quiso posar para dicha portada, la artista la pintó basándose en una fotografía. En este trabajo también dio muestras de su muy personal estilo de pintura, que nunca siguió moda alguna ni se encuadró en movimientos de vanguardia. Ni siquiera cuando retrataba a activistas negros o defensores de los derechos de las mujeres. Si a alguien se parece un cuadro de Alice Neel es... a otro de Alice Neel.

domingo, 4 de febrero de 2018

Es la razón, estúpido, ¡la razón! Voltaire-Rousseau

“La economía, estúpido” (”The economy, stupid”) fue una frase usada como arma arrojadiza por Bill Clinton contra George Bush padre durante su disputa de la campaña electoral por la Presidencia de Estados Unidos en 1992. Ganó Clinton, como es bien sabido. Luego la frase mutó a “Es la economía, estúpido” y hasta el día de hoy sirve para enfatizar los aspectos que se consideran esenciales.

Flotats-Voltaire y Ponce-Rousseau
(teatro María Guerrero de Madrid).
Dándole un giro muy personal, para mí “Es la razón, estúpido, ¡la razón!” resume bien el meollo de la obra de teatro Voltaire / Rousseau. La disputa, que se representa en el Centro Dramático Nacional, teatro María Guerrero de Madrid; con mis disculpas pues Rousseau estaba lejos de ser estúpido. En el momento en el que arranca la obra teatral, tanto Voltaire (1694-1778) como Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) son grandes autores, pensadores consagrados, ambos participantes en la Enciclopedia, paladines del saber. Y, sin embargo, Voltaire tiene una sólida posición social y económica, encarna el progreso apoyado en la razón y el pensamiento positivo, mientras que un Rousseau empobrecido aboga por destruir la sociedad y volver a un estadio primitivo de la Humanidad anclado en la naturaleza.

Francia abrirá en 2018 el castillo de Ferney, última casa
de Voltaire donde escribió 'Tratado sobre la tolerancia'.
Los dos actores son Josep Maria Flotats (Voltaire), director del montaje teatral, y Pere Ponce (Rousseau). Ambos están magníficos sobre las tablas, no solo diciendo el texto, sino convirtiendo el hilo argumental (Rousseau acude al castillo de Ferney, donde vive Voltaire, para intentar averiguar quién es el autor de un libelo anónimo que circula por Ginebra y que lo desacredita) en una disputa  filosófica que rompe las barreras del  tiempo y del espacio.

Retrato de Voltaire (Nicolas de Largillière).
Voltaire-Flotats defiende que hay errores del pasado y del presente que hay que reformar, pero sobre las bases de los logros culturales y científicos. Su contrincante Rousseau-Ponce argumenta que los hombres son buenos por naturaleza, la sociedad los corrompe y por ello el hombre no es responsable de sus pecados. En Voltaire / Rousseau. La disputa los dos filósofos se enfrentan en muchos otros campos: contraponen sus ideas sobre Dios, el teatro, el papel de la mujer, la hipocresía, la revolución, la riqueza… hasta sobre la evasión fiscal. Todo ello, dramatizado y agigantado para mejor lucimiento de los actores y del texto.

Jean-Jacques Rousseau.
¿Cómo discurrió verdaderamente la relación entre los Voltaire y Rousseau reales? Seguramente no tan encarnizada como en esta versión teatral, pero es conocido que Voltaire desdeñaba el sentimentalismo y resentimiento social de Rousseau. Y quizá al escribir estos versos: “Un monstruo alegre es preferible / a un sentimental aburrido” Voltaire estaba pensando precisamente en el bueno de Rousseau. Como quiera que sea, los dos dijeron adiós a este mundo y a sus disputas el mismo año de 1778, con tan solo dos meses de diferencia.

martes, 30 de enero de 2018

Micenas y Siracusa: leyenda y mito en la Fundación March


Tarraco, Micenas, Siracusa, Ibiza, Tusculum y Éfeso no son solo ciudades de la Antigüedad que nacieron y florecieron en el Mediterráneo; son testigos de excepción de un tiempo remoto que todavía hoy tiene mucho que enseñarnos a los habitantes globales de este planeta, que siempre fue global aunque solo unos pocos adelantados lo supieran.

La Fundación Juan March de Madrid despide enero y dedicará los martes del mes de febrero a redescubrir estas míticas ciudades en un ciclo de conferencias gratuitas y más ilustrativas que diez pantallas de teléfonos inteligentes. Me llaman la atención sobre todo tres: Micenas: capital de la Grecia de Homero; La cuádruple Siracusa y Tusculum: la legendaria ciudad del Lacio donde se miraba Roma.

Puerta de los leones (Micenas) hacia 1885.
Estuve en Micenas (año 1993) y en Siracusa (año 2002) de vacaciones hace muchos años, tantos que da vértigo contarlos. No se me olvida la excitación de llegar a las ruinas de Micenas, la legendaria patria de Agamenón, en pleno Peloponeso griego; acercarme a la puerta de entrada donde se enseñorean los leones; extender la vista a lo lejos repasando los contornos de la muralla; admirar esas ruinas que los griegos históricos, entre ellos el erudito Pausanias en el siglo II d.C., decían que habían sido construidas por los Cíclopes. Y es que al comienzo de nuestra era Micenas era ya un recinto de vetustas ruinas, testimonio fehaciente de una civilización perdida que solo se conservaba en la literatura de Homero. Fue precisamente gracias a Homero, que cantó a Micenas en el siglo VIII a.C., como el alemán H. Schliemann pudo desenterrar Micenas en el siglo XIX. Fue siguiendo a Homero como Schliemann dio con estos excepcionales vestigios, sacó a la luz las tumbas y desveló las murallas.

Teatro griego de Siracusa (Sicilia).
Recorrí Siracusa, parada obligatoria en la  Magna Grecia que es Sicilia, en el año 2002. Está dividida en dos partes: la Neapolis, con el parque y el museo arqueológicos, donde se incluye la visita a la curiosa gruta llamada Oreja de Dionisio; y la isla de Ortigia, que es el centro histórico. Esta última hay que recorrerla a pie, observando las fachadas, plazas y balcones de sus casas señoriales. La fuente Aretusa, que mana agua dulce a unos pasos del mar, es muy curiosa. En Siracusa me comí unos deliciosos espaguetis en una taberna de y para siracusanos, donde no hablaban más que su dialecto, la comida se escogía señalando con el dedo y no había aire acondicionado. Buenísimos.

No he estado en Tusculum ni he pisado Éfeso, pero solo con leer la breve presentación sobre ambas conferencias en la Fundación March ya tengo ganas de ir. Tusculum se halla en la región volcánica de los Colli Albani, a unos 30 kilómetros de Roma. Es una ciudad de orígenes míticos e históricos legendarios; Cicerón la eligió como residencia; tenía suntuosas villas de recreo desde la época renacentista; la arqueología la ha desempolvado en los años noventa del siglo XX.


Querría conocer Éfeso, cuya acrópolis conserva el Templo de Artemisa, meca de peregrinación y una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo según la famosa lista de Antípatro de Sidón. Estoy deseando ir.

martes, 23 de enero de 2018

Mujeres de letras tomar


Soy afortunada por tener varias amigas escritoras periodistas o periodistas escritoras (no sé qué prima más en ellas), pero por encima de todo, amigas.
Carmen Estirado, durante la presentación
 de 'Fábrica de luz', su segunda novela.
Carmen Estirado acaba de publicar su segunda novela, Fábrica de luz (Seurat 2017), donde confirma que tiene talento y valentía, se pone el mundo por montera y asume riesgos literarios, entre ellos el de ensamblar un relato a cinco voces, construir cinco personajes a lo largo de 300 páginas sin que chirríen las piezas y embarcarnos en un viaje sentimental Madrid-París-Buenos Aires plagado de amistad, distancia, amor, sueños, sombras, infinitos trabajos y luz, mucha luz.
Segunda novela de Carmen Estirado.
La presentación del libro tuvo lugar hace unos pocos días, el 19 de enero, en el Café Barbieri de Madrid, en un acto en el que se habló mucho y bien de esta ambiciosa novela, del oficio de escribir, de la literatura, de los vericuetos de la creación, del arrojo, en fin, tan necesario para perseguir los sueños. La guinda musical en esta presentación la puso el músico Alfonso Gardi con dos canciones tocadas a la guitarra y con la pasión y la garganta como mejor altavoz.
Todavía no he tenido tiempo de leer Fábrica de luz, pero os lo recomiendo con la certeza de que no os defraudará. Sí he leído Las llaves de casa (Ediciones Atlantis), la obra con la que Carmen debutó como novelista en 2013. Se trata de una historia de, por y sobre mujeres... y mucho más, con un lenguaje brioso, espontáneo y muy cuidado mediante el cual el lector transita con la protagonista por unos momentos de la vida en los que predominaban el estupor ante la muerte, la incomprensión de los turbios lazos familiares y el ajuste de cuentas con el pasado.


Otra amiga escritora con libro nuevo bajo el brazo es María Antonia García Quesada, que con la novela infantil El pescador de globos (B de Blok) traslada al lector hasta París para narrar una emotiva historia de sueños y anhelos. Los protagonistas son los hermanos Pascal y Monique y las peripecias dan comienzo cuando un globo se escapa, gracias a lo cual conocerán a personajes insólitos como Max (que pesca en el cielo de la ciudad con sus telas de araña) y el mago Saladín (lo sabe todo sobre la torre Eiffel).


La entrañable relación de los niños con la tía Emma, la humanidad de los personajes, sus valores, la defensa de la libertad y el derecho a soñar permean este libro que no es en sí mismo literatura infantil; es literatura. Nada más y nada menos. Este es el tercer libro de María Antonia, quien anteriormente publicó otro relato infantil, El tesoro de las mariposas, y la novela Inventario de otoño.
También amiga, la periodista y escritora Maite Cabrerizo ha participado recientemente en la obra coral Discípulas de Gea (Inventa Editores 2017), un proyecto contra la explotación de la mujer en el que casi cuarenta autoras surcan con su prosa o su poesía el desierto arenoso de la fuerza bruta, las relaciones fallidas, el silencio cómplice, la injusticia y el desgarro. Otras autoras intervienen con fotos, collages e ilustraciones.


Estoy fascinada con Maite Cabrerizo como escritora desde que leí su anterior libro, titulado Un buey enorme pisa mi lengua (Poesía eres tú, 2016), donde trazaba en unas 60 páginas y en clave de prosa poética retazos cotidianos de una vida asomada al precipicio del desempleo. Con un estilo elegante, una hiriente ironía y una buena dosis de mala leche de la buena, Maite relataba esa crisis desde la ficción, pero con la autenticidad de haber conocido en primera persona la cola del paro.

Maite Cabrerizo, durante la presentación de
'Un buey enorme pisa mi  lengua'. 
En el mundo existen incontables bueyes pisalenguas como el que Maite Cabrerizo ha reflejado en esta obra, cuyo título toma prestada la frase del centinela de Agamenón, de Esquilo, que escogió el silencio porque “un buey enorme ha pisado mi lengua”.

sábado, 6 de enero de 2018

Artabán, el cuarto rey mago

(Más sobre los magos de Oriente y sobre la Navidad)
Firma invitada: Luis Fermín Moreno


Artabán, el cuarto rey mayo es una leyenda de los primeros siglos cristianos que con el correr de los tiempos arraigó sobre todo en Rusia. En siglo XIX se hizo popular también en Estados Unidos gracias a un relato publicado por el pastor Henry Van Dyke titulado El otro sabio, del que se han hecho varias películas.
Existen dos versiones de la leyenda. En una de ellas, Artabán es detenido al tratar de intervenir en la matanza de los Santos Inocentes, y permanece en la cárcel hasta el día de la Crucifixión de Jesús. En la otra, el mago pasa su vida tras las huellas de Cristo y lo encuentra precisamente en la cruz. El final es, pues, el mismo.

Los tres magos, de la misma raza (mosaico del s. VI).
En los textos bíblicos canónicos sólo hay una referencia a los  magos, en el evangelio de San Mateo ("Vinieron unos magos de Oriente a Jerusalén y preguntaron: ¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo").

Solo se dice que eran magos, esto es, sabios. No se menciona su número ni sus nombres. En Armenia se aseguraba que eran doce. En la Roma paleocristiana de las catacumbas, dos. En el siglo VI, los magos eran tres de la misma raza, como atestiguan algunos mosaicos de iglesias bizantinas. En la Edad Media se les dio el título de reyes. Y desde el siglo XVI se les representa con distintas razas y edades.
'Viaje de los Magos' (J. Tissot, siglo XIX). Desde
 el siglo XVI los magos son tres de distintas razas.
Se dice que fue Santa Elena en el siglo IV (por entonces aún no santa) quien halló las tumbas de los magos. La madre del emperador Constantino realizaba excavaciones en Jerusalén y alrededores en busca de restos de los primeros cristianos. Encontró la Veracruz de Cristo, el santo Sepulcro y los huesos de quienes decidió que eran los magos.

Los cuerpos hallados por santa Elena eran tres y así se estableció que los magos eran tres. Primero fueron trasladados a Constantinopla, y de allí a Milán, donde permanecieron hasta 1162, cuando Federico Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico, arrasó Milán y decidió llevárselos a Colonia, en cuya catedral reposan desde entonces.

Leyenda de Artabán, el cuarto rey mago
Melchor, Gaspar, Baltasar y Artabán eran cuatro ilustres magos de Oriente a los que les fascinaba observar las estrellas. Los cuatro magos descubrieron una estrella diferente al resto. Tras varios estudios, llegaron a la conclusión de que esa estrella les marcaba un camino que terminaba en Belén, lugar en donde estaba a punto de nacer el niño Jesús. 
Los cuatro magos decidieron partir de inmediato y acordaron reunirse junto al zigurat de Borssipa, en Babilonia, para ir todos juntos. Melchor llevaría oro. Gaspar, incienso, y Baltasar, mirra. Artabán decidió llevar como regalo un saquito lleno de piedras preciosas, entre las que destacaban un diamante de la isla Méroe que neutralizaba los venenos, un trocito de jaspe de Chipre como amuleto de la oratoria y un rubí de las Sirtes para alejar las tinieblas que confunden al espíritu.
Pero, de camino al zigurat, Artabán se encontró a un anciano pobre y enfermo. Conmovido, se detuvo a cuidarlo y le entregó el diamante. Cuando llegó al punto de encuentro, los otros magos habían partido hacia Judea. Él fue detrás, siguiendo la estrella, pero al llegar allí, se encontró con un panorama desolador: no había rastro de sus compañeros, el Niño ya había nacido y sus padres habían huido a Egipto para escapar de la matanza ordenada por Herodes.
Artabán no se desanimó y siguió buscando a aquel Niño. Por donde pasaba, iba encontrando gente necesitada a la que ayudaba sin dudar. Así, poco a poco, la bolsa con las piedras preciosas iba reduciéndose sin remedio. Treinta y tres años después, un viejo y cansado Artabán llegó a Jerusalén con un último rubí en el saco. Oyó que iban a crucificar en el Gólgota a un hombre que decía ser el mesías enviado por Dios para salvar al mundo. Supo que Aquel era el que llevaba tanto tiempo buscando y decidió ir allí a entregarle el rubí.
Pero, una vez más, de camino se topó con una mujer a punto de ser vendida como esclava y utilizó el rubí para comprar su libertad. Triste y desconsolado, sin motivo para seguir, se sentó en el pórtico de una vieja casa. En ese momento, Jesús expiró en la cruz, la tierra tembló y una piedra golpeó la cabeza de Artabán. Moribundo, el cuarto mago imploró perdón por no haber podido cumplir su misión.
En ese momento, vio a un joven de la misma edad que tenía él cuando comenzó su viaje y que le decía:
-Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste.
-Señor, ¿cuándo hice yo todo eso? -preguntó Artabán, desorientado. 
-Lo que hiciste por tus hermanos, lo hiciste por mí, así que hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.
Y Artabán expiró, emprendiendo la última etapa del destino finalmente alcanzado.