sábado, 7 de mayo de 2016

'Un buey enorme pisa mi lengua', libro de Maite Cabrerizo

(Más amigos escritores: Carmen Estirado y José María Triper)

Un buey enorme pisa mi lengua es un libro muy bueno, difícilmente clasificable como prosa pero igualmente constreñido en las costuras de la poesía. Es una obra de 60 páginas escrita con mucho trabajo para exorcizar la rabia del desempleo. Su autora es Maite Cabrerizo, una talentosa juntadora de letras, periodista y escritora amiga, que está dando –y dará- mucho de qué hablar.

Maite Cabrerizo firma ejemplares de su libro
'Un buey enorme pisa mi lengua'.
Al igual que le sucede a José María Triper, el prologuista del libro, me resulta difícil deslindar el cariño que le tengo a Maite de la admiración que siento por este enorme buey pisalenguas que ha parido. Desde el bien traído título (tomado de un episodio de Agamenón (458 a.C.), la tragedia griega de Esquilo), pasando por la dedicatoria (A mis padres. A Juanjo. Amores sin maquillaje que no salen en los diarios), y entre la primera y la última estrofa, las 60 páginas contienen hallazgos estilísticos con los que Maite cuenta verdades como puños.


6- De isobaras y nubesoles
Mañana de niebla…
tarde de despido.
No esperes hoy la tormenta de ayer (Radio Futura)
Ayer diluvió, hoy estoy en paro (lo que se dice una tormenta con pedrada)


Crítica elogiosa de 'Un buey enorme pisa
mi lengua' en 'El Correo'.
Maite Cabrerizo lee mucho, y ese entrenamiento lector le permite encadenar las palabras con una facilidad sólo aparente, mientras va desgranando con parsimonia su cotidianidad: levantarse a las 6:41 para ir a nadar (igual que hacía cuando trabajaba); peregrinar por las oficinas del paro y coger números que la cosifican como una desempleada más; dialogar sin palabras con el portero de la finca de la playa, al que dan ganas de achuchar; leer las noticias; andar como si no hubiera una mañana; conjugar el verbo parar.


9. Fricalor
Estado antinatural que simultanea el frío y el calor. Mientras el cuerpo transpira llegando a niveles de hiperhidrosis, las manos se congelan. Las consultas médicas, me consta, están llenas de pacientes que sufren fricalor. Los síntomas: sudor y temblores.
-¿De frío?, me pregunta el doctor.
-De miedo, digo yo.

Estoy deseando que llegue la Feria del Libro para ver a Maite firmar ejemplares de Un buey enorme pisa mi lengua en el Retiro de Madrid. Un parque que está al lado de su casa y por donde ella suele caminar 20 kilómetros de una sola tacada. Porque Maite -ya está dicho- nada y camina como si no hubiera un mañana, y por eso, aunque las estadísticas oficiales la retengan como una parada más, ella no se detendrá jamás por propia voluntad. Porque a ella, como escribe José María Triper en el prólogo, “ningún buey le va a pisar otra vez la lengua. Su voz ha salido tarde pero certera para no callar, ya sea en la cola del paro o desde el regazo armónico de la piscina”.

El viernes próximo, 13 de mayo, Maite estará en Vitoria presentando de nuevo su buey, dentro del IV Festival de Poesía Vitoria-Gasteiz. Será una presentación original, una especie de monólogo con juego de luces y sonido, durante el cual los protagonistas del libro dialogarán con la autora... y hasta aquí puedo leer. Y como Maite es tan original, a su libro no podía faltarle la banda sonora: aquí está, Sin maquillaje se llama, y la canta Marcos Sierra.  





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