domingo, 15 de mayo de 2016

Escapada de fin de semana a Tarragona y Poblet

(Escapada a Cataluña y varios rincones con encanto en Barcelona)

El AVE ha puesto a Tarragona a tiro de piedra como escapada de fin de semana desde Madrid, aunque en coche también está relativamente cerca (poco más de cinco horas), y esta última opción permite visitar también el cercano monasterio de Poblet. Durante el Imperio romano, Tarragona (su nombre latino es Tarraco) fue una de las principales ciudades de Hispania, y de esa época sobreviven dos magníficas ruinas: el majestuoso Anfiteatro (al borde del mar) y el imponente Circo, además de arcos y otros restos. El conjunto arqueológico de Tarraco es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Anfiteatro romano de Tarragona (Cataluña).
Visité Tarragona el pasado puente del 1 de Mayo. Tenía muchas ganas de volver desde que, hace años, pasé allí una sola noche (de camino de Francia a Madrid) y no pude ver casi nada de la ciudad, Así que esta vez, el Anfiteatro romano fue la primera parada. Es del siglo II d.C. y en él tenían lugar espectáculos populares, fundamentalmente luchas de gladiadores. En la actualidad, se representan obras de teatro y conciertos. Las gradas más próximas al mar han sido reconstruidas, y bajo la arena pueden verse los pasillos por donde se movían los gladiadores, metían a las fieras para la lucha y se daba servicio a los espectáculos. En sus buenos tiempos, el Anfiteatro albergó hasta 14.000 espectadores.

Túneles de las vueltas interiores del
Circo romano de Tarragona. 
El Circo es de finales del siglo I d.C. y en él se celebraban carreras de cuádrigas tiradas por caballos. Se extendía desde la actual fachada al mar hasta el ayuntamiento, pero hoy puede verse sólo una ínfima parte, ya que desde el siglo V lo fueron demoliendo, usando sus piedras, columnas y bóvedas para levantar otras construcciones. Es decir, se aprovecharon las estructuras originales como base para las nuevas edificaciones, de forma que el Circo romano quedó subsumido en el centro urbano. Este hecho, curiosamente, ha permitido que el Circo de Tarragona sea quizá el mejor conservado del mundo.

Se visitan la cabecera oriental (puerta Triumphalis) y parte de las gradas, así como varios de los túneles, que eran los que, bajo la arena, soportaban el graderío superior, donde se sentaban los espectadores. La visita merece la pena, tanto por ver lo que hoy queda como por recrear lo que fue, pues a lo largo del recorrido hay vídeos, maquetas y paneles explicativos con la historia y usos del Circo.

Plaza del Rey (Tarragona).
Al lado del Circo se halla la plaza del Rey, peatonal y llena de terrazas al aire libre. Está rodeada por el Museo Arqueológico y por la torre del Pretorio, que también merecen una visita, para completar la visión de la Tarraco monumental. En esta plaza el bar más famoso es La Casa del Vermut, muy populoso por sus buenos precios y el vermut, claro está.

Trampantojo (plaza Sedassos, Tarragona).
Una curiosidad cerca de allí es la fachada-trampantojo que hay en la plaza de Sedassos, muy moderna pues es del año 1995. La explicación de sus pinturas puede leerse aquí. Y, por supuesto, hay que acercarse a la catedral, construida en estilo gótico en la parte más alta de la ciudad. La catedral actual se erige sobre lo que fue una mezquita árabe. Antes de la mezquita existió una iglesia visigótica, y mucho antes hubo un templo, dedicado a Augusto y consagrado al culto romano.

El puerto de pescadores, la Rambla, el Balcón del Mediterráneo (mirador con vistas al anfiteatro y el mar) o la plaza del Foro son otros puntos cardinales interesantes de Tarragona, ya sea para pasear, tapear o disfrutar de un atardecer con vistas.

Fuente del claustro de Poblet (Tarragona).
Entre Tarragona y Madrid se encuentra el monasterio de Poblet, mandado construir por Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, quien lo entregó a los monjes cistercienses de la abadía francesa de Fontfroide en el siglo XII. Aquí se enterraron los reyes de Aragón desde finales del siglo XIV hasta la extinción de esa casa real, en el siglo XV.

Claustro del monasterio de Poblet.
Como en la actualidad es un monasterio de clausura, sólo pueden verse algunas partes, y siempre en visita guiada. El claustro y su soberbia fuente son de las principales atracciones del monasterio. La biblioteca y el refectorio se ven únicamente por fuera, pero la iglesia se puede recorrer libremente y admirar las lápidas sepulcrales de los reyes de Aragón. Desde la cubierta superior se disfruta de una bonita vista de los tres campanarios (románico, gótico y barroco).

Dragón, en una barandilla del
monasterio de Poblet (Tarragona)..
El monasterio de Poblet reserva una curiosa sorpresa: la bajada desde la cubierta superior hacia la salida se efectúa por una escalera con una barandilla de hierro forjado, de época moderna, de lo más peculiar. En el extremo superior del pasamanos, la figura de un dragón parece trepar por la pared, con la cabeza girada hacia el caminante y las garras de sus patas asiendo con fuerza la piedra de la pared. En el extremo inferior de la barandilla se alza un demonio, que sujeta con una mano la bola del mundo y con la otra agarra una serpiente.

Demonio, en una barandilla del
monasterio de Poblet.

En la tradición cristiana, tanto el dragón como la serpiente representan la encarnación del mal. En el libro del Apocalipsis, a Satanás se le llama gran dragón o serpiente antigua, y uno de los santos más populares es San Jorge, asociado a la leyenda del dragón, salvador de doncellas y, en Cataluña, patrón de los enamorados (Sant Jordi). Es llamativo que en un monasterio habitado como éste de Poblet, dos figuras tan denostadas como la del dragón y el demonio ocupen un lugar tan visible. Quizá sea para recordar a los monjes, a diario, que no deben bajar la guardia ya que la tentación se cuela por el resquicio menos sospechado.

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