martes, 3 de enero de 2017

María, Epifanio, Manolo: nos hacéis falta

(Más sobre despedidas y alguna que otra añoranza)

Empezar el año 2017 con un post dedicado a la muerte puede parecer poco afortunado, como si el voltear de las hojas del calendario tuviera que hacerse manteniendo la jarana carnavalesca que caracteriza a las Navidades en esta época nuestra de hiperconexión y comilonas celebratorias. Pero no lo es. Sucede que también en fiestas se muere la gente, y por consiguiente su recuerdo siempre irá asociado a estas fechas.

Con mi abuela María
a finales de los 70
.
El 31 de diciembre de 1997 falleció mi abuela María Mancilla Mérida (1914-1997), la única que conocí siendo yo niña, joven y adulta; la única de mis abuelos de la que tuve tiempo de aprender y a la que tanto me empiezo a parecer. No por su pequeña figura, siempre vestida de negro, marrón o gris; ni por su pelo primero grisáceo y en seguida combinación de blanco y gris; tampoco por su prematuro y voluntario apartamiento del fragor cotidiano. Pero sí en muchas cosas que me guardo para ella y para mí, y de las que un día desearía fervientemente que pudiéramos conversar juntas las dos. Hablar de mis sueños y de sus dolamas, con aquella complicidad que teníamos en su casita del callejón del Ventorrillo durante las tardes en que me iba allí a estudiar, más por estar con ella que por aprender la lección.

Epifanio Moreno en la finca
familiar 'Locuras' (21-03-2009).
 
El 29 de diciembre de 2010 falleció  Epifanio Moreno Perea (1930-2010), maestro de escuela que desde 1950 y durante 44 años ejerció la docencia en numerosos pueblos de la provincia de Ciudad Real. Fue también concejal, tesorero de ayuntamiento, fiscal y juez suplente. Tuvo la historia de su pueblo (Torrenueva), la fotografía, el dibujo y la escritura como aficiones, y a su familia y a sus alumnos como sus devociones. Fue un hombre de bien y de paz, cuya obra más cuajada son sus hijos, a quienes educó escuchando con paciencia, sugiriendo, sin hacer reproches, mostrando su honestidad, dándoles libertad para equivocarse. Profundamente espiritual, enseñó a los suyos a vivir la vida con pasión y a comprometerse con ella. A actuar, en suma, como actúa un hombre de fe.

Manuel de Unciti (1931-2014).
El 3 de enero de 2014 falleció Manuel de Unciti y Ayerdi (1931-2014), periodista, escritor, cura y misionero que trabajó en el histórico diario Ya y capitaneó varias revistas religiosas desde los años sesenta. Un hombre bueno, fiel y comprometido hasta el final. Manolo, como le llamábamos, fue maestro de periodistas y dirigió durante casi medio siglo en Madrid la residencia de estudiantes Azorín, hoy cuna de la Asociación Manuel de Unciti, que ya trabaja para asentar y extender el legado de su vida y de su obra. Hace tiempo que desaparecieron el vetusto chalet y el agreste jardín sede de la residencia Azorín, pero las semillas de sus residentes abonan vidas por donde quiera que van. Manolo, enemigo del adocenamiento y la caja de grillos que es la televisión, sembró en todos ellos el espíritu crítico y el pensamiento libre.

María, Epifanio, Manolo. Los tres al desaparecer nos han dejado un hueco físico que no se puede rellenar y una orfandad anímica y espiritual imposible siquiera de sondear.


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