Mi cumpleaños 2026: Agradecer lo vivido y seguir tejiendo sueños
Llega otro 20 de agosto, mi cumpleaños, y como casi siempre, bajo los rigores del calor propio de la época estival. Quienes nacimos unidos por el hilo invisible de la diosa Juno y los emperadores Julio y Augusto aguantamos mejor el calor, pero en los últimos años, el susodicho empieza a ser “un poquito demasiado”.
Mi Cumpleaños en 2025: cápsula del tiempo
Creo que cumplir años significa una victoria silenciosa en la batalla contra el tiempo y a favor de nosotros mismos, en una sutil contienda en la que avanzamos dando pinceladas de sombra y luz.
CUMPLIR AÑOS SUPONE hacer escala en un nuevo puerto en ese viaje cuyo destino final siempre parece más lejano de lo que en verdad está.
CUMPLIR AÑOS CONLLEVA afrontar dolores viejos que tienen memoria propia. Pienso en mi madre, que cada 20 de agosto funde mi nacimiento con la muerte de su padre, acaecida el mismo día, justo un año antes. Pienso en María, mi abuela materna, meciéndose en su butaca en las tardes de mi adolescencia, y cómo habría sido conocer a mi abuelo José
CUMPLO AÑOS y pienso en las ausencias, también la de Josefa, mi abuela paterna, de quien conservo memorias difusas, pero cuya presencia adivino cada vez que contemplo los lirios morados que me enseñó a amar. Pienso en su marido, mi abuelo Pedro, y su triste final. Ojalá haya encontrado la paz.
Y pienso en mi padre, Miguel, que nos falta desde el 19 de septiembre de 2021, cuya partida repentina, fulminante, sigue doliendo a reventar. Me consuela saber que apuró su vida hasta el último instante, pese a los achaques de la enfermedad. La víspera de aquel fatídico sábado, mi padre hacía planes y rememoraba con una sonrisa sus años de niño en la sierra del Torcal, allá por 1950. Con su hermano Pepe (fallecido este año) buscaba espárragos trigueros, que vendían para comprar un chusco de pan y una onza de chocolate.
CUMPLIR AÑOS IMPLICA aceptar ilusiones de juventud que no se materializarán, dejarlas ir o invitarlas a reposar sin belicosidad. Regarlas, no para que florezcan, sino para mantener viva la tierra sobre la que se plantaron y sirvan para nutrir raíces nuevas.
CUMPLIR AÑOS SIN RENDIRME, sin más posos de amargura que los justos. No soy de piedra ni de hiedra; las cicatrices escuecen porque la piel tiene memoria. Los años enseñan que hay que escuchar a la piel cuando se eriza, pica, se hincha... Sí, escuchar a la piel.
ME DISPONGO A CUMPLIR OTRO AÑO, a limpiar el desván de pesadillas viejas y a seguir tejiendo sueños nuevos y metas lejanas, todo lo lejanas que el cuerpo aguante.
¡Feliz cumpleaños para mí!




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