Pintoretto y el robo del tres de mayo: misterio en el Prado

(Más sobre Maite Cabrerizo)
Firma invitada: Luis Fermín Moreno
Autor del poemario 'En ángulo muerto'

¿Qué ocurre en el Museo del Prado cuando cierra sus puertas? Pues lo que cualquiera podría pensar: que los personajes de las pinturas aprovechan para estirar las piernas anquilosadas después de tantas horas de exposición, charlar entre ellos, correr por las salas vacías, reír y jugar… O dormir y recuperar fuerzas para otro día de inmovilidad. 


Solo unos pocos iniciados están al tanto de este mundo secreto nocturno. Que se sepa, un hombre viejo y calvo, de sobrenombre Anticuario, y su no-hermano, Cojometálico, al que un cocodrilo arrancó una pierna en el Amazonas. Hasta ahora. Porque la intrépida periodista Maite Cabrerizo, autora de Un buey enorme pisa mi lengua, y su hermano Kepa han destapado el asunto. 
Maite Cabrerizo, periodista y escritora.
Un hecho de hace unos años que bien pudo acabar en una tragedia mundial. Nos lo cuentan en el libro Un misterio en Madrid: Pintoretto y el robo del tres de mayo (Ediciones La Librería, 2007). Una historia con todos los ingredientes necesarios para que no dejes de leer: la desaparición del famoso cuadro de Francisco de Goya, del que escapa don Pedro de Madrid, su personaje principal; y una pandilla de detectives liderados por Pintoretto, un niño que vive en el museo porque su padre trabaja allí. 

Encontramos también a la infanta Margarita y sus enanos María Bárbola y Nicolás Pertusato, que bajan de Las meninas para ayudar; políticos y empresarios corruptos; fieras de carne y de piedra repartidas por la ciudad; y hasta una belleza sueca que intenta medrar. 


Y todos ellos dando vueltas por un Madrid lluvioso, que también nos muestra sus secretos: del Palacio de Linares al subsuelo de la Casa de Correos en la Puerta del Sol, jugando al gato y al ratón por las corralas del Rastro, el Retiro, la Plaza Mayor o el Palacio Real. 




Por supuesto, resuelven el misterio y recuperan el cuadro. No desvelamos nada que no se sepa: la pintura se sigue viendo en el museo. Y no diremos cómo.

Lo mejor de todo es que al final hay un leve roce de manos que presagia una historia de amor. Habrá que esperar a que los hermanos Cabrerizo se animen a contárnosla.

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