Viaje a Francia (y IV): Moulins, Bourges, París
(Etapa anterior del viaje a Francia: Rocamadour,Bourbon, Moulins)
El martes, 8 de julio, desayunamos en Les
Vieux Murs (Souvigny), coincidimos con la pareja belga y los invitamos a hacer juntos la visita guiada a la iglesia de Souvigny (siglo X). No pudimos ver lo que más nos interesaba, la Capilla
Vieja (siglo XIV), construida por el tercer duque de Borbón, Luis II, que fue enterrado allí junto a su esposa, su hijo y
su nuera.
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| Duques de Borbón (Capilla Nueva, Souvigny). |
Sí pudimos visitar la Capilla Nueva (siglo
XV), edificada por el quinto duque de Borbón, Carlos I, donde reposan éste, su mujer y otros seis familiares. En la iglesia hay también un monumento a los santos Mayeul (siglo X) y Odilon (siglo XI), que se pensaba destruido en la Revolución Francesa y que fue descubierto en 2001.
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| Vidriera de los Borbones, en la catedral de Moulins. |
La siguiente estación de nuestra agenda viajera fue Moulins, para ver la catedral y el Museo Anne de Beaujeu, antiguo castillo de los Borbones, que se alza en una plaza presidida por un enorme
árbol. La lluvia, fiel compañera de nuestro periplo francés, comenzaba a caer cuando salimos del museo,
así que optamos por comprar vino, queso y frambuesas y recluirnos en Les Vieux Murs. A la mañana siguiente, miércoles 9, ya camino de Bourges (nuestra siguiente parada y fonda) nos detuvimos en la abadía de Noirlac, no muy interesante, pero con bonitos jardines de tilos.
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| Los cinco pórticos de la catedral gótica de Bourges. |
La llegada a Bourges fue, ¡cómo no!, bajo una lluvia
espesa que algún exagerado tildaría de torrencial. Teníamos reserva en el Best Western L’Angleterre, muy céntrico y moderno, y la habitación daba al Teatro Municipal. Nada más dejar el coche en el párking, fuimos a la catedral, iniciada a fines del siglo XII y un fiel ejemplo del arte gótico. Es un edificio impresionante, con una fachada que apabulla por su amplitud, proporciones y cinco pórticos que se corresponden a las cinco naves interiores.
Compramos el billete conjunto para la cripta y la torre, pero esa tarde sólo bajamos a la cripta, en una visita guiada en francés para nosotros solos, que nos
encantó: desde los restos de los frisos del Jubé de la catedral, a los
apóstoles de piedra decapitados, a las esculturas del Descenso de la Cruz, el
Leviatán y la Marmita del Infierno. Y, por supuesto, la estatua yacente del Duque de Berry (siglo XIV). Los restos del Duque
(hermano de Carlos V y comanditario de esa joya que es Las Muy Ricas Horas del
Duque de Berry), no están ahí,
pues la tumba fue saqueada en la Revolución Francesa. Cenamos temprano en la Taberna del Mâitre Kanter: un plato de marisco con boulots (¿bígaros?, no sé bien cómo se traduce), mejillones y chucrut, a
precio muy razonable.
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| Patio del Museo del Berry-Hotel Cujas (Bourges). |
El jueves, 10 de julio, llovía desde primera hora
sobre Bourges, así que nos decidimos por practicar el turismo de interior (es decir, bajo
techo), empezando por el Museo del Berry-Hotel Cujas. ¡Muy bonito el edificio y lo que
alberga, sobresaliente por las lápidas funerarias! Y, por supuesto, los pleurants (plañideros) del cenotafio original del Duque de Berry. Explicación: la verdadera
escultura está en la cripta de la catedral (la vimos el día
anterior), pero los dolientes originales se exhiben en este museo, y hay una réplica en el Palacio-Museo Jacques Coeur.
Pese a que no dejaba de llover, decidí subir a la
torre de la catedral, 396 escalones en soledad. Una vez en la cima, la lluvia y
el viento hacían imposible disfrutar de las vistas. Pero valió la pena, pues cuando descendía por la escalera,
unos grafitis en los muros me inspiraron un relato que aún no he terminado, pero que estará en mi próximo libro.
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| Reconstrucción del cenotafio del Duque de Berry (Palacio-Museo Jacques Coeur, en Bourges). |
Tras un breve paseo por la muralla galo-romana, comimos en una brasserie, deprisa porque a las 14:30 horas visitábamos el Palacio-Museo Jacques Coeur, quien fuera tesorero del rey Carlos VII. Es un placer recorrer
las estancias, con curiosas chimeneas, en particular una con
figuras que defienden un castillo desde las almenas. En
otras hay monos comiendo, efigies de Jacques Coeur y
flores de lis.
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| 'Pleurants' del cenotafio del Duque de Berry (Palacio-Museo Jacques Coeur, en Bourges). |
Este palacio fue primero residencia privada de
Coeur, después lo confiscó el rey y luego regresó a manos de la familia. Su último
propietario fue Colbert, el ministro de Luis XIV, y tras la Revolución fue usado
como ayuntamiento y juzgado. Es uno de los edificios más bellos de Bourges.
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| Coro musical de ángeles en el convento de los Agustinos ('Noches Luminosas de Bourges'). |
Esa noche, la última de nuestra estancia en la
capital del Duque de Berry, hicimos el recorrido llamado Las Noches Luminosas de Bourges (de mayo a septiembre), un paseo de lo más agradable
durante el cual se camina por el casco antiguo de la ciudad, transformado por
la música, la luz y las imágenes que se proyectan sobre fachadas de edificios
emblemáticos. Había poca gente porque amenazaba lluvia, pero no hacía frío
alguno y algunos de los trampantojos eran magníficos.
A nuestro periplo francés le quedaban apenas tres
días, así que el viernes, 11 de julio, fuimos en coche directos de Bourges a
París, o para ser más exactos, al aeropuerto de Orly, donde teníamos que
devolver el coche alquilado. Sin incidente alguno, cogimos un taxi al centro y
nos registramos en el hotel Quartier Latin Pantheon, que ya conocíamos.
Comimos en el café-bar Le Saint Séverin, con medio pichel de vino de Chinon (es costumbre
obligada en cada estancia en París) y ensalada de chêvre chaud, y después
visitamos la iglesia de Saint Séverin (frente al café), donde
también es mi costumbre echar unas monedas en una de las capillas. Nunca dejan de sorprenderme el raro pilar en forma de palmera y la
original atmósfera de la luz tamizada por las vidrieras
góticas.
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| 'El caballero de las flores' (Georges Rochegrosse, Museo d'Orsay, París). |
Vi atardecer en el barrio del Marais y para la cena, Chez Marianne. El servicio era un poco desastroso, desbordados por la clientela, pero la comida mereció la pena: falafel, hummus, berenjenas,
tzatziki, aceitunas, queso y vino griego retsina.
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| Busto de Antínoo (Museo del Louvre). |











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