Hace al menos cuatro años que el escritor japonés Haruki Murakami (1949) es uno de los nombres fijos en las quinielas para ganar el premio Nobel de Literatura. Y, año tras año, el esquivo galardón sueco se lo dan a otro.
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Haruki Murakami, escritor japonés habitual 'favorito' al Nobel de Literatura. |
A mí me gusta Murakami. Mucho. Y me parece bien que no le den
el Nobel… de momento. Es joven, tiene cosas que pulir y aún no
ha escrito su obra maestra. El primer libro de Murakami que leí, hace dos años, fue 1Q84 (2009), y me lo autorregalé cuando preparaba mi viaje a Japón en el verano de
2013. Devoré los dos primeros volúmenes entre Madrid y los días de vacaciones en Japón, y el tercero en el otoño pasado, intrigada por cómo se
las arreglaría Murakami para conciliar las dos realidades paralelas de la
novela; por saber si, tras más de mil páginas de lectura, Aomame y Tengo se reunirían; por entender el significado del cielo de dos lunas; por comprender la simbología de la crisálida del
aire.
De 1Q84 me gusta casi todo: me fascinan la historia, los protagonistas, el Tokio donde se ambientan, las descripciones, el mundo onírico de la novela, la forma en que
se mezclan elementos fantásticos con crudas realidades como asesinatos o
violaciones rituales. Sus personajes son muy particulares, seres destruidos,
que viven sin rumbo, ambición o deseos terrenales. Portan, eso sí, hondas cicatrices emocionales.
Al poco tiempo de terminar 1Q84 me regalaron el libro de cuentos Después del terremoto (2000), seis relatos cortos de los que me
gustaron especialmente Paisaje con
plancha y Tailandia. Las seis
historias tienen como nexo tangencial el terremoto que asoló Kobe en enero de
1995, pero son independientes, y sobre ellas extiende Murakami su capa de
misterio, intriga e incursión en lo sobrenatural, con resultados y finales
desconcertantes.
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'Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Haruki Murakami). |
El tercer libro de Murakami que leí fue Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1995), también
ambientado en el Tokio de 1984 (el año, no el mundo alternativo de 1Q84), y donde me reencontré con el
universo made in Murakami. El argumento es simple: el anodino Tooru Okada ve cómo su mundo
enloquece a partir de dos pérdidas que lo dejan abatido: primero desaparece su
gato y luego su mujer. A partir de ahí, los días y noches de Tooru se llenan de
fascinantes mujeres que entran y salen de su vida, amenazas latentes, sucesos
inexplicables, personas con historias cruentas de los años de la guerra entre
Rusia y Japón (son terribles los recuerdos del teniente Mamiya en Manchuria),
herencias repentinas, ríos, pozos, casas misteriosas y pájaros de piedra.
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| 'Tokio Blues' (Haruki Murakami). |
Leyendo Crónica… entendí
dos cosas: que tienen razón quienes critican a Murakami porque “escribe siempre
el mismo libro”, y que lo que para sus detractores es un defecto, para sus defensores
(entre los que me cuento) es una bendición. Hace unos días empecé a leer Tokio Blues (1987), regalo de cumpleaños de la misma buena amiga que me obsequió Después del terremoto. Con Tokio Blues voy, decididamente, hacia atrás en la carrera literaria de Murakami, ya que el libro se publicó en Japón cuando el autor tenía 37 años. Es decir, veintidós años antes de escribir 1Q84 y ocho años antes que Crónica... Y, sin embargo, también en Tokio Blues hay personajes atormentados con tendencias suicidas, protagonistas heridos sin remedio, amistades indestructibles, béisbol, pozos y corrientes de agua.
Como llevo leídas apenas cuarenta páginas, aún no sé el rumbo que puede tomar la historia de Toru Watanabe y la evocación de sus relaciones con Naoko y Midori, las mujeres que marcaron su juventud. Tampoco es que me importe, porque sé que, igual que el mundo onírico, el bate y el pozo son marcas de la casa, los finales de Murakami nunca me han decepcionado.
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