Viaje por Japón (III): Tokio, Kamakura, Takayama, Kioto
El domingo, 28 de julio, fuimos en metro al Foro Internacional de Tokio, y desde allí caminamos un corto trecho hasta el museo Mitsubishi Ichigokan, donde se exponían algunas de las Treinta y seis vistas del monte Fuji. ¡Al fin! En un edificio estilo occidental, de ladrillo rojo, que una vez albergó la sede en Tokio del banco Mitsubishi, una muestra temporal acogía grabados y dibujos centrados en el mundo flotante. Vimos la célebre Gran Ola de Kanagawa y la cima roja del volcán sagrado que ilustraba nuestra tarjeta del Japan Rail Pass. Para finalizar la visita, una cerveza en el Café 1894.
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| 'Sky Flower', atracción del Tokio Dome (Japón). |
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| Colas para entrar al concierto del grupo surcoreano Superjunior (Tokio Dome, Tokio). |
Ese domingo, el protagonismo absoluto en el Tokio Dome era para el enjambre de jóvenes que paseaba su amor desmedido por la boy-band de Corea del Sur Superjunior. El merchandising hacía su agosto ese día de julio caluroso y húmedo, una sucesión de abanicos con los rostros de Donghae, Eunhyuk, Siwon, Sungmin y el resto de los once integrantes actuales de la banda, camisetas, discos y CD a la venta. Las entradas estaban agotadas meses atrás, pese a los dos días de concierto y a que el aforo del Tokio Dome es de 55.000 personas. Muchos decibelios en la gira mundial de los reyes del k-pop (pop coreano). Cuando nos íbamos del recinto pudimos oír los temas Sexy, free and single y Sorry, Sorry. Tras un nuevo recorrido en metro, llegamos a Ginza, donde la cortina de fina lluvia continuaba laminando el aire del barrio más lujoso de Tokio. Tomamos un frapuccino en el primer piso del café Doutor y, cansados, iniciamos la retirada al hotel.
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| Gran Buda de Kamakura (Japón). |
El lunes, 29 de julio, fuimos en tren a Kamakura, la ciudad que nos había recomendado el
joven ejecutivo con el que habíamos conversado el viernes en el tren de vuelta
de Nikko a Tokio. En Kamakura, pequeño y residencial, admiramos el Buda gigante (segundo más grande de Japón) y paseamos hasta
la playa: lluvia a ratos, una temperatura muy agradable, algo de neblina,
varios grupos de chicos tumbados en la arena, un par de sombrillas en desuso
por falta de sol... Las olas se mecían en paz, casi hasta los pies del
chiringuito estilo tailandés donde tomamos unas cervezas y algo de picar.
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| Playa de Kamakura (Japón). |
Una vez de vuelta en Tokio, escogimos el barrio de Shinjuku, una de cuyas mitades está llena de rascacielos y modernos edificios de oficinas, restaurantes, teatros y locales de entretenimiento, y otra, más populosa, que reúne a jóvenes modernos en busca de diversión entre calles estrechas abarrotadas de locales de masajes, clubes de variedades y espectáculos que ni sabría definir, entre otras cosas porque los letreros estaban en japonés.
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| Reclamos de neón en un local del barrio de Shinjuku (Tokio). |
En el barrio de Shinjuku está el mirador más famoso
de Tokio, en el piso 45 del edificio del Gobierno Metropolitano. Había muchos
turistas haciendo fotos y grabando vídeos de los rascacielos vecinos,
parapetados tras los ventanales de cristal, curioseando entre las tiendas de
regalos. Desde este mirador, en los días claros, se ve el monte Fuji, pero ni
que decir tiene que tras la lluvia de casi todo el día no había ni rastro de la
cumbre sagrada. Una cerveza en un pub inglés y una cena en un sushi
giratorio pusieron punto final a la noche en Shinjuku. Estábamos cansados y aún
nos faltaba hacer las maletas para continuar nuestro viaje, dejando Tokio (de
momento) atrás.
Nuestro noveno día en Japón, martes 30 de julio, amaneció
nublado, pero sin lluvia. Habíamos pasado ya dos noches en la zona de los lagos de Hakone y seis en Tokio. La de ese martes la teníamos reservada en Takayama,
conocida como la base para explorar los Alpes japoneses, pues de allí parten
rutas de senderismo, trekking y escalada. Desde Tokio, tardamos cinco horas en
llegar, empezando en el metro de Shiodome hasta Shimbashi, para coger el tren
hasta Nagoya, donde cambiamos al expreso de Takayama. En la última parte del
trayecto, la vía del tren corre paralela al cauce de un río, entre montes
arbolados.![]() |
| Antiguo barrio de comerciantes y casas privadas de Takayama (Japón). |
Muchos de los locales son hoy… tiendas de
regalos, como es lógico. Escogimos algunos detallitos para la familia y cenamos
en el restaurante Origin, que tenía muy buena crítica en la guía Lonely Planet.
Probamos el atún crudo, un aperitivo a base de rábano con una especie de
sardinas, tofu frío y gindara a la brasa, regado con sake caliente y cerveza.
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| Mercado matinal de frutas y verduras en Takayama (Japón). |
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| Mercado matinal en Takayama (Japón). |
A las 11.33 horas cogimos el expreso a Nagoya, donde enlazamos con el Shinkansen que nos llevó a Kyoto, la segunda gran parada del viaje por Japón. Encontramos rápidamente el hotel Monterey, pese a que ya el primer contacto con el metro nos deparó la sorpresa de que cada trayecto tiene un precio según la distancia, el número de estaciones y hasta la compañía concesionaria, lo que obliga a comprar dos y hasta tres billetes según el recorrido. ¡Y menos mal que con el Japan Rail Pass se llega a casi todas las estaciones claves de las ciudades!
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| En el barrio de Gion (Kyoto) aún viven y trabajan geishas. |
En cuanto nos adecentamos un poco del viaje,
caminamos hasta el Palacio Imperial, que resultó estar más lejos de lo que pensábamos,
por lo que no hicimos el recorrido completo de los jardines. Comenzaba a
lloviznar, así que cogimos el metro para ir a Gion, el barrio de las esquivas geishas, que esa noche (como todas) dieron plantón a los turistas. Cuando ya nos marchábamos
hacia el barrio de Pontocho, avistamos una: dentro de un taxi que estaba
parado en un semáforo, la geisha, de servicio, conversaba con dos clientes que se
recostaban en el asiento trasero.
Ya en el cercano Pontocho, entramos en L’Atlantis,
con una terraza trasera que daba al río, donde tomamos unas cervezas con edamame. La quietud de la noche me sorprendió, en contraste con el bullicio que
habíamos dejado en Tokio. Cono estábamos relativamente cerca del hotel,
paseamos para ver algo más de la antigua capital de Japón, y descubrimos el mercado tradicional con sus galerías cubiertas, una suerte de
enorme zoco que, aun con los puestos cerrados, se adivinaba lleno de vida.Viaje por Japón (IV): Kioto, Himeji, Osaka, Hiroshima











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