Notre-Dame de París celebra sus primeros 850 años
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| Un 'bateau' surca el Sena frente a la catedral de Notre-Dame (París). |
Ayer, día 12, arrancó en París el Jubileo por los 850 años de la construcción de la catedral de Notre-Dame, el templo gótico más emblemático del mundo, por donde cada año pasan 14 millones de visitantes, y que lleva desde el siglo XIII asentado en la Île de la Cité, con sus torres inacabadas, sus estatuas apretujadas, sus gárgolas y rosetones, viendo los barcos y las gentes pasar.
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| Gárgola de Notre-Dame sobre el río Sena. |
Hasta el 24 de
noviembre de 2013, Notre-Dame lucirá sus mejores galas en todo el itinerario
del Jubileo, que comienza en la Puerta Jubilar y sigue por el interior en la
fachada occidental, las fuentes bautismales, los rosetones, el altar y
el coro, pasando por la Virgen del Pilar, la capilla del Santo Sacramento y las reliquias de la Pasión de Jesucristo.
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| Reliquia de la Corona de Espinas (Tesoro de Notre-Dame de París). |
Los amantes del arte sacro no deben perderse las colecciones del
Tesoro, que han sido revisadas y puestas al día, a modo de recorrido histórico.
Aquí se guarda la Corona de Espinas, supuestamente portada
por Jesucristo en la Pasión, y que compró el rey francés San Luis a Baldwin II, el último emperador
de Constantinopla.
La primera piedra de la
iglesia parisina se puso en 1163, y en menos de veinte años se habían construido el coro y el doble
deambulatorio.
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| Ilustración de portada de la primera edición de la novela 'Notre-Dame de París'. |
Con todo, a este monumento nacional le insufló vida eterna la
novela de Víctor Hugo (1802-1885) Notre-Dame
de París (1831) (PDF del libro aquí), inscrita en el
movimiento reivindicativo de la Edad Media que apadrinaron Viollet-le-Duc
(1814-79), Prosper Merimée (1803-70) y los románticos. El "prodigio" medieval, como decía Hugo, se convirtió en seguida en un
edificio lleno de misterios y leyendas, en un personaje vivo, vibrante y
combativo, por donde se deslizaba el jorobado Quasimodo en pos de la
zíngara Esmeralda. Casi doscientos años después, personas de todo el mundo
siguen abrumadas frente a esta bellísima página de la
arquitectura que es Notre-Dame de París.
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| 'Enrique IV como Hércules', cuadro pintado por Toussaint Dubreuil. |
Desde hoy mismo, queda un año para visitar París y su catedral, caminar por las orillas del Sena, alternar en las brasseries, ir de museos y librerías. Porque París bien vale una misa, como ya dijo Enrique IV, el Caballero del Verde Galán, (1553-1610), marido de la reina Margot, hugonote reconvertido y primer rey Borbón francés. Su estatua ecuestre en el Pont Neuf es uno de los monumentos más paseados del Sena. Pero a mí siempre me ha gustado (y también intrigado) cómo pudo este rey tan crucial para la historia de Francia posar de esta guisa para su pintor de cámara, Toussaint Dubreuil (1561-1602).






