Viaje a la ex Yugoslavia (II): Mostar y Sarajevo cautivan
(Primera parte del viaje: cuatro días por Croacia y Montenegro)
Miércoles, 13 de julio. El paisaje, las carreteras, las gentes, la
moneda, la arquitectura… todo ha cambiado desde que entramos en Bosnia. Lo hicimos por la frontera de Podštirovnik, casi vacía de coches, en cinco minutos. Sólo el calor es el mismo que en Montenegro. El primer sitio de Bosnia donde paramos es Trebinje, para cambiar moneda (300
euros resultan ser 600 marcos bosnios) y recorrer el centro. Los minaretes de las mezquitas; los cafés en la calle; la abundancia de mujeres con velos y muchas
con hijabs; las miradas de la población, que detectan al turista de
inmediato; son característicos de un país de mayoría musulmana. Tras ver el puente de Arslanagic, volvimos a la carretera.
| Puente de Mostar (2004), volado por Croacia en la guerra en 1993 y levantado como el original. |
Desde Trebinje a Mostar hay
apenas 115 kilómetros, pero se tarda casi dos horas en llegar, pues la vía es
de doble sentido y con curvas. Fuimos casi solos todo el tiempo. Una
vez en Mostar, encontrar el hotel Villa Milas, a cinco minutos del abigarrado y concurrido centro, y
sentarnos a comer en Babylon (terraza colgante sobre el Neretva) nos llevó
menos de media hora.
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| Informal 'playa' bajo el Puente de Mostar (Bosnia). |
El Puente
de Mostar (Stari Most, databa
del siglo XVI) es la gran atracción de la ciudad, y diría que de toda Bosnia.
Un símbolo de las guerras yugoslavas, mundialmente famoso cuando los croatas lo
volaron, en 1993. El puente que se alza hoy sobre el río es enteramente
reconstruido, idéntico al original, Patrimonio de la Humanidad, y fue
inaugurado en 2004.
| Cementerio delante de una mezquita (Mostar). |
Por la noche empleamos
casi dos horas en la visita exterior por las mezquitas, más allá del puente, recorriendo
la zona de los cafés menos turísticos, la más musulmana. Vimos así otra parte
de Mostar, animada con población local, con una rara mezcla de chicas en shorts
y mujeres tapadas hasta las cejas. Nos gustaron los cementerios musulmanes
delante de las mezquitas, a modo de jardines en plena calle, sencillos,
austeros.
La mañana del día 14 amanecimos con lluvia y tormenta. Ese día fuimos a visitar
el santuario
de Medugorje, donde primero pasamos unos quince minutos metidos en el coche, a la espera de que escampara. La iglesia y la explanada de los peregrinos estaba casi vacía por la tormenta. El
Vaticano aún no ha certificado las supuestas apariciones de la Virgen. | Cataratas y piscina natural de Kravice (Bosnia). |
Nuestra siguiente
parada fueron las cataratas de Kravice. Desde la entrada del parque, hay un trenecito que recorre cuatro kilómetros hasta el lago-piscina, dando un rodeo por el bosque, pero es más pintoresco bajar a pie, por unas escaleras y una ronda
peatonal, y hacer fotos. El agua estaba muy fría, había bonitas libélulas
pululando y también mosquitos de considerable tamaño. Tras tomar un refresco en
una de las dos terrazas al pie de la piscina natural, subimos por donde
habíamos bajado para volver al coche.
| Cúpulas de antiguos baños turcos (Pocitelj, Bosnia). |
Una vez en la
carretera, intentamos comer algo rápido en Pocitelj, un
minúsculo y empinado pueblo medieval de apenas tres calles, todo construido en
piedra, con una mezquita del siglo XVI, unas curiosas cúpulas del baño turco
del XVII, y más puestos de souvenirs abiertos que restaurantes. Decidimos,
por tanto, regresar a Mostar y allí comimos, pese a que eran más de las cuatro
de la tarde, en una pizzería. Por la noche, bajamos al pie del Neretva y vagabundeamos
por la parte de Mostar que nos faltaba.
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| Fuente Sebilj, corazón del barrio turco (Sarajevo). |
El día 15 partimos rumbo a Sarajevo: llovía y tardamos dos horas en hacer 125
kilómetros, la carretera es buena, pero en cuanto tropiezas con
algún vehículo lento, la velocidad cae a 70 por hora. Llegamos con
lluvia y sufrimos media hora de atasco hasta el hotel Villa Melody. Sarajevo nos encantó: es más turística, elegante y moderna de lo que parece, y bastante más barata que Madrid. Pese a la lluvia, caminamos al barrio turco y la fuente Sebilj, construida en 1753, el
punto más emblemático del casco antiguo. Medio empapados, dimos con el restaurante Konyali, que ofrece platos bosnios y turcos (sin
alcohol). Éramos los únicos turistas, pero un camarero con buen inglés nos aconsejó pizza al estilo turco (fina y muy alargada) y un plato con cordero típico.
| Comida turca en Konyali (Sarajevo, Bosnia). |
Con la lluvia aún en
los talones, paseamos por el bazar. Todo el
barrio Bascarsija es un decorado de fachadas
de preciosa factura otomana, cafés, platerías y hasta un caravasar. A Sarajevo
se la llama la Jerusalén de Europa y es una ciudad multicultural. Esto se constata en la
coexistencia de religiones. Hay cuatro mezquitas principales (Gazi
Husrev Bey, de 1531; Ferhadija, la del Emperador y la Ali Pasha), una catedral
ortodoxa (segunda religión de Bosnia), una catedral católica y una sinagoga. Recorriendo la calle Ferhadija (peatonal del siglo
XVI) se llega al monumento a la Llama Eterna,
donde se abre la ciudad nueva y abundan los edificios de la época austrohúngara.
| Puente Latino: aquí mataron al archiduque Francisco Fernando en 1914 y se inició la I Guerra Mundial. |
El sábado, 16 de julio, apenas llovía y dedicamos la mañana al turismo intensivo. El ayuntamiento (antigua Biblioteca, destruida en la guerra); la iglesia de San Antonio de Padua; el Puente Latino, donde el 28 de
junio de 1914 asesinaron al archiduque Francisco Fernando (heredero al
trono austro-húngaro) y su esposa, lo que hizo estallar la I Guerra Mundial; y
la catedral católica fueran las cuatro primeras visitas.
| Memorial a los niños muertos durante el asedio de cuatro años de Serbia a Sarajevo (Bosnia). |
Tras una breve pausa para reponer fuerzas, curioseamos por el moderno centro comercial BBI antes de darnos de
bruces con las señales de la guerra. Justo frente al BBI se alza un discreto memorial
a los niños muertos en el asedio, en forma de fuente de color verde; fue inaugurado
en 2010 y contiene en unos cilindros de metal los nombres de 521 víctimas,
mientras se verifican otras 500. En esa zona son muy numerosas las rosas de Sarajevo, unas curiosas manchas
rojas diseminadas por el cemento, con las que la ciudad recuerda los sitios
donde cayeron bombas y proyectiles. En Sarajevo murieron más de 11.000 personas
durante el cerco de los serbios de casi cuatro años.
| La Avaz Twist Tower (Sarajevo) tiene un mirador panorámico en el piso 35. |
Pasito a pasito, llegamos hasta la Avaz Twist Tower, que domina el distrito financiero
con su original diseño, además de ofrecer las mejores vistas
panorámicas. Subir a la cafetería, en el piso 35, es gratuito, y el mirador cuesta un simbólico marco. En la cafetería comimos un sándwich y disfrutamos de Sarajevo desde las alturas, con el único pero
del humo del tabaco, pues en Bosnia, como en Montenegro y Serbia, se fuma
en todos sitios.
Esa noche nos dimos un homenaje gastronómico en Pod Lipom, un restaurante histórico del
Barrio Turco, algo así como el equivalente al madrileño Casa Lucio. El comensal
internacional de más renombre es Bill Clinton, y así lo recuerda el orgulloso
dueño, que sonríe junto al expresidente estadounidense en una foto que cuelga de la pared.
(Continúa el viaje: Belgrado, joya por descubrir)
(Continúa el viaje: Belgrado, joya por descubrir)




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