En memoria de Ana María Matute (y II)
(Continuación de En memoria de Ana María Matute (I))
Firma invitada: JAVIER CARAZO AGUILERA
Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente prepara la publicación de su tesis doctoral sobre William Layton (1913-1995).
Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente prepara la publicación de su tesis doctoral sobre William Layton (1913-1995).
(...) Adri había decido quedarse en ese legendario Reino de Olar. De vez en
cuando atravesaba el túnel para ir en busca de algunos libros situados en la vieja
casona. Siempre por la noche, subrepticiamente. No quiso volver más a ese mundo
repleto de odios y mentiras. Hasta ese día, cuando tras algún tiempo esperando
el regreso del locuelo Unicornio, se desesperaba de que éste no apareciese. ¿Y
si no vuelve más?
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| "Una niebla empezó a rodearla, a empujarla..." |
Allí estaba de nuevo, en el mundo de los Gigantes. Pero el cielo se
oscureció de repente, el viento empezó a ser muy fuerte. De pronto, su corazón comenzó
a agitarse y a bombear cada vez más rápido. Tenía que regresar, pronto, ya,
inmediatamente… No sabía por qué... Una niebla empezó a rodearla, a empujarla,
sentía cómo sus piernas iban más rápido en cada paso que daba. En un tropiezo,
perdió una zapatilla, así que tuvo que seguir con un pie descalzo. La niebla
era cada vez más espesa y oscura. Adri sentía que era casi llevada en volandas
hasta que fue lanzada a la explanada del Reino de Olar. Allí se topó con el
Unicornio, que estaba inmóvil, mirando al Sur, la tierra de los viñedos y del
mar abierto.
Y subido a él pudo ver, por primera vez, a ese pequeño príncipe que
formaba parte del séquito de la Princesa
Tontina. Le reconoció porque llevaba un ala de cisne en lugar
de un brazo, tal y como se reflejaba en El Libro de los Linajes. Era el
Príncipe Once, llamado así porque era el menor de once hermanos. Una voz de
cristal salió de su cuerpo: “¡Casi no llegas!”. “¿A dónde?”, preguntó Adri. “Vas
a venir conmigo”, le contestó el Príncipe. “Vamos a acompañar a la Dama Blanca. He estado jugando
esta mañana con ella a No Volver Nunca”.
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| Novela inacabada de Ana María Matute. |
El Príncipe Once desplegó su ala y ayudó a Adri a subir al Unicornio. “Ella
no quería partir. Pero le dije que veía en su interior un corazón grande con la
leyenda: Esta niña valiente nunca será derrotada”, expuso el Príncipe. “Iremos
con ella justo, justo hasta el límite de la Historia de Todos los Niños”, añadió. “Pero ella
no podrá entrar. Ya no es una niña como nosotros”, gritó Adri. “Es cierto, pero
estará allí, al lado, junto al Príncipe Almíbar que tampoco pudo entrar y la ha
estado esperando desde entonces. Ambos sufrieron por amor, pero ambos amaron
mucho y bien”, explicó Once.
El Unicornio cogió la senda del Sur, atravesando las llanuras, los
bosques y las montañas. En el aire todavía se oía la voz del Príncipe Once: “¡Allí,
pegandito a la Historia
de Todos los Niños estará la Dama Blanca
contándonos a nosotros, los niños, y solo para nosotros, todas sus historias, las
escritas y las no escritas, incluso la última que no llegó a concluir (Demonios familiares). Su voz podrá
traspasar los muros invisibles que nos separan!...”.
| Ana María Matute, en una foto promocional (fecha desconocida). |
Hace año y medio que La Dama Blanca
(Ana María Matute) falleció a los 88 años en Barcelona. Sus historias (El Saltamontes verde, Toda la brutalidad del mundo, Cuentos de infancia, Caballito loco, Sólo un pie descalzo, Paulina,
La torre vigía, Primera memoria, Los Abel,
Luciérnagas, Pequeño teatro…) están tan vivas como antes de su último juego. Desde
hace año y medio -y dos Ferias del Libro de Madrid sin ella- sólo quienes
forman parte de la Historia
de Todos los Niños pueden seguir oyendo sus nuevas narraciones. Pero es un
terreno vedado en el que sólo pueden entrar los elegidos. Quienes lean estas
líneas ya no podrán entrar. No. No podrán. No podremos.




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