En memoria de Ana María Matute (I)
Firma invitada: JAVIER CARAZO AGUILERA
Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente prepara la publicación de su tesis doctoral sobre William Layton (1913-1995).
En la mitad de la mañana del 25 de junio de 2014 un viento helado,
gélido, se levantó más allá de las fronteras del Reino de Olar. El viento
sopló, aullando fuertemente en sus oídos. El frío penetró entonces en la piel como un cuchillo afilado. Un temblor,
un estremecimiento recorrió los brazos, las piernas, el cuerpo entero de la
pequeña Adri (Paraíso inhabitado). Todo
justo cuando, al fin, se había atrevido a abandonar los antiguos dominios del
Rey Gudú en busca del rebelde Unicornio, que se había vuelto a escapar del
tapiz que dominaba la quemada estancia donde había vivido la Reina Ardid (Olvidado Rey Gudú). Pero esta última vez
estaba tardando en regresar. Su tía Eduarda ya la había avisado: Los Unicornios
nunca vuelven…
| Ana María Matute (1925-2014), la Dama Blanca de esta historia. |
¿No? ¿Nunca? ¿De verdad? El mundo de los Gigantes es tan incomprensible,
tan cerrado, tan severo… ¿Cómo que no? Ya verían… No era la primera vez que
rompía las reglas. Ya lo había hecho antes cuando había atendido al grito de
¡Adrriiiii! que le lanzaba Gavrila, el hijo de la bailarina, una hermosa mujer denostada por todo el vecindario. Gavi la esperaba en el patio interior
de la casa junto al maravilloso Zar, ese perro grande y hermoso que saltaba
alborozado cuando la veía bajar los peldaños de la escalera interior del
servicio a la velocidad del rayo.
Para Adri esas tierras y paisajes donde se encontraba ahora seguían
siendo tan extraños como cuando decidió huir de allí tiempo atrás. Su tía Eduarda
le había pedido que no se acercase al viejo despacho de la casona donde se
arracimaban sin orden ni concierto muchísimos libros, llenos de polvo. Libros
en la mesa, en las butacas, en las estanterías. Allí leyó Historia de dos ciudades, el Rey
Cuervo, El jardín secreto, cuentos
escritos por Andersen, Perrault o los hermanos Grimm, también dos de sus historias
favoritas: El anillo prodigioso y La ratita blanca.
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| El rebelde Unicornio soñado por Matute. |
Y fue entonces, ocurrió en ese momento, justo cuando acababa de emocionarse
con las tristes peripecias del Hada Angélica antes de ser castigada a vivir mil
años como ratita blanca por olvidar su varita mágica. Justo tras descubrir ese
día el envés de las acciones de la egoísta Reina Dánamo, arrastrando en su
devenir loco e insensato a su hija Irolita y al Príncipe Parcinet, sujeto este
último a las oportunidades, aunque limitadas, que emanaban de la posesión de
ese anillo prodigioso, el cual te llevaba a reinos increíbles como el de las
Estufas o el del Agua (“¡Madre mía cuántos reinos hay aparte de los estudiados
en los libros de los Gigantes!”, pensaba Adri). Vio, de repente, cómo el
Unicornio, que había abandonado el tapiz francés del salón, entraba por la
puerta, atravesaba la estancia, empujaba con el hocico una estantería desvencijada
repleta de libros -que Tata María llamaba de Perra Gorda y que tantas lágrimas le
hacían soltar siguiendo las desventuras de Juan
de Dios, el médico de los pobres- y se introducía, todo lo grande que era,
en un pasillo angosto y oscuro con una luz al fondo.
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| Ruinas góticas. |
Perdido el miedo del principio, Adri se aventuró en ese pasadizo que, tras atravesarlo, desembocaba en una llanura donde, a lo lejos, se
divisaban las ruinas de un castillo, con una torre que a pesar de estar quemada
desprendía con el sol rayos azules. Al principio le dio miedo y retrocedió a la
casona, pero al cabo de los días, al ver que no regresaba el intrépido Unicornio
al tapiz, se decidió a descubrir ese nuevo paisaje donde parecía que se había instalado.
Al llegar al otro lado del túnel secreto, ya en la explanada que se abría ante
ella, empezó a oír un murmullo, como un antiguo rumor de agua. Dio unos cuantos
pasos y tras unos árboles descubrió un arroyo. Allí, se agachó para beber y es
entonces cuando una mujer de cabellos largos se transparentó en el fondo.
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| El libro preferido de Ana María Matute, según confesó la autora. |
Adri dio marcha atrás, pero una voz suave y envolvente la susurró en los
oídos: “¡Ven, ven!...”. Igual que le decía Gavi desde el patio… Adri se acercó
y una mano salió del arroyo con una vasija repleta de agua fresca. Adri bebió
y, entonces, ese murmullo de viejo manantial le contó las historias que había
albergado ese reino a lo largo de muchos, muchos años. Por voz de la Mujer de largos cabellos
rubios y dorados supo lo que ocurrió en un terrible mes de las espigas, cuando los
desdichados Aranmanoth y Windumanoth estaban buscando el Sur. O, también, la
historia del Rey Gudú, ya olvidado en los anales salvo por las
espigas, los árboles, las flores y los pájaros. Ellos sí que tienen memoria.
Ellos sí que recuerdan. Saben todo. Conocen todo. Sabían lo que sucedió con el
Trasgo del Sur y el Hechicero, pobres aficionados que no pudieron prever que
Gudú, con el corazón protegido por una cápsula de cristal, no podía amar a
nadie, excepto a sí mismo. Conocían todos los detalles, hasta los más nimios,
de Gudulín, el niño cruel que quería encontrar una salida para ir al mar,
buscaba ir al mar…; de Lontananza; del Rey Volodioso; del Príncipe Contrahecho;
de los tiempos en los que Tontina y su fabuloso séquito se instalaron allí, en
el Reino de Olar, lugar donde la princesa conoció al Príncipe Predilecto, del
que recibió su Primer y Último Beso de Amor, cumpliéndose así la malhadada
profecía de una perversa hada; del valiente Lisio…
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| Linaje del conde Olar. |
(Continuará...)






Ana María Matute es de mis escritoras preferidas, sus cuentos son tan maravillosos como los del Señor de los Anillos o el de Alicia en el país de las maravillas.
ResponderEliminarSi Ana María Matute hubiera sido hombre tendría un puesto mucho más alto en la Historia de la literatura, pero a se sabe que las mujeres tenemos que batallar el triple.
ResponderEliminarSaludos y gracias por comentar
Olvidado rey Gudú: siempre llevaré este libro conmigo
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