Adolfo Suárez, Leonardo y Jane Austen, por los suelos
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| Tumba de Adolfo Suárez (1932-2014) y su esposa en el claustro de la catedral de Ávila. |
Visité Ávila el pasado
22 de noviembre. Hacía frío y el aire sorteaba a los caminantes dejando un
reguero de gotas de aguanieve. En el interior de la catedral, imponente pese al andamiaje de las obras, me topé con la tumba de Adolfo Suárez (1932-2014). Está en el claustro y la señala una losa de piedra
en el suelo, casi plana, salvo por las hendiduras que han dejado las letras
grabadas con los nombres y las fechas de defunción de los allí enterrados: son Adolfo Suárez (1932-2014), presidente del Gobierno español entre
1976 y 1981 y figura central de la Transición, y su mujer, Amparo Illana
(1934-2001). A ambos los cubre la divisa "La concordia
fue posible".
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| Monumentos funerarios de Blasco y Sancho Dávila (capilla de Santa Teresa, catedral de Ávila). |
No recordaba que Suárez estuviera enterrado en la
catedral de Ávila, y me sorprendió que ni en el folleto turístico con que nos obsequiaron al pagar
la entrada ni en ningún cartel indicaran el emplazamiento de su tumba. Hace
muchos años que practico el turismo de cementerios y soy asidua a leer las
placas de los panteones y enterramientos de nobles, religiosos y
reyes en iglesias y palacios. Aun así, me sorprendió la escuálida tumba de Suárez, quizá por su severo contraste con otros sepulcros que hay en esa misma catedral. Por ejemplo, los monumentos de Blasco y Sancho Dávila, en la capilla de Santa Teresa. Son tumbas cuajadas de detalles escultóricos, muy bonitas, hechas a mayor gloria de dos miembros del linaje de los Dávila, uno de los más antiguos del reino de Castilla (Sancho fue obispo de Ávila entre 1312 y 1355).
| Lápida de Leonardo da Vinci (1452-1519) en el castillo de Amboise (Francia). |
La frugalidad del último reposo mundano de Suárez no
es excepcional. Otros célebres hombres y mujeres yacen en suelos igual de
planos, aunque quizá mejor señalizados. Sin ir más lejos, Leonardo da Vinci (1452-1519), tenido por el mayor genio de la Historia, el artista, pensador, inventor y filósofo más completo que conocemos, está enterrado en el suelo en una
capilla del castillo de Amboise (región del Loira francés), donde trabajaba para el
rey Francisco I. He visitado dos veces Amboise y las dos he
meditado junto a la placa bajo la cual yace Leonardo desde hace casi cinco siglos. No parece gran cosa
esta tumba para tanto genio, o quizá sí. Tal vez esa falta de boato maride bien
con la técnica que Leonardo perfeccionó: el sfumato,
consistente en difuminar los contornos de las figuras y de los objetos para
crear una impresión de etérea realidad.
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| Losa sepulcral de Jane Austen (1775-1817) en la catedral de Winchester (Inglaterra). |
La escritora británica Jane Austen (1775-1817), imprescindible lectura de mi juventud, también está enterrada en el suelo de
una catedral, la de Winchester, a la izquierda de la nave principal, bajo una
sencilla losa negra con un epitafio en el que no hay mención alguna a su fama
como mujer de letras. La piedra dice así: “En recuerdo de Jane Austen, la hija menor del
difunto reverendo George Austen, rector de la parroquia de
Steventon. Abandonó esta vida el 18 de julio de 1817, a los 41
años, tras una larga enfermedad soportada con la paciencia y esperanza de una
verdadera cristiana. La bondad de su corazón, la dulzura de su carácter y su
inteligencia le valieron la admiración de cuantos la conocieron. El pesar de su familia es tan grande como irreparable su pérdida, pero les queda el consuelo de saber que su bondad, fe y pureza la harán merecedora de la redención”.





Ahora me entero del cargo del ilustre que da nombre a una de las calles en la que viví hace años ya, "Sancho Dávila", claro que sin obispo, será porque se les hacía muyyyyyyyyyyyy largoooooooooooo Obispo Sancho Dávila, ja, ja.
ResponderEliminarPara que veas cuánto se aprende leyendo este blog!!!!
ResponderEliminarGracias por seguir siempre tan de cerca lo que escribo