Cinco años de mi blog y quince que murió Martín Gaite
(Más sobre este blog, Londres y Carmen Martín Gaite)
El 18 de junio de 2010, en Londres, publiqué
la primera entrada de este blog, una pequeña criatura que he alimentado a base
de letras, rimas, vocales y consonantes, un puñado de vídeos y alguna música, y
que ha crecido hasta sumar, con éste de hoy, 301 post. ¡Ahí es nada!
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| Sillones para lectura en la librería Waterstones de Piccadilly (Londres). |
Cinco años hace ya de
aquel 18 de junio en que también yo comenzaba mi propia aventura como estudiante de inglés en la capital de Inglaterra. Era autosuficiente y dueña de
mi tiempo por primera vez en décadas y quería aprender todo lo posible, empaparme
de literatura y arte, visitar sin prisa todos los museos, viajar por el país y pasar las horas muertas leyendo en los cómodos sillones de las librerías Foyles (la de Charing Cross), y sobre todo en la Waterstones,
en Piccadilly.
| Compañeros estudiantes de inglés (Londres verano 2010) |
Durante los seis meses
que duró mi estancia en Londres escribí el germen de varios relatos que luego reuní
en La casa de las palmeras, mi primer y único libro, además de emborronar docenas de cuartillas que aún esperan ser transformadas en materia literaria.
Fui inmensamente feliz en Londres. Conocí personas extraordinarias, como los
japoneses Mizue y Hiro, que me inculcaron el deseo de viajar a Japón
(lo hice en julio de 2013 y así lo conté en estos cúmulos y limbos viajeros), o las dos compañeras surcoreanas con las que descubrí el
k-pop y que Seúl es una de las ciudades más modernas del mundo. Disfruté con los italianos Anna Martin y Luca; con la brasileña
Simeia y el saudí Ahmed; con la china Grace me reí mucho, tenía un humor
contagioso. Muchos nos seguimos la pista, y con unos pocos sigo en contacto.
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| Retrato de Jane Austen por su hermana Cassandra (National Portrait Gallery). |
Cúmulos y limbos floreció
como nunca en el medio año que viví en Londres: escribí y publiqué 68 entradas
desde mediados de junio hasta mitad de diciembre. Entonces escribía rápido, más breve que ahora, a veces simples reflexiones sobre algún titular
de periódico o una noticia en televisión. Eran un poco más elaboradas mis crónicas sobre los viajes y escapadas a Chawton, Winchester, Bath en pos de Jane Austen (1775-1817); las visitas a Stonehenge, Canterbury…
y tantos otros museos, palacios, castillos y fiestas callejeras.
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| Carmen Martín Gaite (1925-2000). |
Cinco años más tarde,
aquí seguimos, estos cúmulos y limbos y yo, trabajando y viviendo en Madrid, mi
ciudad adoptiva, experimentando de nuevo la plena inmersión laboral en
un país en crisis, económica y de valores. Las muchas horas de trabajo tienen parte
de culpa de que las entradas en este blog hayan menguado hasta cuatro o cinco mensuales. Pero dos cosas siguen
intactas desde aquel 18 de junio de 2010: mi amor por la literatura, el arte,
la historia y los viajes, que es el alma de cúmulos
y limbos, y mi devoción por Carmen Martín Gaite (1925-2000), la escritora a quien este blog debe su título.
A ella y a su magnífica novela Nubosidad variable, que me ha reconfortado, reafirmado y enseñado
muchas y buenas cosas a lo largo de los años. El próximo 23 de julio se cumplen quince años de su muerte. ¡Quién diría que ha pasado tanto tiempo!
Y también del tiempo hablo, y mucho, en este blog, de su paso y de su huella, de la Historia normalizada y académica, y de las historias que se cosechan con el discurrir de los años. Con muchos cúmulos y limbos. ¿Por qué? Yo lo escribí el 18 de junio de 2010 y no se me ocurre mejor modo
de decirlo, así que me cito sin rubor:
"A falta de nubosidad variable, he encontrado
estos cúmulos y limbos que coloco en generoso desorden sobre mi patio sin
tejado.
Cúmulos, porque colgada de las nubes es como he
pasado -y paso- muchas, buenas y productivas horas de mis entaitantos años:
suspendida entre frondosas nubes blancas; ingrávida, sintiéndome liviana en mi
cama de perezosas nubes blancas.
Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre".
Y limbos, porque en el paraíso de los eternos distraídos siempre ha habido una silla con mi nombre".
Porque
todos tenemos algo que decir, aunque nadie escuche, espero seguir aquí, como mínimo, otros cinco años.





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