Mary Wollstonecraft (National Portrait Gallery, Londres).
Sin Mary Wollstonecraft
(1759-1797) no existirían la novela Frankenstein ni la película Remando
al viento. Sólo por eso, esta británica del siglo XVIII, precursora del feminismo, ya merecería un puesto
en la Historia. Pero, además, ella luchó por la
igualdad de la mujer, defendió con palabras y obras el derecho a la educación femenina,
escribió cuentos, ensayos y una novela, titulada La novela de Mary, que edita en castellano Araña Editorial. Mary
Wollstonecraft quebró moldes, fue capaz de establecerse como escritora profesional en Londres, algo inusual hace doscientos cincuenta años, hasta para un hombre.
Mary Shelley, hija de Mary Wollstonecraft (National Portrait Gallery, Londres).
La vida de Mary Wollstonecraft genera
tanto interés como sus obras por las relaciones que mantuvo con
personalidades del siglo XVIII. De vida azarosa y escandalosa, tras vivir dos romances malogrados (con Henry Fuseli y Gilbert Imlay), se casó con
el filósofo William Godwin (precursor de la filosofía anarquista), con quien tuvo una hija. A
causa de complicaciones en el parto, Wollstonecraft murió, cuando sólo tenía treinta y ocho años, sin llegar a saber que esa hija se convertiría en la
célebre Mary Shelley (1797-1851), autora de Frankensteiny esposa del no menos célebre poeta romántico Percy Bysshe Shelley.
A buen seguro que Mary Shelley lamentó
no haber conocido a su singular madre, una mujer tan activa, que
lo mismo integraba el círculo intelectual radical londinense al que pertenecían
Tom Paine y su marido, como viajaba hasta París, tras el estallido de la Revolución, a tiempo de ver cómo Luis XVI iba a la guillotina, en 1793. Como
escritora, su obra más conocida es Vindicación de los
derechos de la mujer (1792), uno de los primeros
títulos de la literatura y la filosofía feministas.
Lord Byron, personaje central de la película 'Remando al viento'.
Del mismo modo que, sin Mary Wollstonecraft, no existiría
Mary Shelley, tampoco podría existir Remando al viento, la película de Gonzalo Suárez, protagonizada
por José Luis Gómez y un joven y desconocido Hugh Grant (1960), que por aquellas fechas acababa de rodar otro filme británico mítico, Maurice(1987),
la adaptación que hizo
James Ivory de la novela de E. M. Forster. Remando al viento cuenta cómo una noche tormentosa de 1817, un grupo de amigos se retan a inventar una historia de terror, con lo que convocan a sus fantasmas y acaban, todos ellos, remando contra
el viento de su locura. Los amigos son Lord Byron; Mary Shelley y su marido; el doctor Polidori; y la Criatura, es decir, Frankenstein.
Fotograma de 'Remando al viento' (Gonzalo Suárez).
Vi la película el año de su estreno, 1988,
cuando era una universitaria a la que le gustaba ver cine en versión original. Era,
por supuesto, asidua a los Alphaville y Renoir, y estoy casi segura de que ésta fue la primera película española
que vi rodada en inglés, subtitulada en castellano. Me encantó. La imagen de
Byron en la proa de la barca aullando al viento todavía hoy me eriza la piel. El tiempo ha convertido
Remando al viento en una película de
culto cuyo valor trasciende sus incontables premios, entre ellos, 6 Goyas y la Concha de Plata.
Es una película romántica, sugestiva, obsesiva, con un final que pone el corazón en un puño. Una película que, a sus casi veintiséis años,
no ha envejecido. Una delicia para los ojos, los oídos y el intelecto.
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