Beja y Serpa, tesoros a descubrir en el Alentejo portugués
(Más sobre el Alentejo y Portugal aquí)
La fama (justa y bien merecida) de Évora como capital del Alentejo y centro de una impresionante ruta megalítica ha eclipsado a otras dos ciudades preciosas, cargadas de cultura, restos arqueológicos de todas las eras, rincones con encanto, plazas acogedoras y restaurantes donde disfrutar de una gastronomía variada y a precios realmente bajos. Se trata de Beja y Serpa, ciudades monumentales del Bajo Alentejo portugués, próximas a las provincias de Huelva y Badajoz e ideales, por tanto, para una escapada de fin de semana.
La fama (justa y bien merecida) de Évora como capital del Alentejo y centro de una impresionante ruta megalítica ha eclipsado a otras dos ciudades preciosas, cargadas de cultura, restos arqueológicos de todas las eras, rincones con encanto, plazas acogedoras y restaurantes donde disfrutar de una gastronomía variada y a precios realmente bajos. Se trata de Beja y Serpa, ciudades monumentales del Bajo Alentejo portugués, próximas a las provincias de Huelva y Badajoz e ideales, por tanto, para una escapada de fin de semana.
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| Castillo de Beja (Alentejo, Portugal). |
Estuve en Beja hace dos años, de paso para comer, y me quedé
con ganas de visitar el castillo medieval, cuya torre del
Homenaje se alza imponente sobre el casco antiguo. Entonces no pudo ser, pero
esta semana, en una ruta acelerada de cuatro días por el sur de Portugal, Beja
ha sido parada y fonda. Todo un acierto el hotel Bejense, por menos de 50
euros, desayuno incluido, en el centro peatonal de esta ciudad, que fue fundada
por los romanos bajo el mandato de Julio César y que después, y por más de 400 años,
fue una fortaleza morisca. Todo en Beja es armonioso, desde las callejuelas
adoquinadas a las fachadas, algunas con azulejos.
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| Tumba de Joao Mendes (iglesia de San Amaro, en Beja, Portugal). |
Una somera visita
cultural debe empezar por el castillo y su muralla (entrada gratuita), para continuar en la
adyacente iglesia visigótica de San Amaro, cuyos orígenes se hunden en el siglo V y
donde se exhiben restos arqueológicos visigóticos y romanos. El ticket, por
sólo cuatro euros, permite además conocer el Museo Regional, enclavado en lo
que fue el Convento de Nuestra Señora de la Concepción (año 1459). Según cuenta
la leyenda, una monja de este convento escribió en el siglo XVII las polémicas Cartas de una monja portuguesa, que relatan su
amor por un oficial francés. Pese a que la veracidad de la historia es muy
discutible, funciona como reclamo turístico para el museo, que exhibe asimismo
pintura flamenca española y portuguesa, blasones, escudos y lápidas funerarias.
Instructivo y gratuito
es el Núcleo Museológico de Beja, donde se muestran
restos excavados en la provincia: vestigios de la Edad del Bronce (3000 años a.C.), romanos, musulmanes y de la época medieval, hasta la ciudad renacentista del rey Manuel I y
la actualidad. Es un espacio diáfano, con
paneles de cristal en el suelo que dejan ver fragmentos de muros, cimientos y construcciones civiles, como el caldarium de unas termas
romanas.
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| Una palmera domina la Plaza de la República en Serpa. |
Serpa es más pequeña que Beja, sus callejones son
más retorcidos y corren encerrados por la muralla que protegía el castillo, de
origen árabe y reconstruido por el rey Don Dinis en el siglo XIII. Pero es un municipio
igualmente bonito y apacible, muy acogedor, donde admirar, por ejemplo, un
majestuoso acueducto del siglo XVII, de grandes arcos, que fue construido para
abastecer el palacio de los condes de Ficalho. Serpa es famosa por su queso
de oveja y por seis olivos
milenarios que se alzan en el corazón de la ciudad. Es preferible dejar el
coche fuera del centro (intramuros y acordonado por la muralla) y
caminar por las calles empedradas.
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| Cordero ensopado y boquerones (El Alentejano, en Serpa). |
Para comer recomiendo el restaurante El Alentejano, situado en un primer piso con frescos
ventanales a la Plaza de la República. Sirven platos típicos a precios
imbatibles y raciones enormes, como es habitual en Portugal. Tiene fama el
cordero ensopado y doy fe de que son deliciosos los boquerones fritos con arroz
de tomate y la ensalada fresca, de toda la vida, de lechuga y tomate. Tras la comida, un lento paseo hasta el castillo, a mitad de camino del cual se encuentra la Iglesia del Salvador, que domina una placita con mucha sombra y dispone de bancos desde donde se goza de una amplia vista sobre los campos circundantes.
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| Entrada al castillo de Serpa (Alentejo, Portugal). |
El pasaje que da entrada al castillo de Serpa es sobrecogedor, ya que parece que un gran bloque de piedra está a punto de caerse sobre la cabeza del caminante. Pero no hay peligro, lleva así cientos de años y no se ha movido un ápice.
En la carretera que conduce hasta Évora, una
agradable parada es la ciudad de Moura. Poco más de una hora basta
para ver los restos del castillo medieval, reconstruido en el siglo XVI; entrar al encantador jardín romántico en el que el tiempo parece haberse detenido; beber el agua de una
curiosa fuente de tres caños; y pasear por el barrio morisco, encalado y con macetas, aunque sabe a poco si se conocen Córdoba o Granada.
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| Templo Romano de Évora, del siglo I. |
De Évora ya he hablado en este blog, y de hecho, en
menos de dos años mi compañero de fatigas y yo hemos viajado tres veces, y
únicamente por placer, a la capital del Alentejo. No me canso de contemplar el
Templo Romano en honor de Diana (siglo I), ni de admirar la
bellísima iglesia de los Loios (siglo XV), ni tampoco me aburro de ver la vida
pasar desde una terraza en la Plaza del Giraldo, ni me agota zascandilear por
las irregulares calles empedradas. Évora estaba en fiestas (por
San Juan) y el centro se vaciaba al atardecer, en favor del recinto ferial. Eso sí, por el día, la ciudad exhibía el mismo
rostro vivaracho de siempre, pese a que la crisis cierre y alquile tantos
negocios.
| Taberna Botequim da Mouraria (Évora, Portugal). |
Nos dimos un homenaje
culinario en Botequim da Mouraria, dejándonos aconsejar por el
dueño y confiando en que la factura no se disparara. En
la estrecha barra del local caben sólo nueve personas, sentadas en taburetes,
una incomodidad que no disuade al personal, al contrario, es raro hallar sitios
libres. Mi compañero y yo compartimos ensalada de
pimientos asados, almejas (enormes, apenas cabían en sus conchas) y
róbalo, acompañado de una ensalada de tomate, pepino, cebolla y ajo, con vino blanco… ¡todo delicioso! Para terminar, el dueño nos hizo una
fotografía, es su costumbre, retratar a todos sus comensales, quizá pensando en
escribir e ilustrar un libro cuando se jubile. ¡Quién sabe si nuestras caras
sonrientes acabarán saliendo en el libro Guinness de los Récords, o incluso
colgando de las paredes del Botequim en la propia Évora!








Thanks to you for reading my blog and even more for taking your time for commenting.
ResponderEliminarBest wishes!
Hola,muy acertada la descrición que haces de Serpa,sólo un pero creo que no visitaste ni probaste la comida de restaurante Molhó Bico,sito en una calkejuela que corre paralela al lado derecho del ayunramiento.
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