Viaje por Japón (II): Nikko y el Tokio de Shibuya y Ueno
Viaje por Japón (I): Miyanoshita, Hakone, Tokio
Viaje por Japón (III): Tokio, Kamakura, Takayama, Kioto
El viernes, 26 de julio, lo reservamos para ir a Nikko![]() |
| Explanada del santuario Toshogu (Nikko, Japón). |
Desde la
estación de tren de Nikko se llega a los templos a pie, aunque yo
aconsejo el autobús para subir y reservar fuerzas para la visita, que
puede durar todo el día o unas horas, según las ganas. Nikko
comenzó a existir con el templo que en 782 fundó el monje budista Shoho, del que queda el actual Rinnoji. Como estaba cerrado por obras, nuestra primera parada fue la Pagoda de cinco
pisos, a la entrada del complejo, para luego recorrer el grandioso santuario sintoísta de Toshogu, al que se
accede por la puerta de Yomeimon, de once metros de altura y profusamente adornada.
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| Subida a la tumba de Ieyasu (Nikko, Japón). |
Bastante cansados, le llegó el turno al santuario Futarasan
De Nikko me gustó la majestuosidad de los lugares
sagrados, en perfecta combinación con edificios modestos, todos
brotando en medio de la tupida vegetación. Hay que
empaparse de la omnipresente dorada decoración de los artesonados; la
vistosidad de los demonios que custodian las puertas de entrada;
los techos relativamente bajos en forma de quilla de barco; los árboles de los
deseos, donde se cuelgan tablillas, rollos de papel y amuletos con plegarias.
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| Puente Sagrado (Nikko, Japón). |
El siguiente tren a Tokio salía en una hora, así que comimos en un restaurante de la plaza de Nikko frente a la oficina de turismo. Fue un acierto:
no sólo era barato sino que tenían un menú de Udon (fideos gruesos de
harina en un caldo con miso, salsa de soja y quién sabe qué más), que fueron mi
primera vez del día. La dificultad,
claro, fue comerlos con palillos.
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| Menú típico de fideos Udon (Nikko, Japón). |
La cita de esa noche en Tokio era con… ¡Shibuya! Había leído mucho sobre el barrio más vibrante de Tokio, donde los jóvenes modernos acuden en masa a hacer compras, comer y beber, lleno de vida nocturna, con restaurantes de todo tipo, cafeterías elegantes y reposadas, librerías y tiendas de discos, como Tower Records. En cambio, no sabía del famoso cruce diagonal, justo frente a la estación, que es una de las intersecciones más multitudinarias del mundo. Claro, que me cansé de verlo, porque estuve varias veces en el primer piso del Starbucks, justo en la cristalera que da al cruce.
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| Estación de Shibuya (Tokio). |
Tras deambular un buen rato, asentamos nuestras posaderas en una cervecería-pub repleto de gente, muchos extranjeros, donde tomamos Guinnes y comimos un plato de pulpo y edamame, esas vainas de soja que tanto me gustan, sean frías o calientes. De regreso al hotel, cerca de la una de la madrugada, tuvimos un indicio de lo abarrotado que debe ir el metro de Tokio en hora punta. Eso sí, salvo los que van pasados de copas, el respeto y el silencio siguen siendo la norma, con la gente colocada en fila en las marcas del suelo.
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| La gran ola (Katsushika Hokuai). |
Tokio era el protagonista de ese fin de samana, y el sábado
27 era el día de Ueno, por el
Museo Nacional, donde esperaba
ver las Vistas del monte Fuji, de
Katsushika Hokusai (1760-1849) y la cerámica Jomon (14.500-300 a.C.). Si bien suponía que todos los grabados no estarían en el museo, la realidad es que no
había ni uno. No sólo no pude ver el monte Fuji cuando
estuve en los lagos de Hakone, sino que no podía ver los grabados. Pregunté en información y resultó que, casualmente, había varios en una exposición temporal en el museo
Mitsubishi. Con el
ánimo por los suelos (¿de verdad me iría de Japón sin ver el monte Fuji en
ninguna de sus posibilidades?), hice el resto de la visita, y fuimos en busca del cementerio junto al museo, con templo
sintoísta incluido. Hermoso.
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| Jóvenes en una tarde de verano, sábado en Ueno (Tokio, Japón). |
Una vez recargadas las pilas de espíritu zen, cruzamos el parque de Ueno sin perder detalle de la cultura urbana, esto
es, la gente, cómo viste, pasea, charla y se divierte, algunos de ellos,
jugando en un campo de béisbol, bajo un sol de justicia y un calor húmedo realmente desagradable. Muchos hombres y mujeres, jóvenes y mayores, iban armados de abanicos y sombrillas, pero otros muchos paseaban aparentemente ajenos al clima, ellas montadas en tacones y luciendo minifaldas y pelo alisado, ellos con un look casual con predominio del denim y las camisetas.
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| Jóvenes en Ueno (Verano, Tokio, Japón). |
Entre la visita al museo y el parque, eran más de las 15 horas y estábamos sin comer, así que escogimos un restaurante de sushi giratorio que hallamos deambulando por el mercado de Ameyoko, entre locales de pachinko, hoteles cápsula
y del amor, todo un mix de tradición y modernidad.
Después de tomar un café en Tully's, donde comprobé que es cierto que los japoneses en general no temen ser robados (nuestra vecina de mesa
dejó móvil y bolso abierto para salir a la calle a buscar a una
amiga), cogimos el metro y, de camino, empezamos a ver grupos de chicas (y chicos) vistiendo quimonos.
Akihabara, con sus incontables tiendas de electrónica y actual corazón del manga y el anime, fue la siguiente parada. Comprar no compramos, pero sí nos
deleitamos con un tour por el Anime Center y por las calles
plagadas de neones, donde jóvenes de apariencia nerd entraban y salían con bolsas de cómics. Estaba a punto de atardecer, así que decidimos coger de nuevo el metro para desplazarnos al barrio de las Lolitas góticas, pero esa
noche había un concierto de música de la estrella del pop japonés Ayumi Amasaki.
| Concierto de Ayumi Amasaki (Julio, Tokio, Japón). |
Era el
cierre de su gira, en el estadio junto a la sede de la cadena NHK y supongo que el bullicio las había espantado. Ahí vimos el poder del merchandising, pues a la entrada del concierto
se vendía desde camisetas a abanicos, toallas y discos de la estrella, la mayoría de los productos agotados y,
por supuesto, las entradas al concierto vendidas meses atrás.
Algo que comprobaríamos al día siguiente, en el Tokio Dome, donde tocaba por segundo día la boyband surcoreana Superjunior.
De momento, esa noche de sábado, nos fuimos andando, de nuevo, hasta el barrio de Shibuya, donde nos
refugiamos de la lluvia en el Starbucks y nos tomamos un delicioso frapuccino
de mocca mientras observábamos el trajinar de los taxis, autobuses y gentes
cruzándose en perfecto orden y concierto por el cruce más multitudinario del
mundo. ¡Tokio es único!
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Hola, Pepa, mi buen amigo Jose me ha pasado tu "A casa de las palmeras" y quería darte las gracias, espero leerlo con mucho interés en cuanto me sea posible,
ResponderEliminarun abrazo,
Espero que te guste o al menos que te interese. Todas las críticas y valoraciones son bienvenidas. Saludos efusivos
EliminarHe pasado muy buenos ratos, estimada Pepa, espero que sigamos en contacto.
ResponderEliminarSi quieres pasarte por mi blog, en el que inserto mis paranoias, es http://antoniojetaquesada.blogspot.com
un abrazo
Muchas gracias!!!
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