Cazadoras de fósiles: Elizabeth Gray, la Mary Anning escocesa

 Mary Anning: a fossil-hunting passion

Mary Anning, pionera en el hallazgo de fósiles marinos


La historia de la paleontología está cimentada en la labor de quienes se manchan las manos en el barro en busca de fósiles y monstruos petrificados. Es el caso de Elizabeth Gray  (1831-1924), nacida Anderson, conocida como la ’Mary Anning escocesa'.


Su pasión por desenterrar criaturas extinguidas comenzó muy temprano. Tras trasladarse en su juventud desde Alloway hasta Girvan, desarrolló un profundo interés por los fósiles locales durante su adolescencia. Su vida y carrera dieron un vuelco al casarse con Robert Gray en 1856 y mudarse a Glasgow. La pareja compartía un inmenso interés por la búsqueda y conservación de fósiles, en especial de aves. Fruto de ello, reunieron una valiosa colección que donaron al Museo Hunterian en 1866.


Elizabeth Gray (1831-1924), cazadora de fósiles, a los 90 años.

El impacto de sus hallazgos fue tan relevante que, entre 1868 y 1878, se publicaron numerosos artículos científicos basados en sus excavaciones. A pesar de este éxito y de ser una pionera en la geología, Elizabeth siempre mantuvo una postura de extrema humildad. Rechazaba sistemáticamente las invitaciones para hablar en público, pues consideraba que su verdadera aportación era la de cazadora y proveedora de especímenes.

LEGADO FAMILIAR Y RECONOCIMIENTO INSTITUCIONAL

La muerte de su esposo, en 1887, no detuvo la incesante búsqueda de Elizabeth Gray entre las rocas. Continuó trabajando con ayuda de sus dos hijas, Alice y Edith. Con los años, el innegable valor de los fósiles que Elizabeth extraía con sus propias manos no pasó desapercibido para la comunidad científica.


En 1903, la Fundación Murchison la premió por su enorme contribución a la geología.Su prestigio por entonces estaba bien cimentado y había roto barreras como mujer, siendo ya miembro honorario de la Sociedad de Historia Natural de Glasgow desde 1901, y de la Sociedad Geológica de Glasgow desde 1900.



Trilobite (izquierda) y fósil de coral, hallados por Elizabeth Gray.

El
trabajo incansable de Elizabeth y su familia a lo largo de más de medio siglo fructificó en una segunda parte de la Colección Gray, compuesta por piezas recolectadas entre 1866 y 1920, la cual donó al British Museum.

La vitalidad acompañó a esta intrépida mujer casi hasta el último de sus días. A punto de celebrar su 90 cumpleaños, su hijo Roger la retrató en las fotografías que ilustran este artículo y que, años más tarde (1938), sus hijas donarían al museo.

Elizabeth hizo su última visita a las excavaciones de Girvan en 1923, un año antes de fallecer. Solo la muerte, en 1924, poco antes de cumplir los 93, puso punto final a su vocación de cazadora de fósiles, que la ha encumbrado como figura clave en el avance de la paleontología británica.


La historia la recuerda no solo como la Mary Anning escocesa, sino que incluso ha dado nombre a numerosos especímenes, como el Cyrtograpsus grayianus o el Cothurnocystis elizae. Mujer y obra unidas, quizá, por la eternidad.

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