'Meet de Romans': las letrinas del Imperio Romano
Penélope, Medusa y Atenea: mujer y poder según Mary Beard
Dice Mary Beard que el sexo es uno de los aspectos de la Roma Antigua que ha llegado hasta nosotros con una distorsionada imagen de libertad, ausencia de reglas, culto al cuerpo, hedonismo, como si toda la población se lo pasara muy bien con todo tipo de prácticas. La muy respetada y popular investigadora y divulgadora de la historia, costumbres y cultura de la Roma clásica, acaba de publicar un nuevo libro, Emperador de Roma (Editorial Crítica).
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| Mary Beard, premio Princesa de Asturias 2016, publica 'Emperador de Roma' (Crítica). |
Beard relata historias como la de la emperatriz Mesalina, esposa del viejo emperador Claudio. “Se dice que retó a las prostitutas de Roma a una competencia para ver con cuántos hombres podían dormir en una sola noche. Y, por supuesto, Mesalina venció a todas las prostitutas”.
“¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en esa y en otras historias?”, se pregunta esta eminente latinista, atribuyendo a la fantasía de los propios escritores, cuando no a la pura invención, muchas de las vidas exageradas que han llegado a nuestros días, pasadas por el tamiz calenturiento de los escritores.
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| Mary Beard, en unas letrinas públicas de Ostia. |
Tal como Mary Beard pone de relieve, la mujer romana sufría un implacable doble rasero, muy lejos de la libertad que se atribuye a la época del Imperio. “En un hogar romano ordinario, se esperaba que la mujer fuera absolutamente fiel a su marido y que no tuviera relaciones sexuales con nadie más. El marido, por supuesto, podía acostarse con los esclavos, fueran hombres o mujeres, libre de restricciones”. Según explica, esta coerción sobre la mujer tenía que ver con las ansiedades y temores básicos de una comunidad muy patriarcal. Es decir, los romanos querían asegurarse de que los hijos de sus esposas fueran realmente suyos.
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| Fachada y cuarto de un burdel (Pompeya). |
Beard pone un ejemplo evidente del doble rasero y el sometimiento de la mujer romana, que se aprecia con toda su sordidez en “uno de los lugares más sombríos de todo el mundo romano, al que se puede ir hoy, el único burdel que se conserva en Pompeya”. En la actualidad, es la mayor atracción turística del yacimiento arqueológico situado a los pies del Vesubio.
Nada más entrar por la puerta principal del burdel, existen cinco pequeños cubículos, estrechos, oscuros, cada uno con una especie de cama individual, aunque un poco más ancha. Hay un baño en la parte trasera y pinturas murales eróticas (aunque muy toscas) en todas las paredes. Como turistas, es lógico pensar en los clientes que venían aquí y visitaban el burdel, eligiendo qué chica alquilar para su placer, señala Mary Beard.
“Hay muchos grafitis en las paredes, que explican con bastante detalle lo que esos clientes hicieron, lo bien que se lo pasaron, pero cuando yo entro en esta casa, solo puedo pensar: ¡por Dios, algunas personas trabajaban aquí! Chicas sin libertad sexual trabajaban para que los hombres pudieran ejercer una libertad sexual que le negaban a sus mujeres e hijas. Y mientras esas chicas trabajaban, vivían en lo que era esencialmente un armario oscuro y lúgubre”, relata Beard.
Sin duda, la realista imagen que este lupanar transmite es mucho más fiel de la libertad sexual en la Roma antigua, que la imagen de esas hazañas sexuales de los emperadores y sus esposas.
El éxito de los libros de Mary Beard entre el público de todo el mundo se debe a que desmitifica, pone en evidencia leyendas y creencias. Para ella, los documentos antiguos no son fuentes exactas que debamos tomar al pie de la letra para creer los eventos que mencionan, sino fuentes de información que reflejan las actitudes y el contexto de quienes los escribieron.Según Beard, las historias modernas de Roma deben contextualizarse teniendo en cuenta la visión del mundo y el propósito de sus autores.



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