Una loa a todas las Evas en el día de mi cumpleaños
(Lo que escribí por mi cumpleaños en 2014)
Hoy es el día de mi cumpleaños. Quería escribir unas líneas para celebrar los doce meses que se despliegan ante mí como sábanas en blanco con las que arropar los sueños, éxitos y decepciones que, a buen seguro, cosecharé desde hoy y hasta que las manecillas virtuales del reloj me despierten en el 20 de agosto de 2016. Quería ser original, pero he releído lo que escribí el año pasado y no se me ocurre mejor forma de describir la sensación del paso del tiempo, así que perdonad que me plagie un par de párrafos:
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| 'Eva', del pintor simbolista francés Lucien Lévy-Dhurmer (1865-1953). |
El vértigo del futuro es quizá lo peor
de acumular años. Eso, y lo lejos que se van quedando los cumpleaños de veranos
eternos, de remolonas tardes de pereza y calor, de niños al anochecer sentados
al fresco de las aceras, de juegos en corrillos fingiendo ser un pirata cojo o
una Caperucita acechada por un lobo… ¡y hasta un dragón! Rara vez me
permito caer por el tobogán de la melancolía, pero en días como éste quisiera
saber a dónde se fugaron los castillos en el aire que creamos entonces, dónde
habitan los recuerdos de antaño. ¿Seguirán siendo ligeros como las burbujas de
La Casera, o pesados como piedras en el zurrón?”
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| Calendario 'Un año en el museo'. |
Desde
que abandoné la estación balnearia de la niñez me he construido varios refugios
que me dan cobijo en momentos de nostalgia o desasosiego. Son la
literatura y el arte, básicamente, cada vez más entrelazados en mi trajín diario y en mis
días de asueto. Ahora que escribo estas líneas tengo frente a mí un calendario
que compré hace muchos años, en el Museo del Louvre, en París. Se llama Un año en el museo, ilustra cada día del
mes con un cuadro, lleva una somera explicación de cada obra y en cada una de ellas se plantea un acertijo o se
descubre alguna curiosidad.
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| 'Adán y Eva' (1507), de Alberto Durero. |
Los
cuadros que ilustran el día 20 de agosto son Adán (1507) y Eva (1507), de
Alberto Durero (1471-1528), que he visto muchas veces en el museo del Prado de
Madrid. Son dos tablas, pero fueron concebidas para mostrarse juntas, como
corresponde a los padres de la Humanidad. Según relata la Biblia, Adán es el primer hombre y Eva la primera mujer. Los creó Dios y vivían felices en el
paraíso terrestre, donde tenían prohibido tocar los frutos del árbol del bien y del mal, a la sazón un modesto manzano, bautizado desde entonces como el árbol del conocimiento y la razón.
Uno de los dos progenitores primigenios fue el primero en desobedecer a Dios, cogió una
manzana y se la dio a probar al otro, con lo que surgió el pecado original. La
tradición bíblica se ha encargado de remachar que la mala de la película fue
Eva, y por extensión todas las mujeres cargamos desde entonces con el sambenito de curiosas,
pícaras, algo maliciosas y culpables de la mayoría de los males.
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| 'Eva', de Alberto Durero (detalle). |
Uno
de mis deseos es que las mujeres del mundo se reivindiquen en todos
los géneros y estratos sociales, que dejen de sentir culpa por no ser perfectas
y que aspiren a vivir de manera autónoma. Porque la libertad sobre el papel no
sirve de nada si nos arrodillamos libremente
por razón del miedo, la soledad o la economía. Han pasado 508 años desde
que Durero pintó esta preciosa Eva de pechos jóvenes, largo cabello
y piel blanca, y 508 años después ella sigue siendo la culpable de un pecado en
el que, a buen seguro, tuvo mucho que ver el pasmado Adán que tenía al lado.
¡Feliz
cumpleaños para mí y para todas las Evas que desde el principio de los tiempos no han dudado en brincar sobre el trampolín de las emociones!






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