Sa Covaccada, el dolmen más solitario del Mediterráneo

(Otros dólmenes mediterráneos: Menga, Viera y El Romeral)


Está en Cerdeña, cerca de la ciudad de Mores, se llama Sa Covaccada y es un dolmen majestuoso, una tumba que lleva en pie desde el tercer milenio antes de la era cristiana y que los hombres y mujeres del siglo XXI pueden visitar, eso sí, después de una expedición en coche que pone a prueba la paciencia del conductor más sosegado y los neumáticos de los sufridos vehículos (el nuestro era de alquiler) que surcan esta isla mediterránea.


La excursión a Sa Covaccada merece la pena, aunque nos lo encontramos en plena restauración, rodeado de andamios, y nos fue imposible contemplar en toda su plenitud las tres enormes losas de piedra y la cuarta, que lo cubre a modo de techo y pesa 18 toneladas.


Dolmen Sa Covaccada, tercer
milenio a.C. (Mores, Cerdeña).

El dolmen mide casi tres metros de alto, cinco de largo y 2,5 de ancho. Los expertos afirman que es uno de los más grandes del Mediterráneo, y yo añadiría que también de los más solitarios. La imponente formación pétrea se halla en mitad del campo y dar con ella no es fácil ni tampoco rápido, pese a que desde la ciudad de Mores hay varias señales en la carretera que indican cómo llegar hasta el monumento.

Desde Mores hay que recorrer un kilómetro en la carretera hacia Ozieri y después tomar el desvío hacia Bono que sale a la derecha. Al cabo de 6,2 kilómetros de una más que aceptable vía aparece, también a la derecha, una carretera estrecha y llena de baches por la que el buen juicio aconseja no circular a más de 30 kilómetros por hora.

Agujero en la carretera
hacia el dolmen Sa Covaccada
(Mores, Cerdeña).

A la vista del precario estado de la vía, podría parecer que el dolmen está a punto de aparecer en la siguiente vuelta del camino, pero nada más lejos de la realidad. Aún hay que sufrir otros 3,2 kilómetros de agujeros en el suelo, badenes y resaltos, temiendo que una rueda se pinche o que los bajos del coche rocen con algún saliente del camino, hasta que el viajero se topa con un camino por el que únicamente deben pasar las cabras y los entusiastas cazadores de dólmenes, como nosotros. 


Verja a la entrada del dolmen Sa Covaccada
(Mores, Cerdeña).

Finalmente, el camino desemboca en dos vallas con sendos carteles que anuncian que, a partir de ahí, todavía faltan unos doscientos metros que hay que recorrer a pie. Para nuestra sorpresa, las susodichas vallas, ¡las dos!, estaban cerradas y atadas con una endeble cuerda que, ni qué decir tiene, desanudamos sin perder ni un segundo. Tras la paliza de coche, del calor y de la soledad de la ruta, no pensábamos irnos sin ver de cerca el dolmen.

Ignoro si el recinto estaba cerrado por ser mediodía o por las obras de restauración, el caso es que no había signo de obreros trabajando por allí, ni máquinas sellando o removiendo las piedras. Sólo el canto de las cigarras y la soledad del camino. Tanto a la ida como la vuelta, hicimos todo el trayecto solos, sin cruzarnos con ningún otro coche. Y menos mal, porque en la mayor parte del recorrido apenas hay holgura como para que se crucen dos automóviles de tamaño mediano.


Monte bajo rumbo hacia Sa Covaccada (Cerdeña).

Los únicos seres vivos con los que nos topamos fueron varios toros y vacas que dormitaban al sol en un cercado vecino y dos caballos que pastaban en una vereda a lo lejos.

Toros y vacas dormitan en el camino
hacia el dolmen de Sa Covaccada.

El resto era silencio y soledad, como se supone que debió ser allá por los años finales del tercer milenio antes de Jesús, cuando los hombres del Neolítico enterraban a sus muertos en el dolmen de Sa Covaccada.

Comentarios

  1. Sí, toda Cerdeña está plagada de yacimientos prehistóricos, además de romanos, claro...

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