Falassarna, la mejor playa de Creta
Quienes me conocen bien me preguntan por qué nunca
he escrito sobre Creta en este blog. Les resulta increíble que jamás haya
narrado mis primeras impresiones de la isla del Laberinto, y no entienden cómo
es que nunca he relatado mi primer viaje en el buque Poseidon, desde el Pireo
hasta Heraklion en aquel lejano verano de 1993, cuando cada vez que se tercia
un tercio de más, mi amor por Creta estalla a borbotones y se prodiga en
decenas de anécdotas, pulcramente detalladas, de mis viajes a la
tierra del rey Minos, la bella Ariadna, el sagaz Teseo, el diligente Dédalo y
el intrépidamente osado Ícaro.
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| Cerámica griega con Teseo matando al Minotauro. |
Pisé por primera vez Creta en el verano de 1993, una
madrugada de agosto, medio mareada tras doce horas de travesía en la cubierta
de uno de esos enormes transbordadores que hacían (y hacen) la ruta Puerto del
Pireo-Heraklion en una sucesión de escalas en las principales islas Cícladas.
Mi compañero de fatigas y yo habíamos decidido viajar en barco, que además de
más barato que el avión, nos ahorraba una noche de hotel. Jamás volvimos a ir de Atenas a Creta de ese modo.
En Heraklion, la capital cretense, alquilamos un
coche en el ya desaparecido Irene Rent a Car, un negocio regentado por un recio
varón que fumaba tabaco negro sin parar y hablaba un francés racheado. Por un
precio irrisorio, alquilamos un Renault sin aire acondicionado y con el
maletero a la vista, un tres puertas cuyo techo se asemejaba a la tapa de una de
esas latas de sardinillas que antaño se abrían enrollándolas con una llave.
| Playa de Falassarna, en Creta (1993). |
En agosto de 1993 nosotros no teníamos Internet ni
teléfono móvil, nunca reservábamos hotel, sino que íbamos a la aventura con dos
guías turísticas convencionales, de papel, de Anaya una, y del
Trotamundos otra. Siguiendo las indicaciones de esta última y preguntando
varias veces a lugareños cuando nos sorprendía algún cruce de carreteras
llegamos a la playa de Falassarna, en el extremo oeste de la isla, a unos 60 kilómetros desde Chania (La Canea). La foto superior es de poca calidad,
como he dicho, en el año 1993 no teníamos móviles de última generación ni
perdíamos el tiempo grabando en vídeo. Preferíamos disfrutar con los ojos más
abiertos que la lente de una cámara, escuchar los atronadores cantos de las
cigarras, dejar vagar los pensamientos por la línea del horizonte que separaba
el cielo del mar.
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| Taberna sobre la playa de Falassarna (Creta). |
A Falassarna se llegaba en
1993 por una carretera estrecha y mala, que en su último tramo desembocaba en
un camino de tierra. Había una sola taberna, y no precisamente a pie de playa,
sino unos doscientos metros cuesta arriba, con una terraza bajo las higueras
donde se oía de vez en cuando el zumbido de los veraniegos tábanos, avipas, abejorrucos y moscas. En esa taberna comimos una de las
mejores ensaladas con queso feta y aceitunas negras que recuerdo, unos tomates
rojos como pocos, un tzatziki fresco y ligero, un plato de pollo asado y creo
que también una moussaka. Servían el vino retsina en picheles y no había carta en inglés, sino que los
platos impronunciables había que escogerlos señalando con el dedo en la
vitrina.
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| Playa de Falassarna (Creta), un remanso de paz. |
Volvimos a Falassarna en 2005 y las cosas,
afortunadamente, no habían cambiado demasiado, salvo por el hecho de que el
camino de tierra estaba en mejores condiciones, al final había un espacio para
aparcar delimitado y una taberna con bebidas y snacks en la misma playa, aunque no invadiendo la arena. Seguía siendo la misma
playa semiagreste, una amplia franja de fina arena alborotada por el viento, un
agua fría mecida por olas que culebreaban al compás del aire, muchos jóvenes
tostándose al sol y alguna familia con niños, turistas como nosotros, pero,
fundamentalmente, griegos. Una playa bonita, tranquila, sin altavoces
vociferantes, sin música machacona, sin gritos. Una playa como debieron ser en
algún momento las españolas de la Costa del Sol. Una playa donde tumbarse, leer
o simplemente pasear la vista por las estribaciones del mar.
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| Vino griego retsina tradicional. |
En 2005 la taberna de Falassarna seguía prácticamente
igual, el mismo patio bajo las higueras, parecida carta de comida, idéntica
música ambiental a base de canto de cigarras y bisbisear de insectos. Ni que
decir tiene: estoy deseando regresar.






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