Utopía y grafitis en pasos de peatones en La Latina
Los jóvenes de Mayo del 68 querían levantar los adoquines porque decían que, debajo, estaba el mar.
Era una forma poética de instar a la revolución, a romper con lo establecido y a cuestionarlo todo. No trataban sólo de abrir ventanas políticas en la
Asamblea Francesa, sino balcones reales por los que asomarse y respirar,
hacer lo impensable, pensar lo imposible.
En mi barrio de La Latina (centro de Madrid) han aparecido estos
últimos días mensajes revolucionarios, consignas que destilan ingenuidad y respiran
candidez por cada una de sus palabras. No están escritos en las
paredes, sino en el suelo, en los pasos de peatones, con unas letras estudiadamente
geométricas que parecen trazadas con escuadra y cartabón.
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| Mensaje en el suelo frente a la basílica de San Francisco el Grande (La Latina, Madrid). |
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| Mensajes en el asfalto en el barrio de La Latina. |
Me encanta la simplicidad de la pintada que proclama Desordenando la felicidad me encontré con la vida. Al fin y al
cabo, ¿qué es el vivir sino una sucesión de instantes, hechos y fechas con los
que jugamos a malabares? La encontraréis en el paso peatonal de la calle Bailén
con la esquina de Don Pedro.
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| El mundo, del revés (grafiti en La Latina, Madrid). |
Si el mundo está del
revés, habrá que buscar cordura, es otra propuesta de Boamistura, seguramente más
factible desde luego que tratar de enderezar el mundo, que era lo que ambicionaban los estudiantes y obreros del Mayo del 68 francés. Este grafiti se encuentra en el paso de peatones de la Gran Vía de San Francisco, frente a la tapia del Hospital
de la Venerable Orden Tercera.
Ha llovido mucho desde 1968 y el fardo de las revoluciones fallidas se ha hecho todavía más pesado. Pero la poesía, como decía Gabriel Celaya, sigue siendo un arma cargada de futuro. Dar la batalla con las palabras continúa siendo una aspiración legítima y valiente.
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| Madrid y tú, cosidos a besos (grafiti en La Latina). |
Mi mensaje favorito es El día menos pensado te encuentran cosido a besos, que se despliega sobre el cemento en un paso peatonal de la calle Toledo, casi al filo de la Puerta de Toledo. Sin saber por qué, esas nueve palabras me dejan felizmente alelada. ¿A quién no le gustaría que lo cosieran a besos, lo hilvanaran en ternura y lo remendaran a base de caricias?






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