Viaje a Francia (II): Burdeos, Bergerac, Lascaux, Ussac
(Primera etapa por Francia: Poitiers, St. Savin, La Rochelle y Saintes aquí)
El miércoles, 2 de julio, fue un día consagrado a Burdeos. Primera parada, el Museo de Bellas Artes, gratuito, separado en dos alas (una alberga obras de
los siglos XV-XVIII y otra del XIX y XX) que se comunican a través de un jardín, entre esculturas.
Aquí descubrí a la pintora renacentista Lavinia Fontana y obras de la era napoleónica, inspiradas en la mitología griega, como Fedra e Hipólito, de Pierre-Narcisse Guerin o Leandro y Hero, de Jean-Joseph Taillasson. Desde el museo, y tras un paseo por las calles
comerciales Porte Dijeaux y St. Remy, fuimos a comer a una terraza en la plaza
del Parlamento. Ensalada de ahumados, tartaleta de salmón, el plato provenzal
(tomates secos, queso de cabra y berenjenas) con pan de nueces y sidra. ¡Por menos de 40 euros!
![]() |
| 'Fedra e Hipólito' (izquierda, abajo), en la sala de pintura época napoleónica (Museo Burdeos). |
![]() |
| Estatua de Jaume Plensa (Burdeos, Francia) |
![]() |
| Iglesia Monolítica (St. Emilion, Francia). |
Desde la parte alta hay buenas vistas sobre los viñedos, pero ese día hacía calor y la iglesia Monolítica, excavada en la piedra, bajo tierra, estaba cerrada por obras, igual que el campanario. Me pareció que las docenas de restaurantes eran caros para lo que ofrecían. Más por no seguir buscando que por convencimiento, escogimos L’Huitrier, en un patio bajo los árboles. Bien en carnes, mal en pescados, cara la comida y más caro el vino.
![]() |
| Estatua de Cyrano de Bergerac (Bergerac, Francia). |
Regresar de Bergerac a Burdeos nos costó 88
kilómetros y 6,80 euros de la autopista de peaje. Esa noche la temperatura era primaveral y amenazaba lluvia, pese a lo cual cenamos en la terraza de L’Agneau á la Braise, a dos pasos de la plaza de
Santa Catalina. El centro de Burdeos era un hormiguero de gente,
restaurantes y bares abarrotados, calles repletas de jóvenes, un derroche de
vitalidad propio del día (jueves), un optimismo contagioso que denota que
Burdeos es una ciudad universitaria, la perla de Aquitania por su riqueza vinícola y su proximidad
al mar.
![]() |
| Pinturas rupestres originales de Lascaux. |
La gruta de Lascaux auténtica está cerrada al público
desde 1963, para preservar las pinturas, que tienen entre 17.000 y 15.000 años de antigüedad.
En apenas una veintena de años que estuvo abierta la cueva, la alarma cundió ya que la simple respiración de la gente empañaba los colores. Así que, a cien metros de la original, construyeron una réplica idéntica en tamaño,
materiales, temperatura e iluminación, que es donde se contemplan hoy los
increíbles trazos rojizos, amarillos y ocres de los toros, caballos y ciervos prehistóricos, a la misma distancia sobre sus cabezas que en el sitio original.
Entrar en la falsa gruta es, con todo, una experiencia imborrable. Hace frío y es estrecha, resbaladiza, pero basta una mirada a las paredes y, sobre todo, al techo, para cortar el aliento. ¿Qué clase de hombres o mujeres pintaron, y con qué propósito, esos increíbles animales? ¿En qué se subían para llegar al techo, cómo se protegían del frío intenso? ¿Perdieron la visión después de meses, quizá años, decorando las paredes, sumidos en la semioscuridad? ¿Cómo perfeccionaron la perspectiva de las figuras, gracias a la cual esos toros y caballos nos observan, asombrosamente vigorosos, desde lo alto? No se pueden hacer fotos ni vídeos.
![]() |
| Centro de visitantes Lascaux II (Dordoña, Francia). |
![]() |
| Cueva original de Lascaux, la Capilla Sixtina del arte rupestre (Dordoña, Francia). |
Caía la tarde cuando llegamos a Ussac, donde
teníamos reservadas dos noches en el Auberge Saint Jean, uno de esos alojamientos que tanto abundan en Francia, fácilmente accesibles desde autovía, que se escoge como punto para explorar los alrededores. Muy cerca de Ussac está la ciudad de Brive-la-Gaillarde, y allí fuimos a cenar. Francia acababa de perder en el Mundial de Fútbol y las calles
se vaciaban de decepcionados forofos futboleros. Cenamos en el café-restaurante Amédélys, en la terraza en la calle: unos
deliciosos mejillones y rissotto de gambas. Comenzó a llover antes de terminar
de cenar, algo que debe ser habitual, pues los camareros tardaron menos de
tres minutos en reubicarnos a todos bajo el toldo.
(Continuará)
(Continuará)









Buen artículo. Seguro que merece la pena realizar este viaje
ResponderEliminarSi duda, es un viaje que vale la pena por la vertiente cultural, paisajística y gastronómica.
ResponderEliminarSaludos