'La casa de las palmeras' y otros relatos, de Pepa Montero
(Más Día del Libro) (Otro relato del libro, La chica de las metáforas)
Mi libro 'La casa de las palmeras', disponible en Amazon
No parece gran cosa. Unas sencillas cubiertas azules donde se enseñorean dos palmeras que se rozan mecidas por el viento y comunican cierta sensación de nostálgica soledad.
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| 'La casa de las palmeras' y otros relatos (Pepa Montero). |
Apenas noventa páginas que sirven de guarida a once relatos escuetos, once momentos sacados del tiempo, congelados en el espacio; once trozos de vidas ajenas petrificados ante la mirada de una autora novel, sensible a las tribulaciones de sus personajes, pero en modo alguno intrusa de su intimidad. O eso es lo que he pretendido yo, la novata autora, al escribir estos fragmentos de realidad.
Pues bien, aunque no parezcan ni sean gran cosa, para mí estas noventa páginas mal contadas tienen un valor
incalculable, porque La casa de las palmeras es el primer libro de relatos que finalmente soy capaz de terminar, editar y
publicar.
Varios borradores de cuentos se han quedado por el camino, un par de historias cuyos vericuetos se volvieron tan alambicados que acabaron desesperándome y tuve que descartarlas. Tampoco han visto la luz narraciones que no fui capaz de trasladar desde mi imaginación hasta el papel.
Varios borradores de cuentos se han quedado por el camino, un par de historias cuyos vericuetos se volvieron tan alambicados que acabaron desesperándome y tuve que descartarlas. Tampoco han visto la luz narraciones que no fui capaz de trasladar desde mi imaginación hasta el papel.
El proceso de escritura ha sido, supongo que como todos, una larga travesía en la que el único alimento fueron las incontables
horas estrujando cuerpo, mente y alma, luchando (y al fin ganando) contra la
frustración, la rabia y la desesperanza que nos asedian a quienes, pese a todo,
nos empeñamos en escribir. Porque, como reza en la cabecera de este blog, todos tenemos algo que decir, aunque no haya nadie que nos escuche.
Habrá quien juzgue que los once relatos que componen La casa de las palmeras están llenos de imperfecciones estilísticas y es posible que contengan fallas de contenido tan profundas como las simas abisales. En mi defensa debo decir que, desde la historia que da comienzo y título al libro, hasta la narración que lo cierra (Cuando yo era niña), todo en él es genuino porque, en verdad, es lo mejor que he sabido hacer, aunque por el camino se hayan quedado otras historias y protagonistas a los que no acerté a darles su espacio ni su entidad.
Ahora que este blog, Cúmulos y limbos, está a punto de cumplir cuatro años, y aprovechando que el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, parece una buena ocasión para abrirme a mí misma las puertas de mi casa, airear los armarios, desechar el pudor y hacer públicos mis escritos de ficción.
Aún queda mucho en mí de la niña que fui, esa niña que pensaba que el futuro era algo lejano que le ocurría a los demás y miraba a los adultos y le parecían tan extraños como los dinosaurios extinguidos sobre los que leía en libros prestados. Una niña que tardó mucho en saber qué quería ser de mayor, pero siempre tuvo muy claro lo que no quería ser.
Habrá quien juzgue que los once relatos que componen La casa de las palmeras están llenos de imperfecciones estilísticas y es posible que contengan fallas de contenido tan profundas como las simas abisales. En mi defensa debo decir que, desde la historia que da comienzo y título al libro, hasta la narración que lo cierra (Cuando yo era niña), todo en él es genuino porque, en verdad, es lo mejor que he sabido hacer, aunque por el camino se hayan quedado otras historias y protagonistas a los que no acerté a darles su espacio ni su entidad.
Ahora que este blog, Cúmulos y limbos, está a punto de cumplir cuatro años, y aprovechando que el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, parece una buena ocasión para abrirme a mí misma las puertas de mi casa, airear los armarios, desechar el pudor y hacer públicos mis escritos de ficción.
Aún queda mucho en mí de la niña que fui, esa niña que pensaba que el futuro era algo lejano que le ocurría a los demás y miraba a los adultos y le parecían tan extraños como los dinosaurios extinguidos sobre los que leía en libros prestados. Una niña que tardó mucho en saber qué quería ser de mayor, pero siempre tuvo muy claro lo que no quería ser.




Me parece algo maravilloso el darle forma a un sueño, es decir, meterlo en ese formato que llamamos libro. Esto es lo principal aunque también gusta que otra gente sienta curiosidad y lo compre.
ResponderEliminarLo que sucede es que creo que estamos saturados precisamente de leer.
Mucha suerte, Pepa!
Saludos cordiales.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarGracias por tu reflexión.
ResponderEliminarSí. Creo que puede haber una sensación generalizada de hartazgo o empacho de lectura, pero quizá es porque leemos mal, en el sentido de atropellado, sin seleccionar o sin acertar en la elección. Aun así, a veces la necesidad de escribir es más fuerte que todo, aunque muy pocos lean (y mucho menos, compren).
Saludos