viernes, 27 de febrero de 2026

Lo que las piedras sagradas esconden

 

'Peñas sacras de Galicia': libro de Martín Almagro


Mi entrevista al historiador y arqueólogo Martín Almagro



En las entrañas de la España vaciada existen misteriosos monumentos de piedra que guardan los ecos de las creencias más antiguas de la Península Ibérica. Son las peñas sacras, enclaves que están siendo rescatados del olvido gracias a investigadores como Martín Almagro Gorbea, reconocido arqueólogo, exdirector del Museo Arqueológico Nacional y anticuario perpetuo de la Real Academia de la Historia.

Peña Carnicera (arriba), Altar rupestre Malamoneda (abajo) y 'Menhir' del Risco Chico.

Los estudiosos de estas piedras sagradas advierten de que urge documentarlas y protegerlas, puesto que el conocimiento sobre su ubicación y los ritos que en ellas se realizaban únicamente sobrevive en la memoria de las personas mayores de  regiones como León, Galicia o el Alto Aragón.

Durante mucho tiempo, estas formaciones rocosas fueron menospreciadas por el mundo académico: los arqueólogos no las consideraban patrimonio monumental y los etnólogos las catalogaban como simples supersticiones folclóricas, sin indagar en su origen histórico.

Sin embargo, gracias al impulso de varios congresos científicos organizados junto al Instituto de Estudios Altoaragoneses, la perspectiva ha cambiado radicalmente. Hoy se reconocen como invaluables vestigios arqueológicos de cultos animistas prerromanos, ligados a las poblaciones celtas o incluso a culturas mucho más antiguas que se remontan al tercer milenio antes de Cristo.

Según detalla Martín Almagro, analizar estos enclaves nos permite comprender la religión popular auténtica de nuestros ancestros, estableciendo paralelismos fascinantes con las prácticas de ciertas tribus africanas o de los aborígenes australianos.

Prácticas ancestrales como las que tenían lugar en la Peña Carnicera, situada en el termino municipal de Mata de Alcántara, en Cáceres. Un altar pétreo utilizado desde el principio de los tiempos, con una curiosa pileta en forma de ojo en la cima, que recoge el agua de la lluvia. O el llanto de los dioses, según se prefiera creer.

PIEDRAS MÁGICAS Y ORÁCULOS
La función principal de muchas de estas piedras era mágica y oracular, sirviendo de puente para comunicarse con el más allá. A lo largo de una vasta geografía que abarca desde La Coruña y la costa atlántica hasta Huesca, y que desciende hasta la región portuguesa del Alentejo, se han documentado numerosas peñas propiciatorias y de adivinación.

En ellas, nuestros antepasados practicaban un curioso rito: lanzaban una piedra hacia la cumbre y, si esta lograba mantenerse sobre la superficie, significaba que el espíritu del lugar (o numen) otorgaba una respuesta afirmativa a sus peticiones; si resbalaba y caía al suelo, la respuesta divina era negativa.
'Menhir' del Risco Chico.


Existen peñas sacras de este tipo a un paso de Madrid, sin ir más lejos, en la provincia de Toledo (‘Peñas sacras en la provincia de Toledo’, artículo de Martín Almagro) se conservan alrededor de una decena de estos tesoros líticos.


TRES CATEGORÍAS DE PEÑAS SAGRADAS

El arqueólogo Martín Almagro establece tres categorías funcionales: rocas de adivinación, peñas "resbaladeras" y altares rupestres. Entre los ejemplos toledanos más llamativos destaca el Canto de la Escalera (foto más arriba), un bloque de granito situado entre las localidades de Menasalbas y Navahermosa. Se trata de una imponente mole de unos tres metros de altura a cuya cima, rematada por una pequeña pileta, se puede subir a través de siete rústicos peldaños tallados directamente en la roca.


Otro enclave fascinante en la misma provincia es el Altar de Malamoneda, ubicado en un paraje aislado, rico en agua y muy cercano a la población de Hontanar, donde comparte espacio con antiguas inscripciones romanas y un castillo medieval.





Sin olvidar la curiosa Piedra Arrastraculos, en San Pablo de los Montes, a las afueras del pueblo, junto al Arroyo de los Molinos. Es una gigantesca lasca de granito (40 metros de largo por 20 de ancho) que atestigua, en silencio, las milenarias prácticas de quienes habitaron estas tierras antes de llegar el Cristianismo.


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