(Más sobre momias y Cleopatra aquí)
Las salas 62 y 63 del British Museum, en Londres, son probablemente las más visitadas del mundo, en reñida competencia con la del Louvre parisino que alberga La Gioconda, de Leonardo da Vinci. Son las salas dedicadas a las momias egipcias.
Mil cuatrocientos años más
longeva que Mona Lisa es la momia de Artemidoro, hallada en la ciudad egipcia
de Hawara y que los científicos encuadran en la época de la dominación romana, alrededor del 100-120 d.C, cuando gobernaban Trajano, primero, y Adriano, después. Esta momia es un perfecto ejemplo de la multiculturalidad que se dio en los primeros años de nuestra era, cuando ritos
griegos, romanos y egipcios convivieron a lo largo y ancho del Mediterráneo. Así
lo atestigua la inscripción en el pecho del ataúd pintado, con las palabras“Adiós, Artemidoro" escritas en un griego incorrecto, mientras el retrato está pintado a la usanza de los romanos y las prácticas funerarias son propias de los egipcios.
Mil novecientos años después de muerto, Artemidoro -como les sucedió a otros ilustres inquilinos de las salas egipcias del British Museum- fue sometido a un exhaustivo análisis con escáner, sin sacarlo de su ataúd ni remover las tiras de lino que lo envuelven. Se descubrió así que tiene algunos huesos rotos en la nariz y dañada
la parte trasera del cráneo, que jamás soldaron, lo que lleva a unos pocos estudiosos a deducir que se los rompieron al embalsamarlo, pero la mayoría de expertos coincide en que falleció
a causa de esos golpes.
Lo que sí se sabe con certeza es que
Artemidoro tenía entre 18 y 21 años cuando murió, y que no era tan
apuesto como su retrato, a juzgar por la robusta estructura ósea
de cráneo y nariz, que una vez recreada informáticamente, como en CSI o Bones, arroja un retrato-robot de belleza más discutible. Pero, fuera Artemidoro menos guapo o más feo, su
momia es de las más bellas del British Museum. El estuco rojo del ataúd brilla; los símbolos y dibujos son del todo
legibles; la túnica blanca realza la postura de los hombros, de perfil
en tres cuartos; la cabeza es un refinado ejemplo de la moda del siglo I
d.C, con el cabello peinado hacia delante, como hacía Trajano, y rodeado por una corona de hojas doradas.
Algo más joven que la momia de Artemidoro es la de este niño, con sudario de lino y ataúd de madera, también perteneciente al período romano, alrededor de los años 230-250 d.C.
De procedencia desconocida, la tapa del ataúd está decorada con una serpiente y una guirnalda, ambas pintadas. En cuanto a la momia en sí, está envuelta en un sudario, también pintado, con la figura del niño vistiendo una túnica, manto y zapatillas de dormir y sosteniendo un ramito de mirto. Una corona de capullos de rosa ciñe la cabeza del niño, cuyo cuerpo, semblanza y memoria quedaron congelados para la eternidad cuando moría, hace diecisiete siglos, poco después de cumplir los diez años. Así lo aseguran los técnicos del CSI.
Las salas 62 y 63 del British Museum, en Londres, son probablemente las más visitadas del mundo, en reñida competencia con la del Louvre parisino que alberga La Gioconda, de Leonardo da Vinci. Son las salas dedicadas a las momias egipcias.
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| Ataúd pintado de la momia de Artemidoro. |
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| Retrato de Artemidoro (100-120 d.C.) |
Mil novecientos años después de muerto, Artemidoro
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| Artemidoro real, según el CSI (sin photoshop). |
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| Momia infantil (sudario de lino pintado y retrato). |
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| Tapa de ataúd (Momia de niño del British Museum) |
De procedencia desconocida, la tapa del ataúd está decorada con una serpiente y una guirnalda, ambas pintadas. En cuanto a la momia en sí, está envuelta en un sudario, también pintado, con la figura del niño vistiendo una túnica, manto y zapatillas de dormir y sosteniendo un ramito de mirto. Una corona de capullos de rosa ciñe la cabeza del niño, cuyo cuerpo, semblanza y memoria quedaron congelados para la eternidad cuando moría, hace diecisiete siglos, poco después de cumplir los diez años. Así lo aseguran los técnicos del CSI.




