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| 'Cristo resucitado' (Bramantino, 1490). |
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| 'Cristo resucitado', detalle de rostro y Luna. |
Bramantino usó todos sus recursos para acentuar el sufrimiento del personaje, que mira al espectador de frente, en un primer plano de medio cuerpo, con los ojos enrojecidos y una palidez mortecina. Su expresión lívida y su rostro agónico sugieren que también tiene el alma herida, quizá por un rejonazo de dolor del que ha sido testigo la Luna, que baña con su luz fría y plateada el cuerpo del resucitado.
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| Detalle de barca y Luna. |
Como quiera que sea, Cristo y Luna están solos en un entorno pétreo y ruinoso, que se abre por la izquierda a un paisaje inquietante, en el que algunos críticos dicen ver la sepultura del huerto de Getsemaní. Los únicos que rompen el aislamiento de la escena son los dos hombres del fondo, que navegan en una barca que transporta dos tiendas de campaña. Una barca cuyo significado apunta al mito griego de Caronte, encargado por los dioses de cruzar al más allá las almas de los recién fallecidos.
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| 'La resurrección' (Mantegna, 1459). |
La estremecedora singularidad de este Cristo de Bramantino, tan lejos de los cánones de su época, se aprecia mejor a la luz de otras obras próximas en el tiempo, como esta Resurrección de 1459, de mi admirado Andrea Mantegna. El Cristo que el mantuano hace salir de la tumba brilla con el poder de la vida -humana y divina- sobre la muerte y da prueba fehaciente de una verdad incontestable. El Cristo de Bramantino, en cambio, desasosiega y perturba, tanto si nos asomamos al abismo de tristeza que hay en sus ojos de aparecido, como si tratamos de escrutar la impasible Luna.
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