martes, 23 de enero de 2018

Mujeres de letras tomar


Soy afortunada por tener varias amigas escritoras periodistas o periodistas escritoras (no sé qué prima más en ellas), pero por encima de todo, amigas.
Carmen Estirado, durante la presentación
 de 'Fábrica de luz', su segunda novela.
Carmen Estirado acaba de publicar su segunda novela, Fábrica de luz (Seurat 2017), donde confirma que tiene talento y valentía, se pone el mundo por montera y asume riesgos literarios, entre ellos el de ensamblar un relato a cinco voces, construir cinco personajes a lo largo de 300 páginas sin que chirríen las piezas y embarcarnos en un viaje sentimental Madrid-París-Buenos Aires plagado de amistad, distancia, amor, sueños, sombras, infinitos trabajos y luz, mucha luz.
Segunda novela de Carmen Estirado.
La presentación del libro tuvo lugar hace unos pocos días, el 19 de enero, en el Café Barbieri de Madrid, en un acto en el que se habló mucho y bien de esta ambiciosa novela, del oficio de escribir, de la literatura, de los vericuetos de la creación, del arrojo, en fin, tan necesario para perseguir los sueños. La guinda musical en esta presentación la puso el músico Alfonso Gardi con dos canciones tocadas a la guitarra y con la pasión y la garganta como mejor altavoz.
Todavía no he tenido tiempo de leer Fábrica de luz, pero os lo recomiendo con la certeza de que no os defraudará. Sí he leído Las llaves de casa (Ediciones Atlantis), la obra con la que Carmen debutó como novelista en 2013. Se trata de una historia de, por y sobre mujeres... y mucho más, con un lenguaje brioso, espontáneo y muy cuidado mediante el cual el lector transita con la protagonista por unos momentos de la vida en los que predominaban el estupor ante la muerte, la incomprensión de los turbios lazos familiares y el ajuste de cuentas con el pasado.


Otra amiga escritora con libro nuevo bajo el brazo es María Antonia García Quesada, que con la novela infantil El pescador de globos (B de Blok) traslada al lector hasta París para narrar una emotiva historia de sueños y anhelos. Los protagonistas son los hermanos Pascal y Monique y las peripecias dan comienzo cuando un globo se escapa, gracias a lo cual conocerán a personajes insólitos como Max (que pesca en el cielo de la ciudad con sus telas de araña) y el mago Saladín (lo sabe todo sobre la torre Eiffel).


La entrañable relación de los niños con la tía Emma, la humanidad de los personajes, sus valores, la defensa de la libertad y el derecho a soñar permean este libro que no es en sí mismo literatura infantil; es literatura. Nada más y nada menos. Este es el tercer libro de María Antonia, quien anteriormente publicó otro relato infantil, El tesoro de las mariposas, y la novela Inventario de otoño.
También amiga, la periodista y escritora Maite Cabrerizo ha participado recientemente en la obra coral Discípulas de Gea (Inventa Editores 2017), un proyecto contra la explotación de la mujer en el que casi cuarenta autoras surcan con su prosa o su poesía el desierto arenoso de la fuerza bruta, las relaciones fallidas, el silencio cómplice, la injusticia y el desgarro. Otras autoras intervienen con fotos, collages e ilustraciones.


Estoy fascinada con Maite Cabrerizo como escritora desde que leí su anterior libro, titulado Un buey enorme pisa mi lengua (Poesía eres tú, 2016), donde trazaba en unas 60 páginas y en clave de prosa poética retazos cotidianos de una vida asomada al precipicio del desempleo. Con un estilo elegante, una hiriente ironía y una buena dosis de mala leche de la buena, Maite relataba esa crisis desde la ficción, pero con la autenticidad de haber conocido en primera persona la cola del paro.

Maite Cabrerizo, durante la presentación de
'Un buey enorme pisa mi  lengua'. 
En el mundo existen incontables bueyes pisalenguas como el que Maite Cabrerizo ha reflejado en esta obra, cuyo título toma prestada la frase del centinela de Agamenón, de Esquilo, que escogió el silencio porque “un buey enorme ha pisado mi lengua”.

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