martes, 30 de enero de 2018

Micenas y Siracusa: leyenda y mito en la Fundación March


Tarraco, Micenas, Siracusa, Ibiza, Tusculum y Éfeso no son solo ciudades de la Antigüedad que nacieron y florecieron en el Mediterráneo; son testigos de excepción de un tiempo remoto que todavía hoy tiene mucho que enseñarnos a los habitantes globales de este planeta, que siempre fue global aunque solo unos pocos adelantados lo supieran.

La Fundación Juan March de Madrid despide enero y dedicará los martes del mes de febrero a redescubrir estas míticas ciudades en un ciclo de conferencias gratuitas y más ilustrativas que diez pantallas de teléfonos inteligentes. Me llaman la atención sobre todo tres: Micenas: capital de la Grecia de Homero; La cuádruple Siracusa y Tusculum: la legendaria ciudad del Lacio donde se miraba Roma.

Puerta de los leones (Micenas) hacia 1885.
Estuve en Micenas (año 1993) y en Siracusa (año 2002) de vacaciones hace muchos años, tantos que da vértigo contarlos. No se me olvida la excitación de llegar a las ruinas de Micenas, la legendaria patria de Agamenón, en pleno Peloponeso griego; acercarme a la puerta de entrada donde se enseñorean los leones; extender la vista a lo lejos repasando los contornos de la muralla; admirar esas ruinas que los griegos históricos, entre ellos el erudito Pausanias en el siglo II d.C., decían que habían sido construidas por los Cíclopes. Y es que al comienzo de nuestra era Micenas era ya un recinto de vetustas ruinas, testimonio fehaciente de una civilización perdida que solo se conservaba en la literatura de Homero. Fue precisamente gracias a Homero, que cantó a Micenas en el siglo VIII a.C., como el alemán H. Schliemann pudo desenterrar Micenas en el siglo XIX. Fue siguiendo a Homero como Schliemann dio con estos excepcionales vestigios, sacó a la luz las tumbas y desveló las murallas.

Teatro griego de Siracusa (Sicilia).
Recorrí Siracusa, parada obligatoria en la  Magna Grecia que es Sicilia, en el año 2002. Está dividida en dos partes: la Neapolis, con el parque y el museo arqueológicos, donde se incluye la visita a la curiosa gruta llamada Oreja de Dionisio; y la isla de Ortigia, que es el centro histórico. Esta última hay que recorrerla a pie, observando las fachadas, plazas y balcones de sus casas señoriales. La fuente Aretusa, que mana agua dulce a unos pasos del mar, es muy curiosa. En Siracusa me comí unos deliciosos espaguetis en una taberna de y para siracusanos, donde no hablaban más que su dialecto, la comida se escogía señalando con el dedo y no había aire acondicionado. Buenísimos.

No he estado en Tusculum ni he pisado Éfeso, pero solo con leer la breve presentación sobre ambas conferencias en la Fundación March ya tengo ganas de ir. Tusculum se halla en la región volcánica de los Colli Albani, a unos 30 kilómetros de Roma. Es una ciudad de orígenes míticos e históricos legendarios; Cicerón la eligió como residencia; tenía suntuosas villas de recreo desde la época renacentista; la arqueología la ha desempolvado en los años noventa del siglo XX.


Querría conocer Éfeso, cuya acrópolis conserva el Templo de Artemisa, meca de peregrinación y una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo según la famosa lista de Antípatro de Sidón. Estoy deseando ir.

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