domingo, 17 de diciembre de 2017

Navidad en casa de las Austen

(Historia del árbol de Navidad)

La familia de Jane Austen (1775-1817) celebraba la Navidad sin árbol de Navidad, eso seguro, pues en la época de la escritora no existía en Inglaterra la costumbre de plantar (es un decir) un abeto en medio del salón. Las últimas investigaciones sugieren que fue la reina Caroline (1768-1821), esposa y consorte de Jorge IV, la primera en poner un árbol de Navidad en palacio, en diciembre de 1800. Otras fuentes acreditan al príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria, como el primero en importar de Alemania la costumbre del árbol, en 1840.
Libro de Washington Irving sobre
la Navidad en época georgiana.

Lo que sí se hacía en Nochebuena y Navidad en la época georgiana que le tocó vivir a Jane Austen era recibir en casa amigos y familiares, cantar villancicos y hornear pasteles de carne, según relataba en su libro Christmas at Bracebridge el escritor estadounidense Washington Irving (1783-1859), que es, curiosamente, quien ayudó a mantener vivas las tradiciones inglesas gracias a sus historias. De hecho, muchos elementos de la tradicional Navidad georgiana perviven en las celebraciones inglesas de hoy día.

Las fiestas navideñas en el XVIII duraban hasta 3 semanas.
Jane Austen es la escritora británica epítome de la novela romántica y también la mejor cronista de las costumbres de la nobleza inglesa del XVIII, madre afortunada de Mr. Darcy (el caballero más deseado por las damas y respetado por los señores).

Cucharas plata georgianas (Chawton, casa Jane Austen).
En su novela Persuasión describió cómo era la Navidad "a la antigua usanza" que disfrutaba la familia Musgroves. Aunque Jane solo vivió diecisiete años del siglo XIX, en sus obras refleja cómo la pequeña nobleza de la Inglaterra rural aún celebraba Navidad con varios días de recepciones en las casas donde disponían mesas repletas de comida con toda clase de carnes, aves, pudines, salsas, dulces, panes… Ese derroche de hospitalidad era norma en el countryside, y así lo constató el escritor estadounidense Washington Irving, autor entre otros de La leyenda de Sleepy Hollow o Cuentos de la Alhambra. Irving dejó por escrito los hábitos de la Navidad inglesa, una época donde las casas se decoraban con ramas de árboles de hoja perenne y muérdago, el fuego crepitaba en las chimeneas, había baile y risas.

Cocina de la casa-museo de Jane Austen en Chawton.
En Chawton, hoy convertida en la casa-museo de Jane Asten, vivió la autora durante ocho años junto a su madre, su hermana Cassandra y su amiga Marta Lloyd, quien ha pasado a la historia por recopilar las recetas de cocina que se preparaban en la casa de las Austen. Estas recetas fueron  publicadas en 1977 en el libro A Jane Austen Household Book y en 1995 en otro libro titulado The Jane Austen Cookbook.

Libro de recetas de Marta Lloyd.
Gracias a las recetas de Marta sabemos que los pudines eran platos muy socorridos pues permitían alimentar con el menor gasto a los numerosos y constantes visitantes durante las fiestas navideñas georgianas, que podían durar desde principios de diciembre hasta después de Reyes. Se conserva una receta de pudin bastante divertida que escribió en verso la madre de Jane, y también la forma de preparar el festivo arroz con leche. Es lógico pensar que las Austen asistieron a fiestas elaboradas y bailes de disfraces, además de degustar el pudin de Navidad aunque por entonces era aún un plato bastante nuevo (lo puso de moda la monarquía georgiana).

Horno de la casa-museo de Jane Austen en Chawton. 
En esos encuentros navideños era habitual realizar juegos y charadas, según testimonios de varios contemporáneos de Jane Austen, incluidos Robert Southey, John Clare o Sir Walter Scott. Eran ocasiones en las que se leían poemas, se cantaban canciones y se representaban piezas teatrales.

Muy distinta era la Navidad a mediados del XIX en las ciudades industriales, según relataba Charles Dickens(1812-1870). La presión de la vida comercial e industrial hizo que en los barrios obreros de las ciudades, a mitad del siglo XIX ya nadie pudiera celebrar la Navidad durante doce días. En los pueblos y ciudades del incipiente cinturón industrial los alimentos festivos como las aves de corral eran escasos y caros. Como constató Dickens, Inglaterra estaba en peligro  de perder de vista sus costumbres navideñas, que  solo seguían celebrándose con cierta fuerza en el campo.
De hecho, el entusiasmo con el que hoy en día celebran la Navidad en los países anglosajones se debe en parte a los escritores como Dickens, que recuperaron y reinventaron el espíritu navideño. La publicación de su Cuento de Navidad, a mediados del siglo XIX, tuvo muchísimo éxito y dio un enorme espaldarazo al boom navideño.

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