miércoles, 13 de septiembre de 2017

Segundo viaje a Japón (I): Osaka y Koyasan

(Mi primer viaje a Japón y la primera vez en Osaka)   

Barrio de Dotonbori (Osaka, Japón).
El 12 de agosto de 2017 a las 16:26 hora española terminaba de cenar a bordo del avión de Air France que me transportaba hacia Japón. Nada más retirar las bandejas, los asistentes de cabina procedieron a cerrar las ventanillas del aparato para inducirnos al habitual duermevela de los vuelos transcontinentales. A las 3:23 de la madrugada española, esto es, las 8:23 de la mañana del día 13 de agosto hora japonesa, mi compañero y yo emergíamos a la superficie en la estación de tren JR Namba en Osaka para coger un taxi rumbo al hotel Mystays Shinsaibashi EastSin dormir y casi veinte horas después de salir de Madrid.

Una pareja se hace una selfie imitando
un típico anuncio en Dotonbori (Osaka).
Como en nuestra anterior visita a Japón (en el año 2013), nos fascinó el barrio de Dotonbori, sus abarrotadas calles comerciales, sus restaurantes, sus locales de ocio, su publicidad de neón, sus edificios tapizados con letreros, su estridente megafonía, el ir y venir de los barcos turísticos por el canal, las linternas de papel gigantes... Nos encantó incluso la riada humana que trasiega Dotonbori dándole una estética y atmósfera únicas, las más parecidas todavía hoy a la ambientación de Blade Runner.

Fujiyama Suke, típica taberna de tempura (Osaka).
De Osaka no me gustó el calor bochornoso y me sorprendió que los taxistas no supieran casi nada de inglés y tardaran lo suyo en encontrar la dirección. En cambio, me agradó volver a subir al mirador del Umeda Sky Building y pasé muy buenos ratos observando a las parejas y grupos de amigos hacerse selfies por todos los rincones de la ciudad. Encontré un par de tabernas estupendas donde comimos sushi y tempura (Fujiyama Tempura Suke) en Dotonbori, y una terraza muy agradable donde cenamos frente a la estación de Umeda.

Cápsula del tiempo (Osaka), se abrirá el año 6970.

Este año sí visitamos el castillo de Osaka (veinte minutos de espera bajo el sol incluida), interesante si se dispone de tiempo pero prescindible. Me intrigó la cápsula ovalada de color estaño que hay antes de entrar al recinto: se trata de una cápsula del tiempo, construida en el año 1970 con motivo de la Exposición Universal y cuya apertura está fijada para el año 6970. ¡Ahí es nada! 

Castillo de Osaka.

Monjes del recinto monástico Danjo Garan (Koyasan).
Después de pasar dos noches en Osaka viajamos al pueblo de Koyasan, un famoso centro de monasterios budistas con un romántico cementerio que es visita obligada al atardecer. Desde Osaka se llega primero en tren, luego en funicular y por último en autobús (el tráfico privado está prohibido a partir de un punto), y el billete conjunto para 2-3 días es barato y se compra en Turismo en las estaciones de tren, en el aeropuerto, etc.

El color rojo y el dorado predominan
en el interior del templo budista.
Koyasan se esconde en el monte Koya entre una exuberante vegetación así que el viaje en tren es bonito paisajísticamente hablando, y el corto trayecto en funicular (diez minutos) lo sería aún más si no estuviera abarrotado de turistas y maletas. Nosotros habíamos contratado en el hotel de Osaka el servicio intercity de envío de equipaje (unos 24 euros por dos piezas), así que nuestras maletas viajaron al siguiente hotel, en Kioto, un día antes que sus dueños. A Koyasan fuimos con lo puesto y una mochila cada uno.

Pinturas interiores en el Danjo Garan,
monasterio budista de Koyasan (Japón).
La sombra de lluvia nos siguió durante la visita al complejo monástico Danjo Garan y el edificio principal del templo Kondo (siglo IX) y también al templo Jongobuji, con pinturas de artistas japoneses y un precioso jardín de rocas. Pero nos libramos del aguacero, ¡quien sabe si gracias a que fuimos honestos y pagamos la entrada a los templos pese a que nadie vigilaba! Los monjes se afanaban en sus quehaceres y pasaban a nuestro lado subidos en los zuecos tradicionales de madera, con su cabeza rapada y ataviados con sus vistosos trajes naranja y azul oscuro casi negro. Tuvimos la suerte de presenciar cómo tocaban la Gran Campana de Daito (monumento nacional) mientras entonaban cánticos ceremoniales.

Salón del hotel Fuckuchi-in (Koyasan).
Nuestro hotel en Koyasan era el Fuckuchi-in Temple Onsen, donde teníamos contratada una noche con cena y desayuno monástico vegano. El hotel es de estilo japonés con tatamis, puertas correderas y mesa en el suelo, con amplios salones profusamente decorados con madera y remates dorados; varias terrazas que se asoman a jardines de arena y roca, árboles altísimos y un estanque de carpas. Hay baño público interior y onsen exterior (mujeres y hombres por separado) y un saloncito para tomar café. Una pega: el wifi solo funciona en zonas comunes pero tienen prensa (en japonés) y una minibiblioteca (libros también en japonés y algún bestseller olvidado por algún turista).

Tumba con Budas, cementerio Okunoin (Koyasan).
Quizá lo que más me gustó de Koyasan fue el cementerio Okunoin, donde reposa Kukai, llamado tras su muerte Kobo-Daishi (774-835), fundador del budismo Shingon. Bajo una fina lluvia que poco a poco cesó fuimos recorriendo el paraje semiagreste, con senderos salpicados de curiosas tumbas. Me llamaron la atención unos túmulos en forma de pirámide sobre los que crecía la vegetación, con piedras antropomorfas a modo de Budas adornados con baberos rojos.


Un monje budista reza en el pabellón de las lámparas,
en el cementerio Okunoin (Koyasan).
Es sobrecogedor el Toro-do o pabellón de las lámparas, que aloja miles de linternas luminosas, algunas de las cuales dice la leyenda que llevan encendidas sin cesar más de novecientos años. Cuando ya me marchaba, un monje se arrodilló y comenzó a entonar su cántico ritual. Aunque está prohibido hacer fotos y grabar el interior del pabellón, no pude resistirme.

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