martes, 27 de diciembre de 2016

Triper, la estudiante de Bachiller que tenía un examen al día siguiente y una señora ministra

(Más sobre José María Triper)

Firma invitada: Maite Cabrerizo
@kalores67



Y alguno se preguntará al ver estas dos fotos, ¿qué relación guarda este hermoso poema con los apuntes del campo gravitatorio? Todo y nada. Nada, si uno coloca el poema en el campo de lo inmaterial, de lo subjetivo, en el campo donde alma y corazón se juntan, como bien demuestra el poeta José María Triper Moreno en su nuevo libro, Luz de gas (Sial Ediciones). Nada, si hablar del campo gravitatorio es hablar de física; para los que somos de letras, de la ley de la gravedad. Direcciones y planos que me desnortan.

Y, sin embargo, tienen todo que ver. Detrás de ese poema hay un hombre que ama, que quiere, que cree, que sueña y que comparte. Que regala palabras, que convierte susurros. Detrás de esos apuntes de letra inocente hay una estudiante de Bachiller que tiembla, que no entiende, que formula y reformula hasta memorizar. Mañana tiene examen. Detrás de ese poema hay una presentación; detrás de esos apuntes un examen… mañana. Y mientras el poeta repasa el verso, la estudiante relee la M de masa y la F de qué sabe qué le dijo el profesor de fuerza. Pero eso será mañana. 

El poeta José María Triper.
Hoy toca cantar. Cantar el verso de Triper. Poner su voz a Civilizadamente, el poema del poeta. Y mientras espera las pruebas de sonido, el juego de luces, la llegada de la gente que ella no conoce, la de una ministra de la que ni ha oído hablar, repasa eso de la F y de la M (de masa o de mierda). Los invitados van llegando al increíble teatro Muñoz Seca. Y habla el editor, y los invitados, y los empresarios y una señora ministra que la cantante no conoce. Y mientras ellos hablan, ella repasa. ¿Qué dijo el profesor? No se admiten más de dos fallos. Subraya con el lápiz. No pinta bien. Ni el lápiz ni el examen, que no hay tiempo.

Enrique Cornejo presenta a José María Triper.
Y ya el presentador anuncia la actuación. Los dos tíos y la sobrina sentados en la penumbra aparecen en el escenario. Con permiso del poeta. Por generosidad del poeta. Y la estudiante se olvida unos minutos de la fuerza de la gravedad para cantar entre la guitarra acústica de Luis y el bajo Marleaux de 5 cuerdas sin trastes que llora como un chelo en las manos de Juanjo la canción de un poema que habla del amor del desamor. Ella no sabe mucho de eso. De desamor, que de amor sí, como es el mimo con el que le arropan sus tíos.


El poeta Triper y la ministra Báñez.
“Es el amor que muere, y muere así, civilizadamente”. Y la voz se apaga, y las luces funden a  negro y Cecilia baja y piensa: "Mañana que no se me olvide decir al profe que vino una ministra, lo mismo me aprueba". En un bolsillo del pantalón lleva la letra de Triper, en el otro los apuntes del profesor. Y hace mutis por el foro. Con los aplausos que le regala Triper, con el cariño de un auditorio entregado. Gracias, Cecilia. Gracias, amigo Triper por este regalo.

P.D. Orgullo de tía y de amiga del poeta, ¡claro!


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