jueves, 15 de diciembre de 2016

¡Esta Navidad, hagamos voto de inutilidad!

(Más sobre la Navidad y sobre sus afanes)

Firma invitada: Luis Fermín Moreno

'La Virgen, el Niño y santa Ana'
(Leonardo da Vinci, Museo Louvre).
Siempre me ha parecido que lo grandioso de la Navidad es que Dios decide hacerse inútil. Un niño recién nacido, un ser humano sin formar, totalmente indefenso y dependiente. Con todo por hacer en el futuro; pero la inacción absoluta en el presente. Esto, que podría parecer un misterio o un capricho más de las alturas, resulta totalmente lógico en estos días, y hasta reconfortante para encarar con ánimo el próximo 2017, que se anuncia rudo y al que muchos auguran un cúmulo imparable de desgracias en forma de populismos, violencias, insultos, pobrezas, victorias madridistas y otras negruras parecidas.


Lo explica muy bien, sin teologías ni menciones divinas, el filósofo italiano Nuccio Ordine en su breve ensayo La utilidad de lo inútil (Acantilado), que, pese a su título, no tiene desperdicio. El libro está compuesto a manera de florilegio de citas de autores como Petrarca, Kant, Leopardi o Calvino, que son, en realidad, otros tantos buenos propósitos. Todos estos aforismos convergen en una única y clara convicción: los amantes de la literatura y del conocimiento tenemos derecho a rechazar cualquier obligación de rendimiento inmediato, cualquier finalidad puramente práctica.

Lo mismo vale para el progreso: la mayoría de los descubrimientos que han hecho avanzar a la humanidad fueron obra de personas animadas simplemente por su curiosidad, escribió en 1939 el pedagogo estadounidense Abraham Flexner. Y Ordine concluye que es precisamente en los periodos de crisis, en los que triunfan “el utilitarismo y el egoísmo más siniestro”, cuando más hay que reafirmar el valor de los actos que ignoran la lógica del aprovechamiento.

Así que, conservemos esto en mente: el pensamiento es más fecundo cuanto más fútil parece. Es su propia gratuidad la que da valor a nuestras vidas. Relajémonos, ignoremos amarguras y exprimamos bien este año que se quieren ya cargar.

Mirar la sombra de las nubes, ¡bendita inutilidad!
¿Cómo? Mirando la sombra de las nubes; no queriendo mal a nadie; poniendo días oasis en nuestras vidas; vagabundeando al ritmo de nuestros humores; aceptando las desgracias para deshacernos de ellas; ejercitando el libre albedrío; olvidando los relojes; fomentando las ideas absurdas; sacando el jugo a la soledad; estando dispuestos a servir; despreciando la comodidad, el dinero y la reputación… 

 Esta Navidad, ¡hagamos voto de inutilidad… para ser útiles!

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