miércoles, 12 de octubre de 2016

La lucha de Nadia Murad por los derechos de las mujeres

(Hana Makhmalbat, otra mujer que alza la voz)

Nadia Murad (1993), la chica iraquí que escapó de la cautividad y la esclavitud sexual del ISIS, acaba de recibir el premio Vaclav Havel de Derechos Humanos, que entrega el Consejo de Europa, y es una firme candidata a ganar también el premio Sájarov

Nadia Murad, premio Vaclav Havel
de Derechos Humanos 2016. 
Su vida cambió de manera dramática en agosto de 2014, cuando terroristas del grupo islámico entraron en la aldea en la que vivía, mataron a todos los hombres, incluyendo a seis de sus hermanos, y la tuvieron secuestrada durante tres meses, en los que padeció situaciones que califica de "inimaginables". Este galardón es una pequeña victoria contra el terror del ISIS y contra las miles de formas de someter a mujeres y niñas, siempre víctimas, siempre clavadas en la diana por todos los bandos, siempre inocentes, siempre humilladas y blanco de las peores aberraciones que suelen acompañar a la guerras y también a los conflictos familiares.

Mujeres con el coraje y la fortaleza de Nadia se cuentan por millones, ella solo ha sido la última en ponerles rostro y voz. Durante la ceremonia de aceptación del premio ha dicho: “No me educaron para pronunciar discursos, no nací para conocer a los líderes mundiales ni para abanderar una causa tan pesada, tan difícil”, justo antes de dedicar el galardón a las mujeres perseguidas y sojuzgadas del mundo entero.

Nadia Murad lucha por los derechos de las
 mujeres perseguidas y privadas de libertad.
El próximo día 27 de octubre se sabrá si gana el premio Sájarov. Hasta entonces, no estaría de más leer sobre ella, sobre la persecución de la minoría yazidí en el norte de Irak, sobre las atrocidades del ISIS, sobre la frágil esperanza de paz que representa el cese de hostilidades en Siria, sobre los problemas enquistados en Oriente Medio, sobre la suerte que tenemos las mujeres en el mundo occidental y sobre lo pronto que se nos olvida lo mucho que tienen que luchar otras mujeres para simplemente… respirar en libertad.

A mí, frases como esta de Nadia me parecen el mejor antídoto contra la depresión: “La vida en nuestra aldea era muy feliz, muy simple. Como en otras, la gente no vivía en palacios; nuestras casas eran simples, hechas de barro pero llevábamos una vida feliz” (BBC News). Pues eso.


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