martes, 21 de junio de 2016

Pompeya: el sueño de Mitoraj produce dioses


El pasado fin de semana regresé a Pompeya, quince años después de mi primera visita a las ruinas quizá más trágicamente bellas de cuantas existen. Iba con cierto temor a que los años de recortes presupuestarios y una cierta desidia hubieran arruinado lo que el volcán Vesubio preservó (eso sí, tras destruirlo el 24 de agosto de 79 d.C.) bajo capas de lava y cenizas. Pero no. Pompeya sigue deslumbrando bajo el sol ardiente de la región italiana de Campania, cerca de Nápoles.

'Tindaro' (1997), escultura de Igor Mitoraj
en la ruinas de Pompeya (Italia).
Durante esta visita, al pasear por las calles y entrar en las casas de Pompeya, he vuelto a tener la impresión de que, en cualquier momento, aparecería el dueño de la villa o me hablaría el comerciante en la tienda de ánforas. Muchas de las mansiones están cerradas por falta de personal, pero las que pueden verse son, sencillamente, espectaculares.

'Centauro' de bronce (1994), de Igor
Mitoraj (en Pompeya hasta enero).
Los atrios, algunos todavía con sus fuentes de mármol y sus faunos, dan paso a las habitaciones interiores; las paredes continúan decoradas con ricos frescos; las ajadas columnas sostienen capiteles; los regueros (la mayoría secos, es cierto) surcan jardines antaño frondosos.

Estos días hay, sin embargo, algo distinto en Pompeya: entre las ruinas clásicas se alzan treinta monumentales esculturas modernas, del artista franco-polaco Igor Mitoraj (1944-2014), en la que sin duda es una de las exposiciones más emblemáticas de Italia en 2016. Mimetizadas con el paisaje, las estatuas exhiben orgullosas sus bustos rotos, sus cabezas fracturadas, sus miembros desgajados. Pertenecen a dioses y héroes mitológicos, entre ellos, un Ícaro azul sin pies o un Centauro sin brazos.

'Ícaro azul' (2013), de Igor Mitoraj,
(en Pompeya, Italia, hasta enero de 2017). 
La exposición de Mitoraj se inauguró el mes pasado y estará abierta hasta enero de 2017. El artista murió antes de ver realizado su sueño de pasear entre sus gigantes en Pompeya, pero sin embargo el espíritu de denuncia de sus obras sigue muy vivo; perfectamente intacto su reproche hacia el abandono infligido a las obras maestras de la Antigüedad. Son esculturas que parece que acabaran de ser desenterradas. A mí me gustaron especialmente el Ícaro azul, Tindaro (rey de Esparta) y el Centauro.

Esculturas de Mitoraj (Cuadripórtico, en Pompeya).
En el Cuadripórtico de los Teatros (o Cuartel de los Gladiadores) hay otras dos piezas escultóricas: un torso sin piernas y unas piernas sin torso desparejados. Una vista impresionante para retener en la retina antes de pasar al Gran Teatro y al Pequeño Teatro adyacentes, donde la acústica aún es extraordinaria.

Si bien Mitoraj no pudo cumplir su sueño en Pompeya, antes sí logró exponer algunas de sus obras en espacios tan importantes como los jardines de las Tullerías (París), los Mercados de Trajano (Roma), el Valle de los Templos de Agrigento (Sicilia) o el Paseo del Prado, en Madrid. La muestra pompeyana no hará sino acrecentar la memoria de este escultor franco-polaco, que siempre quiso exponer en la ciudad sepultada por el Vesubio.

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